viernes, 2 de diciembre de 2016

«LUMINESCENZA» Capítulo 4. "Anya, la última Jadarita"


«LUMINESCENZA» Capítulo 4 
lucis hyacintho...













            “El hombre tiene mil planes para sí mismo. El azar, sólo uno para cada uno.”


Mencio                     
       
                          

          







Cap 4. Anya, la última Jadarita.


Desde luego, Miss Vadar era la persona idónea. Su tez aterciopelada, el iris violeta. La voz monócroma, cavernosa, la dentadura impecable y ese acento forzado de ninguna parte que flotaba en el aire con sus predicciones. Se trataba pues de una figura singular con un turbio pasado que forjaba aún más el enigma. Y toda aquel aura de misterio... Sencillamente, perfecta. Anya Vadić se había inventado de la nada a sí misma. En un gremio, por lo general, carente de glamour, Miss Vadar resplandecía. Sin duda, la mejor elección. Por supuesto, nadie mejor que ella. Claro que la fama expone a todas las miradas, me temo incluso que a las más sombrías.

Naturalmente, Miss Vadar tenía poco de pitonisa, aunque decía poseer un don que adornaba a conveniencia. Ante todo, era una mujer discreta y en aquella improvisada sesión comprendió que su mutismo era una cuestión de vida o muerte. Si en algo apreciaba su vida, lo olvidaría todo... Callaría pues sin que nadie le advirtiese.

Tan pronto contactaron con ella, la adivina se mostró incómoda. En su trabajo solía avenirse a un protocolo y en esta ocasión le obligaban a renunciar a él sin preguntas. Esta visita rayaba en lo excepcional, acudía a ella a ciegas sin ningún guión escrito. La recogió un extraño carruaje emplomado y sin corceles, tan solo provisto de una vidriera y tres grandes tubos que despedían fuego. Dentro, un pequeño cubículo. Le ofrecieron champagne, que rechazó sin grandes aspavientos. No confiaba en aquella gente. Y una vez a bordo, creyó levitar... Tenía los ojos vendados y como era de esperar, le reapareció ese persistente tic que la afeaba tanto. En efecto, miss Anna Vadar se mordía el labio por dentro compulsivamente hasta hacerse sangre cada vez que se sentía insegura. Y aquella noche, no era para menos. Pues estaba a expensas de un desconocido carente de honor que le imponía sus propias reglas.

Aún así, mantuvo la calma... Anna se aferró al tosco anillo de jadarita, deslucido por los siglos, una joya de familia. Con tan solo frotarlo, decidió que no se derrumbaría. Y con fuerzas renovadas, se concentró en captar a través del lazo de seda que le cubría sus ojos todo cuanto en tu entorno aconteciera. Era tan intuitiva que se regodeó en cada sensación, no pasaría detalle por alto. Sin duda, las ráfagas de luz que pasaban de largo eran destellos de las farolas de gas del distrito de Westminister, también detectó los chirridos de los trenes en Victoria Station. Luego, esa pegajosa humedad que la traía la niebla del Támesis. Atravesaban el río...Más tarde reconocería el ajetreo del Borough Market de madrugada, las primeras subastas de la lonja... Pronto supuso que el carruaje se dirigía al sur para luego virar hacia el este, se lo confirmó el fuerte olor a carbonilla. No cabía otra explicación, ni mil chimeneas asando lechón a la vez desprenderían semejante tufo... Es entonces que el carruaje se detuvo en seco y Anna rastreó como un animal. Apostaría su camafeo a que se hallaban frente a una enorme fábrica en los alrededores de Nine Elms. Y ese golpeteo incesante... Una sala de máquinas, tal vez. "Nadie en su sano juicio se asentaría por aquí salvo que oculte un secreto horrible" pensó, al tiempo que se estremecía de pavor y cual latigazo, le recorrería un tremendo escalofrío.

Una vez en el salón, le despojaron del antifaz y fue presentada a un extranjero que eludió mencionar su nombre. Claro que, a esas alturas, aquel desdén no le asombró en absoluto puesto que no la recibía un caballero sino un rufián, a todas luces y en más de un sentido ya que había tal exposición lumínica que Anna hubiera jurado que era mediodía. Así es, la salamandra rezumaba llamas de siete colores lo que, paradógicamente, no hacía del recinto un lugar más cálido. Ni suavizaba las maneras de su distante anfitrión, un tipo de lo más exasperante... En cualquier caso, poco más llegaría a saber de aquel infame que permanecería de espaldas en su presencia fumando un Montecristo durante toda la velada. A decir verdad, todo ocurrió muy deprisa sin tiempo para charlas ni demás frivolidades. Si bien, pudo hacerse una composición de lugar: En una habitación rococó, un ser ambicioso obsesionado hasta la locura.

- Bienvenida, Miss Vadar, proceda."Tome esta taza y que Dios le haga hablar" así reza el proverbio.  No se demore y lea los posos, encontrará la pieza de porcelana en cuestión sobre la mesa.
- Lo lamento, señor, no practico la cafeomancia. Es una disciplina originaria de Armenia que me es completamente ajena.
- Entonces, hacerla venir ha sido una pérdida de tiempo. Veamos, Chong, llevátela y ya sabes lo que hay que hacer - aspiró el habano y prosiguió hablando, a continuación dirigiéndose a ella. - En tal caso, no me sirve. Desgraciadamente, me veo obligado a prescindir de sus servicios - aquello sonaba a auténtica despedida del mundo, más allá de esas cuatro paredes.

Chong la agarró sin miramientos saltándose el secretismo inicial, al defraudar al fumador había firmado su sentencia de muerte. Tenía que ser útil o antes del ocaso flotaría su cuerpo inerte en los muelles... Apretó los dientes, se estrujó el cerebro como una esponja y ya en el umbral de la puerta, a la desesperada, añadió.

- Aguarde, señor, Escuche, puedo darle lo que quiere - su timbre, dos tonos más agudo. - Le describiré al hombre que busca con tal precisión que creerá tenerlo de frente.
- Sorpréndame, señorita y no solo le perdonaré la vida, será agasajada como una diosa.

Miss Vadar se sentó a la mesa y con un porte en apariencia sereno, acarició el tapete con los dedos. Encendió una vela blanca, también una barrita de incienso y compelió a su anfitrión a que escribiera en un retazo de papel la tan ansiada pregunta. A continuación, barajó el tarot gitano con suma parafernalia y tras elegir al azar cinco arcanos mayores, los depositó del revés. Acto seguido, los voltearía despacio... El loco - La torre - El mago - El sabio... Por el momento, nada concluyente. Temblaba como un merengue.

Por último, apareció "La estrella" a modo de conclusión. ¡Menos mal! Al fin, una revelación que daba sentido a todas las demás cartas. Ya podía disertar sobre aquel hombre y una vez cogiera el hilo, se explayaría de lo lindo.

- El arcano mayor número diez y siete del Tarot es La estrella. El número diez y siete se transforma en el número ocho, que significa en este caso universalidad asentada en el ciclo infinito. Ocho también es el agua de los escorpiones que en este caso está purificada por la luz de las estrellas.
- ¿Quién es? ¿Dónde está? Todo eso no me interesa, le exijo datos concretos.
- "Se trata de un caballero inglés de alta cuna, cínico y almibarado, maldito y encantador, repugnante y bien parecido si acaso es posible. En resumen, una criatura ambivalente con dos caras, capaz de la mayor nobleza a pesar de ser un canalla consumado. Habita en una casa de campo de Blumbsbury custodiada por dos leales sirvientes que por él darían la vida. También hay una mujer que le recuerda quien fue una vez. Y en breve, conocerá a un hombre sabio que iluminará sus pasos... Esto es todo."

- Miss Vadar, no es suficiente. Compréndalo, ha de darme un nombre. Si no me complace, le desfiguraré la cara para que la confundan con una pescadera del puerto. Por su bien, hágase cargo...
- Un momento, puedo hacerlo mejor. Sí, hay algo más. Veo un enorme ave sobrevolando una librería... ¿Le dice algo?
- Ahora sí, daré con él. .

Y así transcurrió una noche de infarto. Al alba, cochero y ocupante regresaron por Grosvenor Bridge hasta una pequeña casita azul al oeste de White Hall donde acto seguido nuestra dama parapetaría durante días enteros. Hasta el martes siguiente, que apenas asida a un discreto bolso de viaje, Anya Vadić renegaría de su alias, abandonaría Londres y en adelante, trabajaría de costurera. A menos que...

A menos que alguien la haga saber quien es y la intercepte en el camino. 

Claro que no había nacido para coser. ¡Cómo negar lo evidente! Anya era una lectora del porvenir, fabulosa coreógrafa de lo probable. Sus ballets, un danzar de cartas volátil, tiempo y papel. Sus ojos, dos velas al porvenir, guía a ciegas hacia lo improbable. Y el esquivo destino, un juego de niños en sus manos prestidigitadoras... Maestra en el Arte de la Incertidumbre. Del tiempo, una estratega. Y sin embargo, a pesar de su extraordinario potencial, El Magister no intentó retenerla, consciente de que, a la larga ella sería un escollo. Es más, un peligroso revulsivo. Descartó aleccionar a aquella singular mujer oriunda de Jadar, sumarla a la causa, convertirla en su acólita leal y sumisa... Un fracaso anunciado, nunca la domaría. Tampoco la mandaría matar porque su poder trascendía a la muerte, mejor lejos que muerta y decidió expatriarla, sin país ni bandera. Un desencuentro de dos almas. El carbón y la plata, el fuego y el agua, el dinosaurio y el meteorito... Nada qué ver, existencias contrapuestas y de colisión, traumática. 

Quizás, porque él se alimenta de odio y Anya Vadić alberga demasiado candor en sus ojos violeta. O por la piedra de su anillo ancestral, la jadarita del oeste de Serbia. De primeras, un mineral insignificante. Blancuzco, terroso e incapaz de emitir, por si mismo, radiación alguna. Carente pues, de toda señal de nobleza. Absurdo, inaudito, se nos hace partícipes de la leyenda de un pedrusco. Sea como fuere, enseguida comprobaría el magnate que sus temores eran bien fundados, ambos resultaban del todo incompatibles. Tanto, que fue marcharse la adivina, caer el habano al suelo e incendiarse la alfombra. Todo, en un fulgor. Nada, en un momento. Mientras, El Magister sufría uno de sus singulares ataques de epilepsia, por lo visto, nada comunes. ¿Fruto del estupor? Podría ser, pisamos un terreno incierto.

Como el Cath Palug, el felino galés que tuvo la desfachatez de enfrentarse al rey Arturo, asimismo El Magister también habría de pagar su osadía. Craso error, confraternizar con La Jadarita, se atrevió a medir con ella sus fuerzas y...  


Según él, no más que una victoria pírrica... 
...Para mí, el fin del principio. 

Acaso una batalla, que no la guerra... 
... En cualquier caso,  meow! 

Una vida menos.












* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 

























  





18 comentarios:

  1. Ays, que me has hecho sufrir por la vida de Miss Vadar! Menos mal que ha podido salir airosa de la situación. Aunque no, no la veo toda su vida cosiendo. Y pobre alfombra...
    Besotes!!!

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    1. Miss Vadar se ha metido en la boca del lobo y ha salido indemne porque es más poderosa de lo que parece y de lo que ella misma cree. Lo mejor para El Magister es que siga así, en la ignorancia, y se marche lejos. Pero no, no se va a poner a coser y me temo que si ella reaparece, El Magister intente vengarse por la malograda alfombra.

      Gracias, Margari. Un beso.

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  2. Hola, Mere... Me ha gustado muchísimo la descripción que has hecho de Miss Vadar... me la he imaginado muy bien, y me han encantado esos ojos color violeta
    Es cierto que la fama expone a todas las miradas, incluso a las más sombrías... y Anya Vadic se ha expuesto a la mirada de El Magister
    A pesar de ser llevada con los ojos vendados... ha sabido reconocer muy bien el camino
    Decir que desconoce la cafeomancia casi le supone perder la vida
    Y luego, con la salvaje amenaza de que su rostro fuese desfigurado, creo que la pitonisa le ha dado una buena pista a El Magister para encontrar a Graham
    Si cada vez que se siente insegura padece este tic... encuentro muy lógico que su labio sangrara
    El anillo de Jadarita, una joya de familia... entiendo que, al frotarlo, decidiera no derrumbarse... A veces esos compañeros que llevamos, por el motivo que sea, son de gran ayuda
    Bueno, pues tenemos a un hombre muy malvado y peligroso... Y me alegro de que se le haya quemado la alfombra y haya sufrido ese ataque de epilepsia
    Me ha parecido un capítulo fantástico porque has conseguido ponerme nerviosa, y también desear ayudar a la pitonisa
    Está muy interesante... Mi enhorabuena
    Y creo que el carruaje podía ser la nave
    Besos

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    1. Hola, Mela. Deseaba hacer de Miss Vadar un personaje singular y enigmático. Gracias por fijarte en su apariencia, es una satisfacción para mí.
      Estoy contigo, la fama es peligrosísima. La popularidad hace vulnerable a cualquiera, supongo, no lo digo por experiencia propia ;)
      Justo, Anya tiene una capacidad de observación magnífica y también una gran intuición, fruto de... Ahí queda eso ;)
      Y ese tic... No es casual. La cercanía de El Magister le hace daño. Por suerte, posee el anillo de jadarita que la protege.
      Así es, El Magister no es ningún bendito. Es más, mi intención es que sea malus-malisimus :) Me gustaría que resultara fuerte y débil al mismo tiempo y bien podría ser Anya su talón de Aquiles... jiji (qué bien me lo paso ;) Y respecto a la alfombra... Sin remordimientos. Doy fe, era espantosa :P

      Aunque resulte perverso por mi parte, me alegro de haberte hecho pasar un mal rato leyendo.
      Acertaste de pleno, el carruaje sin corceles es una nave psicodélica que a continuación se dirige a una librería. "Continuará..." Besos.



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    2. Mi sospecha era cierta... sí, ese carruaje era muy extraño
      "Continuará"... me gusta esa palabra, y estaré muy atenta a la continuación

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    3. El carruaje es el primer puntillo steampunk que pretendo aportar, intentaré ir metiendo algún detalle más en torno a El Magister, la figura más sofisticada.
      "Continuará..." también a mi es una expresión que me encanta, como cuando en una serie dejaban de los años 90 terminaba un episodio y quedaba la historia a medias... Ojalá aquí también nos quedemos con ganas de más.

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  3. Querida Mere,

    Veo que para este capítulo tenemos personajes nuevos. Un cambio de tercio :).
    Miss Vadar. Una vidente que va a utilizar El Magister para encontrar a Graham. Cuando lo he visto aparecer me han entrado escalofríos. No me da buena espina. Me tiene intrigada porque no se por dónde va a salir.
    Creo que hasta me he alegrado cuando le ha dado uno de sus ataques epilépticos.

    Frase con la que me quedo de este capítulo:

    "El hombre tiene mil planes para sí mismo. El azar, sólo uno para cada uno.”

    Me ha encantado.

    Un Abrazo y a por el siguiente ;)


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    1. Hola, Leo. Sí, estrenamos personajes y es que están pasando simultáneamente varias historias paralelas. En efecto, es a Graham a quien busca a raíz de la taza de café que bebió en casa de Hatchid aquel día fatal. Me alegra que te desagradara El Magister, tenía que resultar cuanto menos inquitante y ha ocurrido :) La epilepsia de El Magister es un rasgo de su debilidad. Es frágil, a pesar de todo. No me gustan los héroes imbatibles y los antíheroes, menos.

      La frase que elegiste es tremenda y muy cierta.

      Gracias, Leo, un placer leerte. Me voy centrando... Sí, a por el siguiente :D Besos.

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  4. Qué ambiente has creado! El carruaje es muy peculiar, no? y la jadarita del anillo seguro que le confiere su propia magia a Miss Vadar.
    Vaya, vaya, asi que el magister toma café...y qué interesante, sabe que se pueden leer los posos (eso me recuerda algo...) Aunque nuestra viente no sepa ver en ellos ¡es una mujer de resursos! ¿seguro que no la veremos más desterrada como está?
    Me gusta cómo va discurriendo la trama! Besos

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    1. Pretendía que respiráramos un aire asfixiante y siniestro... Gracias, Esther, por reparar en ello. El carruaje es psicodélico con un matiz atemporal :)
      Graham toma café y El Magister se hizo con la taza que utilizó aquella tarde letal en la que Hatchid fallecía. La taza de café turco con los posos se quedó allí, Graham solo se llevó la cucharilla.
      Acertaste respecto a Anya. No irá muy lejos, te lo prometo :) Ya te lo adelanto, se quedará entre nosotros. En efecto, el anillo confiere poder a La Jaradita. El Magister no debió dejarla marchar, un error que le costará caro.

      Gracias, Esther, agradezco muchísimo tu interés. Besos.

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  5. Hola pizpireta,
    Un enfoque muy curioso el de este capítulo. Me ha gustado. En particular me ha gustado mucho el momento en que la vidente, dentro del carruaje, intuye las ubicaciones de Londres por las que pasa. Me gusta que el texto sugiera y en esa situación has conseguido que nos identifiquemos con una situación donde las sensaciones lo son todo.

    La relación con la piedra también me ha gustado. Y por último he encontrado al texto muy cerrado, más preciso que en otras ocasiones. ¿Quizás es que ya has encontrado el ritmo adecuado?

    Me alegro en cualquier caso. Besos
    Isma

    pd. Te tengo que dar una mala noticia. No puedo continuar con la lectura de La lectora del barrio francés. Estoy en una época de poca lectura y me cuesta mucho seguir la historia sin la constancia necesaria para leer.

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    1. Hola, Ismael. Qué alegría, consideres coherente la estructura. Cerrando el círculo, eso me gusta :)

      Sí, la descripción de Anya al paso del carruaje tenía que resultar real y sensorial al mismo tiempo, me alienta haberlo conseguido.

      La jadarita es la piedra más parecida a la kriptonita que existe en La Tierra y me divirtió hacerme eco del paralelismo ;)

      Ojalá haya encontrado el ritmo adecuado, lo firmo ahora mismo. Si bien, es una historia muy compleja... Aún puedo pegar algún requiebro extraño.

      * No te preocupes por La Lectora, Isma. Bastante que me acompañas con Luminescenza, lo aprecio muchísimo. Besos.

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  6. Mere te sigo aunque con mucha añoranza de otros tiempos que se fueron, aquellos en que compartíamos historias, grandes historias como las tuyas.

    Es un placer seguirte en la distancia.

    Un cariñoso abrazo.

    Saudades-Ricardo

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    1. HOla, Ricardo. ¡Qué bueno que viniste! Me alegra saber de ti. Un honor, tu visita. Un detallazo pasarte a saludar, te deseo lo mejor. Saudades, qué palabra más bonita. Un beso.

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  7. Madre mia que capitulo me ha encantado. Como entra en escena la pitonisa y su anillo heredado que le sirve para serenarse intuyendo el recorrido a ciegas por Londres. Y ese Magister obsesionado con ese ataque epileptico.

    Lo dicho que me ha encantado. Espero leer prontito el siguiente, besos

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    1. Genial, Rocío. Me trasmites tu entusiasmo y de inmediato recupero las ganas de escribir. Aunque intente huir, la pitonisa no llegará muy lejos. Es más, se quedará entre nosotros :)

      ¡¡¡Feliz Año!!! Besos.

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  8. Qué intriga, el Mágister... Ojalá vengan más capítulos así, intercalados, que nos permitan conocer vesetigios del gran antagonista. También espero que Miss Vadar vuelva a entrar en juego, creo que si antepone sus principios, es una heralda del bien y podría convertirse en una poderosa aliada para Graham y Ahwar. Que, a todo esto, corren peligro...

    Con esa predistigitacion tan acertada sobre Graham, porque no podría haberle descrito mejor, y la referencia a la librería de Anathol, ya tengo el miedo metido en el cuerpo. Aunque también la expectación. ¿Conocerán al Mágister en el próximo capítulo?

    Sigo después del desayuno. Besitos!!!

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    1. Hola, Irial. Sí que habrá más capítulos atemporales, creo que confieren un aura de secreto. Y volverás a saber de Miss Vadar, prometido. Por cierto, creo que la has calado espléndidamente. Ella es así, osada y a la vez discreta, orgullosa y superviviente, posee un cóctel singular de cualidades y defectos que la hacen única.
      Graham está ilusionado, considera que la librería de Anathole es el camino y no seré yo quien le desaliente en su búsqueda.
      Te adelanto que El Magister no se hará esperar. Es más, está tan cerca... 🦉 (jí,jí)
      Gracias por tu tiempo, Irial, eres un ☀️.

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