viernes, 21 de abril de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 15. "Reptiles vs. reptiles".




«LUMINESCENZA» 
Cap 15. "Reptiles vs. reptiles".
Fugit wasp...






     "One time i trust a stranger".

                                                                                          Judee Sill.                     
                  
              







Cap 15. Reptiles vs. reptiles.  



"Day is done, graznan las gaviotas. Gone the sun, se escabulle el astro entre tantos quejidos. From the lake, nubes. From the hills, niebla. From the sky, sombras. 

Batuta en mano. Venas hinchadas. Silba. All is well, sois tan diminutos... Truena y El Divo ríe sin ganas. Safely rest... Yaced, malditos. God is Night, entona desencajado con voz de barítono. 

Después, silencio. Day is done, ya todos duermen. Y concluye la nana con diez mil alaridos". 

                                                    ЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖ

Me sobresalto, estoy empapado en sudor. Tranquilo, me digo, solo era un maldito sueño. Y mi despertar coincide con que llaman insistentemente a la puerta. Irrumpe Wells, con un aspecto deplorable luciendo junto a una borla ladeada, sus cuatro pelos enmarañados, embutido en una camisola holgada que le llega hasta los tobillos. Nunca le había visto antes de esta guisa, un mr. Kruge a la británica. Es más, en mi ignorancia siempre le imaginé correcto, impoluto, encorbatado y en chaleco a rayas perenne, día y noche. 

- Disculpe mi intromisión, señor, pero esta noche ha resultado muy esclarecedora. 
- ¿Desde cuándo compartimos intimidades, Wells? Guárdese sus sueños y yo haré otro tanto con los míos - afirmé en cierto modo aliviado, no debía mortificar a nadie de mi reciente visión apocalíptica. 
- No se trata de eso, mr. Graham, hace años que no sueño. Estadísticamente, me sería casi imposible pues, por lo general, apenas duermo dos horas. A lo sumo, tres en caso de pulmonía. 
- Entonces... ¿A qué debo su inoportuna visita? - mi tono para con Wells es arrogante, lo sé, incluso despiadado pero es que sigo enfadado con él, me ha robado a Gus, sus últimos retazos. 
- Rememoraba la mañana en la que le dedicamos a Gus un último adiós y su padre lloró amargamente. No era tan mal tipo, ¿sabes? 
- Serían lágrimas de cocodrilo. 
- Siento objetar, señor, pero eran bien sinceras. James Fergusson estaba completamente destrozado. Si le hubiera visto en aquel estado... 
- Lástima, estuve muy ocupado aquella tarde. ¿O fue por la mañana?
- Haciendo diminutas pajaritas de papel si mal no recuerdo... 
- Definitivamente, posee usted una memoria de elefante - mi mayordomo me ha puesto en una situación harto incómoda. 
- Que no de cocodrilo... - Well enfatiza la última palabra, así me hace saber que me es leal, incondicional. Mi bienestar, su máxima prioridad. Me ha dedicado su vida entera. 

A lo que, escurridizo de mi, no se qué contestar y me voy por la tangente. Me escabullo como un reptil... Yo soy el cocodrilo. 

Practique el origami, Wells. No conozco mejor terapia, de veras. 
- ¿Terapia? 
- Así es, para el olvido. 
- Al contrario que usted, yo no deseo olvidar. 
- Será que usted no tiene conciencia - una crueldad para con el viejo, menuda bajeza la mía. 
- Será que prefiero vivir a darme de latigazos. 

El mayordomo toma la palabra, su paciencia llega al límite. Me enchufa un pedazo de pudding con pasas con el que me amordaza momentáneamente. Y acorralado sobre el colchón de plumas, no oso replicar consciente de que el anciano no soportará más ironías por respuesta. Comienza su turno y me detalla la escena: frente al féretro de mi amigo sollozó su padre postrado y apretaba los puños un niño que por alguna miserable razón se afanó en describirme con todo lujo de detalles.  

- Un muchacho rubio, pálido, espigado. Sus ojos ardían de dolor y su boca esboza un gesto de rabia. 
- No puede ser, Wells, yo era su único amigo - le imploro que al menos me deje vivir con tal convicción, de lo contrario creo que le odiaré toda mi vida. 
- Habían pasado varios meses, Mr. Graham, no sabemos nada de su agonía - Touché! Aquello me puso en guardia, por fin, más que un estoque - Por fin se incorpora, señor, ya va siendo hora de que se centre en lo que realmente importa y se deje de perogrulladas. 
- ¿Y qué es lo que "realmente importa"? Ilústreme - cada vez me muestro más displicente. 
- Que ese chico hacía por parecerse a Gus, Las mismas gafas, el mismo pelo engominado. Hasta tenía su pitillera, la que le trajó su padre de Cachemira. Me consta porque al partir del camposanto tuvo un acceso de tos. Acababa de encender uno de esos cigarrillos turcos... Kyriazi Frères.
- Pura coincidencia. Además... ¡Qué sabrás tú! - tal es mi nerviosismo que ignoró los formalismos para con un criado y Wells se da cuenta. 
- Quizás esté usted en lo cierto, mr.Graham y yo no sea más que un iluso sirviente que se ha excedido en sus obligaciones. - Wells se repliega y yo me relajo. - En cualquier caso, la presencia de aquel mozalbete me soliviantó. 
- Menuda impresión, dos gotas de agua. 
- Salvo por ese acento prusiano que arrastraba con cada plegaria. 
- Y de seguir vivo ahora sería un adulto. 
- En efecto. Además, sé cómo localizarle: Llevaba la misma pulsera que lucía Gus durante mis visitas al sanatorio. Han de llevarla de por vida, por si sufren alguna recaída.  
- Interesante. 

Observo a Wells, le destellean los ojos. Está decidido a ayudarme y le perdono antes de lo previsto. ¿Cómo no? Si su devoción me conmueve. Ese anciano me entiende como nadie y cree en mí mucho más que yo mismo. Y a Gus, él no le dio de lado. Qué suerte, no tiene que vivir flagelándose por todo lo que no hizo. 

De repente, entra Harpper. ¡Sin llamar! La puerta de mi alcoba está abierta de par en par. Mis invitados esperan tras el umbral. 

- ¡Esto es del todo inapropiado! - algo azorado me recoloco el pijama. 

¿Qué ha sido de mi intimidad? Me siento ultrajado. Si bien, a pesar de manifestar abiertamente mi turbación ninguno hace amago de marcharse, solo tienen ojos para la carta que me ofrece Harpper en mano. La tomo. Es de Dreyfus. Su caligrafía me decepciona, resulta de lo más anodina. La leo en voz alta frente a un coro de cabezas que asoman a ambos lados de las bisagras. La inquieta Anya se remueve como una culebra hasta que se pilla el lóbulo de la oreja con la ranura y emite un férreo chillido. Los ojos brillan, también la jadarita, diría que piedra y porteadora están enlazadas de alguna manera. 

- Dreyfus nos convoca a las nueve en el lugar previsto. 
- ¡Cómo no! Por supuesto, las calles de Theatreland... Nuestro actorzuelo no pudo elegir mejor decorado. 
- El White Carf no es un pub apto para señoritas... 
- Esta noche no se desharán de mi, caballeros - Anya está descalza, tiene unos pies divinos. - Les recuerdo que yo también vivo de la farándula, nadie se maneja mejor que yo por Covent Garden. 

Y acudimos puntuales, todos sin excepción, a aquel pub legendario custodiado por un bello ciervo blanco que venía colgando del umbral desde el medioevo y me sentí a salvo. como forajidos en el recóndito bosque de Sherwood. Aguardamos en un reservado: Anya vestida de vampiresa, Ahwar disfrazada de hombre, es el vivo retrato de su hermano. Lo que me trae inmediatamente a la mente dos niños rubios que rondan la misma edad, visten el mismo uniforme descolorido del sanatorio y me pregunto cómo empezó todo... 

Vuelvo de golpe a la realidad, apago el cigarro estrujándolo contra pared. Desde luego, el bueno de Dreyfus no se ha hecho esperar, acude puntual a la cita. Entra, con los pies por delante. Levitando. Lo sujeta el oriental que estuviera al servicio de Hatchid. Aquel que me sirvió café. Sí. ¡El mismo! Junto otras cinco lagartijas de sangre fría y muy dudosa calaña. Van y depositan a nuestro héroe sobre la mesa que ocupamos sin demasiados miramientos. El chino coge la pinta de Chester y toma un trago, luego vuelve a beber y escupe sobre el rostro de Dreyfus.

- Así es cómo en mi casta brindamos con los traidores. 

A continuación, estrella el vaso contra la pared y nos mira, impasible. Sus párpados caídos no sé si ríen o lloran, Y a continuación, pretenden marcharse como si tal cosa... 

- ¡Alto ahí! - clama Ahwar. - Chang, le exijo explicaciones. 
- Ya no trabajo para su difunto hermano, señorita, si es que alguna vez lo hice... - definitivamente, sus ojos ríen. 
- ¡Por Alah! A qué viene tanta crueldad... - les señala. - Ustedes acaban de matar a un hombre. 
- No es nada personal, nos limitamos a cumplir órdenes. Además, se trata de una muerte irrelevante. 
- ¿Cómo?
- Así es, morir antes o después... Poco importa. - no doy crédito - Total, pronto estarán todos muertos. O algo peor... Créanme, mejor pronto que tarde.  

Entonces Chester se puso en pie y disparó sin demasiada puntería mientras yo, petrificado, me comportaba como un perfecto imbécil. De inmediato, los esbirros de El Magister se dispersaron. Le bajamos los párpados a un Dreyfus, todavía tibio.  Le habían pintado a navajazos una cuadrícula acompañada de tres símbolos: P-K4. 


P-K4. Pawn to king 4
"Apertura peón cuatro rey." 

Contra todo pronóstico, empiezan a jugar las negras... Inaudito. Hay mucho en juego y El Magister ya ha movido.  A lo que las blancas deberían responder:


KN-B3. King's knight to bishop 3. 
"Caballo de rey tres alfil."  

De todos es conocido que la dama se entiende mejor con el caballo que con el alfil mientras que torre y alfil coordinan mejor que torre y caballo. Sin olvidar que todas las reglas se acompañan de una posible excepción y nuestras vidas penden de cada uno de esos letales movimientos.

No me precipito, me tomo mi tiempo. La discreción es clave, se trata de una partida bien poco convencional: Reptiles vs. reptiles. De hecho, Anya me contó que en verdad existen los basiliscos en las selvas de la Hondura británica. A veces, la naturaleza supera al mito... Y es precisamente con sigilo que el diminuto Basiliscus plumiforms consiguió sobrevivir a todos los Grandes Monstruos: Dunkleosteus, livyatan melvillei, sarcosuchus imperator, gigantopithecus blacki, argentavis, titanoboa, meganeura monyiel, águila de Haast, brontoscopio, arthopleura, helicoprión... Todos, caput. Adiós a los viejos reyes de la fauna de los que ya solo quedan huesos. O cómo el White Deer, sin ir más lejos. Aquel que cuelga de la fachada del pub. Antes, blanco. Y ahora, a mi pesar, mojado con un pigmento ácido bleu cosmos que aún chorrea chispeante por el estandarte. ¡Ellos lo impregnaron antes de marcharse! El ácido es corrosivo. Efervesce el ciervo en su agonía, preludio de una belleza insoportable.







* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.





6 comentarios:

  1. Hola, Mere... Que sueño tan horrible y escalofriante estaba teniendo Graham... bueno, más bien una pesadilla
    Yo me estaba creyendo que era real e imaginaba, por supuesto, que la nana la cantaba El Magister
    No sabía que practicar origami fuese una terapia para olvidar ;-)
    He atendido a Wells y tengo dos teorías... quizás las dos sean descabelladas ;-)
    Yo no creo que el padre de Gus, James Fergusson, fingiera un dolor que no sentía en el entierro de su hijo... creo que el dolor era real... Empiezo a pensar que James Fergusson pudiera estar vivo, y ser El Magister... Esta es una de las teorías
    La otra, es ese muchacho rubio que estaba en el entierro de Gus... un compañero del sanatorio seguro... Han pasado años, ahora es adulto... También puede ser El Magister
    Lo que tengo muy claro es que El Magister está relacionado con Gus, con Graham... y lo ocurrido en el pasado
    Y el espionaje le ha costado muy caro a Dreyfus
    Anya y Ahwar han actuado como dos valientes acudiendo a la cita
    Y menos mal que Chester ha disparado
    Ha estado muy interesante, Mere... Mi felicitación por este nuevo capítulo
    Besos

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    1. Querida Mela, siento haberte asustado con el sueño de Graham, pero el temor le invade noche y día. Y en efecto, quien la cantaría sería El Magister.
      El origami a mi no me serviría como terapia, tanta precisión me puede... Mejor no se lo digamos a Wells, que quede entre nasotras.
      ¿Y si te digo que tus dos teorías son supercorrectas? Pues sí, tu intuición no te falla. Es más, acertaste "de pleno"... Ji,ji. No digo más 🔐
      Con una sola precisión: James Fergusson ahora es un anciano que por su insaciable afán de aventuras, descuidó a su hijo muerto y ahora se arrepiente de haberle faltado esos años.
      Pobre Dreyfus, era todo pasión pero cometió algún desliz y se delató o le delataron...
      Anya y Ahwar han estado a la altura mientras Graham se ha quedado paralizado... Demasiadas emociones. Justo, menos mal que Chester ha dado la cara. Sino, habrían parecido demasiado débiles a los ojos de El Magister.
      Muchas gracias, Mela, por implicarte en la historia hasta el punto de barajar posibilidades. Y además, ¡tan certeras! Definitivamente, cuento con el mejor Club de Lectura del mundo 🌹
      Besos.

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    2. Hoy es el día del libro, y no quería que pasara sin pasar a felicitarte
      Felicidades por escribir, por amar la escritura, por escribir tan bien
      Besos

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    3. ¡Qué detalle más lindo! Muchísimas gracias, Mela. Viniendo de ti, me siento doblemente honrada. Por tu amistad y el reconocimiento de una grande.
      Besos.

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  2. Asi que el ciervo blanco de la portada ya aparece nombrado en la novela! y es precisamente el White Deer que cuelga en el pub desde el medioevo ¿verdad que sí o me equivoco? ajá muy interesante...y justo allí en ese barrio y en ese pub llamado White Carf empieza la partida de ajedrez sobre el tablero de...¡Dreifus! puff, que piense bien la siguiente jugada, que van vidas en ella y el ácido ya está corroyendo la placa ¡cielos! Bueno, también diría que no tome café, mejor un té ;-) y que le pregunte a Wells qué aspecto tenía Ahwar de pequeña, cuando murió su adorado hermano, con tanto cariño como le profesaba seguro que lo tenía por modelo a imitar...ahí dejo eso...
    Genial capítulo, la tragedia se masca!!
    Un beso

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    1. Justo, Mª Esther, este es el ciervo blanco de la portada. Y muy cierto, es en el pub de Covent Garden donde cae la primera pieza del ajedrez... así es, el pobre Dreyfus.
      Graham te agradece todos los consejos, Mª Esther. Muy audaces y sensatos.
      Y desde luego, vas muy bien orientada.
      - Ojo con la partida, trunca vidas.
      - Estudiar las motivaciones de aquel niño... bien podrían ser la clave.
      Bravo, Esther. ¡Menuda capacidad de deducción! De estar ahí, serías una ayuda decisiva.
      Muchas gracias. Un besazo.

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