viernes, 18 de noviembre de 2016

«LUMINESCENZA» Capítulo 3. "Anathematis".

«LUMINESCENZA» Capítulo 3 
Iucis caelum...









   





"Tul-tul kante ootak-nakata, sinha raha sanyhai. 
Kimbha ke rarana bhai larai, boojho mere bhai" 


     Razmanma  (acertijo).               
                      

                                                                                
                                         











Cap 3.  Anathematis.


Por el momento, nuestro pequeño hotel de almas desoladas no era precisamente una fiesta. Ni Ahwar ni yo teníamos ánimo de conversar y honestamente, éramos un par de extraños sino incompatibles. Si yo recitaba a Winton, ella tócaba el sitar. Mientras yo ensayaba pasos de baile, ella mariposeaba de rincón en rincón con cascabeles en las babuchas. Para ordenar... ¡Qué falta de genialidad! Menuda ocurrencia, vulgar como pocas. Y con tanto tilín me palpitaba la sien... Creí que me estallaba la cabeza. Soporté su embite con absoluta entereza, sin demostrar mi fastidio, cual auténtico gentleman, hasta una mañana que me quemé la lengua con un sorbo de café y a raíz de un pequeño desliz, se desató mi ira contenida. Entonces no tuve piedad, mi rostro era pura furia. Afilé mis sables y katanas frente a ella sin quitarle el ojo de encima... Así la retaba a legendario duelo con un gesto intimidatorio. Tengo una habilidad especial para ser desagradable, practiqué con mi distante padre durante años. Sé cómo incomodar a alguien hasta el extremo sin perder la compostura. 

En respuesta, Ahwar reaccionó satisfactoriamente, sería una fabulosa adversaria digna de mi talento. Con la agilidad de un pajarito fue salpicando las paredes de pequeños marcos color pastel con glicinias disecadas que me cegaban los ojos. Y no contenta con eso, tuvo la osadía de colocar una primera edición de Enma de Jane Austen sobre el aparador mancillando con su ñoñería mi colección catalogada de armas blancas. En consecuencia, me vi obligado a contrarrestar semejante afrenta colgando cuantas litografías de mujeres semidesnudas  tuve oportunidad  hasta convertir el tabique en un hilarante mosaico de hadas y flores que ambos detestábamos en igual medida. Llegados a este punto, Wells medió con un chocolate de pimienta rosa. Negociamos, depusimos clavos y martillos. Nos concedimos una pequeña tregua, nada exagerado, ella parloteaba mientras yo leía el periódico. Parecíamos un viejo matrimonio que apenas se tolera y sin embargo, por fin estábamos cómodos.  

Así es, no nos llevábamos demasiado bien y aún así conseguímos cohabitar en la misma sala de estudio días enteros. Naturalmente, con libertad absoluta de movimientos y sin inmiscuirnos en los pensamientos del otro. Hasta que un día hasta me fumé del tirón media caja de habanos y el despacho era un palacio de neblina. Entró ella, en un arrebato abrió el ventanal y acto seguido, a punto de estallar la guerra diplomática, de repente callamos los dos. Y es que a través del marco de la ventana, se colaba hacia el interior un ave espléndida que en un aleteo triunfal aterrizó sobre su hombro. Me quedé conmocionado, lo nunca visto. Un ser alado, sagaz y poderoso, de sobrecogedora grandeza y cercano al mito se precipita dentro de la habitación y se posa sobre mi invitada... De infarto. 

Movido por la histeria y con un febril instinto de supervivencia, me dispuse a arrojar al susodicho un cenicero de bauxita cuando la muchacha, serena, alzando el brazo me lo impidió. Y menos mal, tengo tan mala puntería que podía haber herido a Ahwar. O lo que es peor, golpear la cristalera de William Morris y eso sí que habría sido fatal, toda una catástrofe. No solo por la obra, espléndida. Sino porque la sala estaría helada, resultando insuficiente la chimenea. En cualquier caso, me detuve, evitando múltiples desenlaces esperpénticos. Y entonces ella me contó que aquel ave majestuosa era el halcón de Hatchid, su fiel compañero. Ignorando mi cara de estupor, la muchacha se explicó con total parsimonia. Por lo visto, rapaces y hombres llevaban conviviendo en la familia Pamuk siglos y siglos durante generaciones. Ruc, que así se llamaba aquel pájaro descomunal, tenía la mirada de hielo y lucía un plumaje cristalino. Bendecida en las cuevas budistas de Ellora a las afueras de Auranghabad según el ritual de la luz en honor al ave solar Garudá y la serpiente Naga, pertenecía a una estirpe de pájaros legendarios presente en el quinto libro de Simbad y en los relatos marineros.  Desde luego, no se trataba de una mascota al uso. Más bien, era un guerrero nacido para proteger a su amo. Su misión obedece a una tradición milenaria, cada Pamuk cuenta desde siempre con su ángel custodio. 

- Si Natchid murió, entonces Ruc fracasó. 
- Y está dolido, sabe que le falló y es por eso que se le caen las plumas. 

Me fijé en las calvas del animal, daba verdadera lástima. Se le veía mancillado en lo más hondo. Y le comprendí, a fin de cuentas Hatchid enfermó en mis brazos y yo tampoco supe defenderle.  

- Cierto, Ruc languidece... 
- Así es. Y él también morirá si no le acepto como guardián, buscaba un Pamuk a quien cuidar y me ha encontrado. 

Al parecer, la caravana de la familia Pamuk partía históricamente de Antioquía, pasaba por Baalbeck y Palmira, atravesaba Mesopotamia, a lo largo de Nisibis, Ctesifonte y Seleucia y penetraba en la meseta del Irán, pasando por Ecbátana, Ragas y Hecatómpilos. Cruzaba después El Jurasán por Nishapur, cruzaba el Turkmenistán Meridional por Alejandría de Margiana bordeando el Oxus para luego ascender hasta Bujara, alcanzar la Sogdiana por Samarcanda y llegar a la cuenca del Tarim en Kashgar en la remota región de Sinkiang cerca del Tibet. Allí cambiaban coral, ámbar y lana por especias, ébano y piedras preciosas de la India así como hierro de extraordinaria pureza, pieles raras, sándalo, agujas, aceites y barnices procedentes de Extremo Oriente. Si bien, el material más preciado eran los tejidos de seda chinos, especialmente los brocados de Shang-du que por sí mismos justificaban todo el viaje. Y una vez realizado el trueque, sus camellos bactrianos, cargados de seda, partían de vuelta a occidente desde la capital de Han a través de Kansu, Samarkanda y continuaban por Antioquía hasta la costa mediterránea... En resumen, recorrían medio mundo.  

- En territorio chino, desde los tiempos del Emperador Wu-Di, la ruta estaba jalonada por una serie de fortalezas y monasterios budistas, que protegían a los mercaderes y les daban cobijo, Pero, por desgracia, casi en el 80% de la Ruta, no había vegetación; sólo encontraban desiertos de arena, hielo, nieve y glaciares. A veces, los caravaneros sufrían accidentes o enfermedades, toda suete de penalidades asolaban el arduo camino. Otras tantas las caravanas eran asaltadas por bandas de feroces asesinos.

La observaba, estaba preciosa cuando le hiervía la sangre. Los mismos pómulos, la misma boca que Hatchid. Tan apetitosa como la de su hermano, me entran ganas de besarla... Pero siempre mantuve una máxima en el amor, me está vedado confraternizar con dos miembros de una misma familia, rayaría en lo incestuoso. Anwar seguía hablando y hablando, cada vez más efervescente. En algún momento, debí dejar de prestarle atención. y me temo que se ha dado cuenta porque me escruta de un modo... Asentí sin demasiada complicidad. Lo sé, parecía distraído.

- ¿Te quedas tal cual? ¡No reaccionas! Graham, tienes la sensibilidad de un rinoceronte. No hay nada en el mundo que realmente te importe.
- Chiquilla, eres injusta. En defensa del arbitrariamente difamado rinoceronte alegaré que huelgan las comparaciones. Los rinocerontes sí que se comunican entre sí mediante intensas vocalizaciones con propósitos bien distintos. Emiten llamadas de contacto, señales de cortejo y, aunque no son frecuentes porque la especie se sabe fuerte, también articulan ocasionalmente sonidos de alarma en caso de peligro inminente. No les ofendas, nada qué ver conmigo. Y sobre mí, poco qué decir. Sencillamente, no soy de lágrima fácil. Aún no ha llegado a mis oídos atrocidad capaz de escandalizarme.

Lo que no era del todo cierto. Cierto, su crónica no me impresionó porque ya leí sobre los peligros de la Ruta de la Seda en las memorias de Guillaume de Tyr, Jacques de Vitry, Jean de Joinville o el mismísimo Marco Polo. Una Ahwar decepcionada acarició a Ruc y en tanto le rozaba, recordó algo. Salió a toda prisa camino de su dormitorio y yo la seguí. Deseaba disculparme y no sabía cómo.

- Cuando me fui de casa, dejé atrás muchas cosas y créeme, no me importa. Era un precio ridículo a pagar por retar al destino y vivir una vida de la que por linaje me ha sido asignada - se toca el lóbulo de la oreja tanteando el pendiente de orfebrería regalo de su prometido, una auténtica joya. - Pero no renunciaré al libro de Razmana que Hatchid me regaló, es una traducción persa del Majabhárata muy querida, El Libro de Razmana y Ruk son lo único que me queda de mi hermano. Además, es un ejemplar es único y lo hizo traer desde la biblioteca de Chinguetti en Mauritania sólo para mi. 
- Pero estábamos en otra cosa y caíste sin más... ¿Por qué te inquietaste por El Razmana precisamente ahora?
- Fue por el halcón, él me condujo al libro. Hatchid era un gran cetrero, ¿lo sabías? Tras su entierro, Ruk sobrevoló el cementerio durante días. 

Cómo iba a saberlo, si no acudí al Campo Santo a darle un último adiós a mi amigo. Desvié la mirada, sentí vergüenza. Pero ella prosiguió contándome, sin reprocharme nada, consciente de mi desazón. Lo cual, fue todo un detalle. 

- Luego recordé que en el Razmana hay un cuento sobre rapaces que Hatchid me leyó una vez: "El halcón y la paloma". 
- Lo conozco, es una historia muy triste y carente de moraleja. Extraña lectura para dedicar a un niño... 
- De hecho, escucharlo me afligió. Entonces él me preguntó por qué estaba tan triste y le contesté aludiendo al sabio Patanhali: "El camino de la evolución es un camino de sufrimiento". 
- Una gran reflexión que, por supuesto, comparto. 
- Pues no deberías. Mi hermano, tras recitarlas, lejos de asentir me reprendió cariñosamente, "El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional", añadió. Son palabras de Buda y con ellas me alentaba a perseverar en mi búsqueda de la felicidad, a pesar de las penurias.


Tras recordar la escena, Ahwar sollozaba discretamente. Yo también me emocioné e incapaz de reprimir las lágrimas, argüí una estrepitosa reacción alérgica a las glicinias con una doble intención... Por una parte, quería parecer fuerte. De paso, contaba con una última oportunidad para deshacerme de esos cuadritos tan cursis... Brillante. 

Sin embargo, ella me caló al instante, lo intuí por su media sonrisa. De inmediato, supo que disimulaba pero no se rió de mi, no es propio de ella. Tanto es así que amaneció cierta ternura en sus ojos, Es más, rebosaba calor y empatía. Una señorita de casta, preocupándose por el alma errante de un gañán como yo... Inaudito. Aquella mujer se mostraba ante mí dulce y transparente y fue entonces que decidí confiar ciegamente en ella, como en Priscilla, mi idolatrada iguana australis. Y para mi sorpresa, al poco comprobé que la conexión era mutua. Una vez Ahwar encontró el librito en el bolsillo de un abrigo, me lo enseñó sin remilgos. Deseaba compartir conmigo aquel pequeño rastro Hatchid, su último destello.

Repasamos juntos el libro entero deleitándonos en la exótica belleza de sus 134 ilustraciones. Y estábamos los dos ensimismados cuando ante el colorido retrato del cetrero, la magia se esfumó. Fue un tremendo shock, no estaba preparado para eso. Fue tal la impresión que palidecí, casi desfallezco. Y es que reconocí a Hatchid, aquel rostro cetrino era su misma estampa.


- Interesante. Tu hermano y el cetrero son idénticos, como dos gotas de agua - era algo en verdad siniestro. 
- Yo iría más allá, creo que el cetrero con su dedo índice extendido pretende decirnos algo. Señala al cielo... o al halcón en pleno vuelo... 
- O la parte superior del manuscrito donde Hatchid ha escrito una frase en latín. Conozco bien su laboriosa caligrafía. No me cabe duda, lo escribió de su puño y letra.



Si quis furetur,
Anathematis ense necetur.


- Traduce, Graham. Qué raro... Si estuviera escrito en persa, lo entendería. 




May the sword of anathema slay
If anyone steals this book away. 



- "Que la espada de mate en la fe a quien ose robar este libro". Se trata de una horrible advertencia al potencial ladrón de El Razmanma, Hatchid le amenaza con la excomunión. 
- No puede ser, esa actitud inquisitorial no encaja con la personalidad de mi hermano. Él no haría jamás algo así. Además, hay más cosas que no cuadran. 
- Ilústrame. ¿Cuál es el sinsentido?

- Hatchid no sabía latín. Además, era musulmán y detestaba la excomunión cristiana. 
- Tal vez no le conocieras tan bien como crees... - tocábamos un tema delicado pues la homosexualidad de Hadchid no era de dominio público.  
- No hasta ese punto. - Anwar se puso rígida pero no percibí resentimiento, no juzgaba a su hermano.  
- Quizás, utilizara deliberadamente palabras artificiosas para que las desdeñes como tales y busques más allá algún mensaje subyacente. Un secreto cifrado, una especie de adivinanza. 
- ¿Y por qué haría algo así? 
- Por lo mismo que te leyó de niña un cuento sin moraleja. Para avisarte de que el dolor puede llamar a tu puerta... No intenta proteger El Razmanma de los intrusos sino a su queridísima hermana. 


Lo vi, con una nitidez prodigiosa. En efecto, la cita en latín guardaba un mensaje oculto... Si él fallecía y el halcón encontraba nueva dueña, Ahwar repararía en el libro. Entonces estaría en peligro... le ofrecía una escapatoria.


- Hay algo más. Si la amenaza en latín es tan importante... ¿Cómo permitió que se manchara de aceite? Hatchid no era descuidado y esto es una chapuza. 

En efecto, había una gota de aceite vertida sobre las últimas letras de la palabra anathematis.

- ¿Y si lo hubiera derramado adrede? Podría ser parte del acertijo... 
- Y si... Anath - oil... Anathole. ¡Lo tengo! Anathole se llamaba el tutor de Hatchid, ahora es librero en El Templo de las Musas. Es un hombre excepcional, sabe muchísimas cosas y mantiene amistad con personas un tanto peculiares... 
- Es nuestro hombre. Conozco esa librería.  


Nosotros, perdidos en un mar de sombras y tuvo que resurgir un ingenioso Hatchid desde ultratumba para mostrarnos el camino... Magnífico, arrebatador. Le amaba, de verdad que sí, más que a nadie en este mundo. Quise verle, yacer con él. Me pregunté como sería tener sexo con un muerto en una sesión de espiritismo... Lo consultaría. Aunque me cuidé de pedirle a Ahwar opinión al respecto o huiría despavorida. Claro que ella, por su parte, también "olvidó" contarme que El Libro de Razmanma es El libro de las Guerras. 


Dos amigos con secretos... Inquietante. Y sin embargo, es justo como me gusta. A decir verdad, no esperaba menos. Lince y pantera, unidos por un anatema. 











* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 

























  


13 comentarios:

  1. Y Hatchid desde el otro lado indicando el camino... Qué gran capítulo! Me gusta esta relación entre Graham y Ahwar. Ese principio con ese tira y afloja entre ambos me ha arrancado la sonrisa, como ese final con Graham imaginando cómo sería esa sesión de espiritismo... Y esas historias, esos cuentos, que has ido contando, seduciendo, conquistando... Me tienes totalmente enganchada!
    Besotes!!!

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    1. Hola, Margari. Sí, Hatchid está resultando ser un ser excepcional, tanto es así que Graham le desea más que nunca. Graham nunca ha vivido con una mujer y le choca tanta feminidad pero no te preocupes, están destinados a entenderse.
      Sí, hoy nos ha salpicado la arena del desierto de lleno, me ha dado por rememorar dos mil y una noches :) Qué te agrade la novela... ¡Qué satisfacción más grande! No te haces idea de cómo me llenan tus palabras. Muchísimas gracias.

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  2. Hola, Mere... Graham y Ahwar parecen incompatibles, sí
    Él sabe como incomodarla sin perder la compostura, pero también se ha dado cuenta de que tiene a una adversaria digna de su talento
    Por cierto, me gusta bastante más como decora Ahwar que Graham... y ya le digo yo a Graham que colocar, en un aparador, la primera edición de Emma puede ser osado... pero me ha encantado
    Con tanto humo, era lógico que Ahwar abriese la ventana... y fantástico que haya entrado el halcón de Hatchid... Ruk
    Ahwar tiene que aceptarlo como guardián... no puede consentir que muera
    Te digo que a mí también me encanta la vehemencia, efervescencia y frescura de Ahwar
    Me ha gustado mucho, pese a los avatares, recorrer ese medio mundo con la familia Pamuk
    Me he reído con la defensa que Graham ha hecho sobre el difamado rinoceronte
    "El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional"... esta frase invita a la reflexión
    Graham ha intentado hacerse el "fuerte"... pero Ahwar no se ha creído lo de la alergia... me ha encantado su media sonrisa
    Bueno, pues el Lince y la Pantera han sabido llegar, con sus pesquisas, hasta Anathole... el librero en el Templo de las Musas, que fue tutor de Hatchid
    "El Templo de las Musas"... me encanta este nombre
    "El Razmanma" o "El libro de las guerras"... esto me da qué pensar
    Me ha encantado, Mere
    He pasado un rato muy agradable... hasta el próximo rato
    Besos

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    1. Hola, Mela. Graham es un pillo y le gusta incordiar a la gente, pero no te preocupes por Ahwar, no se amilanará y a la larga, ambos están destinados a entenderse.
      Completamente de acuerdo, Mela, Graham tiene un gusto pésimo para la decoración, tan ácido e irreverente que raya en la chabacanería. Si se quejara de Persuasión, allá que te va, es un poco pastelón. En cambio, Emma... Nada que objetar, es una pura delicia.
      Yo tampoco soporto el humo, habría abierto sin pensármelo. Ruk necesita un dueño y Ahwar lo adoptará como guardián por humanidad, también por cumplir con su linaje. Ahwar salió muy tímida del tintero y me pasa como a ti, cada día me convence más.
      La familia Pamuk realizó toda una odisea, la Ruta de la Seda es absolutamente fascinante,
      Comparar con él al rinoceronte es una afrenta fuera de lugar, pobre bicho :) La frase de Buda es muy cierta, la sabiduría oriental es vital y esclarecedora.
      La alergia no coló, Graham debería haber esgrimido una excusa mejor pero las palabras de Ahwar le cogieron por sorpresa.
      El templo de las musas fue una librería de Londres, la visitaremos en compañía de Graham y Ahwar próximamente y lo que encontremos allí creo que te gustara tanto como su nombre. Anathole es un hombre entrañable, a la vez que un pozo de sabiduría y nos espera allí, al pie de la escalera :)
      El Razmanma o Libro de las guerras se presta a una lectura siniestra. Por eso, Graham califica a Ahwar de pantera y no de corderito...
      Tus palabras me han resultado muy gratas y sabes que las tengo en mucha estima. Me alegra que pasaras un buen rato. Y lo que es mejor, un rato compartido :)
      Besos.

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  3. Ahora una escena de intriga, de misterio y de intimidad. Me gusta también. Muy fresca y con un ingenio romántico.

    Te comento algunas cosillas que he detectado por ahí:
    - Se te ha colado un Natchid en vez de Hatchid y un Ruc por un Ruk.
    - Mencionas un "80%", que no pega en esa época y habla.
    - Un "hiervía"
    - En esta frase metes un cambio de tiempo verbal, de pasado a presente: "En algún momento, debí dejar de prestarle atención. y me temo que se ha dado cuenta porque me escruta de un modo... Asentí sin demasiada complicidad. Lo sé, parecía distraído."

    Por lo demás muy bien, entretenido. En algún momento quizás abuses de las explicaciones. Pero bueno, se admite :).

    Besos
    Isma

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    1. Hola, Ismael. Pues sí, pensé que con detalles de convivencia podría indirectamente describir el talante de los personajes. Pero claro, a su vez trato de avanzar en la trama contactando poco a poco con nueva gente que aporte otras sendas... En esas estamos.
      Ya corregí las erratas, muchas gracias. Sí, tal vez podría aligerar la mención a la ruta de la seda, es que cuando nos documentamos luego queremos contarlo todo... ¡Qué vicio!

      Welldone, Isma!!! Aprecio mucho tu aportación. Besos.

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  4. Hola Mere!
    Cómo te trabajas todos los capítulos!! Me encanta éste en el que primero me sacas una sonrisa leyendo los torpes intentos de convivencia entre Graham y Ahwar para pasar volando a la sorpresa de la entrada en escena del halcón de Hatchid e inmediatamente a las profundidades del mensaje oculto...
    Qué gota de aceite más oportuna para descifrar el acertijo y llegar hasta Anathole ¡¡Genial!! Además los secretos de ambos tienen visos de ser muy interesantes, jeje
    Estoy deseando entrar en "El templo de las Musas"
    Un beso y muchos aplausos.

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    1. Hola, Esther. La verdad es que sí, este año me documento mucho y me alegra que lo hayas notado. Por eso, distancio los capítulos dos semanas, para hacer cábalas la información de la que dispongo que te confesaré es sumamente divertido.
      Sí, Graham y Ahwar son muy distintos y con estas bromas y enredos intento describir entre guiños sus temperamentos. Desde luego, el halcón hizo una entrada triunfal e indirectamente, nos llevó al mensaje oculto... Eureka! Me ilusionó muchísimo que valoraras el acertijo de Anathole y la gota de aceite. Y sobre el templo de las Musas... Lo visitaremos muy pronto.
      Un beso y muchísimas gracias, ahora me siento genial para emprender la siguiente aventura.

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  5. Que buen capitulo, como de ese distanciamiento han llegado a un termino medio. Y conocer esos orígenes tan exóticos creo que vamos a aprender mucho leyendo Luminescenza.

    Besos

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    1. Pues sí, Rocío, Ahwar y Graham están aprendiendo a soportarse y creo que ya van por buen camino. Sí, con Luminescenza vamos a viajar un pelín... Va a ser que sí, me pierde el exotismo.

      Un beso.

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  6. Querida Mere,

    Menudo comienzo más tenso en la relación Graham-Ashwar. Pensaba que no tendría solución. Que terminarían muy mal pero me ha alegrado comprobar que al final han encontrado un término medio y hasta han podido intimar un poco. Hatchid y su recuerdo les ha vuelto a unir.
    El halcón ha sido el inicio de la mecha.
    Pobre. Tan triste por la pérdida de su dueño que casi se queda sin plumas.
    Ashwar debe dejar que sea su protector para así volver a lucir como la gran aventura que ha sido siempre. Imaginármela sobre su hombre me inspira mucho respeto, la verdad.
    Lo que más me ha gustado ha sido el final del capítulo. He visto salir tu vena investigadora.Muy bueno lo del acertijo con la mancha de aceite. Yo no hubiera tenido esa ocurrencia.
    Se nota que tu pasión es escribir. Te lo curras muchas y cuidas hasta el mínimo detalle.
    Vamos a ver qué nos encontramos en el "templo de las musas". Me gusta mucho como lo ha llamado.

    ¡Se está poniendo muy interesante!

    Un abrazo.

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    1. Donde pone aventura quería decir Ave.
      Correctores... Por estas cosas odio tener que escribir desde el móvil :/

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    2. Hola, Leo. La verdad es que Graham y Ahwar no empezaron bien, ambos tienen temperamentos muy fuertes. Pero les une un objetivo común, vengar a Hatchid y por él pasarán por alto todas sus diferencias.
      Por fortuna, el halcón ha encontrado una nueva dueña que no le rechazará y sin saberlo, se ha agenciado un grandísimo protector.
      Fijándote en el acertijo de Hatchid, me has dado una gran alegría porque para mi, igual que para ti, es lo más brillante del capítulo. Mi pequeña astucia, por así decirlo. Sello de la casa y lo que más me divierte.
      El templo de las musas... El nombre no es de mi invención pero eso sí, lo he tomado prestado. Y en compensación, prometo contar maravillas de aquella librería que, de hecho, existe y en la historia se tratará de un lugar encantador.

      *Los correctores tienen un humor negro algo desquiciante, temo que estén detrás del 80% de los malentendidos del mundo.

      Besos.

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