viernes, 12 de mayo de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 18. "El inesperado poder de lo geométrico".




«LUMINESCENZA» 
Cap 18. "El inesperado poder de lo geométrico". 
Ktêma es aeí






     "Los confines de la tierra, las profundidades del mar, la oscuridad del tiempo, 
Lo has elegido todo".

                                                                                          E. M. Forster.                     
                  
              






Cap 18. El inesperado poder de lo geométrico.


Llevo observando a Fergus largo rato. Su atuendo, su reloj, sus zapatos... Y tras reflexionar al respecto, me embarco en una pequeña fechoría: Merced al apparatus de Anathole, bien podría el guardatiempos de ese maravilloso reloj de cuarzo estar magnetizado y fallar en cualquier momento. De repente, me da por hablar de banalidades gesticulando ostensiblemente con ambas manos y moviendo el anillo de mi dedo anular que se deshace en carambolas para disimuladamente pasear la brújula que lleva engarzada al aro en todas direcciones. Espero así poder controlar  las manecillas y que se pongan a girar como locas siguiendo su misma estela.  ¿Funcionará? Sería un terrible golpe a futuro... 
Por desgracia, no ocurre así. Tenía que haberlo supuesto. Fergus es tan inteligente como pragmático. Había previsto dicha circunstancia, parece divertido...  Creo que me ha pillado.  

- Buen intento, Graham, pero no servirá de nada - se ríe. - Te dije que era un reloj único y de lo más novedoso. Antimagnético, por descontado. Certero e inexpugnable, todos sus elementos móviles soportarían un holocausto. Las espirales contienen una aleación Invar de hierro, cobre, cromo y niquel. Así como los volantes de Nivarox, que resultan de la fusión del hierro, níquel, cromo, talio y berilio. Y en cuanto al áncora, es de glucydur, una mezcla de berilio y bronce.... ¿Sorprendido?  
- Yo no pretendía... - es inútil, no tengo excusa. 
- Por no hablar del guardapolvos incorporado a la tapa anterior que con un doble baño de hierro dulce y latón cubre las piezas más externas funcionando a modo de escudo. 
- Lo celebro - y reinvento mi mejor sonrisa.   
- ¡Mientes! - mis insolencias le alteran - No abuses de mi confianza, Graham, no me pongas a prueba o sino... 
- O sino... ¿Qué? - no claudicaré a sus amenazas. 
- Atente a las consecuencias. Te lo aviso, ve con cuidado conmigo. Si bien, soy un romántico incurable y arrastro un desasosiego existencial que me viene de familia, me esmero a diario en no ceder a mis impulsos... ¿De lo contrario, crees que aún seguirías vivo? - aquello me suena a amenaza - Por tu bien, no me pongas a prueba... Podría permitirme un desliz, no tengo una reputación que mantener. 
- ¿Y a qué esperas, Fergus? No será que te atenaza el miedo... - No me queda otra, una vez desenmascarado me encaro abiertamente. 
- Calma, querido amigo, yo soy el maestro de ceremonias. - no consigo desquiciarle y se templa poco a poco. - Me gusta respetar el protocolo. De hecho, para todo hay unos cánones... ¿Qué tal si retomamos el ajedrez? 
- ¿Por qué no? - accedo jovial, casi restandole importancia aunque por dentro la propuesta me atenace y sienta ganas de vomitar.

Fergus mueve el rey en una jugada magistral y me fijo en que la pieza en cuestión es la única con silueta humana y no zoomorfa. Además, ha sido pulida en cristal de uranio. Y lo más chocante, representa la misma figura regia del sello del reloj de la marca SAXONIA lo que confirma mis sospechas y así se lo hago saber a mi contrincante en voz clara y rotunda para estudiar su reacción  y suscitar en mis amigos una inquietud e investiguen al respecto. Dirigiéndoles hacia el joyero y su entorno, les pongo a Friedrich en bandeja. Aún a tientas, voy por buen camino. Caliente, caliente... Pues todos tenemos un pasado y, por azar, he dado del suyo.

- Pero si tenemos aquí al mismísimo rey Crono de Sajonia y tú, su heredero - acompaño mi sarcasmo con un amago de reverencia. - Te intentaste camelar al padre para ensombrecer al hijo... Tan brillante como maquiavélico. Cavaliere, mis respetos.
- Te crees muy listo, Graham, pero no sabes nada de mí. ¡Además, no eres quién para hurgar en mi vida! Precisamente tú, un dechado de virtudes...  - toda la razón, nada que objetar, miro atrás y mis méritos se reducen a una serie de despropósitos tachables de estúpidos en el mejor de los casos.

Aún así, Fergus parece desconcertado, no esperaba que le relacionase con Johaness Koltzsh y su estirpe. No contaba con ello. O al menos, no tan pronto. Se desconcentra y erra, la rabia le puede... De repente, le entran las prisas y toma la reina que no es otra que Sekhmet, diosa egipcia y terrible leona... Y solo alzar la ficha, se escucha en el invernadero contiguo un terrible rugido que me hiela el alma. Por fortuna, en el último momento, El Magister recapacita y reemplaza la reina-leona tomando por el caballo con la efigie del dios Min, dios lunar, jefe del cielo y protector de la luna. Lo que no presagia nada bueno pero menos malo, en definitiva.

- La gran ofensiva puede esperar. Recuerda, los cánones - me pregunto si me habla a mi o se lo dice a sí mismo...

Con el salto del caballo, arranca un aislado grito de guerra al que le secundan muchos más a coro que se superponen en el aire atizando en su rotar a la luna que ahora parece esmerarse en cubrir al sol más deprisa,

- Todo a su tiempo, Graham. - se dice y me dice Fergus en un intento por mantener la compostura, sin bien leo por primera vez un temor en sus ojos profundo, visceral e indescriptible. Definitivamente, el niño Freidrich quedó marcado por el dolor hace ya mucho tiempo.... En efecto, creo haber encontrado la brecha. Parece que con mis pesquisas voy por buen camino,

Decido atosigarle a preguntas morales para distraerle de tan nefasta partida e intentar retrasarla en lo posible. Me pregunto si cree plenamente en su misión, cuán fuerte es su castillo de naipes. Por si se desmorona...

- ¿Por qué provocar el apocalipsis, Fergus? ¿Qué te hace pensar que debes hacer esto? 
- "El ojo y la fantasía se sienten más atraídos por la distante nebulosa que por lo que está cerca y distinto delante de nosotros" - No entona ni vocaliza. ¿Acaso recita de memoria? En cuyo caso, tiene un maestro. 
- Y esa coincidencia con el eclipse tan forzada... ¿El esperpento tiene que ser aquí y ahora necesariamente? Para mi gusto, todo es... Demasiado teatral, incluso retorcido. Seguro que Dios, durante la creación, no se tomó tantas molestias. 
- "Todo arte auténtico se concibe en un momento sagrado y se nutre en una hora bendita" - Cáspita, otra frase hecha. 

Definitivamente, emula a alguien... ¿Cómo? ¿Interpretando un papel? ¡Espléndido! Entre tanta falsa pose, descubro al Fergus más inseguro. Busco a mi alrededor para discernir quien realmente es entre tanta mentira. Oteo la habitación, diría que se trata del mismo despacho donde Anya se entrevistó con él. Y aunque, de inmediato, me llaman la atención las paredes laterales cubiertas de cianotipos del cosmos sobre azul de Prusia, no me impactan tanto como el enorme cuadro de la pared frente al ventanal. Otra 
versión apócrifa del "Caminante ante un mar de niebla" del pintor Caspar David Friedrich sobre un paisaje espectral de una belleza insoportable.  ¿Un familiar? Quizás. Pintor romántico  y visceral, detractor de Goethe y enemigo de catalogar las nubes... ¿El origen de una obsesión? Podría ser... O un legado de rencores. 

 En primer plano, de nuevo el retrato de aquel muchacho rubio. De espaldas. Los rizos ondeando al mismo son que el cielo en su intensidad y la hierba violácea. Tormenta. Mutación. Fatalidad. Puro movimiento. Natura insólita, más propia de otro mundo. De colores locos que comparten el resplandor de los cianotipos formando a su trazado un paraje imposible. Y esa transgresión cromática.... ¿Obedecerá a una razón estética? Tal vez, porque los marcos hacen juego entre sí, curvilíneos en madera noble eluden el ángulo de las esquinas... De lo más atípicos. De acuerdo, Fergus rebosa elegancia. Y aún así, me cuesta creer que tal excentricidad se deba a un capricho estilista puesto que no es decorador de interiores ni siquiera paisajista. No hay más que mirar lo muebles estilo tudor para comprobar que en materia de gustos, Fergus tiende a lo clásico. No es vanguardista y alardea de ir contracorriente.  Entonces... ¿A qué esa rebelión pictórica? No doy crédito. 

En cualquier caso, el cuadro me desencaja. Su atmósfera es irreal y resulta inviable en el planeta tal y como lo conocemos. Claro que si cambiaran radicalmente los parámetros entre el sol y la tierra, el cuadro pasaría de desvarío a auténtica premonicíon. Al igual que aquel enorme meteorito que otrora levantara una nube de polvo tal que acabara con los dinoraurios... A veces, la realidad supera al mito. De nuevo, el cielo es la clave. Otra luz... Otra era... Señores, esto es el fin. 

Menos mal que por el interlocutor del gemelo derecho me llegan noticias jugosas que despejan mi mente y me levantan el ánimo. Para escuchar mejor, me hago el reflexivo supuestamente estudiando mi próximo movimiento... 

- Por mucho que te retuerzas en el asiento, Graham, no acertarás. Llevo años ensayando esta partida y la tengo ganada de antemano.  

No le contesto y eso le exaspera. Como contrapartida, insiste en llamar mi atención. 

- Estás tan inmerso en tus pensamientos que pareces el mismísimo El Pensador de Rodin - ¡Qué bromee! Perfecto, por el momento no sospecha. 
- Lucharé hasta el final, Fergus. No esperarás que me rinda... 
- Claro que no. ¡Por todos los demonios! Mi victoria no alcanzará su zénit sino con tu estupor. Por favor, Graham, no me prives de tu compañía. 

Es entonces que desplazo una golondrina y el vuelo de cientos de ellas amortigua el estruendo del Apparatus. Vuelven de Africa antes de lo previsto y con ellas, llega un pequeño repunte de la primavera. 

- Bien jugado, Graham, con tu audacia el sol recupera algo de su antigua intensidad. Pero convendrás conmigo en que esas avecillas no representan para mis murciélagos más que leve incordio. 
- Eso ya lo veremos - con el fugaz atisbo de luz solar, me reafirmo aunque enseguida se debilite y yo con él. No ha servido de gran cosa.   

Soy informado de que Albrecht y Friedrich coincidieron en la Königliche Gesellschaft der Wissenschaften (Real Sociedad de Ciencias de Gotinga) en su juventud y ambos colaboraron con sus respectivas publicaciones en el  journal de revisión y literatura Göttingische Gelehrte Anzeigen. Cierto que rivalizaban pero manteniendo un trato cordial pues los dos muchachos eran tan brillantes que se respetaban mutuamente. Sin embargo, todo cambió cuando Albrecht comenzó a destacar también como deportista. En contraste con Friedrich que estaba exento de cualquier actividad gimnástica por adolecer de una "grave afección nerviosa". Por eso los dos jóvenes se fueran distanciando. Albrecht era bueno al rugby que se practicaba en la academia en honor a su fundador, el rey Jorge II de Gran Bretaña, a la sazón, duque de Brunswick-Lüneburg y Gus quedó atrás. Ese pudo ser el detonante... De ahí, que su periplo en Gotinga no hizo sino acentuar su relación de amor-odio con Inglaterra. 

Por instinto, levanto la mirada, observo a mi adversario de pies a cabeza y constato el cristal ahumado de sus gafas. A decir por el tamaño del ojo nada distorsionado, no es miope. Me percato de un leve parálisis en el lado izquierdo de su cara así como de cierta torpeza en el modo en que agarra el cigarro entre sus dedos... Por supuesto, síntomas casi imperceptibles pero definitorios de una enfermedad neurológica crónica. Y luego está el frasquito de sales con la etiqueta del Dr.Locock's que, según consta, contiene Potassium Bromide y cuenta con el sello del hospital Queen Victoria. Asoma del bolsillo interior de su chaqueta y lo saca para ingierir una determinada dosis cada dos horas estrictas. Según él, para mentolar el aliento... Y con lo atento que es, no me ha ofrecido ninguna. Aún hay más sobre el buen doctor. Tras la publicación en The Lancet  le ha sido recientemente otorgado por la corona el título de primer baronet, es tema candente en la sala de fumadores de los Gentlemen's del West Side. Una decisión monárquica de lo más aplaudida pues Sir Locok es un médico reputado al haber hallado un tratamiento a base de bromuro de potasio para tratar la epilepsia. 

¡Y ahí es donde encajan las gafas ahumadas! Por supuesto, Friedrich sufre de hipersensibilidad lumínica o fotosensibilidad desde niño. La luz le provoca crisis visuoinducidas de episodios epilépticos. De verse expuesto a la intensidad de los fotones, su cuerpo deriva irremediablemente en fuertes convulsiones. Y siguen las coincidencias: En suma, también le afecta neurológicamente la estricta forma geométrica de los objetos. Por eso los marcos carecen de esquinas... De pronto, todo cobra sentido. Así es, Friedrich compartía dolencia con Gus. Friedrich también estaba internado en el sanatorio de Gus, no era un visitante sino un interno. Y juntos soñaban con un mundo luminiscente... ¡Ahora sí! Lo tengo. 

En tanto desentraño la mente del homicida, tengo la sensación de estar desenmarañando un nudo mucho más complejo, por fin comprendo a mi amigo Gus y me siento mejor conmigo mismo. Mientras El Magister, consciente de mi repentina euforia ríe confiado en la excelente marcha de la partida. 

- ¿A qué tanto júbilo, Graham? Si tu última jugada no encierra peligro alguno - Ante cuya observación no puedo sino encogerme de hombros y ensombrecer, esto se pone feo. 
- "Salamandras, serpientes, gusanos y demás alimañas carroñeras, salid de vuestros escondrijos. Ya no os arrastraréis más. ¡Alzaos!" - desliza un alfil con forma de boa constritor y, de inmediato, tiemblan los túneles subterráneos. 
- Denotas tan poca clase, Graham... ¡Qué caballero se encumbraría bajo un ejército de escoria! - intento mostrar aplomo con un triste recurso desesperado de minusvalorar a mi oponente y El Magister se hace eco de mi flaqueza.
-"Ktêma es aeí". Uséase: "Un logro para la eternidad" - clama complacido las palabras de Tucidides, 

Se remite a los textos clásicos del primer historiador científico y cree que eso le honra. Pobre diablo... Ante mi altiva mirada, noto cómo se sonroja. 

- En efecto, Ktêma es aeí- confirmo su máxima y El Magister se siente adulado sin apreciar mi tono socarrón... 

Huelga decir que Tucídides se limitó a escribir la Historia de la Guerra del Poloponeso entre Atenas y Esparta sin pisar en veintisiete largos años el campo de batalla... El mundo está lleno de petulantes sin agallas. 

- "Grande" no significa necesariamente μεγάλος (mégalos)... - Fergus me mira atónito consciente de que se le escapa algo.

En efecto, no es lo mismo grandilocuencia que grandeza. El Magister es pura fachada. Le falta confianza, le sobra entusiasmo. Por fin me despojo de mis complejos, con ojos de espartano le miro. Y héte aquí que ahora sólo veo a un cobarde... Conforme Grecia se mancha, Esparta revive. 



De 

* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.

6 comentarios:

  1. Hola, Mere... Buen intento el de Graham, pero El Magister se ha dado cuenta de que intentaba desconectar un reloj que, según él, soportaría una hecatombe
    Retoman la partida... siempre me ha gustado el ajedrez, te aseguro que, cuando vuelva a jugar una partida, recordaré esta novela ;-)
    Solo el rey tiene forma humana... y Graham, obrando con valentía e inteligencia, dirige a sus amigos hacia el joyero y su entorno
    Menos mal que ha cambiado a la reina por el caballo... y el movimiento del alfil... horror
    Fergus lleva años ensayando esta partida, piensa que la va a ganar
    Pero Graham se está fijando minuciosamente en cada detalle... y, en los pequeños detalles, se esconden las grandes verdades
    Graham se ha dado cuenta de que Fergus parece emular a alguien, incluso quizás quiere superar a quien imita
    Albrecht destacó en el deporte... Friedrich no pudo llegar ahí... ambos se respetaban aunque rivalizasen... pero tal vez, por el deporte, se abrió una brecha
    Graham ya sabe algo más... Fergus padece epilepsia
    Me parece que esta partida tan bien ensayada ya no tiene tan claro ganador
    Sí, empiezo a ver que Graham puede ganar... y yo le animo a ello ;-)
    Me ha encantado, Mere... Definitivamente, eres genial
    Besos

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    1. Hola, Mela. Graham va buscando fisuras, por ahora, sin éxito.
      Yo confieso: mi hijo Manuel es mi adversario ajedrecista y jugamos con fichas de superhéroes. Él va con Batman y yo con Superman, Gotham contra Metrópolis... Una verdadera contienda ;)
      Sí, Graham ha dado con el joyero y creo que recabar datos sobre El Magister le va a conducir a sus debilidades. Justo, "en los pequeños detalles se esconden las grandes verdades"... Una frase redonda, Mela, lo has clavado.
      Con la reina se habría precipitado todo poniendo fin demasiado pronto a la diversión, pero ahí sigue, al acecho...
      Gus, el pintor Gaspar David Freidrich, Albretch... Graham no es auténtico, ensalza a unos y a otros como si fueran dioses.
      Albercht y Friedich tenían una relación amistosa basada en el mutuo respeto hasta que el segundo la enturbió movido por la envidia y los celos.
      Graham padece epilepsia y por eso desea un mundo luminiscente que brille en la oscuridad donde pueda mirar desprovisto de filtros solares sin sufrir convulsiones.
      Gracias, Mela, aún quedan la acción final y estoy temblando de miedo no tanto por el eclipse como por salir del brete... ¡A ver qué sale! Así es, la victoria aún está en el aire. Graham está siendo comedido, meticuloso. Y con la ayuda de sus amigos, podrían cambiar las tornas... Allá voy, crucemos los dedos ;)
      Un beso.

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  2. Me ha encantado cómo Graham ha ido deduciendo a través de las gafas ahumadas, el frasquito de sales...Inesperado sí que es descubrir que el Magister padece crisis epilépticas con la luz y que le transtornan las figuras geométricas, pero entonces ¿el tablero de ajedrez también tiene las esquinas curvas? "que le corten la cabeza" menos mal que Fergus no movió la reina de corazones, digo la Reina leona! Su sueño de vivir en un mundo luminiscente quizá sólo se quede en eso...un sueño, o un cuadro muy real sólo a su vista. Graham es muy observador (elemental!) y seguro que pronto, con ayuda de sus amigos, en su mente sí que se hace la luz para resolverlo todo. Se me ocurre que a lo mejor Friedrich (con sus temores y dudas) sólo es una pieza más en el tablero y en realidad está movido por los intereses de otro¿? de más arriba...
    Genial capítulo! cuántas cosas insólitas estás desvelando, como la composición de ese reloj tan especial. Guardatiempos, qué palabra tan bonita! ojalá el tiempo se pudiera guardar de verdad y que no escapara misteriosamente y sin darnos cuenta.
    Besos!!

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    1. Hola, María Esther. Sí, me ha gustado describir a El Magister con detalle. Ya tuvo un ataque el día de la visita de Anya pero, en esta ocasión, es cuando se cerciora Graham y nosotros con él.
      Tienes razón, el tablero de ajedrez tiene que tener las esquinas redondeadas, ahora lo arreglo. Gracias por la aportación.
      Sí, el cuadro se corresponde con su sueño, ojalá nunca sea un paisaje realista.
      Estoy contigo, Mª Esther, "guardatiempos" es un término maravilloso repleto de matices. ¡Quién lo pillara!
      Hasta pronto (si el mundo sigue en pie ;) Besos.

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    2. Así ha quedado el párrafo reformado del capítulo 17: "Sobre la mesa, Chong deposita un peculiar tablero de cuadrícula bicolor con los ángulos contorneados en nácar y ébano debido a un antojo de la casa de Saboya en el Principado del Piamonte por, elegantemente, suavizar las esquinas. Curvas en vez de abruptos, ondas libianas de confección exquisita. Da miedo acariciarlo pues es una reliquia, también porque sobre él están dispuestas cuatro filas de fichas de márfil, dotadas con la morfología propia de insectos y otras criaturas épicas diurnas y nocturnas." Espero que te guste. Bss.

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    3. Gracias, pero vamos que también me gustaba antes!
      No te lo he preguntado por corregir, ni mucho menos; simplemente por si se me había pasado alguna de tus pistas...
      Muchos besos!!

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