viernes, 3 de marzo de 2017

«LUMINESCENZA» Capítulo 9: "Apparatus Volans".



«LUMINESCENZA» Capítulo 9 
Apparatus volans...











     “Si en un interior lo sostenemos ante nosotros de modo que esté en parte a la luz del sol y en parte a la sombra, lanzará sobre la pared un bello arco iris.


Alberto Magno.                

             
       
                          

          







Cap 9. Apparatus Volans


                                                        
Mientras Anya levitaba, los demás leíamos con avidez en el salón anexo el diario de Anathole:

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Londres, otoño del año 1883.              
      
Mi laboratorio era un cuarto destartalado e informe de altos techos, rincones y aristas imposibles en un recoveco de la Facultad de ciencias. Nadie apostaba por mí, todos en el departamento me consideraban algo así como un tosco dinosaurio de otra era. Y cuando los estudiantes distinguían mi silueta espigada al contraluz recogiendo en batín el rocío del alba, se ensañaban conmigo porfiándome con toda suerte de improperios.

Así es, mi estampa les resultaba cómica, creer en la alquimia en plena revolución industrial era tan demodé como acudir a las carreras de Ascot sin pamela floreada. Tampoco ayudó que me posicionara en la academia de ciencias en favor del polémico Anastasio Kircher al sostener que el poder de atracción entre metales se debía a la fuerza del amor, más potente que el magnetismo. El erudito jesuíta llegó a afirmar haber escrito una partitura cuya música neutralizaba el letal veneno de la tarántula y yo le secundé desacreditándome yo solito. También desarrollé delirantes teorías de física aplicada, manipulé metales nobles desprendiendo calores y efluvios. Además, no había sido durante el año en curso un "niño" precisamente "bueno"...  Al parecer, el muy pillo, había jugado con fuego. 


Antes yo disfrutaba con lo que hacía. Preparaba infusiones de salvia, mantecona, pentasites hiprydus y tomillo y vahos con aceite de eucalipto para aliviar el asma alérgico  que al viejo Balance le causaba el polvo de los libros, así como colutorios de polvos de peroxido de hidrógeno y bicarbonato de sodio disueltos en zumo de limón recién exprimido para la dentadura de mi amigo Chester. Comentaba los versos coránicos con Hatchid mientras con el fuelle avivaba la lumbre para forjar una llave maestra capaz de abrir noventa candados distintos. Por entonces, no era más que un humanista trasnochado, un soñador empedernido, un visionario venido a menos. Dominaba  muchas lenguas, vivas y muertas, destacaba entre mis coetáneos en nociones de metalurgia. Estaba versado en todas las artes, claras y oscuras, me describía a sí mismo como "filósofo de la naturaleza".  Y a pesar de todo, nunca conseguí brillar y apenas recibí un apodo mordaz. Me arrinconaron, no me dieron tregua. A los ojos del mundo sería  Anathole, el bufón. Y no es de extrañar, correteando por la hierba en bata, gorro de dormir con pom-pom y babuchas... A decir verdad, sólo me faltaban los cascaberles, 

De modo que cuando Fergus reconoció mi valía y se ofreció a costear mis experimentos, accedí. Creía en mi y aproveché la ocasión. Por fin tendría la oportunidad de liberarme de complejos y rencores y crear algo excelso. Mi nuevo mentor, un excombatiente de alta cuna y mente cultivada, era locuaz y carismático. A su lado, todo parecía posible. Y borracho de euforia, me condujo al umbral entre el Bien y el Mal, Fergus me colocó a un paso al abismo. Pero la decisión era mía...  Y dudé, por algún tiempo. 

Fergus compartía mi fascinación malsana por los escritos de Anastasio Kircher consurados por Los Lackingtonians. Eran libros encadenados y los robé para él. Primero leímos juntos el Magneticum naturae regnum sive disceptatio physiologica. luego se nos revelaron los secretos del Ars magna lucis et umbrae y las delirantes elucubraciones del Sphinx mystagoga... Y en tanto nos afanabamos por desentrañar su esencia, yo me envilecía sin remedio. 

Hasta que en la trastienda de El Templo de las Musas Fergus me regaló el día de su onomástica el anexo por siglos extraviado del Guilielmus Malmesburiensis, Gesta Regum. Lo abrí con premura, olía a frutas silvestres. Entornando los ojos, devoré con ansias aquel capítulo deliberadamente extraviado por siglos. Y al ilustrarme, se hizo La Luz. Entonces deseé conocer los secretos más allá de las nubes. Me postré subyugado ante El Magister, la noche se tornó día y el vuelo en una obsesión. 

Una vez me introduje en La Orden, mudé en alguien nuevo. Me volqué de lleno arduos estudios que me alentaron a emprender una invención olvidando al fiel Hatchid, lo que supuso para Fergus doble divertimento. Dependiendo en lo emocional de mi aliado, volví a otros la espalda. El y su causa lo eran todo, le pertenecía en cuerpo y alma. 

Ya, en solitario, sin apenas conexión con el mundo, hube de sortear algunos tropiezos, en apariencia, insalvables. Pero con la biblioteca de Fergus a mi disposición y su apoyo incondicional, recuperaba el aliento en cada escollo y volvía al trabajo. Superando intrincados galimatías y haciendo gala de un tesón enfermizo, proseguí ideando mi máquina voladora siguiendo la estela del gran Daedalus. A cada paso, Fergus me alentaba y el premio era demasiado jugoso como para renunciar, ya nada me detendría.

Así pues, una nave diseñada partiendo de las notas de Eilmer, un monje anglosajón al servicio de William of Malmesbury, fue cobrando forma hasta levitar una mañana de septiembre en medio de un humo cían cargado de azufre. Yo la puse en marcha y tras experimentar unas violentas vibraciones, se enderezó y en medio de un ruido ensordecedor, el artefacto conseguio suspenderse en el aire. 

- Magia... - comentaban algunos colegas de los aledaños. 
- Alejaos, es algo diabólico - proclamaron los más exaltados, presa de una mezcla histriónica entre el pánico y la excitación.
- No exageren, señores. El experimento se basa, sencillamente, en la fuente pura de vapor - alegué aferrándose a una frase hecha biensonante y de lo más socorrida para explicar lo inexplicable. 

Les brindé algo sublime, etéreo, acariciando la utopía. Demasiado para sus pobres mentes, la mediocridad es un pecado capital. Me referí de soslayo a la Fuente de Energía Pura pues, en su triste existencia, le atribuyen a semejante juego de palabras biensonantes un sinfín de propiedades inimaginables. Y así acallé sospechas sin tener que rendir cuentas, gocé de su admiración sin apenas explayarme. Nada me obligaba a compartir mis descubrimientos con podencos sin nombre condenados al anonimato. Ni tenía el deber de informarles sobre la Nueva Aleación Universal. Hierro enriquecido y níquel... La fusión eterna, inquebrantable. Dura como el diamante y ajena a los campos magnéticos. Mi as en la manga, mi arma secreta. Así pasen los siglos, mi pasaporte a la posteridad. 
          
No insistí en demasía en justificar mis métodos, a pesar de que mi alma herida no deseaba más que sorprenderles. Tras años de marginación, el reconocimiento de los académicos no me era un asunto del todo indiferente. Pero mi inteligencia supera a mi ego y supe exhibirme lo justo, sin mayores concesiones. Mi mayor castigo, permanecerían en la ignorancia. Por eso, lucí mi Apparatus Volans en un instante de gloria hasta que el olor sulfuroso fue en aumento y todos los curiosos presentes cayeron fulminados a mis pies en torno a un mecanismo infernal que rugía como un dragón echando fuego.  

- Gracias por su atención, caballeros - como llevaba puesta una máscara anti-gas, contemplé el espectáculo sin inmutarrme. - Si bien, espero comprendan que sus necias opiniones me aburran sobremanera.

Les dejé con la miel en los labios y una promesa implícita de miedo intenso.

Monté en la nave y al despegar, atravesó la balconada. Fergus pilotaba en la escotilla, nos aguardaba un extraordinario viaje. Jamás alguien surcó el viento a bordo de un ingenio similar, aquella ascensión era un hito sin precedentes. Lástima que no estuviera cerrado el ventanal, la ascensión entre astillas de cristal habría sido legendaria. Pero la operación requería sigilo, Fergus fue muy claro al respecto. Y es que eso no era más que el principio, un pequeño paso de gigante. Para mí, solo se trató de una prueba, ya se me exigiría mucho más en adelante.

- Magnus opus meum, contemplad maravillados 
- Calma, Phelps, ya atronará al oír nuestros nombres - me apaciguó. 
- ¿Y cuándo será, Maestro?. 
- El tiempo corre a nuestro favor, Anathole. Impatiens, no os apuréis por tan poca cosa. La batalla ya está escrita y El dominium tendrá lugar en su debido momento. 

Así fue como ocurrió, por fin la escalera de Jacob se desmorona. Temblad y rechinad, malditos, pues vuestro mundo agoniza y la hecatombe es inevitable. Desde la empatía, os aconsejo: Orad suplicando clemencia para regocijo de El Iluminado. Pues muy pronto la luna vencerá al sol y en vertiginoso declive dará paso al Nuevo Orden. Elegid entre vivir o morir antes de que Mi Señor se adueñe de los cielos y no haya redención posible.

Ave, Dominus. Larga vida en la Senda de la Muerte. 


"Postrémonos de terror ante la brillante estrella, fuente de lágrimas para muchas madres, Hace mucho que no te veía y ahora eres mucho más terrible porque te veo blandiendo la ruina de mi tierra". Malmesbury, Gesta Regum, capítulo 225.


Dejo mi testimonio, a modo de expiación y advertencia.        
Que Dios me perdone. Anathole Phelps.         

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Fueron tres páginas intensas, de dolorosas confesiones que citó un Chester fosilizado y pétreo. Sus venas eran grietas y el éter que despedía comenzaba a resquebrajarse. 

- Sphynx - Solo acerté a decir sonriendo, sin aportar nada nuevo, actué por instinto.   

Honestamente, no fue una exclamación ni un abrupto. Creedme, tampoco una burla. Conmocionado, solo me vino a la mente la imagen de un gato esfinge egipcio sin pelo conocido como Sphynx desde tiempo inmemorial. Criatura estática, insípida, una raza inusual y enigmática donde las haya. Como Chester Rogers, en su conjunto, caballero un tanto atípico de apariencia dispar.  

- ¡Cómo puedes reírte en un momento así! - me reprendió Ahwar. 
- Tras evaluar los daños, querida, compruebo que nuestro Chester sigue pareciendo un felino después de todo y me resulta alentador -. Mi cínico comentario se quedó sin respuesta, Ahwar optó por ignorarme y no pude reprochárselo dadas las circunstancias.   
- No es él sino su sombra, el que escribe - logró añadir Ahwar con ternura en un intento desesperado por mitigar su pena -. Anathole ya no es quien era, Rogers, está como poseído. 

Y mi nueva estatua de hielo asintió clavando sus pequeños ojos asustadizos en el diario de las mil verdades. Ahwar tenía razón, Anathole estaba perdido. El humo le nublaba el juicio. El azufre, los sentidos. Sin norte ni sur ni oriente ni poniente... No miras, no escuchas, acaso olfateas. La muerte huele a rojo y gris y si hay algo más adictivo que la sangre, son las cenizas. 




 

* En adelante, intentaré publicar cada semana para terminar el libro antes del verano. Besos.



* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 

























  










10 comentarios:

  1. Hola Mere... La lectura del diario de Anathole me sigue pareciendo impresionante
    Los demás estudiantes lo consideraban un dinosaurio de otra era... Desde luego que tampoco ayudó que se posicionara a favor de quien sostenía que el poder de atracción de los metales se debía a la fuerza del amor, más potente que el magnetismo
    A los ojos del mundo que le rodeaba se convirtió en Anathole, el bufón... esto debía dolerle
    Creo que la mejor época de Anathole fue la que pasó con Chester y Hatchid... la que más disfrutó
    Pero llegó Fergus, reconoció su valía y se ofreció a pagar sus experimentos... Creo que esto cegó a Anathole, y se olvidó de Hatchid
    Y construyó la máquina voladora, la nave que ansiaba Fergus
    Tras años de marginación, a Anathole no le era del todo indiferente el reconocimiento de los académicos... aunque supo ser precavido
    Pienso que Fergus utilizó a Anathole, utilizó su situación y se aprovechó
    Estoy convencida de que Anathole siente lo que hizo... y empiezo a pensar que es el único que puede enfrentar y detener a Fergus... aunque, la verdad es que no estoy segura de esto
    La hecatombe se avecina, se nota en el ambiente... y no sé si Graham, Chester, Ahwar, Anya van a poder detenerla... El enemigo a batir es muy poderoso
    En fin, solo tú sabes lo que va a pasar ;-)
    Me ha encantado leer un nuevo capítulo de una novela que está realmente interesante y apasionante
    Besos

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    1. Hola, Mela. Anathole, por medio de su diario, confiesa y advierte. Necesita alentar y ser perdonado, no tiene la conciencia tranquila. Sí, a los ojos de los académicos, él está equivocado. Pero la magia va más allá y solo Fergus comparte con él esas inquietudes. Y cierto, le manipuló. Fergus supo alimentar. Camelárselo y financiar sus experimentos.
      Así es, Anathole está muy arrepentido. E sí, algo tendrá que decir en el momento crucial.
      Esperemos que sí, que juntos puedan oponerse a El Magister. El enemigo ha pactado con El Mal y eso le hace ser casi invencible.
      Sobre el desenlace... Sí, tengo una ligera idea ;)
      Ahora ya toca avanzar, recta final. Gracias por los ánimos, Mela, estoy muy ilusionada.
      Besos.


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  2. Humm...Anathole queriendo saber (con su excéntrico proceder en la Facultad) y luego ansiando saber más y más (con los libros encadenados) pero guiándolo Fergus por la senda del mal, por despecho y con soberbia, puede ser muy peligroso...Sulfurado y Apparatus amente peligroso!!
    Besos
    PD: Una duda, la nueva aleación universal tiene alguna relación con la jadarita?

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    1. Así es, María Esther, Anathole ha sido víctima de su ambición y sus complejos y Fergus ha sabido muy bien aprovechar sus debilidades. Sulfurado... Yes. Y apparatusamente peligroso... Pppues va a ser que también :)
      * La aleación universal es la base de los inventos de Anathole para desarrollar el proyecto de Fergus. En efecto, guarda relación con la jadarita pero a la inversa, son contrarias. (Y una, a la otra neutraliza...)

      Un beso.

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    2. Ah, qué interesante que la neutralice!!
      Me tomaré a tu salud una infusión de salvia mantecosa, asmiga mía ;-)
      Bsts

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    3. Pues entonces, nos lo tomaremos juntas :D

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  3. Peligroso Fergus, que ha sabido aprovechar muy bien la inteligencia de Anathole. Pero éste reconoce su culpa muy bien: "Pero la decisión era mía..." Y este reconocimiento demuestra que se arrepiente de lo que ha hecho. Espero que no pase el tiempo lamentándose y ayude también en el enfrentamiento contra Fergus. Porque sin su ayuda, creo que poca esperanza hay.
    Besotes!!!

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    1. Has captado a Anathole en toda su complejidad, Margari. Así es él, un hombre débil e infravalorado que reniega de en lo que se ha convertido víctima del resentimiento.
      Así es, Fergus podría tener a un aliado cerca de El Magister, esperemos que tenga el coraje suficiente.
      Muchas gracias, Margari, por tu lectura y tu tiempo.
      Un abrazo.

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  4. Siento llegar tarde pero aquí estoy, querida Mere.

    Me indignan los que se aprovechan de los demás.
    Gracias al diario hemos podido ver cómo Fergus utilizó las debilidades y complejos de Anathole en su beneficio.
    Era la víctima perfecta.
    Veo arrepentimiento en lo que hizo y por esta razón creo que no se merece ser el responsable.
    Espero que entre todos puedan hacerle pagar a Fergus todo el mal que ha hecho.

    Destacaría el final porque para mí resume muy bien este capítulo.

    "Anathole estaba perdido. El humo le nublaba el juicio. El azufre, los sentidos. Sin norte ni sur ni oriente ni poniente... No miras, no escuchas, acaso olfateas. La muerte huele a rojo y gris y si hay algo más adictivo que la sangre, son las cenizas."

    Muy bien, MERE.

    Ahora que está calentito este capítulo, momento ideal para leer el siguiente :)

    Un abrazo.

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    1. HOla, Leo. Completamente de acuerdo, no veo peor mezquindad que manipular a alguien a tu favor como un muñeco de feria, lástima que sea tan común.
      Anathole es un buen hombre que arrastra muchas carencias. Es el hazmereír de su círculo, otra actitud borreguil que odio sobremanera. Sí, está arrepentido y creo que se rebelará como sus fuerzas se lo permitan. Fergus es un loco ególatra y espero que acaben con él, habrá que echarles una manilla ;)

      Gracias, Leo, ese párrafo a mi también me encanta :D Además, es un desliz poético de esos que no quieres ni puedes reprimir :D Hasta ahora mismito pues, vuelvo enseguida. Bss.

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