viernes, 4 de noviembre de 2016

«LUMINESCENZA» Capítulo 2. "Doble o nada".

«LUMINESCENZA» Capítulo 2 
Sacri lumine...












        
“El tablero es el mundo. Las piezas, el fenómeno del universo, 
las reglas del juego son lo que llamamos leyes de la naturaleza y el
jugador del lado opuesto, se encuentra oculto a nuestra vista”.


Thomas Huxley                      
                      

                                                                                
                                         











Cap 2.  Doble o nada.


Después de Hatchid, solo hubo lluvia y más lluvia. Al menos, en mi cielo, no el noveno sino el décimo, debí pasarme de largo e internarme en la penumbra. Entretanto no recibí visitas, tampoco frecuenté los bares de WhiteChappel ni aposté a las carreras de galgos. Incluso dejé de pasear por Hyde Park a la vera de Priscilla, mi hermosa iguana australis, la hembra más dulce y leal de todas cuantas he conocido. Mi bella Pris, por falta de sol, comenzaba a amarillear y cuando insistió en entrar por el espejo comprobé que al parecer, estaba más cegata que de costumbre.

Como contrapartida, enclaustrado en casa, saneé mis finanzas, mi renta anual disfrutaba de un remanso de paz y mi contable no daba crédito. Pero aquello era insano, tararear el aria Che gelida manina de La Bohéme bajo las sábanas y releer tres veces The Decameron de Boccacio con una vela en el alda no pintaba nada bien, eran síntomas de desvario. Mis amigos intentaron animarme agasajándome con una visita a domicilio de la mismísima Patty DeYoung. Sí, la cantante de variedades más célebre por sus tres senos que por sus mediocres numeritos de vodevil. Walt y Thomas también probarían a rescatarme haciendo venir a los hermanos enanos acróbatas de Picadilly Circus que sobrevolaron de lámpara en lámpara los altos techos de mi alcoba para luego descolgarse por las cortinas. Les ovacioné, aplaudí con fervor, tenía que hacerlo. Pero igualmente, resulto inútil. Soy un mentecato, de acuerdo, pero respeto el trabajo ajeno pues yo jamás me esforcé en la vida, quizás porque nada me interesó lo suficiente. Primero, Guss... Luego, Hatchid... Mis ilusiones se evaporaron con ellos. Hacía muchos años que no tenía esa sensación de vacío, desde que perdiera al pequeño Guss y con él, mi as de corazones. 

Permanecí en cama durante catorce largos días, ácido e intratable, con el semblante mustio de entonces. Era una grotesca calcomanía de mí mismo, de ese otro Yo que de muchacho todavía sentía empatía. Necio de mi, que por fin me creía inmune... Y fue más bien al contrario, la dichosa herida otra vez no supuraba pus sino bilis. Cargaba con una... No. Dos ausencias. Tan patética resultaba mi estampa que Mr.Wells tomó cartas en el asunto. Tras frotarse con saña las sienes en busca de un plan audaz y cruzar unas cuantas misivas con el director del zoológico de Regent's Park, mi eterno ayuda de cámara idearía una artimaña de lo más absurda. Vuelta a la carga, solíamos jugar a algo parecido. Se presentó en mi cuarto, me aseguró sentirse indispuesto, bebió de un frasco negro que regurgitaba espuma. Y ante mis ojos de niño grande, oculto detrás del biombo chino se contorsionó y gimió al borde del colapso. Pensé en socorrerle pero me abstuve. Una vez sube el telón, no se debe interferir, así son las reglas. Me limité a mirar y contemplé su silueta durante "la transformación", encorvándose y enmelenándose hasta convertirse en simio. Bueno, o eso me dio a entender el octogenario Wells en una especie de broma pesada, tan propia de él que llevaba su sello inconfundible. Como tantas veces, una canica de vidrio rodó por el enlosado precedíendo a la función y ésta no iba a ser menos. De nuevo aquel hombrecillo, a pesar de sus achaques, se proponía despejar mi niebla de mis ojos. Tenía que ser mi Wells, entregado e incondicional. ¿Quién si no? Él, que siempre fue nuestro faro en una infancia sin estrellas.

El anciano me retó y acepté encantado haciendo tintinear la campanilla, a partir de entonces me ponía en sus manos. Me prestaría al juego, por los viejos tiempos. Nadie mejor que él, me conoce bien. Además, me consta, no quería nada de mi. Sencillamente, lo haría desde el cariño. De modo que cuando irrumpió un orangután en mi habitación provisto de cuello almidonado, corbata a rayas gruesas prendida con alfiler, con camisa de organza, chaleco a cuadros del clan Mc Allister y cuatro guantes impolutos no pude sino estremecerme, Wells me sacaría de mi letargo con una sarta disparates. Confiaba en él, aquella pantomima surrealista era en efecto obra suya. Habría sido un magnífico showman en un espectáculo de burlesque, cantaría operettas y musettes, recitaría las andanzas del rey Arturo y sus nobles caballeros, parodiaría al primer ministro... Tal vez durante otra vida en la que no tuviera que hacerse cargo de mí, su pequeño lastre.  

Tomé asiento en el diván dispuesto a dejarme engatusar por sus cuentos como cuando Gus y yo éramos chiquillos. Pero en esta ocasión arriesgaba, apostando por aquella estampa peluda se salía de su habitual repertorio, intentaría lo imposible. Ese mono pomposo encarnaba, al mismo tiempo, tanto a Jekyll como a Mr.Hyde, las dos caras de un hombre atormentado, mi mismo reflejo... Así es, doble moral, doble color. Naturalmente, blanco y negro. Prometía ser un espectáculo único, creado a mi imagen y semejanza. Por tanto, exclusivo. Y por descontado, sólo para mi. A lo que siguió una punzada de dolor... Porque sin Gus, no sería lo mismo. Si al menos, contara con Hatchid...

Pero enseguida me repuse, se lo debía al viejo. A continuación y sin mediar palabra, mi amigo engominado apartó el jarrón, cubrió la cómoda con un tapete y haciendo gala de unos modales impecables para un energúmeno con dos pares de manos y cabellera frondosa, exprimió un limón criollo así como una lima. Acto seguido, agitaría el zumo resultante en la coctelera junto hielo picado, un chorro largo de ron blanco y una pizca de angostura. Para terminar desenvainando un plátano y con total parsimonia, introducirlo en la copa que me ofrecería en medio de una teatral reverencia barroca extraordinariamente ejecutada. Por descontado, sin derramar ni una sola gota. 

Le dí un sorbo. Había oído hablar del Daiquiri de Santiago de Cuba pero aquella reinterpretación superaba cualquier otra versión a ambos lados del Atlántico. Me puse de pie sobre el colchón y entre consternado y divertido, brindé por Jenkings Cox, el ingeniero estadounidense de la mina de hierro donde se inventó aquel mejunje en un intento desesperado por sobrevivir en una isla sin ginebra. Cox era para mi un héroe, había evitado, a mi entender, un drama regional de fatídicas consecuencias, algo así como el motín del té de Boston pero con más graduación etílica. Erguí los hombros, me disponía a beber un sorbo de aquella maravilla cuando me detuve. Ese aroma delator... Arrugué la nariz, restaban ciertos matices. Lástima, una versión tan mona y sin embargo, no del todo conseguida. Pero se podía mejorar... Naturalmente, el mono sonrío pues ese era el plan desde el principio.  

- My dear Wells, te quedaste algo corto en las proporciones. Lo encuentro demasiado suave, le falta cuerpo. ¡Ni que yo fuera una dama del Ejercito de Salvación! Tal cual, es un refresco de pícnic - extendí el brazo, copa en mano. - Vamos, alégrame este jarabe. Requiere algo más de chispa, está incompleto. Cárgalo de ron hasta los bordes. También necesita un regusto a cereza negra, yo añadiría un toque de Marraschino. 

Compelí a un atribulado Wells, un tanto superado por la situación. Le puse en serios apuros, aquello le venía grande. En un amago de reflexión, se rascó la cabeza no consiguiendo sino despeinarse la frente luciendo en adelante un tupé divino. Entonces una mano arrugada asomó del biombo con la ansiada botella de licor balcánico acompañada de una risita viejuna... El director de escena parecía divertido. 

Repaso los gustos de Wells, recuerdo cuáles son sus favoritos. Exige mi interacción, no quiere que permanezca pasivo. Y en cuanto al código de honor, no me perdonaría si desbarato la quimera antes de tiempo: Estudié la situación, puesto que Wells ha adiestrado magistralmente al chimpancé para que le supla con pulcritud no debía desenmascararle, sería poco respetuoso. Así pues, decidí continuar con la pantomima tratando a Wells-Barman como si fuera el genuíno. Hice lo que se esperaba de mí, un tipo arrogante e inmaduro. El simio hubo de aderezar mi copa con un buen lingotazo de licor de caña y lo desempeñó con bastante destreza.

- Sí, esto ya está mejor - pegué un trago contundente. - Atención, hoy es un gran día. Nos hallamos ante el primer daiquiri de plátano de la historia... Magnífico. 

A lo que el mono reaccionó exultante y deduje que las expresiones de júbilo serían comunes entre los visitantes de la jaula o recinto en el que le tuvieran confinado. Por eso le dio por dar palmas y más tarde, volteretas. Un mono ocasionalmente feliz con gran espíritu deportivo... Le adoptaríamos. Por suerte, resultó gustarle el ruibarbo con almibar, los plátanos escasean. Lamentablemente, el verdadero Wells le ha iniciado perversamente en el  espantoso vicio de la achicoria. En fin, nadie es perfecto. 

Y puesto que el ambiente se iba distendiendo y el daiquiri amenazaba con causar serios estragos en un estómago amenazado con comer solo apio de por vida, gocé de mi momento de gloria como si no hubiera un mañana. Y crecido como nunca, tuve unas palabras en memoria de alguien a quien detesto manifiestamente por haber tenido la desfachatez de untar pan con chutney, jamón de york, brotes de lechuga y el resultado, comerlo con las manos. Estaba pletórico, su aberración culinaria por fin quedaría ensombrecida en breve por mi fabuloso cóctel de moda. Llevaba años aguardando una oportunidad semejante y no me privaría del momento, de ninguna forma. 

- Lord Sandwich, mis condolencias. Lamento comunicarle que estúpida ocurrencia de juntar pan con roastbeaf, col morada y mostaza de Dijon ha pasado a mejor vida - suspiré aliviado, aquel hábito bárbaro e inmundo resultaba indecente incluso para mi. 

Entonces me brotó una duda existencial, de repente me creía un genio: Si la Tierra de repente girara en sentido contrario... ¿Desevolucionaríamos? De acuerdo, Wells-simio era una falacia. ¿Pero qué pasa con Lord Sandwich y sus retrógrados seguidores? Ellos sí que eran claros paradigmas de un considerable retroceso. Se lo preguntaría a Darwin, a ver que´opinaba al respecto. Por desgracia, no tendría ocasión pues dada mi futura e inminente condición de declarado "muerto", inevitablemente se resentiría mi vida social, no resultando del todo apropiadas mis consultas científicas a los vivos. Un fantasma ha de prodigarse poco. Trasnochar no sería de buen gusto, ciertamente y menos, bajo la luna llena. 

Si bien, yo ya me hallaba brillante, excelso. Inconmensurable. Tan capaz y ligero que casi podía volar, un astro del firmamento. Y llegados a ese punto de euforia desmedida, poco realista pero a la vez, muy propia del eterno adolescente del el que llevo décadas disfrazado con enorme éxito, ni siquiera mi conversación postergada sine die con el padre de la Teoría de la evolución podía frenarme ya.   

- Avise a Harpper, el mayordomo. - vociferé para que tomara nota el verdadero Wells, a su edad, un poco duro de oído - Con motivo del Nuevo Daiquiri celebraremos una gran fiesta. Desdeñe cualquier decoración frugal. De refrigerio, evite los entremeses habituales, quedando taxativamente vetados los sandwiches de pepino. ¿Entendido? Quiero que de las fuentes renacentistas brote cacao con tamarindo en un jardín con hibiscus, también palmeras y camareros apenas atabiados con plumas coloridas, ofrezcan a mis comensales delicados bocados de frutas exóticas. 
Invitaremos a los de siempre, aunque en es esta ocasión también incorporaremos caras nuevas. Estudiosos, doctores, personal académico... Hombres de ciencia, en definitiva. Suyo es el futuro - el mono me miraba atónito con las cejas alzadas y los ojos como platos -.  ¿Cómo? Percibo cierta indecisión... Por Dios, Wells. ¡Improvise! No sea tan estrecho de miras, corren aires nuevos. 

Mi creciente entusiasmo por la ciencia me delató, noté que me ruborizaba. Nunca fui un visionario, el avenir jamás me intrigó lo más mínimo. Y sin embargo, de pronto, ese repentino interés por mil estudios novedosos y otras tantas líneas de pensamiento... Me escuchaba y no me reconocía. Así es, ese maldito lunático no podía ser yo. No obstante, no flaqueé y renegando de todos mis principios, proseguí en la misma línea. 

Presiento que el daiquiri de plátano será la copa predilecta de espías de etiqueta, ladrones de guante blanco, mafiosos sicilianos, traficantes del caucho, magnates de los astilleros... Así es, doble moral, doble licor. Nada que objetar, tan solo son criaturas complejas como yo. Personajes influyentes, de ellos depende que el mundo gire en un sentido y no en otro. Adelante. ¡Qué sean bienvenidos!  Es más, deseo conocerlos a todos. 

Por supuesto, a nadie engañé. Tampoco tenía a quien, el pobre mono no cuenta. En efecto, aquello sonó muy raro incluso para mis oídos. En Sodoma, una recepción seria... ¿Y para desconocidos?... Hasta el Wells de pega sospechó, no se le escapó que tramaba algo. Simplemente, lo sé, no sabría explicarlo.... Quizás por un balbuceo quejoso o por el consiguiente despliegue de labios a modo de sonrisa payasil. O porque en el fondo de mi ser me sentía un farsante. Apuré el daiquiri de plátano, convencido de que era perfecto para mí. 

- Otro más y lo veré todo doble. Idóneo para este menda y demás fantoches como yo.  

Todavía en batín, insté a un mono atónito a actuar con premura -. ¡Cómo! ¿Aún ahí parado? Diantres, Wells, reaccione. Tómese una achicoria con Harpper y póngale al corriente de todo lo dispuesto con pelos y señales. 
- Igijigiji Gijigi Jigiji Gííííííííí
- Por Dios Santo, qué risa más estúpida. Y por lo que más quiera, deje de enseñarme los dientes.  Uhm, mire que se lo advertí... Y encima, la lengua azul. Obviously, demasiada achicoria. 

Tres horas después estaba afeitado y aseado mirando a los transeuntes, hecho un figurín. Fue entonces y no antes cuando percibí su presencia por primera vez, me sentí observado. pero lejos de alarmarme, opté por la diversión dedicándole a mi voyeur, afín u hostil, un strepptes de lo más elaborado con coreografía propia... Permaneció inmóvil detrás del visillo en el inmueble de enfrente hasta me asomé al ventanal e hice que me caía. Entonces salió de su escondite y gritó señalándome y pidiendo ayuda. Entonces comprendí que no se trataba de un esbirro enviado para vigilarme sino de una muchacha de piel tostada con unos rasgos reconocibles y un corazón enorme. La reconocí, había visto su foto en casa de Hatchid, era su hermana أحور Ahwar cuyo nombre significa Rayos de Luz... Lo ví claro, era cosa del destino. Cierto, jamás creí en los hados y puestos a creer, no debería desdeñar que en inglés significa Guerra... Pero acababa de romper con todo, una transgresión más a esas alturas era del todo indiferente. Además, si el azar me había salvado la vida, convine que apostar por Ahwar sería para con él mi pequeño homenaje.  Así que confié en las coincidencias cósmicas y la dejé entrar en mi vida. Me presenté como un buen amigo de Hatchid y ella se limitó a sonreír. Para qué negarlo, sabía perfectamente quien era. La encontré empapada, le ofrecí ropa y cobijo. Necesitaba saber, igual que yo, de modo que la acogí en mi casa y de la noche a la mañana se convirtió en mi asistente. 

A Wells le complació la noticia, también Harpper parecía esperanzado y desmanteló deliberadamente la antigua habitación de Gus para que hiciera las veces de despacho. Al principio, me enfurruñé. ¡Cómo se atrevía a hacer tal cosa! Aquello era una profanación en toda regla. Durante dos semanas no logré atravesar el umbral, al mes conseguía permanecer de pie junto a la pared sin tocar una silla tan siquiera hasta que un día Ahmar movió sin querer uno de los trenes de juguete de Gus sobre el estante y estallé de ira... Al rato, recapacité, le pedí perdón durante la cena y fue entonces que por fin comprendí. Gus no volvería jamás y yo necesitaba otro compañero de juegos. En adelante, Ahwar y yo maquinaríamos juntos mientras Harpper y Wells, al fin relevados de mi díscola crianza, envejecerían un poco menos. 

Preparamos en tándem los detalles más osados de la fiesta, derrochamos ingenio, tiempo y dinero en nuestro afán por adquirir maravillas capaces de fascinar a unos invitados tan ilustres como selectos. La sorpresa no era suficiente, teníamos que embelesarlos, cuativarlos, precisábamos de una maniobra de seducción y en eso yo soy un experto. Les llevaría a mi terreno. Música tenue, mujeres fáciles, bebidas sugerentes, un crisol de sombras y bajarían la guardia, los tendría a mis expensas. Una vez propiciado el climax, llegaría la ronda de acertijos y adivinanzas para alimentar sus egos, retaríamos a los asistentes con toda suerte de mapas, criptogramas, laberintos y demás galimatías con el propósito de identificar a El Magister y pagarle "generosamente" con su propia medicina. Sentí la tentación de ponerle cara, deseé con todas mis fuerzas que fuera el ganso de Lord Sandwich pero erre, sin duda nuestro hombre era alguien mucho más suspicaz e inteligente. Secretamente, albergaba un temor... Por nada del mundo podía tratarse de Guss, no lo soportaría. 

Aún hoy pienso en ello y ahora que intuyo Su Nombre, no puedo evitar reír de puro sarcasmo. En realidad, estamos fatídicamente unidos. Siempre fue así, supongo. Es más, me atrevería a afirmar que El Magister da sentido a mi vida... Por San Valentín, podría hacerle un regalo con aroma a pachuli, matices de frutos rojos, madera de cedro ahumada... Y por qué no, un sutil olor a pólvora . escupo -. De algún modo, somos una pareja entrañable. 









* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 

























  



16 comentarios:

  1. Hola, Mere... Al comienzo del capítulo veo a Graham muy abatido por las pérdidas de Guss y Hatchid... enclaustrado en un décimo cielo de lluvia y más lluvia... la lluvia está muy bien, pero es muy necesario el Sol
    Unos rayos de sol han querido ofrecerle sus amigos intentando animarle, pero no han conseguido quitarle esa sensación de vacío
    Creo que para Mr Wells ha sido ya demasiado verle, en cama, durante catorce días... y movido por el cariño, este ayuda de cámara, ha planeado algo que ha funcionado... el daiquiri de plátano
    Graham se ha animado tanto que quiere celebrar una gran fiesta... pero lo que entiendo que quiere realmente es, entre los invitados selectos e ilustres, identificar a El Magister
    Me ha sorprendido la aparición de Ahwar, la hermana del pobre Hatchid
    Y el final del capítulo me deja muy intrigada con esa intuición de saber quién es El Magister, y que debería hacerle un regalo por San Valentín
    Te aseguro que yo, por ahora, no tengo remota idea de quién puede ser El Magister
    Ha sido un placer leer tu segundo capítulo... hoy me ha venido muy bien
    Besos

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    1. Querida Mela, como bien dices Graham está hundido, una vez más, porque la ausencia de Hatchid es como un déjà vu, de nuevo está solo sin su mejor amigo. Tanta lluvia es como una larga noche sin estrellas.
      Sus amigos han intentando animarle con atracciones de bastante mal gusto pero es que Graham lleva años mostrando al mundo su lado más frívolo. Como es de esperar, no logran animarle.
      Mr.Wells le quiere como un hijo y no soporta verle así por segunda vez. Con la marcha de Guss, se le agrió el carácter. De aquella primera pérdida jamás se ha recuperado y no va a consentir que caiga otra vez. Por eso, a pesar de su edad, retoma uno de sus juegos, las escenificaciones, para sanar al muchacho. Dicen que la risa lo cura todo... Así que se estruja la sesera para presentar una escena idónea para su protegido. Graham que es curioso, locuaz y en ese empeño por parecer ante todos inmensamente feliz, el descubrimiento de un nuevo cóctel le va como anillo al dedo.
      Cierto, realmente Graham no está para fiestas si bien, con ella cumple dos objetivos. Por una parte, aligera la carga del pobre Wells que no parará hasta levantarle el ánimo, por otro la celebración es el cebo para concentrar en su salón a todas las mentes cultivadas del Reino Unido a sabiendas de que El Magister se encontrará entre ellos estudiando su presa. Porque el problema es discernir quién es la presa y quién el cazador...
      Ahwar quería muchísimo a Hatchid y las circunstancias de su muerte están llenas de lagunas. Ella desea ayudar y hará cuanto esté en su mano, pero que duda cabe que es el eslabón más débil...
      Graham siente por El Magister una relación de amor-odio muy común entre brillantes enemigos que se admiran y sin embargo se repelen. En este caso, el odio supera con creces al amor.
      Voy perfilando a El Magister en mi cabeza poco a poco, forjarlo requiere su tiempo pues ha de ser simultáneamente magnético y malvado y estar a la altura como gigno rival.

      Gracias, Mela, tu presencia en los comentarios me colma de orgullo. En concreto sobre el capítulo, es maravilloso que su lectura te amenizara la tarde, de verdad que no imagino propósito mejor.
      * He tomado nota del segundo comentario, me ha sido de gran ayuda y me ahorrará más de un mal rato, lo sabes ;) Gracias por cuidar de mi y qué bien lo haces. Un abrazo.

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  2. Me ha encantado el cariño que demuestra Mr Wells por Graham. Esa escena con el chimpancé es buenísima. Y muy bien plasmada, que he sido capaz de visionar cada momento. Y desde luego tanto la escenificación como el daiquiri han cumplido bien su cometido. Parece que por fin Graham empieza a despertar. Y la presencia de Ahwar también ayuda. Empieza a darse cuenta Graham de que no es el fin, de que hay muchos motivos para seguir al pie del cañón. Uno de ellos es descubrir quien es El Magister. No tengo ni idea de quien puede ser, así que seguiré los pasos e Graham, , que me tiene intrigada.
    Besotes!!!

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    1. Hola, Margari. Qué alivio saber que te ha gustado la escena del chimpancé, a mí me divirtió mucho escribirla pero el humor es difícil de transmitir. Así que, tras tus palabras, muy animada y agradecida.
      Ahwar está tan perdida como él y necesitan las mismas respuestas. Y un nombre, el de El Magister. Graham reconoce a su rival a posteriori, lo descubrirán juntos tras el cebo de la fiesta. Para dar con él, me temo tendremos que seguir a Graham hasta el infierno.

      Gracias, Margari. Un besazo.

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  3. Mere, te dejo otro comentario porque, en el anterior, se me olvidó decirte lo mucho que me gustó la frase que Graham le dedica a Wells... "Él, que siempre fue nuestro faro en una infancia sin estrellas"
    Me gustó tanto... que la tengo anotada
    Besos

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    1. Gracias, Mela. Para mi, también es muy especial.
      Un beso enorme.

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  4. Si que le ha venido bien a Graham el daiquiri y la ocurrencia del Sr. Wells con el mono. Vamos que se ha venido arriba y se le ha ocurrido organizar una gran fiesta para desenmascarar a El Magister.

    Además en este capitulo entra en escena la hermana de Hatchid a ver que descubren juntos y a ver que ocurre en esa fiesta.

    Me esta gustando esta nueva bloggonovela, besos

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    1. Así es, Rocío, lo has pillado todo, TODO. El Sr. Wells conoce a Graham muy bien, mejor que esos amigotes suyos, por eso acertó plenamente, también es que se volcó como nadie, es quien más le quiere en el mundo.
      Sí, Graham es así, un poco montaña rusa, tan pronto está arriba como está abajo, a ver si la cima le dura un poco. Esa fiesta es la excusa idónea de dar con El Magister, que caerá en la trampa como un corderito. Esperemos.
      Ahwar está tan dolida como Graham y juntos pueden hacerse mucho bien, aunque sea fraguando una venganza.

      Muchas gracias, Rocío, he intentado empezar con buen pie y que me lo digas, me infunde muchísimo ánimo. Por eso espacio los capítulos, para currármelos un poco más y avanzar con paso firme. Intentaré seguir así, comentarios tan bonitos lo compensa con creces. Un besazo.

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  5. Querida Mere,

    Como era de esperar, Graham se siente totalmente hundido y desolado por la pérdida de Hatchid.
    Pensaba que ya no levantaría cabeza. Pero gracias a su querido Wells, entregado e incondicional, ha logrado salir del pozo en el que estaba. Lo defines muy bien con esa frase tan bonita:

    "ÉL, que siempre fue nuestro faro en una infancia sin estrellas".

    Gracias a que es ese faro, la ocurrencia de la aparición del simio y de ese "daiquiri especial" consigue no sólo levantarle la moral sino también que tenga ánimos para montar una señora fiesta. Sin escatimar en nada.
    Que haya vuelto a ver a la hermana de Hatchid y estén juntos les va a hacer mucho bien. Los dos han perdido una persona muy querido y eso une mucho. Seguro que se ayudarán mutuamente. Sobretodo, a la hora de buscar a "El Magister".
    ¿Quién será este personaje misterioso? Espero que no tarden en descubrirlo.


    Veremos qué pasa en el siguiente capítulo que estará al caer :).

    Un abrazo.

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    1. Graham está hundido y sólo puede ayudarle Wells porque le conoce bien y le quiere de verdad. Da gusto contar con personas como Wells, nuestros faros en la noche, que nos apoyan siempre y nunca nos abandonan ¿verdad?
      La hermana de Hatchid está tan necesitada de respuestas como él, juntos las buscarán y encontrarán apoyo y comprensión el uno en el otro. Y buscarán a El Magister hasta dar con él.
      ¿Quién será? Alguien complejo y retorcido.
      Y sí, pronto toca nuevo capítulo. ¡Qué nervios! Todavía hay detalles en el aire, deséame suerte.

      Un beso.

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    2. MUCHÍSIMA SUERTE aunque no la necesites ;)

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    3. Gracias, Leo, un chute de ánimos y estoy lanzada :D

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  6. Sí que acertó Mr.Wells en la elección del juego para animar a Graham...y ahora la partida de ajedrez acaba de empezar!
    La ayuda de los peones ha estado muy bien, pero el tablero no estaría completo sin la dama. Veremos quiénes son las otras piezas por encajar, cómo discurren los movimientos y si llega a distinguir a su adversario entre los escaques y le da jaque mate!! entonces brindaré con el Daiquiri de plátano a tu salud!
    Besos

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    1. Así es, Mª Esther, la partida no ha hecho sino empezar. Cierto, es importante la dama. También, la torre donde refugiarse. Y en adelante, habrá más fichas sobre el tablero que irán tomando posiciones...

      Un daiquibeso.

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  7. Bueno bueno. Qué deliciosa locura cuando te desatas. Me ha encantado la escena con Wells de principio a fin. Una locura, lo dicho, me encanta lo que me produce asombro y esa escena nunca la hubiera imaginado. Genial.

    Me ha encantado también esta frase: "Era una grotesca calcomanía de mí mismo, de ese otro Yo que de muchacho todavía sentía empatía."

    Fallitos ninguno, salvo un "deliverar" que me ha dolido en el alma. Corrige a la mayor brevedad.

    Besos
    Isma

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    1. Pero ¡qué subidón! Creo que estoy volando, levito ¡de alegría! Era una escena de humor complicada y no las tenía todas conmigo. Pero como a mí me divertía, pues seguí adelante temiendo que no fuera lo suficiente descriptiva, que no encajara con el talante de la novela o incluso que cayera en el absurdo... Y, por lo que me dices, deduzco que mereció la pena asumir el riesgo.
      Cierto, Isma, es una frase que da qué pensar. ¿Verdad? Habla de esa ingenuidad robada por los años, conforme nos curtimos. No volvemos a sentir igual.

      Ya he solventado el proBlema. Pensaba excusarme con la excusa de los idiomas, en inglés y francés iría con "v" pero por las mismas, escribiría libro con "v" y garage con "g"... Argumento desbaratado.

      Gracias, amigo. Un beso.

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