sábado, 20 de mayo de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 19. "El arcoiris negro".

«LUMINESCENZA» 
Cap 19. "El arcoiris negro". 
Pyrodinium 






     ""El mejor fuego no es el que se enciende rápidamente".

                                                                                          George Eliot.                     
                  
              







Cap 19. El arcoiris negro.


Me intereso por el joven rubio del retrato, le pregunto por qué está de espaldas y de repente, mi interlocutor se siente incómodo. E insisto, sé que le he dado de lleno y se resquebraja. Claro que, honestamente, no es del todo mérito mío. Fergus tiene más grietas que un triste plato de terracota de la flamante dinastía Song. 

- ¿Entonces es Gus? ¿O acaso se trata de Albrecht? - Friedrich se encoge como un ovillo. 
- Juguemos a imaginar su expresión... ¿Ríe? ¿Llora? - ahora se bambolea de atrás a delante, acunándose, con los codos plegados a ambos lado de la cara y las palmas para adentro cubriéndole los oídos. 
- De verte aquí y ahora. ¿Qué te diría? Supongamos que se da la vuelta... - se quita el guante, le acaricia el pelo olor a trementina. Y ahí esta, sobre su dedo anular. ¡El anillo de Gus! No hay tiempo para reproches, sale corriendo y le sigo. 
- Sea quien sea, no lo aprobaría - afilo mi lengua despiadada.  
- ¡Te equivocas! - le altero más de lo que cabía esperar y satisfecho, opto por ahondar en la herida. 
- Y dada tu reacción, me atrevería a afirmar que es alguien que te importa de verdad... - Y mucho me temo que, si alguna vez le defraudaste, no es así como recuperarás su respeto... 
- ¡Calla de una vez o prescindiré de ti! Mira que en mi mundo luminiscente, solo me sirves como ornamento...

Ahora estamos en una sala contigua de forma ovalada, inhóspita y vacía, salvo por los retratos que se suceden en la habitación. Todos, del envés. Bailarinas de Degás con el pelo recogido en un moño, bocetos a carboncillo de mujeres sin nombre con la nuca desnuda obra del joven Hammershoi, La escena doméstica del pintor escocés William Quiller Orchadson bajo el título“La primera nube”.  La "Alegoría del arte de la pintura" de Veermer donde un pintor, ajeno al observador, se centra en la modelo y en su caballete.  Y entre ellos, un montón de cuadros del teutón Gaspar David Friedich. Siluetas de hombres y mujeres al trasluz. Sombras sin rasgos, simples contornos, dándonos deliberadamente la espalda en medio de un paisaje debastado de invierno hostil y arco irís negro entre nubes iridiscentes.   

- ¡Por todos los santos, Fergus! Qué sensación de desdén... ¡Ni que fueras masoquista! ¿Representan gente que te falló? ¿Se olvidaron de ti? ¿Te dieron de lado? 
- Solo temporalmente - agarra un cuadro del pintor romántico alemán que inmortaliza el dorso de una mujer con la tez oculta hacia el horizonte. 
- ¡Menuda majadería! - exclamo sin pensar y le hiero en su amor propio, justo cuando menos lo pretendía.  - ¿Seguro? - gira el marco sobre sí mismo y rotándolo, le da la vuelta - ¿Acaso no existe la cara oculta de la luna? - de nuevo, esa estrecha relación con los astros tan presente, que responde a todas sus angustias interiores mientras yo me quedo sin habla ante la extraordinaria visión que se me ofrece...    

Cuelga la pintura por el reverso y aparece la mujer en la misma posición, solo que ahora está de frente. Su rostro, ovalado y pálido, dibujando un gesto de total asombro. Y el cincel de sus pupilas dilatadas en plata enmarcadas en un gélido cielo verde-esmeralda... Presagia un mundo tornasolado que acongoja a quien lo vé. 

- Ese rostro presagia lo peor... ¿De veras eso es lo que quieres? - apelo a su sentido común. 
- Te empeñas en degradar todo mi esfuerzo, solo deseo un mundo a mi medida. 
- ¿Todo esto, por una mujer?  Fergus, recapacita. 
- No es solo por Brigitta - se pierde en los ojos de ella y esboza una sonrisa torcida -.Fueron muchos los que no repararon en mi potencial.  
- No despertarás sino odio y lo sabes. 
- Lo prefiero a su desdén, no hay puñal más ponzoñoso que la fría indiferencia. 
- Nadie canta las "hazañas" de un demente. 
- Y aún así, me recordarán por generaciones
- Generaciones de ratas, a lo sumo. Pues con semejante desastre natural, podría sucumbir nuestra especie. 
- No seas tan catastrofista, Graham. Por supuesto, sobrevivirán Los Elegidos. Y si te comportas, bien podrías ser uno de ellos. ¿Qué te parece? - De repente se muestra magnánimo y su falsedad no la tolero por más tiempo. 
- Siento declinar tan prometedora oferta pero tengo cita con mi sastre a las seis y la luz natural mengua a marchas forzadas...  - un leve saludo y de inmediato me doy la vuelta sin cortesía ninguna. 
-  No solo renuncias a mi trato de favor, también osas darme descaradamente la espalda... ¡Serás majadero! Ocurrirá según lo previsto, contigo o sin ti. Tú decides - tengo delante a un loco y no sé que contestar, de modo que prosigue -. Como ves, habrá un antes y un después. Y a partir del eclipse, ya nadie me dará la espalda 
- Un antes, un después. Sin reparar en el "durante" que aún no está escrito... Goliat, no te confíes. 
- Eso ha sonado a amenaza soterrada... ¿Acaso serás tú quién intente impedírmelo? ¡Mira como tiemblo! - y se ríe de su propia mímica, el pobre diablo resulta patético. 

Así que me minusvalora... Excelente. Fergus olvida que no hay enemigo pequeño, mejor así.  

- Si le encargaste una chaqueta de tweed, olvídalo. Mala elección. Razón de sobra para faltar a tu cita, Graham, créeme. Despilfarra tu dinero mejor en litros de alcohol. 
- Si es porque no se estila en París, descuida que no soy amigo de las modas pasajeras - intento salirme por la tangente pero no me deja opción. 
- Si te aconsejo algo así es movido por egoísmo, lo confieso. Tenemos pendiente un pequeño viaje. Y aún así, no es un argumento infundado pues augurio un invierno tenaz... En adelante, habrá que pernoctar bajo tierra y vestir con pieles. Dado tu débil carácter... Emborráchate, si lo prefieres. En cualquier caso, despídete de la primavera para los restos. 

De repente, suena la músiquilla del Big Ben. Muy cerca. Proviene del reloj de bolsillo sajón que de nuevo Fergus exhibe ostentoso como si se tratara de un juguete. 

- Acompáñame, Graham, por este atajo. He reservado para nosotros asientos en primera línea. Disculpa por lo tortuoso del camino, pero ya eres de confianza y los acontecimientos se precipitan. ¡Tenemos prisa! 

Caminamos por un pasadizo a un sótano húmedo y mohoso, por la proximidad del río, que nos conduce directamente a un hangar donde la fabulosa aeronave de El Magister está calentando motores. 

- Apéate, Chong, hoy pilotaré yo mismo. Y como ves, tampoco preciso de copiloto. Para  el compartir tan feliz acontecimiento, cuento con un invitado de excepción. - Chong se muestra uraño tanto por no volar a la vera de su general en el momento culmen como por haber sido reemplazado en su puesto de honor por un b presuntuoso como yo. 
- Pero señor... 
- Basta, Chong. Deja de lloriquear y no-me-re-pli-ques. Atente a las órdenes, abandona el Apparatus ipso facto y desaparece de mi vista. Te necesito al mando de la base, no seas crío. Y vigila bien. Cada tunel, turbina o pasillo. Puede que tengamos visita, recíbelos como se merecen y hazles los honores... - Fergus me mira de soslayo, intuye que mis amigos maquinan algo y me temo que no se equivoca. 

Chong me fulmina con sus ojos rasgados de tigre y se aleja, cabizbajo, dispuesto a custodiar el perímetro. Comprendo que me odie, él es su mano derecha y llegado el gran momento me elige a mi como sola compañía. Él y yo, solos, suspendidos en el aire cianótico. Mientras a Chong le reconcome la rabia...  Debería complacerme pero no es así ni por asomo. 

Y es que la acción se desarrollará aquí, abajo. De partir con él, seré un mero espectador y encerrado en la aeronave me tendrá a sus expensas. Con exquisitas maneras y menciones sibilinas, me está alejando del meollo y no puedo hacer nada al respecto. Y lo que es peor... Si bien mis amigos están al corriente de nuestra partida, desconocen sus planes defensivos ultimados a última hora por culpa del estruendo de las hélices. Vendrán en cuanto alcemos el vuelo, acudirán confiados creyendo que apenas quedará Anathole al cuidado de la máquina quien colaborará con que le presionemos un poco.  Pero si Chong se queda en tierra, está alerta, intercepta su incrusión, da la señal de alarma, reagrupa a sus esbirros, organiza el contraofensiva, les ordena que tiren a matar... La pelea está servida. Caerán en una escaramuza, no tendrán escapatoria. Y caerán, antes de ni siquiera avistar el objetivo. A menos que... 

...A menos que les ponga sobre aviso. En cuanto accedamos al interior del Apparatus Volant se hará el silencio. Será entonces que, entre adulaciones, intentaré derivar la conversación hacia Chong y sus secuaces, precisar su número, capacidad, armamento y ubicación... Eso les conferirá cierta ventaja. 

Durante el curso de la partida de ajedrez, retrasaré la salida de las bestias todo lo posible, pero de un tiempo a esta parte, noto que mi influencia caduca, a El Magister comienzo a cansarle. Conforme oscurezca y se presenten otros divertimentos, perderá el interés por mi y no me permirá hostigarle por mucho más tiempo. Ahora me doy cuenta, no soy más que un prisionero de lujo de quien mofarse y ante quien alardear, como el extraviado mercader inglés en la corte del gran Genghis Khan. 

A partir de ahí, mal que me pese, habré de renunciar al liderazgo y dejarlo todo en manos de Ahwar, Chester y La Jadarita. Definitivamente, más nobles que yo. Cautos e inteligentes, mentes peculiares de extraordinaria valía. Solo espero que esa amalgama de conocimientos variopintos que alguna vez absorvieron unos y otros de tierras remotas, experimentos sulfurosos y libros descatalogados, les permita idear en común un ataque galopante y sorpresivo, inusual y temerario. Brillante en exceso, por encima de mis delirios. Radicalmente estúpido, absurdo hasta la osadía. Y por ende, el mejor de todos.  

Solo así tendremos una posibilidad entre mil, los mil segundos que dure eclipse y ni uno más porque el tiempo se agota. ¿Y después? Después, el fin del día o de la noche. Puede que el sol prodigiosamente desaparezca para no volver. Ya detecto ese olor fangoso y metálico, el cián se está fraguando en alguna parte. La hora de la verdad: Muerte o Vida a la Luminiscenza. Y en cuanto al arcoiris, muta. Sus haces se solapan y entrelazan como cintas del Beltane en una danza celta. La conversión ha empezado y me siento tan pequeño... Hola o adiós al portal colorido, tal y como lo conocemos. 

A


De 


* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.

4 comentarios:

  1. Hola, Mere... "El arcoíris negro"... un título impresionante
    Por momentos veo resquebrajarse a El Magister, romperse... pero, desgraciadamente, pronto se recompone
    Graham sabe como alterarlo... por ejemplo, cuando le habla sobre el joven rubio del retrato... sabe herirlo, pero ignora como matarlo
    Me ha sorprendido que todos los cuadros le den la espalda... porque tengo claro que Fergus no soporta que le ignoren... prefiere el odio a la indiferencia
    Quiere ser recordado por generaciones... no soporta el olvido
    "Sobrevivirán Los Elegidos", y Graham parece uno de ellos
    El Magister no es tonto... sabe que los amigos de Graham maquinan algo
    Y Ahwar, Chester, Anya y su fabulosa Jadarita, no se van a encontrar solo con Anathole... También va a estar Chong, y a Chong lo veo muy fiel a El Magister... a pesar de que creo que no le ha gustado nada tener que apearse de la extraordinaria aeronave
    ¿Qué puedo decirte? Que está realmente interesante, que esto está al rojo vivo... que siento el vértigo, la adrenalina, que anteceden a un final apoteósico que ya comienzo a ver asomar
    Besos

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    1. Hola, Mela. Un arcoiris negro impactaría, ¿verdad que sí? Solo espero no tener la ocasión verlo jamás.
      El Magister es débil y voluble y está deseoso de impresionar al mundo, empezando por el propio Graham. Así es, Graham le hiere una y otra vez en su amor propio pero no sé si actúa inteligentemente pues un animal herido es aún más peligroso.
      Y, en efecto, sabe que Graham no está solo, que es el encargado de una maniobra de distracción mientras los demás actúan desde la retaguardia. Si bien, está tranquilo pues confía en la habilidad de Chong, su brazo ejecutor. Claro que acaba de desairarle y si la lealtad no es recíproca...

      Gracias, Mela, intentaré culminar la historia con un gran desenlace. Pero relatar escenas de acción no es muy fuerte... Aún así, iré a por todas y si es preciso, habrá que reinventarse :) !Último round!
      Un besazo.

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  2. Es interesante ver cómo a través de Graham nos descubres los miedos y ansias del Magister. Ojalá no haya un "después" sin primavera ni luz del día y que el grupo dé con un plan magnífico para salvar la situación de la catástrofe mundial que se avecina!
    El desenlace sorpresivo que nos tendrás preparado me tiene sobre ascuas, es una novela fantástica que me está gustando muchísimo leer.
    Besos, artista!!

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    1. Hola, María Esther. Graham sigue indagando, más que un detective hace las veces de mosca cojonera. Del estilo de Colombo. ¿Te acuerdas? Machacón hasta lo insoportable :) Intentaremos que perviva el sol y con él, la primavera. Pero no será fácil, pues Fergus ha planeado la debacle durante años y los Lackintonians actúan un poco a ciegas.
      Pues sí, el viernes que viene será la Lucha Final y tendremos un ganador...
      Eso, eso, fantasía a raudales. Aquí sigo, con mucha ilusión. Y llegados a este punto, de cabeza a por el desenlace. Besos.

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