viernes, 27 de enero de 2017

«LUMINESCENZA» Capítulo 7: "La musa de William Turner".



«LUMINESCENZA» Capítulo 7
Non Horizon...











“Misteriosa en pleno día,
la naturaleza no se deja despojar de su velo
y lo que ella se niega a revelar a tu espíritu,
no se lo arrancarás a fuerza de palancas y tornillos.”
                         
Johann Wolfgang von Goethe                    

             
       
                          










Cap 7. La musa de William Turner.



Anya salio precipitadamente de la casa de huéspedes, mirando atribulada en ambas direcciones. Buscaba matones a sueldo, figurines infiltrados en aquel escenario. Si El Magister quería acabar con ella, mejor hacerlo en tierra de nadie. Una señorita fuera de su ambiente vagando sola por un barrio infame. Pero no, al parecer ninguno de sus hombres la acechaba. O por lo menos, no se dejaba ver. 

Entretanto, Anya ganaba tiempo. Mientras se pospusiera cortarle el cuello de cuajo, la flagrante amapola silvestre seguiría en pie. Así es, rezumaba olor a agua perfumada con unas gotas de arsénico, mercurio o bismuto.A saber... ocultas bajo una esencia de rosas. Y es que había adquirido recientemente un frasquito de Beautiful for Ever de Madame Rachel en el número 47 de New Bond Street y el vidrio, en un movimiento brusco, le había estallado dentro del bolsillo interior de la crinolina y los volantes de su flunced dress salpicado de gotas de rocío en azabache. 

Por supuesto, se trataba de una huída en toda regla y solo llevaba un maletín de mano, dejando su baúl en el desván así como sus dos enormes sombrereras. Una costurera al uso no se jacta de poseer objetos superfluos. Y por suerte, Anya aún conservaba el espíritu nómada de sus antepasados. Montó apresuradamente en una discreto cabriolé, temerosa del aleteo de las gráciles mariposas. Embutida en una chaquetilla corta de mangas abullonadas y doble botonadura y un pock bonnet de velo fino que le cubría el rostro. Pasaba desapercibida, podría ser cualquiera. Ya, en el modesto carruaje, sacó las cartas del tarot y, con cierta solemnidad, reprodujo la tirada de El Magister.

Panipen gresité lerele lucue drupo, camble Ostebé sos te diqueles on as baes dor buchil y arjulipé sata as julistrabas, sos te merelees de bocata. Questa, tu Olajai Callí. O lo que es lo mismo: "Mal fin tenga tu cuerpo, permita Dios que te veas en las manos del verdugo y arrastrado como las culebras," Esta es tu maldición gitana" Masculló, casi para sus adentros.  

Encendió una vela y fue dejando caer varias gotas de cera sobre cada naipe hasta que en el puente arreciara el viento, apagándose la mecha de un soplo. Para entonces, ya estaban cubiertas El ahorcado y La Estrella de un velo lechoso irregular y traslúcido formando una cortina de formas caprichosas, como una lluvia de gotas de nieve. Y frías como las lágrimas blancas, acorde con su mirada de hielo.. 

"Que te habite el infierno. Que la lluvia te esquive y tu sed sea eterna. Que la luz no te toque. Que sabiéndote ciego la imaginación se te niegue. Que dependas de otro para cualquier movimiento y hasta tu más mínimo gesto tenga un amo impiadoso. Que las lágrimas se encaprichen dentro de tus ojos." 

Y amparada en los Proverbios 26:29. concluyó, sellando su mal agüero. ¿Acaso, de un plumazo, aquel canalla no le había desbaratado la vida? 

"Como el gorrión en su vagar y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa."

Motivos no le faltaban y ganas tampoco. Estaba justificado, aquel extraño hombre era capaz de todo. Pero El Mal, con el mal se multiplica. Y con la magia negra, no hizo sino avivar las ascuas del fuego maligno. Y se apeó frente a un pub, en la orilla norte del Támesis entre galpones y cantinas de puerto. Diques, gruas, torres de cajas, sacos amontonados y grandes moles de cemento. Fuera apestaba a sal y a humo, tanto que costaba distinguir las siluetas de los estibadores descargando té de las Indias Orientales, azúcar de las Indias Occidentales, té de China, vino de Francia y madera de Rusia. En medio de la bruma, el ruido les precedía y sus siluetas les delataban, adivinándose sus aparatosas idas y venidas marcadas por el ruido de ruedas, engranajes y cadenas que a un ritmo frenético ahogaban la marea. En el nº 54 de Wapping Wall, bajo una sencilla fachada de ladrillo visto y trabajos de estuco, lucía orgulloso un letrero: Prospect of Whitby en letras doradas sobre una sobrefachada de madera pintada en verde inglés.

En el interior, una larga barra salpicada de vasos largos medio vacíos con más espuma que cerveza, mesas toscas de madera maciza, ventanas salpicadas de pequeños cristales y un techo alto de color rojo carmín. Su clientela habitual la conformaban deal porters (o transportistas de madera) que amenizaban desde el alba aquel tugurio con cantos galeses a la espera de ser elegidos para estibar por los capataces.

Anya estaba asustada y esquivó tantas miradas que incluso desdeñó la del propio William Turner que la observaba fascinado. El pintor solía acudia al harbour en busca de inspiración. Por fortuna, no coincidió con el juez Jeffreys, conocido como el juez ahorcador, quien solía apostarse en una mesa junto a la ventana para confirmar los ahorcamientos mientras almorzaba. Aunque la pitonisa sí que reparó en el mástil con la horca que se veía desde la terraza entre desvencijados depósitos de almacenamiento. Y allí se apostó, a la espera de algún trapisondista con el que negociar un pasaje para un barco anclado en las dársenas del Millhall. Flotando entre encajes y asida a un triste vaso de agua con soda, la muchacha estaba fuera de lugar. Una riquísima pie, tierna y jugosa... Eran muchos los que se relamían. 

- Un lugar atroz - pensó ella en voz alta.

- Y sin embargo, no hay lugar mejor para conseguir un pasaje hacia ninguna parte - añadí, haciéndome el encontradizo. - Un aguardiente para la señorita, le dará fuerzas para el mal trago que le espera.
- Gracias, pero no bebo. Por favor, márchese. Espero a alguien.
- Nadie se le acercará mientras yo esté a su lado - saludé al célebre artista en la distancia - Y créame, no pienso marcharme. 
- Gritaré, caballero. Y le pondré en evidencia. 

- Por favor, hágalo, me encanta ser el centro de atención. Total, ¿Qué pueden hacerme?  Unas cuántas magulladuras y a casa, seguro que he tenido días peores. En cambio, a usted... Míre a los ligthtermen, están en su terreno. Son los amos de los Surrey Docks, dictan la ley de los astilleros. Y no suelen tratar con damas. ¿Entiende? Si se toman confianzas, no habrá príncipe azul que se enfrente a ellos.
- Turner no permitiría tal cosa.
- Turner con su pincel, caería kao en diez segundos. ¿Apostamos?
- Es usted un miserable.
- Un miserable con agallas. Salga de este tugurio de mi brazo y luego ya veremos.  
- ¿Por qué me acosa? Si viene a matarme hágalo de una vez, se lo ruego. Y ahorrémonos el palabrerío. ¿Qué pasa? ¿De toda la escoria de los bajos fondos, me ha tenido que tocar un matón discreto? Creí que agradecería tener público, para engordar su ego... 
. Siento decepcionarla, miss Vadar. Pero no me propongo asesinarla, muerta no me sería de gran ayuda. Lástima, no le veo el aliciente. Por desgracia, la sangre no me excita en absoluto.
- Entonces, decidme sin tapujos. ¡¡¡Qué demonios queréis de mi!!!
- Desde luego, no el nombre de vuestro perfumista - Fruncí la nariz en un gesto instintivo, soy alérgico al polen -. Mi querida niña, os lo explicaré aludiendo a Shakespeare. Veamos, del séquito de Oberon seríais... ¡El Hada Primavera! Caramba, eso sí que ha sido brillante.
- ¿Brillante? En absoluto, caballero, su comentario fue inapropiado y desmedido - apuntó alzando la nariz con cierto desaire -. Y lo advertiríais, de no estar tan pagado de vos mismo.
- Disculpadme, Miss Anna, sin querer os he llevado al equívoco. Lo que brilla no es mi ocurrencia, petulante e inoportuna, sino la fabulosa piedra de vuestro anillo. Es lo que me ha traído aquí, Turner me puso sobre aviso.
- No os la daré, significa mucho para mí. ¡Antes muerta! Qué desilusión, de modo que no sois más que un ladrón de medio pelo.
- No me interesa la piedra tanto como su portadora, ella me ha conducido hasta usted. E insisto, la necesito viva. Usted sabe del mito ¿verdad? Al igual que Turner, es un gran viajero.
- No sé de qué me habla.
- Convendrá conmigo en que esa luz no es de este mundo...
- ¡¡¡Olvídela!!! La jadarita solo trae desgracias. La piedra detecta el peligro y daría cualquier cosa por apagarla.
- Pero no puede. Se avecinan tiempos difíciles... Nunca se había iluminado así. ¿verdad?
. Jamás. Y noto su calor, cómo reburjita por dentro... Crece la Luminiscenza.
- Venga conmigo.
- No puedo, juré proteger La Jadarita con mi vida...
- Permítame, al menos, compensarle con un pequeño regalo. Por imponerle mi presencia. Por las molestias...
- Por favor, llámeme Anya. I'm not Anna anymore

Dado que, por circunstancias, se veía obligada a abandonar para siempre la costura, en adelante requeriría de enseres más idóneos para su renovada vocación. Por supuesto, sin ventajas gremiales. Pero heróica, por otra parte. Y ciertamente, de lo más creativa.

Le entregué una daga de hoja curva y para mi sorpresa, tras colocarse sobre las sienes unos ligeros anteojos de niquel ful vue provistos de sendos y redondos cristales opacos de un gris azulado, Anya se puso en guardia y desenvainó con genial maestría. La joven húngara esgrimía un talento innato. En efecto, había nacido para ello. Después, lanzaría las tijeras de modista a modo de dardo para dejarlas clavadas sobre un barril de cerveza. De ellas colgaría su bonete, haciendo las veces de perchero.  


Obiously, aquel accesorio superfluo y almibarado estorbaba a la espadachina. Anya saldría del armario siguiendo la estela del  Karl-Heinrich Ulrich, hasta entonces, el extraordinario e indiscutible rey de las desenmascaradas. Después de tanta floritura, quién lo iba a decir... ¡Vaya con el Hada Primavera!
.


William Turner encontró su musa. Y La Jadarita, por fin se dejó de cuentos.

Colorín colorado, adiós a la glamurosa Anna
Forever and ever, Anya ha vuelto. 











* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 

























14 comentarios:

  1. Hola, Mere... Anya Vadar ha salido, muy precipitada, de la casa de huéspedes... con muchas ganas de huir, temiendo encontrar a cualquier matón dispuesto a matarla
    Creo que la musa de William Turner es una mujer valiente... cuando ha creído, en ese tugurio, que tenía ante ella a su presunto asesino no he visto en ella una actitud cobarde
    Me ha parecido impresionante cuando ha sacado las cartas del tarot en el carruaje, y le ha lanzado a El Magister la maldición gitana
    Pura magia negra... impresionante de verdad, lo has plasmado muy bien
    Las frases... "La Magia negra avivó las ascuas del fuego maligno" y "El mal con el mal se multiplica" son inquietantes y no presagian nada bueno
    Y ahí está la jadarita, esa fabulosa piedra por la que Anya está dispuesta a morir antes que entregarla
    Muy buen capítulo, Mere... Me ha sabido a poco, pero siempre digo que, un capítulo te sepa a poco, es buena señal
    Está muy muy interesante
    Besos

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    1. Hola, Mela. Sí, a Anya El Magister la ha "invitado" a marcharse. Si no la ha matado aún es porque teme un duelo fatal con ella. Podría, al retarla, despertar su poder.
      Justo, Anya es más valiente de lo que ella misma cree. Va a sorprenderse a sí misma, de ahora en adelante.
      En efecto, la maldición gitana con cirios es una auténtica declaración de intenciones. La magia negra es lúgubre, perniciosa y obrará en su debido momento...
      La jadarita es clave y es que la naturaleza se defiende a su manera, cuenta con sus propias cartas :)
      Pues nada, habrá que seguir adelante para meternos de lleno y sacarle más jugo. Gracias, Mela. Me haces muy feliz y me contagias tu entusiasmo.
      Un beso.

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  2. Vaya, vaya con el Hada primavera...bajo ese disfraz de modista se esconde una mujer de "armas tomar" que no duda en llevar oculto un frasco de veneno perfumado, proferir todas las maldiciones gitanas habidas y por haber...y desenvainar hábilmente la daga! cómo no va a detectar la jadarita el peligro ¡si se masca en el ambiente! y hasta tiene tintes de romanticismo con el pintor Turner en escena, que por cierto...ya veremos qué plasma en su cuadro...acaso un naufragio bajo una tormenta inusitada?? Qué misterioso todo, esperemos ver un poco de luz más allá...en el siguiente capítulo, por ejemplo.
    Un beso!!
    Me está gustando mucho.

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    1. Hola, María Esther. Así es, Anya es una mujer de recursos con facetas variopintas que hasta ella desconoce. Sí, creo que es capaz de grandes cosas. Ojalá la asesoren bien y crezca al compás de dulces notas.
      Turner solía frecuentar ese pub y me gusta pensar que un hombre de sus inquietudes, de coincidir allí con Anya, habría reparado en ella :)
      Prometo que el siguiente capítulo daremos un paso más, hacia el Bien o hacia el Mal... Ahí queda eso ;)
      Gracias, Mª Esther, un ingeniosas observaciones me colman de ilusión. Besitos

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  3. Querida Mere,

    Pues sí. ¡Vaya con el Hada Primavera! Y es que Annya ha actuado con tanta valentía y arrojo como una profesional de la autodefensa. Con razón es la musa de William Turner.
    Está claro que se ha cansado de huir y mirar con miedo tras su espalda.
    El indeseable del bar que iba tras su jadarita está fuera de juego y el Magister, después de las maldiciones gitanas que le ha echado espero que corra aún peor suerte. Se lo merece. Aunque como bien sabe ella, el mal con mal se multiplica y nunca puede augurar nada bueno.

    Menudo capítulo, amiga!

    Espero ansiosa el siguiente.

    Un abrazo.

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    1. Pues sí, vaya sorpresa. Para nosotros y para ella misma que descubre sus facultades. Está llamada a ser más y Turner, con su sensibilidad, ha intuído ese potencial.
      Anya sabe que tiene una Misión que le fue inpuesta por nacimiento, guardar y escuchar a la piedra jadarita.
      El hombre del bar quiere a Anya y el poder de la jadarita para frenar a El Magister. Cierto, es un insolente. Pero doy fe, Graham va con la verdad por delante.
      Exacto, la maldición causará su efecto. Y con ella, se inicia un juego muy peligroso...
      Pues qué alegría, Leo, justo es eso lo que pretendo. Que la inquietud te ronde y no sientas miedo :) Besotes.

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  4. Así es!!

    Una duda que tengo. Este es el capítulo 7, verdad? Como pone 8 también he dudado. Y este es el último, no? Quu no quiero que se me pase ninguno ;)

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    1. Me lié yo solita, Leo, es el capítulo 7 y no te has saltado ninguno. Lo siento, por la búsqueda infructuosa del capítulo 7 fantasma. Gracias a tu aviso, ya lo he corregido. Menos mal, porque la jinkana lectora en la que te embarqué seguro que fue un suplicio y aún así, perseveraste y resolviste el misterio :) Besitos.

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    2. No pasa nada :D.
      Lo importante es que la duda ya está resuelta ;)

      Besitos.

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    3. Sí. Y es muy importante, que no se preste a confusiones. Gracias, de corazón.

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  5. Anda con Annya! Toda una mujer de recursos. A ver quién es capaz de atreverse con ella! Me ha sorprendido mucho todas las cualidades que posee. Y se pone aún más interesante esta historia. A ver cuántas sorpresas nos depara Annya...
    Besotes!!!

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    1. Annya es muy capaz, más de lo que ella cree. Como guardiana de La Jadarita, le aguardan grandes hazañas. Una alegría que te resulte interesante este personaje, Margari, a ver si logro mantener la emoción. Besitos.

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  6. Me ha gustado que vuelva Anya a coger protagonismo, no solo quería escapar también echar una maldición a El Magister vamos a ver como le sale la jugada.

    Un beso Mere

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    1. Eso mismo, Rocío, antes de írse quería condenar a El Magister al fracaso. Menos mal que Turner avisó a Graham y él ha conseguido retenerla. Queda mucho por hacer y la maldición no es suficiente.
      Un beso.

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