viernes, 17 de marzo de 2017

«LUMINESCENZA» Capítulo 11: Le Grand Buffet.

«LUMINESCENZA» Capítulo 11 
Magna vesperam...










     
“Lo qué es la comida para uno, es para otro amargo veneno". 

Titus Lucretius Carus.                



        

                          

          











Cap 11. Le grand buffet

Y convenimos celebrar la tan esperada fiesta con un solo propósito: atraer a El Magister, fuera quien fuera. El motivo, mostrar mi más reciente adquisición. seis piezas del enigmático ajedrez de Lewis talladas en marfil de morsa y dientes de ballena. Tenía en mi haber cinco fichas: rey y dama. alfil, caballo. torre y peón, una de las cuales estaba astillada y no lo mencioné con nadie, era mi carta secreta. Me las vendió Charles Kirkpatrick Sharpe, un coleccionista de Edinburgo bajo la más estricta confidencialidad a espaldas de la acaparadora Sociedad de Anticuarios de Escocia. Me hice con ellas, sin preguntas. Desde luego, tenían algo arcaico, casi venerable y de inmediato reparé en su individualidad. Pocos saben apreciar el destello místico de un objeto por fortuna yo soy uno de ellos. Llámale si quieres obsesión o más afectuosamente un sexto sentido. En cualquier caso, conocía los relatos antiguos que las mencionaban, las piezas procedían de una cámara redonda de piedra seca próxima a las ruinas del templo Taigh nan Cailleachan Dubha, también llamado ‘Casa de las Mujeres Negras’. Las figuritas rebosaban historia, siglos, tenebrosidad... Todos los alicientes para atraer a mi némesis hasta la cueva del lobo. Sin olvidar que una de ellas estaba seriamente magullada... Aún había algo más que sin duda captaría su curiosidad y es que las tallas poseían una belleza casi dolorosa. De porte altivo, osado, despedían una arrogancia que rayaba en lo prepotente. ¿O lo hierático de sus brazos y la tensión de su cuello eran pura expresión de miedo? En contraste con la frivolidad de una fiesta, sus caras lucían una inquietante expresión de asombro. 

Eran mi cebo. En concreto, una de ellas. Las coloqué en un lugar de honor donde contaba que confluyeran todas las miradas. A modo de trino visceral, funcionarían como una llamada. Qué no la única... Pues las baldosas del suelo de mi pequeña Bengala eran lo más parecido a un campo de minas. Una trampa tras otra encaramadas a cada marco o estante. Cada adorno, un pequeño capricho malsano capaz de saciar lo podrido de un corazón. Nuestros métodos, más que dudosos. Muy propio de mi, jugar a verdad o mentira. El hurto, un hábito infravalorado. El tedio, fuera de lugar. La guerra de Crimea, un paseo para señoritas. La velada en sí prometía ser memorable, incluso reveladora. Brillante tragicomedia... Un tiempo para recordar. 


Y llegó el gran día, tan esperado. Lo engalanamos también que todos los académicos y estudiosos convocados sin excepción aceptaron de buen grado sus invitaciones. Les agasajaríamos con una noche en el Rajastán, digna de un virrey. Un festival de ilusión, lujo y exotismo. 
Por suerte, confraternicé años atrás con un aventurero llamado Hampton cuyo testimonio me sirvió de rica inspiración. Hampton me relató, animado por una bodega exquisita, su estancia en la hacienda del mayor productor de índigo bengalí allá por el año 1870. Asistió a una cena angloindia burra khanah donde no junto con el protocolo de la metrópoli, se sumó la nota colorida de numerosos platos autóctonos de Bansberia y Navadwip. Se sirvieron patos salvajes, carnosa codorniz y el más tierno y jugoso hortelano. Mientras un ave exótica coronaba la mesa, moteada de un sin fin de exquisitos manjares especiados que se servían todos a la vez según la costumbre tradicional del Raj, al tiempo que el pato de Bombay picante daba sabor a los viñedos de Lafite o La Rose. Ocurrió durante la estación fría, de ahí que no atrajera a las moscas y se dispusieron a la vez todos los manjares especiados con un surtido incomparable de aromas según la costumbre tradicional del raj. 

Un acontecimiento más durante la temporada de bailes y sin embargo perfecta para emular en esa ocasión. Pues hubo banquetes por supuesto mucho más suntuosos en Casa del Gobernador, fiestas privadas del virrey y toda una serie de recepciones oficiales importantes que ocuparían el primer escalafón en una ridícula carrera hacia el eterno quién es quién. Seguidos de lejos en el escalafón por los bailes militares y privados que competían entre sí para ofrecer la mejor música y viandas sensacionales. Pero no buscábamos deslumbrar el sentido del olfato ni del gusto, nos proponíamos despertar otros imperceptibles sentidos... 

A nadie le desentonaría, el orientalismo estaba de moda. De hecho, se llevaba entre la aristocracia recrear ambientes remotos y exquisitos. Y yo, tan llamado a la exuberancia, por Júpiter que no iba a ser menos. Emulé cada filigrana para dar que hablar a cualquier precio. Así una fila de sirvientes coronados con turbantes conferían al ambiente un aspecto de cuento que desaprobaba Harper. Lo cierto es que me ensañé con él. Fui cruel, se lo impuse. Le obligué a disfrazarse de Khansamah e involucrarse en plena pantomima. Él, un hombre tan austero ataviado como un juglar... Pobre Harper. Si lo hice por diversión por mezquindad, ya no me acuerdo. No sé, supongo que por las dos cosas. También tuvo que ver el que se deshiciera de la lámpara de luciérnagas sin consultarme... Sí, supongo que arrastraba desde entonces una punzada de resentimiento. Pero no se trató de una burla pues yo hice lo propio. Ambos participamos de una impostura común, familiar y compartida. 

Por mi parte, me vestí de oficial del regimiento de lanceros apostado en Bengala convirtiéndome por una noche en el flamante teniente apuesto, repeinado, galante y valeroso que nunca fui. De mostacho imponente, bastón, anteojos. Y por supuesto, leal a la Corona. Por expresa petición de Ahwar, dejé mi habitual sarcasmo en el perchero junto con mi chistera de piel de castor y me esforcé en ser gentil. Fue la única condición que me impuso antes de colgarse de mi brazo. Y pasó lo impensable, tan sublime estuve en mi papel de caballero que Anya me miraba fascinada. Confieso que disfruté por una vez siendo honorable y me pregunté iluso de mí si aún podría enmendarme... 

Junto a Ahwar, hice de perfecto anfitrión. Un privilegio, dejarme ver junto a aquella diosa. Sus curvas, acentuadas. Y un maquillaje en henna negra profunda propio de una pantera al acecho, era como internarse en la selva. Su hechicera presencia aturdía, turbaba... Envuelta en aquel fabuloso sari de seda de Kerala con incrustaciones en oro parecía la mismísima Shiva. Me paseé de su brazo de aquella dama majestuosa mientras Anya se limitaba a servir jerez vestida con un salwar compuesto de amplios pantalones de seda salvaje, túnica y velo. Y en efecto, nadie la reconoció. Cómo podrían si estaba apocada y ausente. Su actitud servil le pesaba como una losa. La pequeña Anya, mi pequeña hada. Comedida en cada movimiento, reprimiendo su naturaleza silvestre... Y enmustió, como cuando cortas una amapola de raíz que enseguida le falta el agua.  Definitivamente, los uniformes nos transforman en nuestra propia caricatura. Enfrentándonos a los propios miedos, cara a cara. Una bofetada sin protección ninguna. 

A todo esto, se demoraba Chester. El librero se haría de rogar con la misma sorna que el susodicho felino en el cuento de Carroll. Sin embargo, nos compensó con una entrada épica. Cuando por fin se dignó a aparecer, su llegada no pasó por nadie desapercibida. Comparecería con un amigo. El Lackingtonian Philiph Dreyfus, hombre de confianza y por añadidura, ferviente shakespiriano. Y enseguida, haciendo gala de comentarios ingeniosos y suspicaces, pronto fueron el centro de atención. Desde luego, mi retorcido amigo, no faltó a su promesa. Ahí estaba, diminuto. Ajeno a mi incertidumbre, deleitándonos con su palabra portando impertérrita su inquebrantable sonrisa. De nuevo, jugaba el Gato Sonriente a escabullirse y prodigarse a voluntad laberínticamente por la sala. A ratos entretenía a Miss Florence Nightingale como haría con Alicia su gato zalamero, alternando sus insípidas charlas con un sherry, un puro, aplausos al pianista o la entrañable torpeza de resbalar con la alfombra.   

Tras romper el hielo con tan feliz ocurrencia, él y la anciana Miss Nightingale ya charlaban sobre Jane Austen como dos viejos conocidos. Un hilo conductor, un corro de lo más ingenuo. El foro perfecto para que conforme avanzara el coloquio, se fueran incorporando otros caballeros: 

- Tanto "Sensatez y Sentimiento" como "Orgullo y Prejuicio" constituyen historias didácticas sobre la virtud prevaleciendo sobre el vicio - adujo el reverendo Harold con asintiendo con la cabeza - Son parábolas modernas llamadas a aleccionar, no hay que darle más vueltas. 
- Sin embargo, yo detecto cierta ironía por parte de la autora en perjuicio del ambiente jovial donde deberían prevalecer las buenas maneras - Mr. Franaghan apuntilló con aire displicente. 
- Obedece al marcado talante de Jane Austen, mujer compleja y frívola donde las haya. Su lectura supone un peligro para las féminas ya que se ríe entre líneas de todo lo convencional - matizó Perkins en voz alta.  

Por un momento, se tambaleó nuestro particular sainete. pues Ahwar que fisgaba de reojo desde el otro lado de la sala casi salta a la greña al escuchar semejante disparate. Afortunadamente, fue Miss Nightingale, sufragista convencida, quien alzó el bastón para pedir la palabra y acaso sin pretenderlo, evitó que mi acompañante montara en cólera abandonando su exquisita interpretación de dulce hija del Rajastán y no faltar su cometido: Infiltrarse entre los demás invitados para controlar con disimulo cierta conversación en el momento oportuno... 

Como cuando Alicia atraviesa una estancia cargante con fuerte olor a pimienta para encontrarse con el Gato de Cheshire quien le explicó dónde vive el Sombrerero donde conversará con su anfitrión, la Liebre de Marzo y con el Lirón... Igualmente, Ahwar saludó cortesmente al librero haciéndose la encontradiza logrando incorporarse al grupo sin abruptos. 
Y pasaron las horas, la plática seguía su curso pasando por ger Freud, así como sus colegas Lacan y Zizek que secundaron sus novedosas teorías. Fue justo entonces que Dreyfus entró en escena según el plan propiciando un entusiasta debate y bordando el papel de su vida:

- Me pregunto si una Máquina Inteligente es real o un sólo un mito - Dreyfus adoptó una más que estudiada pose pensativa que recuerda ligeramente a Hamlet frente a la calavera. 

El Lackingtonian captó de inmediato el interés de los presentes pues naturalmente contaba con un público algo más receptivo que el príncipe danés. Y además, Chester no permitiría de ninguna forma que la duda planteada quedara sin respuesta. 
  
- Por supuesto, el doctor Luigi Menabrea afirmó en una revista científica francesa que construir una versión mejorada de La Máquina Analítica de Babbage no solo es posible sino imperioso. Estamos listos, es el momento oportuno - Chester incitaba así a los presentes a creer en tal posibilidad. 
- Esos cacharros soltarían humo y serían muy ruidosos - apunta con recelo Mrs. Talbot e improvisa un intento desesperado por cambiar de tema - La carbonilla me produce tos y lo que es peor, asusta a los gorriones. ¡Y que sería de Londres sin el canto de sus gorriones! Quedaría huérfana, perdida entre la niebla...  
- Mi estimada Mrs. Talbot, aprecio su brillante alegoría. En verdad tiene usted alma de poetisa... - Ahwar le halaga, sin dudarlo retoma la cuestión en curso y por supuesto, una eufórica Mrs. Talbot no la interrumpió -. Pero esos cacharros, como usted los califica, están cambiando el mundo, querida. Y la revolución mecánica está por llegar. 
- Y si de veras existiera una máquina capaz de desempeñar cualquier secuencia de pasos lógicos, consituiría un hito en la ciencia, amigos míos. Un salto sin parangón a otro nivel del pensamiento - Chester tiró del hilo, había que llegar a buen puerto. 
- Habría que darle un firme propósito, una excelsa misión que desempeñar... - Dreyfus tiró con arrojo el anzuelo ofreciendo un cebo jugoso.  
- Explíquese, Dreyfus. ¿Qué clase de razonamientos podría ejecutar la máquina por sí sola? - preguntó Dowglas Flagerthy con una mueca de asombro. 
- Para ella, no concibo límites. Una vez comenzara su análisis, no cejaría hasta culminar su reflexión por osada que fuera. Superando a la mente humana, por descontado. Incansable. Hasta el final. - - Dreyfus insistía, borracho de euforia.  
- ¿Superando el potencial resolutivo del hombre? - le retó una voz del fondo con cierto aire insolente paladeando el caramelo...  
- Por supuesto. Y prosiguiendo las investigaciones de Babbage, yo mismo podría hacerlo. - Dreyfus apostó fuerte derrochando confianza. 

Chester refrendaría a su amigo, mencionando los postulados de Ada Lovelace a favor de la viabilidad del proyecto. Se entusiasmaría con la idea, compartiría sus expectativas en torno a aquella máquina prodigiosa. También les hablaría de Babbage, creador de su precursora. La prueba de lo posible, La Máquina Diferencial. Dreyfus, recogiendo el testigo, se comprometería a modo de apuesta a fabricar una máquina más sabia que la mente humana, un aparato todopoderoso...

Para entonces, todos escuchaban atentos. Sin excepción, tanto el pez grande y el pequeño. De repente, se respiraba algo más que incienso. El fluir de un ácido, inconfundible... Olía a bilis efervescente. Gracias a la actuación del shakespiriano que estuvo soberbio. A buen seguro, había logrado captar su atención. 

Y como era de esperar, Alguien robó El rey y la torre de marfil de morsa y con su pequeña travesura, se delató. En efecto, Él estaba ahí. Y habiendo magnetizado las piezas del ajedrez, podríamos seguirle la pista. 


Ladies and Getlemen, bienvenidos a Le Grand Buffet. Por primera vez llevo ventaja a La Bestia. Así es, le tengo comiendo de mi mano. Claro que el actor amateur se ha expuesto mucho, quizás demasiado y con singular arrojo acepta el compromiso. Se ofreció de señuelo, está en el ojo del huracán y el viento arrecia... Cautela, Dreyfus, no desprecies al enemigo que incluso el león a veces se alimenta de pequeñas aves...













* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 

























  




10 comentarios:

  1. Hola, Mere... Desde luego que las piezas de este ajedrez van a ser un buen cebo para atraer a El Magister
    Y sí, la velada promete ser memorable
    Tal vez los estudiantes y académicos que han aceptado acudir terminen arrepintiéndose de haber aceptado la invitación
    Veo que Graham sigue sin perdonarle a Harper que se deshiciera de la lámpara de luciérnagas
    Por cierto, "Orgullo y Prejuicio" me encantó
    Sí, el tema de la máquina, ese aparato todopoderoso, ya es un caramelo que alguien va a saborear
    El rey y la torre ya han desaparecido... me parece un plan genial que estén magnetizados
    Yo estoy segura de saber quien ha cogido estas dos piezas
    Mi interés y mis ganas de saber más van en aumento
    Besos

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    1. Sí, El Magister quiere jugar. Lo que no tengo tan claro es quien es el cebo realmente...
      A mí también me lo parece, la velada tenía la magia y colores del Rajastán así como las mentes más privilegiadas de su tiempo.
      Cierto que la charla derivó hacia investigaciones delirantes que rayan en lo imposible y el único verdaderamente implicado es Dreyfus... En efecto, puede que él se arrepienta de su ofrecimiento.
      Harpper piensa que Graham arrastra el recuerdo de Gus como una losa e intenta aligerar su lastre, pero Graham no se deja y prefiere recrearse en el dolor.
      Estoy contigo, Orgullo y Prejuicio es un delicia. Por desgracia, es cierto que Auten recibiera algunas críticas.
      El rey y la torre reaparecerán en breve ;)
      Sin duda, acertaste desenmascarando al "travieso".
      Pues sí, la historia está en su momento álgido. A ver ahora cómo salimos de esta :P
      Besitos

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  2. Estoy como el Magister... ;-) has captado toda mi curiosidad! entonces, supongo que una de esas figuras de ajedrez tomadas "prestadas" (Rey o torre) es la que está astillada ¿pero cuál y para qué? ¿no estará envenenada...? ¡Enroque! en esta partida no sé muy bien quién lleva ventaja después de todo...pero me queda otra duda ¿cómo se puede magnetizar un objeto?...ah! Anya lo resolverá??
    Continuará...¡bien, en sólo dos días!
    Esperaré impaciente a ver qué se "maquina"...
    Un beso

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    1. Hola, Esther. Sí, una de las dos fichas que mencionas está astillada y tendrá sus consecuencias.
      Tienes razón, no necesariamente Graham lleva ventaja a Fergus, nuestro amigo no debería confiarse.
      Lo difícil va a ser seguir la pista a la pieza magnetizada, pero creo que lo conseguirán.
      Anya es la clave de todo, tiene un poder que ni siquiera imagina...
      ¡¡¡Maquinemos pues!!! Y seamos magnéticas :D
      Un beso

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  3. No he podido evitar sonreír con nuestros protagonistas disfrazados. Como si los estuviera viendo! Y me ha gustado ese pequeño homenaje a Austen, citando dos de mis novelas favoritas. Buen análisis que se hace de su obra. También me ha gustado la mención a Alicia, otro gran personaje literario.
    Y a ver qué pasa en el próximo capítulo con la pieza magnetizada. Muy buena jugada. Cada vez se pone más interesante.
    Besotes!!!

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    1. Hola, Margari. Graham no hace las cosas a medias, si celebra una fiesta, qué rebose de extravagancia. Ante todo, para saciar su ego. Y de paso, con un anfitrión así ¿Cómo pensar en confabulaciones? :P
      Lo reconozco, Austen y Carrol son amigos nuestros recurrentes, libertades que se toma una y disfruto aún más si son compartidas :)
      La pieza de ajedrez nos dará "juego", prometido ;)
      Un privilegio tenerte aquí, Margari, lo valoro mucho.

      Un abrazo.

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  4. Querida Mere,

    A ver si nuestros protagonistas consiguen atrapar a EL MAGISTER. Nosotras les enviaremos buenas vibraciones para que tengan éxito :).
    Las seis piezas de ajedres talladas en marfil y dientes de ballena es un GRAN Y SUCULENTO cebo. Y celebrar una lujosa y exótica fiesta para atraerlo es la idea perfecta.
    Las descripciones tan detalladas me han transportado directamente al lugar. No me costaría nada soñar con estar allí, charlando tranquilamente con Miss Nightingale sobre "Orgullo y Prejuicio". Uno de mis grandes favoritos de la Literatura Inglesa.

    Muy agudo Chester por saber tirar del hilo y Dreyfus por lanzar el anzuelo. Consiguen captar la atención de los "peces" y ocQuerida Mere,

    A ver si nuestros protagonistas consiguen atrapar a EL MAGISTER. Nosotras les enviaremos buenas vibraciones para que tengan éxito :).
    Las seis piezas de ajedres talladas en marfil y dientes de ballena es un GRAN Y SUCULENTO cebo. Y celebrar una lujosa y exótica fiesta para atraerlo es la idea perfecta.
    Las descripciones tan detalladas me han transportado directamente al lugar. No me costaría nada soñar con estar allí, charlando tranquilamente con Miss Nightingale sobre "Orgullo y Prejuicio". Uno de mis grandes favoritos de la Literatura Inglesa.

    Muy agudo Chester sabiendo tirar del hilo y Dreyfus colocando la trampa. Consiguen captar la atención de los demás yc omo era de esperar, el magister hace su aparición pues desaparecen el rey y la torre de marfil. Tal y como habían planeado.
    Lo que él desconoce es que están magnetizadas, así que podrán seguirle la pista. ¡BRAVO!

    El ambiente está cada vez más caldeado!!

    Genial, Mere.

    A por el siguiente capítulo.

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    1. Querida Leo, la fiesta tenía que parecer excéntrica y trivial, acorde con el talante despreocupado de Graham hasta hace poco tiempo. En parte para no despertar sospechas, también para que los invitados se sientan cómodos y bajen la guardia.
      Coincidimos acerca de Auten, Leo y Orgullo y Prejuicio junto con Enma es mi favorita. Es cierto la obra de Jane supuso todo un revuelo intelectual en su época, tuvo montones de fans y detractores. Tú y yo ya elegimos bando (>‿◠)✌
      Chester es un sabio retorcidillo amante de palabras, filosofadas y silogismos. Es un maestro de la palabra y por eso lo borda guiandolos hacia donde quiere desde el principio.
      Los soldados de Graham toman posiciones, está en marcha su primera ofensiva...

      Un abrazo.

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  5. Vaya idea han tenido para atraer al Magister todos con sus respectivos disfraces y con el papel que tenían que hacer bien preparado.
    Y el señuelo de las piezas de ajedrez no ha podido salir mejor, a ver como sigue la historia en el próximo capitulo.

    Un beso

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    1. Graham le ha tendido una trampa a El Magister, necesita identificarle cuanto antes y lo intenta en su propio terreno.
      Las piezas de ajedrez son uno de los reclamo, por lo visto lo suficiente jugoso pues El Magister ha mordido el anzuelo.
      Gracias, Rocío. Un besazo.

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