viernes, 10 de febrero de 2017

«LUMINESCENZA» Capítulo 8: Larguetto Affecttuoso

«LUMINESCENZA» Capítulo 8 
Tacentibus melodiae...











"No basta con oír la Música, además hay que verla".

Igor Stravinsky                     


           

          










Cap 8. Larguetto Affecttuoso


Aquella noche, en mi cuarto de huéspedes, Anya necesitaba respuestas. De modo que se postró de rodillas, tomó la Biblia sobre las yemas de los dedos y leyó para sus adentros el Eclesiastés desde su inicio hasta el número doce. Pasaron las horas y Anya perseveraba musitando aquella repetitiva tonadilla. Y no fue sino con el alba que cayó exhausta sobre la alfombra impoluta, invadida por una súbita sensación de ligereza que la invitó a levitar hasta quedar encaramada al techo. Era y no era ella, experimentaba una suerte de desdoblamiento empíricamente inexplicable. La habitación venía siendo la misma si bien, bajo la luz tornasolada, los objetos se difuminaban a su paso como en una escena imposible del país de las maravillas. La muchacha se sentía libre, jovial. De repente, flotar se le antojaba un juego de niños carente de casillas rojas. A su disposición, un dado en blanco. Y como el espacio ya no era tal, su vista alcanzaba los Cárpatos. Y más allá, un mar de nubes.. Lozana, receptiva, frente a un cielo sin horizonte. 

Pero Anya cometió el error de mirar hacia abajo y contemplóse, a sí misma, cual ángel caído y la imagen la sobrecogió sobremanera. Menos mal que recordó las amonestaciones de su tía Jade. - "Esa barbilla, erguida o flaquearás. Querida, saca pecho. Que tu presencia sea imponente. ¿Comprendes? Domina la estancia, ilumina tu risa. No te amilanes, limítate a resplandecer. Y si han de odiarte, que sea por envidia." - La antigua guardiana era, ciertamente, una mujer compleja. Altiva y distante, como un corzo blanco. Ante todo, imponente. Estriónica. Teatral. Imponente. Deslumbrante. A decir verdad, la discreción no era del todo su lema. Profunda, banal, coqueta y a la vez, poco amiga de zalamerías. A todas luces, un nido de contradicciones. Y sin embargo, coherente. Y por supuesto, de lo más auténtica. Cabalgaba sin montura igual que una Amazona y ningún hombre se le resistió jamás. Salvo... Ufg, no me está permitido decirlo. Alguien a quien, en un momento de debilidad, Jade no solo confió su vida. También le hizo partícipe de cada uno de sus secretos... 


La memoria de Jade, la revitalizó. Y fue entonces que Anya, dolida por la traición de aquel galán sin entrañas, frotó el anillo con inusitado brío. Tía Jade agonizó años ha en sus trémulos brazos de chiquilla... El desenlace de Jade la motivaba, la nueva Jadarita estaba decidida a todo. 

Voló como un espectro grácil y diáfano y con la delicada levedad de una pluma se dirigió al atelier de un anciano ebanista donde manipulaba con sumo cuidado un violín barroco obra del mismísimo Girolamo Amati.“Magistro Hieronimus che fa i liuti“ - Rezaba la inscripción al dorso, se trataba de un ejemplar único. Hermoso, completo y bien ejecutado según los estrictos cánones de belleza y simetría. De línea sensual y curvas excelsas sobre madera de Pernambuco. Como el hombre de Vitrubio, modelo de proporción. Y por añadidura, se trata de un instrumento genuino, anterior a cualquier Stradivarius. Habiendo de ser pulido a la antigua usanza tal como hicieran siglos atrás los grandes maestros de Cremona en la época dorada de la luthería. 

El hombrecillo ya había reforzado los puentes más planos de lo habitual para facilitar las dobles cuerdas. Habría de comprobar los agarres de arco adelantados que permitirían cambios rápidos, seguros y medidos. Debería afianzar las sujeciones arcaicas que sitúan al violín más bajo, casi sobre el hombro, a la manera en que los músicos tocaban ritmos desenfadados durante los equinoccios en los bailes antiguos... Anya contemplaba, sin ser vista, el pulcro trabajo del artesano. Su labor esmerada con el compás recalculando el grosor de las tapas, fondos y aros mancillados por el uso. Su arte manejando de los clavijeros, la cola, el cejill. Con calibre o pié de Rey, escuadra y otros reglajes. Provisto de limas de matricero para los trastes. Sin olvidar la inevitable cejuela. En medio de un fuerte olor a cedro del Brasil de las planchas... Místico. Asceta. Venerable. Que no eterno... 

Pues, de repente, el refugio quedó vulnerable. Desprotegido de las fuerzas oscuras, le fue arrebatado su dulce recogimiento. Y conforme las sombras avanzaban, el artersano palideció. Conocía al visitante, de nuevo bajaría la cabeza. Y en esta ocasión, podía ser castigado puesto que el encargo aún no estaba listo. Se apresura, lija con prisas. El pánico le acecha, le queda poco tiempo. Una vez apartadas las cuerdas de tripa, se disponía a cambiarlas cuando, para su sorpresa, cerró los puños y haciendo gala del mejor de los temples, nuestro amigo se detuvo. Pétreo, se reafirmó titubeante. "No, no lo haría." Claro que se sabía observado... En efecto, un hombre al contraluz de rostro anguloso, surgido de la nada, le taladraba con la mirada desde el rincón. De repente, éste dio un paso adelante, Firme, contundente. Y con él, toda ansia de lucha del luthier se evaporó en un instante. La amenaza había surtido efecto. el luthier se rendía sin apenas rechistar. Alicaído, parecía más viejo. Y una vez aplacado el siervo, todo seguiría su curso. Lástima que claudicara, su disidencia fue más fugaz que la eclosión del hibiscus a eso de la medianoche. 

Obediente, el ebanista recuperaría la concentración. Falto de aplomo, cogería el cabello lacio y negro de la geisha para asirlo al arco sin pestañear a sabiendas de que aquello no estaba bien. La raíz del capilar blanca y abrupta y ese persistente olor a miedo... Todo conducía a pensar que la malograda concubina había muerto a sangre fría. Pero yo no soy quien . se decía - No soy ningún justiciero. Y siendo honestos. ¡Cómo culparle! Ignoró los claros signos de fatalidad y continuó, haciendo lo propio con los hilos sedosos de araña-jirafa asesina de Madagascar. Estaba ciego. O al revés, tremendamente lúcido. Y engancholes con firmeza a cada una de las clavijas, tensando las cuerdas entorchadas en plata. 


- ¿Cuánto falta, Caelsius? - apuntó con severidad el cliente, cuyo timbre a Anya no le resultaría ajeno... 
- Amo, ya casi he terminado -se atrevió a contestar con voz temblorosa el carpintero, suplicante, a modo de excusa. 

Era obvia la incomodidad de Caelsius, así como lo apresurado de ese remate final e imprevisto cargado de doble intención... Anya lo sopesó, todavía había esperanza. Los ojos del ebanista pedían socorro. Y la muchacha, aceptando el embite, se dispuso con absoluta dedicación a escudriñar cada detalle. Caelsius limó nervioso las escotaduras para luego centrarse en embellecer desmesuradamente los calados, dotándo a los surcos de las Effes de una silueta forzada en exceso rococó y  de lo más atípica, con filigranas deliberadamente acentuadas. Así es, mientras el agujero izquierdo mantenia la forma de f convencional, el hueco derecho perfilaba una g claramente perceptile. El ebanista lagrimeaba, consciente de que aquellos desafortunados surcos de contorno inverosímil eran, por sí mismos, una imperdonable afrenta contra el número aúreo y el espléndido orden del fimamento. Mas tenía de plasmar un mensaje de alarma que naturalmente, a Anya no pasaría desapercibido. fg... Era un aviso. Y con ello, el luthier saldaba su cuenta. Definitivamente, no estaba en deuda con el universo. 

Una vez concluído el trabajo, El Amo agarró el violín Amati y sin entrar en valoraciones, entornó el arco contra las cuerdas decidido a actuar sin demora. Y al ensayar unas notas aleatorias, por extraño que parezca, ningún sonido fluyó por el atelier maldito. No flotó la música y lo más raro es que aquel mutismo a nadie sorprendió. No sonaba. O sí... Pues un perro aullaba a través de la puerta. El mirlo chirriaba con una pena infinita. Algo casi imperceptible estaba pasando... Y es que ni la vibración del cabello ni el titile de la seda están destinadas al limitado sistema auditivo de los humanos. Es más, aquella sorda melodía honraba a un solo espectador... 

Se sucedían las primeras notas y a pesar del silencio, el intenso vibratti ya preñaba de inquietud el aire. De inmediato, les invadió una sensación extraña, como si miles de minúsculos aleteos sincronizados, lo distorsionaran todo. En minutos decayó el día y la temperatura descendió salpicando la madera de escarcha hasta la desolación. Y de nuevo, olía a miedo. Intensamente. Por todas partes. Mientras El Amo interpretaba una sonata en sol mayor de Giuseppe Tartini. Tremenda. Inconfundible. Con semejante comienzo, no podía ser otra que Il Trillo del Diabolo. Y bordando el arranque, El Amo emitiría la llamada y el Trino del Diablo estallaría como un chorro invisible de reclamos y caricias, en todo su esplendor. 

El Virtuosi arrancaría con la primera pieza. Un movimiento lento, solemne y rotundo que se acelera súbito en varios cambios de tono agudos sobre agudos vertiginosos hasta el chirrido mudo, denso e insoportable. Así fue, atronadoramente bello. Voilà, Larghetto affettuoso. Vibrante, callado, contenido. Y tan salvaje, tan poderoso, que Anya acabó retorciéndose de dolor. Me temo que ni Anya ni Jade son invencibles.. De ser un hibiscus, marchitaría sin excepción. 

Con un solo interlocutor, el diablo. Una declaración de amor en toda regla. Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil espinas. No en vano, hay jardines prohibidos... Un solo pinchazo y te parte el alma en dos. 



"Heard melodies are sweet, but those unheard, are sweeter.". John Keats.








* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 













14 comentarios:

  1. Hola Mere... Otro impresionante capítulo que he tenido el placer de leer
    He podido imaginar a Anya levitando... Pienso que su tía Jade no le dio malos consejos... y, pensar en ella, recordarla, revitaliza a Anya
    También he podido imaginar a Caelsius, este anciano ebanista que, con tanto cuidado, manipula el violín
    Cuando han llegado las sombras, Caelsius ha sentido miedo y a ver quién no... pero, por un momento, parecía que iba a enfrentarse al Magister
    Muy impresionante esa melodía sorda dirigida y destinada a un solo espectador... y creo que ese espectador era el mismo diablo
    Las iniciales que ha procurado dejar el ebanista como aviso... fg... tienen que ser las iniciales de Fergurson
    Muy bien, Mere... Te felicito... sigue escalofriantemente interesante
    Besos

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    1. Hola, Mela. Estoy contigo, ver a Anya levitando tiene que ser un auténtico espectáculo. He tomado nota de la b de ebanista, arreglado. Qué le vamos a hacer, tengo debilidad por las uves ;) A Caelsius, verle trabajar con tal concentración y sobriedad es casi místico. Así es, ha estado a punto de enfrentarse a El Magister pero en el último momento ha flaqueado. El trino del diablo es de por sí impactante y si se lo dedican a tan sórdido destinatario... Para echarse a temblar, me temo.
      Justo, las iniciales son las de Ferguson. Correcto :) Y gracias por ponerte en situación. ¡Es tan reconfortante comprobar que la historia cae en buenas manos! Soy muy afortunada.
      Un besazo.

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    2. Pues te aseguro que yo no me había dado cuenta de la b
      Creo que lo que más preocupa a un escritor es quién lee su novela... precisamente eso, en manos de quién cae
      Y me alegra que te parezca que está en buenas manos
      Otro besazo para ti

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    3. Lo que pasó fue que al ver tu ebanista con b, me chirriaron por comparación todos los míos.
      Cierto, es muy importante contar con el interés de un público afín y expectante. Personalmente, tenía mis dudas porque un amigo me comentó la semana pasada que, a su parecer, yo escribía para un público juvenil y aquello me descolocó. Desde luego, sería un honor pero así, de primeras, sencillamente no es el caso.
      Por eso, comprobar que cuento con un público adulto de personas con inquietudes, sensibles e inteligentes, que se brindan encantadas a leer la historia me colma de orgullo pues mi soñadora cabecita es lo que se propuso desde el principio.
      Porque la magia no tiene edad, ¿verdad? Un abrazo.

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    4. Pues la verdad es que creo que tu amigo se equivoca bastante... y no es que me parezca mal una novela juvenil, lo cierto es que me gustan
      Pero precisamente tus novelas las veo muy dirigidas a un público adulto
      No, por supuesto, no creo que la magia tenga edad
      Otro abrazo

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    5. Justo lo que necesitaba escuchar, Mela. Y lo mejor, sé que lo dices convencida.
      La magia existe en tanto miramos más allá y no solo los niños tienen ojos :) Feliz finde.

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  2. Querida Mere,

    No hace falta decir que con cada capítulo te superas porque se nota! Vas mejorando día a día y a muy buen ritmo.
    El contenido es importante pero la manera de narrar lo diría que lo es incluso más.
    Se nota lo que cuidas cada palabra que empleas. No me cansaré de decírtelo. Consigues que sea "un gustazo" leer :).

    Además, las frases del principio siempre tienen algo especial ;).

    Vamos con Anya. Cuando ha empezado a levitar, me ha dado la impresión de que se iba a asustar y a volver de repente a su estado original. Es que verse a sí misma no es cualquier cosa!.
    Si no me equivoco, ha sido "su espíritu" el que ha ido a visitar al ebanista, Verdad?
    ¿Él la vio? Al llegar la sombra y acto seguido pedir ayuda con la mirada me ha hecho pensar que sí.
    Esas iniciales "fg" decían Ferguson, verdad?
    Escalofriante la parte en la que se ponecesita a tocar el violín y las notas que van saliendo son incapaces de ser captadas por el oído humano. Es tan limitado...

    La melodía iba dirigida a un sólo interlocutor... El Diablo!!

    ¡Qué yuyu!

    Un abrazo!!

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    1. Hola, Leo. Lo que es seguro es que en cada capítulo disfruto más que en el anterior y conforme avanzo, voy creyendo más en la historia :)
      Justo, Anya se asusta pero persevera, tiene que hacerlo. Así es, es su espíritu en viaje astral quien visita al ebanista. Que aunque no la ve, creo que de alguna manera siente su presencia. La intuye. Y por eso, deja aquella pista sobre la identidad de su amo y también para observadores venideros.
      La música muda destinada a un solo interlocutor... Sí, produce escalofríos a quien ha visualizado la escena como es tu caso. Brillante. No era fácil de imaginar y a tí no te ha faltado detalle :) Un abrazo.

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  3. Si Anya se sobrecoge al verse levitando y se asusta al observar la escena entre Celsius y el magister...yo más!
    De acuerdo en que "no basta con oír la música además hay que verla"...pero puedes ir de sorpresa en sorpresa con esa frase...;-) Qué fuerte este capítulo! Al suspense de porqué ajustar el violín con cabello de geisha e hilo de araña-jirafa le sigue esa melodía silenciosa tan...digamos peculiar, despertando al mundo de las sombras! un ejército de bestias de ultratumba se aproxima, no?
    Ufg...
    Un beso!!

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    1. Sí, Mª Esther, yo también he pasado mucho miedo porque me documenté sobre el tema e impone.
      Ver la música, escuchar el silencio... Desde luego en este capítulo hemos tenido que percibir atípicas sensaciones para los sentidos.
      Ese violín es maquiavélico, convoca al mal personificado capaz de orquestar la peor de las melodías... Ahí queda eso ;)
      Un beso

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  4. Increíble capítulo! Con Anya levitando y el anciano ebanista trabajando en ese violín tan especial. Y el enfrentamiento entre éste y el amo... Se nota, se palma el miedo. Y esa música que sólo puede ser escuchada por uno. ¿El diablo? Mucho miedo inspira esta escena. Emoción e intriga van a la par en este capítulo. Y con ganas de más me dejas!
    Besotes!!!

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    1. Hola, Margari. Anya inmersa en un viaje astral y el ebanista colaborando a ese tipo extraño en sus aficiones perversas... Yo también he pasado miedo, el silencio puede ser atroz y amenazar con estallar. Sí, la música llama al diablo y no le dejará indiferente.
      Pronto, volveré con más maldades ;)
      Gracias, Margari. Besitos.

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  5. Una situación muy inquietante la que Anya ha tenido oportunidad de ver, pobre ebanista como cambió con la visita del Magister.
    Me ha encantado como has reflejado toda la escena y cuando se puso a tocar una melodía al diablo, ofu.

    Seguiremos la pista en el próximo capítulo, un beso

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    1. Justo, Rocío, pobre ebanista. Un hombre modesto y laborioso dedicado día y noche a su taller, que se vea envuelto en una maldad semejante... Pero la supervivencia impera. Y Anya lo ha visto... Menuda nochecita.

      Un besazo.

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