sábado, 22 de octubre de 2016

«LUMINESCENZA» Cap 1: "El Noveno Cielo".





«LUMINESCENZA» Prólogo. 
Regina lucem...












El movimiento de las olas,
dia y noche viene del mar,
tú ves las olas, pero, qué extraño...
No ves el mar.

Noche y día el Mar tiene espuma.
Ves la superficie espumosa, pero no el Mar.

Estamos chocando unos con otros como barcos:
nuestros ojos están a oscuras, aunque el agua esté clara.
Dormidos en el bote del cuerpo, flotamos
ajenos al Agua del agua.

El agua tiene un Agua que la conduce;
el espíritu tiene un Espíritu que lo llama.


                                                                                  ~ Yalal ad-Din Muhammad Rumi ~              Poeta sufi.           














Cap 1.  El Noveno Cielo



Indagué, soborné, vendí mi alma para dar con aquel pujante misterioso, uséase mi nuevo mejor amigo que con su audacia y determinación había disparado mis aletargados niveles de adrenalina y quisiera o no, había suscitado mi apetito. Con tal de incorporarme al juego soporté conversaciones retóricas con los señores de la banca, hasta me vi obligado a adquirir un horrible jarrón chino de la dinastía Chou (en francés, determinada hortaliza) para congraciarme con la casa de subastas y como si de una broma del destino de tratase, nada más comprar aquella vasija tuve que deshacerme de ella pues estaba policromada en un amarillo desvahído y para más inri, tenía forma de col... Solo de verlo, la úlcera del estómago me producía ardor. 

Menos mal que al cabo de tres meses obtuve mi recompensa, por fin se me proporcionó un nombre: Hadchit Pamuk. Mi hombre misterioso era un comerciante libanés residente en el Soho. Al parecer, procedía de una legendaria familia de mercaderes proveedora habitual de alfombras persas para cotos de caza y colaboradora textil del padre del Arts & Crafts, naturalmente hablo de William Morris. William y yo no éramos precisamente íntimos, por suerte para él nos movíamos en muy diversos círculos, el suyo bohemio, el mío bastante más frívolo. El arte era una de mis grandes pasiones pero era la pintura mi debilidad y William Turner, mi ojito derecho. Nunca me escondí, lo manifestaba abiertamente: no encontraba los alicatados artesanales de Morris dignos de un artista, más al contrario los consideraba obra de un fontanero. Lo que no ayudó, por descontado, a tejer entre nosotros una relación de confianza. Y por lo visto, la indiferencia era mutua. Cuando coincidíamos, nos comportábamos como dos cordiales extraños. 

Aún así teníamos amigos comunes merced a las paradojas existenciales de nuestro bullicioso Londres y entre aquellas amistades destacaba por su lealtad y savoir vivre el bueno de John Ruskin. Conversé con el gran mecenas y tan generoso como siempre, accedió a propiciar mi encuentro "casual" con Mr.Pamuk en terreno neutral, la casa de campo de William conocida como Kelmscott Manor. 

Dos semanas antes, ya estaba todo dispuesto, me transladaría hasta Lechlade en ferrocarril donde me recogería una calesa que, a la sazón, compartiría con un caballero impecable de acento peculiar y tez aceituna. El plan funcionó a la perfección. De inmediato, Simbad y myself congeniamos, coincidíamos en multitud de facetas salvo en en lo referente al té de la tarde. Él mismo me confesó su inocente adicción al té turco por cuyo aroma sentía un pudor reverencial. Era un hombre de una vitalidad exultante que con igual recitaba el shahit como describía el comportamiento de un lagarto del desierto. Le delataba esa apasionada mirada, sus ojos negros lo escrutaban todo. De curiosidad insaciable y sensibilidad exquisita era como un pequeño rajá tan cerca de la ciudad y a la vez tan lejos. 

Durante los meses siguientes nos carteamos, vimos juntos en el Covent Garden Theatre "Nuestro primo americano", una comedia de Tom Taylor. Pescamos salmones en el estuario de Gravesend, nos bañamos en Hamstead Head, paseamos por High Park reparando en las ardillas. Y fue allí, en medio de un improvisado picnic que me dí cuenta. Compartimos una manta, brindamos con velas. Ahí estaba Hadchit, exultante, cada día se engalaba más y lo hacía para mí. Evidentemente, confundió mis intenciones. Debí de enviar algún mensaje contradictorio... O no. Me gusta la ambiguedad, soy un Dorian Grey emcamtador consciente de mi atractivo que derrocho en grandes dosis. Por supuesto, jamás escatimo. Para seducir a mi presa, no reparo en artimañas, sea grulla o ratoncito. Me considero una especie de mago, pues despierto criaturas dormidas. Desde mi óptica, no es sino un acto de bondad. Pero claro, no todos piensan lo mismo. 

Tres días después por fin me invitaba a Gerrard Street, 14, una casita aristócrata coqueta en tiempos del rey Guillermo, ahora un tanto descuidada pero aún rezumaba cierto abolengo. Toqué la campanilla y el mayordomo asiático me hizo pasar. 

- Adelante, acomódese en el salón. El señor bajará enseguida. La doncella le servirá un jerez, así le será más grata la espera. 

Entretanto, me entretuve pensando por qué aquel hombrecillo asiático me resultaba tan familiar. Reconocer caras, uno de mis juegos favoritos. Jugaba a menudo, cuando en un antro de los míos me chocaba con algún caballero con una reputación que mantener... Entonces disfrutaba de lo lindo regalando un saludo cordial. 

- Buenas noches, Lord Wallace. Recuerdos a Lady Wendolline, seguro ya está durmiendo a estas horas como un angelito... 

En efecto, les hacía sentir incómodos. ¿Una torpeza por mi parte? Diría que no, más bien un simple entretenimiento. Pero en el enigma del mayordomo duró poco la diversión. Pues apenas entrar, toda una suerte de objetos inusuales captaron mi interés al momento postergando provisionalmente mis cavilaciones. Hasta que se personó la doncella con el vino y el misterio se desvaneció...A ella también la conocía. Mi memoria juguetona la relacionaba con un pañuelo... Por fin caí en la cuenta, se trataba de

la mujer del foular amarillo. De inmediato dudé de Pamuk quien de repente apareció ante mis ojos como un ser de lo más retorcido. Entonces... ¿Esa subasta no fue más que una farsa? Al reconocer a sus cómplices en Christie`s, le admiré y detesté por igual. Le dí la razón al coronel, también al socarrón de Mr.Durham. Los daguerrotipos no eran sino un pretexto para llamar la atención de la aristocracia y yo había picado el anzuelo. De ser así, estaba perdiendo el tiempo... No, me negaba a creerlo. De Hadchit me esperaba algo más, un motivo más sublime. 

Cuando Hadchit se presentó en el salón con esa sonrisa de adolescente no daba crédito, no podía ser que aquel alma cándida hubiera ideado un plan tan sutil y complejo. Me condujo a su estudio, sobre un montón de carpetas catalogadas por letras de dos alfabetos distintos, descansaba una paloma de madera, Hadchit no tuvo más que sujetarla entre sus manos, soplar y el ave alzó el vuelo. 

- Que maravilla de artefacto, Hadchit, es un pájaro autómata. 
- Quería enseñártelo porque así es como soy, un soñador incurable. 
- Definitivamente, amigo mío, no dejas de sorprenderme - entre entusiasta y resentido respondi con cierta ironía. - Dime, ¿dónde la conseguiste? 
- La construyó un artesano anatol a partir de los planos de Arquitas de Tarento. La talló en madera de fresno, de ahí ese tono cremoso con vetas agrisadas. 
- ¿Y cómo consigue volar? 
- El mecanismo es muy arcaico y sencillo, la figura es hueca y se mantiene suspendida merced al aire que guarda dentro del armazón. 
- Magnífico. 

Sutilmente, le pregunté por los daguerrotipos y uno a uno, Hadchit me fue haciendo partícipe de todos sus tesoros. Su despacho era un gabinete de curiosidades orientales y al parecer todas ellas obedecían a una misma pasión, la búsqueda del paraíso. Me mostró su clepsidra, un reloj astronómico de agua que estudia la edad de las estrellas. Puso en mis manos un Corán azul de pergamino teñido de índigo escrito en oro durante la gloria de Bizancio. También poseía un Khamsa del poeta hindú Amir Khusrau Dihlavi así como una valiosa colección de masnavis persas. Manipulamos con sumo cuidado "El jardín amurallado de la verdad" del poeta Hakim Sanai, luego leímos fragmentos de "El lenguaje de las aves" de Farid al Din Attar para detener los guantes de seda en los secretos de "El Matnavi de los nueve cielos" del místico Amir Khusrow, discípulo de Nizamuddin Auliya de Delhi y padre del Qqwaii sufí y su música devota y fue cuando me explicó excitado y con los ojos vidriosos que existen Nueve Cielos accesibles no ajenos a este mundo, que El Noveno es el المملكة الضوءen árabe Almamlakat Alddaw o Reino de la luz, también conocida por la alquimia oscura toscana como Luminiscenza. 

Me dejé agasajar con un kahve, café mocca árabe especiado más bien dulce, con posos y especiado con cardamomo. Lo preparó con primor él mismo con gran solemnidad así como su çay, para él, un té negro de Anatolia muy dulce macerado en doble tetera de nombre samovar y servida en vasos con pan de oro y forma de tulipán portadores de algo sagrado. Con sus confidencias comprendí que no me ocultaba nada, estaba locamente enamorado de mí y deseaba compartir todas sus inquietudes conmigo. Era un soñador, un asceta, un visionario. Y su recóndito interior, brillante e inmaculado. Cómo consiguiera los daguerrotipos era un tema que carecía de interés, los deseaba y punto. Los sacó para mi de un cajón cerrado con una llave que llevaba asida al cuello, se disponía a enseñarme su bien más preciado. Quién era yo para juzgarle, si atesoro en mi poder todos los vicios terrenales... Y fue entonces que le besé convencido de que él era mi alma gemela. 


Lástima que nuestro romance fuera tan efímero, apenas diecisiete minutos después se habría evaporado pues tras cada sorbo de té massala especiado con cardamomo, Hadchit me miraba extrañado... ¿Acaso dudaba de mi? ¡Qué injusto! Por desgracia, la inocencia de Hadchit me había desarmado y para mi sorpresa, estaba siendo más honesto con él de lo que habitualmente tenía por costumbre, 

- Hay algo... Es el té... Tiene un dulzor singular... No sé, embriagante, distinto... Intenso... 

Sonrió al apurar la taza para a continuación desplomarse frente a mi con las extremidades rígidas y la boca ensalivada ante lo cual, el mayordomo acudió raudo haciendo gala de una frialdad pasmosa. 

- Mr. Pamuk se encuentra indispuesto y necesita reposar. Si es tan amable. - me señaló la puerta y yo acepté su sugerencia no sin antes llevarme un souvenir de la velada, birlé nuestras dos cucharillas. 

No volví a ver a Hadchit, aquella sería su última sonrisa dedicada a un intruso... Qué triste pantomima. Murió tres días después y fue enterrado en el cementerio musulmán de High Wycombe a dónde, muy propio de mí, no me digné a asistir. Simultáneamente, me afanaba por analizar las cucharas para terminar detectando en su té una alta concentración de plomo lo que no tenía sentido, pues nuestras tazas eran indistintas, el agua vertida procedía de la mismo recipiente y nos servimos del mismo azúcar. Por lo visto, estuve tan expuesto como él al tóxico pero jugué bien mis cartas sin saberlo. Endulzamos tanto el té como el café con cristales de acetato de plomo que alguien reemplazó deliberadamente en el azucarero. Hadchit ingirió té edulcorado con veneno si bien no fallecería en el acto, quedó en manos del personal del servicio que durante los tres días siguientes se encargaron del resto, En cambio, yo, ni siquiera enfermé. Opté por el café y los posos absorbieron el metal pesado purificando el líquido. 

Fue una medida desesperada, aquella panda de rufianes que se habían parapetado en casa de Hadchit con distintos pretextos no podían permitir que me mi anfitrión me revelara la esencia de Luminiszenza. Y si llegaba a ver los daguerrotipos, no habría vuelta atrás. La casa quedó desierta, daría un brazo por saber donde fueron... Apuesto que desaparecieron a bordo de una nave misteriosa haciéndose, esta vez sin puja alguna, con las misteriosas imágenes que presumo luminiscentes. 

Qué puedo añadir, definitivamente soy un tío con suerte. Lo admito, nunca tuve buen gusto para las mujeres. Sin embargo, tengo un sexto sentido para el alcohol. Mi lema: nunca rechazo una copa, por decoro. Pero soy yo quien elige el brebaje en cada ocasión. Y si es en taza... Por extensión, más de lo mismo. 


Vaya, si ahora resulta que hasta tengo ciertos principios. ¡Brindo por eso! Tal como amaneció el día, hoy me decanto por un Chartreuse... Delicioso. Mal que me pese, aún conservo un resquicio de nobleza. 

Bebo. Me atraganto. Toso. Me importa algo por primera vez en mucho tiempo... Lo que, inevitablemente, me hace vulnerable. 'Maldición! Por otra parte, si aún tengo redención... ¡Válgame el cielo! Calquiera de ellos, no, el cielo de Hadchit. De hecho, siempre me gustó el número nueve. Y si lo encuentro, puede que sea para mí... Quizás no sea tan malvado, después de todo. 








* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 


























  




14 comentarios:

  1. Entonces la subasta fue una farsa? Y que poquito ha durado el pobre Hadchit... Habrá que seguir leyendo para descubrir si nuestra protagonista no es tan malvado como él cree.
    Sólo un pero... Estoy perdiendo la vista con la letrita tan chiquitita. Los años no perdonan...
    Besotes!!!

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    1. Hola, Margari. La subasta pretendía ser una farsa hasta que apareció Hadchit en escena que se hizo con los dagurerrotipos y en consecuencia, lo desbarató todo. Los demás estaban conchabados entre ellos y seguían las órdenes de un tercero. Quien movió los hilos y los colocó en la mansión del libanés para que le espiaran y robaran en su debido momento.
      El pobre Hadchit era un soñador y su muerte le ha dolido mucho a nuestro narrador, mal que le pese tiene su sensibilidad a flor de piel, no es tan gañán como parece.
      La letra fue un error "de imprenta", perdóname y gracias por avisarme. Siento el esfuerzo extra y muchísimas gracias por tu lectura.

      Besos.

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  2. Empezamos bien una subasta supuestamente falsa, el protagonista que resulta ser un cotilla y por si fuera poco un muerto.

    No se porque pero me parece a mi que este protagonista se va a meter en más de un lio.

    Normalmente vengo predispuesta a los intringulis pero es que ayer vi en el cine El hombre de las mil caras y sospecho de todo el mundo.

    Besos

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    1. Pues sí, eso es, yo no lo habría resumido mejor. Y también aciertas en los peligros que le aguardan a Mr. Graham. Con una salvedad, no estará solo.

      Qué gracia, Rocío, que después de semejante peli andes tan desconfiada. Por las mismas, yo acabo de ver Los odiosos Ocho de Tarantino. Personalmente, creo ver charcos de sangre por todas partes... Creo que andamos tal para cual :)

      Besos.

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  3. Empezamos fuerte, querida Mere!

    Primer capítulo y ya tenemos un muerto. George R.R. Martin es un pipiolo a tu lado :D ;).

    Para una vez que se quita la coraza nuestro protagonista al haber encontrado a su alma gemela y se lo arrebatan de un plumazo. ¿O debería decir "Plumbazo"? ;)
    Después de descubrir la farsa y el complot que había contra Hadchit no se cómo sigue aún vivo. Más vale que vaya con cuidado o nos quedamos sin protagonista.

    Muy buen capítulo, Mere. A esperar al siguiente.

    Un abrazo.

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    1. Ahí le has dado, Leo. Así es, George R.R. Martin se está volviendo un blando, menos mal que vienen los refuerzos :)
      Toda la razón, para una vez que el pobre Graham baja la guardia, queda a merced de una banda de asesinos. El "plumbazo" lo patento :P

      Es cierto, menuda potra tiene. Ellos pensaban que la palmaría el también pero los posos de café absorvieron la toxina y se salvó. ¿Cómo es eso...? Mala hierba... ;) Me temo que a la vista o a la sombra, tendremos co-protagonista para rato. Lo prometo, sus nuevos colegas le durarán un pelín más :D
      Muchísimas gracias, Leo, cuán grato que me es escucharlo, no te haces idea. Un abrazo.

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  4. Hola Mere!
    Tenemos fiambre de aperitivo...y ya veremos por qué han dejado escapar el plato principal; una de dos, o carecen del gusto por rematar el menú o son simples aficionados dejando cabos sueltos (claro que gracias a eso ahora podemos leer de 1ª mano la novela)
    Me has sorprendido con ese azúcar mortal, ya pensaba que iba a ser por las cucharillas, qué interesante! y también todos los tesoros de su estudio, como ese pájaro autómata y si la revelación de luminiscenza iba a ser lo mejor...¡cómo será!
    Apuntado queda, ante la duda mejor café sobre todo si hay mayordomo de por medio (que siempre es el asesino ;-)
    Un beso!

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    1. Hola, Esther. El paralelismo culinario, genial y de lo más jugoso. Así es, matar a Hadchit y dejar vivir a Graham ha sido un error descomunal, pues el primero era un mero comerciante apátrida que tenía por hobby coleccionar baratijas. Pero ahora han despertado a la bestia, el hombre capaz de remover cielo y tierra y hasta el mismo infierno por desvelar el secreto.
      Qué satisfacción me das, Esther. Esos cristales de supuesto "azúcar" eran para mi el punto más ingenioso del capítulo y reparando en ellos me haces muy feliz. Sí, la sala es una maravilla, como la cueva de Alí-Babá con cascadas de sabiduría oriental. Justo, los daguerrotipos luminiscentes eran la Joya de la Corona...
      Mi único desliz, darte pie a que te pases al café definitivamente... ¡No lo hagas! Hacemos un trato, nos pedimos el mismo té y yo lo pruebo antes ¿aceptas?
      El impecable mayordomo, tan hierático y silencioso... siempre sabe de más, cuidado con él. Por extensión, ojito con las camareras rusas en los invernaderos ;)

      Un besazo.

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  5. Hola, Mere... Ya me tienes por aquí de nuevo
    El lote número doce fue comprado por un comerciante libanés, Hadchit Parmuk... Sir Graham no ha parado hasta averiguarlo
    Me ha encantado la paloma de madera que echa a volar
    La explicación sobre los nueve cielos también me ha encantado... sobre todo, el noveno... Reino de la Luz... Luminescenza
    En cuanto he entendido que el mayordomo era el asiático... y la doncella, la señorita del foulard... ya no me ha extrañado mucho lo que ha sucedido... aunque la muerte de Hadchit no me la esperaba
    Creo que la intención era matarles a los dos... Sir Graham se ha salvado gracias a los posos del café
    Pero EL Magister ha puesto precio a su vida... me parece que no le creen tan muerto... bueno, a lo mejor, en la actualidad sí
    Me están gustando mucho las introducciones que escribes antes del capítulo
    He sentido la muerte de Hadchit... y Sir Graham también, y creo que busca venganrle
    Fenomenal capítulo, Mere... Puedes estar orgullosa, yo lo estoy de haberlo leído y comentado
    Escribes muy, muy bien
    Besos

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    1. Hola, Mela, rauda y veloz cumpliste tu promesa :)
      Sir Graham tiene cerebro y recursos y cuando algo se le mete entre ceja y ceja, lo consigue, era sólo cuestión de tiempo.
      La paloma de madera es un mecanismo milenario. Cierto, es muy hermosa tanto por su forma estilizada como por la sencillez de su mecanismo que funciona como un globo que se desinfla.
      El Noveno Cielo es pura luz, te embelesaría si lo vieras :)
      Justo, ahí estaban todos. Primero Graham piensa que son los esbirros de Hadchit, por supuesto desconfía. Y para cuando descubre que se trata de una encerrona, ya es demasiado tarde. Sí, deberían haber muerto los dos pero Graham tiene más vidas que un gato. Para que luego digan que el café perjudica la salud... Sandeces :)
      Así es, Hadchit se hace querer, todos le hemos cogido mucho cariño. Y Sir. Graham, más que nadie. Graham seguirá investigando, dará con El Magister, lo tiene en su punto de mira. Y claro, este último no permanecerá impasible, intentará acabar con él sin éxito. Sí, cuando cuenta la historia aún creen que está muerto. No así en el desenlace.

      Gracias, Mela, siempre consigues subirme la moral, ahora me siento una auténtica escritora. Contigo a mi vera, puedo con esto. ¡Vaya que sí! Un abrazo muy enorme.

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  6. Hola, amiga.
    Vaya capítulo nos has regalado, intenso y emocionante. Me han gustado especialmente las palabras que introduces de otro idioma. Creo que son preciosas y le dan un toque exótico a la narración, muy de acuerdo al tono que pretendes transmitir. También me ha gustado la voz del vividor canalla que ejerce de protagonista. Aún me gustaría que ese vividor se soltara más. Me parece que tiene un ejemplo muy bueno en Wilde, o en el mismo Dorian Gray que menciona.

    Entrando en el apartado crítico, me ha resultado un poco confusa la mención a Simbad que haces, porque me ha parecido que empezabas a hablar de una persona distinta. Justo en el párrafo anterior habías hecho mención a un compañero de viaje y eso me llevó a dudar.

    Como siempre, me centro más en el aspecto formal. Me gustaría poder contribuir también a una crítica argumental, pero he aprendido que es mejor dejar volar la imaginación. He ido apuntando una serie de cosas que pueden ser de fácil corrección, editando incluso esta misma entrada. Aquí van:
    - Los extranjerismos se escriben en cursiva, para resaltar que son ajenos a la ortografía española.
    - "Aún así teníamos amigos comunes". En este caso, "aún" se escribe sin tilde. De manera general, aún se acentúa cuando puede reemplazarse por "todavía".
    - "Que maravilla de artefacto, Hadchit". Falta una tilde diacrítica.
    - "intimamente". Si la original se acentuaba, como es el caso de "íntima", el adverbio también se acentuará.
    - Repeticiones. "perder la paciencia" se menciona dos veces casi consecutivas.
    - "fue enterrado en el cementerio musulmán de High Wycombe a dónde". Aquí pasa al revés, sobra la tilde diacrítica
    - Sobre el uso de guiones largos. Te sugiero que cojas la costumbre de usar guiones largos para los diálogos. Se escriben sin separación con la primera palabra del diálogo. En cuanto a las acotaciones, si utilizan un verba dicendi (por ejemplo, "dijo", "confirmó", "gritó") entonces van en minúsculas. En caso contrario, en mayúsculas. Por ejemplo, esta frase:

    "- Definitivamente, amigo mío, no dejas de sorprenderme - entre entusiasta y resentido respondi con cierta ironía. - Dime, ¿dónde la conseguiste? "

    debería quedar formateada como sigue:

    "—Definitivamente, amigo mío, no dejas de sorprenderme —Entre entusiasta y resentido respondí con cierta ironía—. Dime, ¿dónde la conseguiste?"

    Creo que ahora ya están establecidas las bases y tengo curiosidad por ver a dónde nos llevas.

    Besos y mucho ánimo para seguir la historia
    Ismael

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    1. Hola, Ismael. Gracias por tus bonitas palabras, sé cuán sinceras son y por eso las aprecio tanto. Qué bien que te guste el lado oscuro de Lord Graham, intentaré plasmarlo todavía más malote. Así es, los extranjerismos me pirran. Y si no desentonan sino que ayudan a la narración, pues ¡menos mal! Porque son el antojo de una escritora caprichosa.
      También te agradezco mucho el trabajo de corrección, he intentado solventar todos las erratas.
      Lo único que me falta por incorporar son los guiones largos a los diálogos, no los encuentro en el teclado pero no desistiré, a ver si para el próximo capítulo ya me he informado.

      Pues sí, ya estamos llegando al meollo. Y para alentar tu curiosidad... A partir de aquí, máquinas y sombras mil ;)

      Muy feliz de contar contigo, Isma. Valoro tu tiempo y tu interés. Tus consejos son, para mí, un tesoro. Como en La Voz, ya tengo Coach :) Besos.

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  7. Pobre Hadchit!!! Todo el capítulo recelosa, sospechando de cada uno de sus movimientos y al final resultó ser un soñador santurrón. Lástima su muerte, creo que Graham le había cogido cariño de la única forma en que un hombre vacío como él puede amar. Pero lo mejor sin duda de todo el capítulo (con permiso de tus exquisitas descipciones del gabinete de curiosidades) es la escena del envenenamiento. Qué inteligente!!! Me has dejado pasmada con la explicación de los posos del café...

    Tremendo capítulo. Voy a por el siguiente!

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    1. Pues sí, Irial, Hatchid es un soñador tan curioso como confiado, se ha fiado de Graham ciegamente, al igual que de sus criados. Sí, Graham se ha encariñado con él, le conmueven las personas sanas y generosas, le recuerdan quien fue una vez. Y me encanta que valores tanto el gabinete de curiosidades como los planes de asesinato. Y cómo Graham se ha salvado de chiripa. O no...
      Tu entusiasmo me llega, muchas gracias.
      Un abrazo 🌷

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