viernes, 26 de mayo de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 20. "Al calor del jador".

«LUMINESCENZA» 
Cap 20. "Al calor del jador".
Eritque arcus...






     "Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte".

                                                                                          Graham Greene.                     
                  
              







Cap 20. Al calor del jador.  



- Cuatro, tres, dos, uno, cero. Atención, sala de máquinas. Activen los sensores - nos llega el runrún ensordecedor de las turbinas que, bajo el control de Anathole, se intensifica por momentos. 

Mientras Fergus anda atareado conectando con la base, yo me concentro en detallar mentalmente la incursión de Los Lackingtonians por las calles de Londres a través de la audición que me llega por los gemelos. Anya y Ahwar cuchichean. Un chirrido... El omnibus se detiene en seco. Se hallan en la boca de un conducto pues rebota el eco de sus voces.  Pisadas. Primero suaves, luego más sonoras. Alguien cojea. Retumba el suelo... Todo indica que se internan en los túneles y mucho me temo que el vejestorio de Wells va con ellos. 

Simultáneamente, Fergus murmura algo en tono pretencioso, que harto de sus continuas  bravuconadas decido ignorar y sigo a lo mío. 

- Mmmmmm, huele a panecillos de centeno. Sin duda, los mejores de todo Brixton - Comenta Chester a su paso por los sótanos de la Post Office, reconoce el aroma de la panadería contigua. 

¡Los he localizado! El grupo se dispone a atravesar la entrada secreta del Pneumatic Railway al que se accede por el número 76 de Landor Road y circunvala todo el Battersea subterráneo. Caminan despacio. Tosen. Por un momento lo atribuyo al edor de las cloacas... Pero no tiene sentido, se trata de un pasadizo habilitado para transportar bajo tierra las sacas de correo de aspecto impoluto y recién estrenado. Vaya, un pequeño traspiés, pero rectifico en mis cábalas y sigo atando cabos. Ahora sí, por pura lógica, deduzco que en aquel laberinto optan para orientarse mediante a un extraño parámetro. Saben por el testimonio de Anya que este es un lugar gélido. Y en consecuencia, deciden avanzar hacia el frío. 

- ¡Correcto! - me pregunto si acabo de proferir mi exclamación en voz alta pues Fergus me mira perplejo con su rostro más condescendiente que de costumbre, hasta ahora reservado al bueno de Anathole... Cómo me pille por bocazas... Menudo desatino.  
- De modo que cuento con tu beneplácito, Graham. Frencamente, me sorprende tu conformidad. Y aún así, créeme que lo celebro.
- ¿Cómo? - Confirmado, compartí, por error, mis pensamientos con Fergus. Y fuera de contexto, ese "correcto" es interpretado por mi rival como un conato de admiración que no siento ni remotamente. 
No te atormentes, Graham. Si asientes cuando me autoproclame Señor de la Noche, tranquilo, eso no te dejará en mal lugar. No habrá en ti nada reprochable, amigo, he creado algo sublime y solo te rindes ante la evidencia. Gracias al campo magnético, mi aurora boreal emergerá demasiado hermosa como para permitir que se extinga. Pero no te apures, amigo, no te privaré de tan grata visión.  Una vez la aurora borealis alcance su máxima plenitud la perpetuaré para tí, considérala un regalo. Imagínate despertar bajo este cosmos estremecedor cada mañana... Mira, ya repunta. Tal como predijo Anathole, luce un arco de luz verde en el cielo del norte. Observa el primer indicio... Y por lo que más quieras... ¡Abotónate! Muy pronto, nos sumergeremos para siempre en el plácido invierno. 

- Aeronave a base. Aumenten el nivel hasta alcanzar el estado de Colapsio - el borde inferior del arco luminoso artificial se hace más fino, adquiere un llamativo brillo azulado y se desplaza con rapidez hacia el sur.
- Incide sobre el sector un haz de radiación Gamma. ¡Ya! - a raíz de la reciente maniobra, el arco inicial se descompone en rayos paralelos que se extienden hacia arriba, y de desliza de este a oeste.

Simultáneamente, los intrusos avanzan por los conductos subterráneos hasta llegar a un pasillo colindante con los laboratorios de la PowerSea Station. <ul><li> Humo. Chispas. Las bálbulas ebullen... </li></ul>

- Colocaos las máscaras de gas - para mi sorpresa, se trata del anciano Wells quien a pesar de sus achaques ha decidido unirse a la comitiva -. En cuanto estéis listos, Chester irrigará la zona.

<ul><li> Acto seguido, escucho un grifo que rocía algún líquido tóxico... ¿Qué pretenden? Me imagino a Chester encorbado cargando con un tanque con el que regar los bajos fondos, manguera en mano, tan feliz como si fertilizara unas petunias. </li></ul>

- Ya es suficiente, Chester. Ahora toca esperar a que el biocida entre en contacto con la humedad y haga su efecto - de nuevo, la voz de Wells que irradia una serenidad pasmosa. 

¡Pues claro! Ahora caigo. Teníamos un arma letal en la despensa de la mansión a la vista de todos: ¡Pastillas de fosfuro de aluminio! Para erradicar las polillas que por hidrólisis, se descomponen liberando hidrógeno fosforado tan letal como el azufre. Y de este modo, la fosfina en estado gaseoso accederá por todas las estancias subterráneas a través de los conductos de ventilación hasta los puestos de control y los invernaderos produciendo, al inhalar, un efecto pancitotóxico generalizado por fosforilación oxidativa. Y todo esto... ¿Se le ha ocurrido a Wells? ¡Sin formación científica! Claro que tiene sentido, sin duda se inspiró en aquel accidente doméstico por inhalación que ocurriera otro ora en las bodegas del vecindario. 

- ¡El aire pica! ¿Qué sucede? - un soldado da la voz de alarma - pero ya es tarde, el olor a amoniaco ya llega a cada rincón del búnker con los primeros efectos: irritación de la garganta, ardor en las vías respiratorias. 

Después, el veneno provocará espasmos, inmovilidad muscular, disfunción hepática y asfixia a cuantas criaturas lo inhalen. Se suceden vómitos, jadeos, arritmias, vahídos... Los hombres de Chong entran en coma, los animales vivos se desploman, no así los renacidos del inframundo que se mantienen en pie más alterados que de costumbre.

<ul><li> Anathole sigue en su puesto, Ahwar le provee de una máscara y a los demás escama tanta generosidad - confiad en mí, le necesitamos vivo. Entretanto, el Magister, ajeno al sabotaje en curso, prosigue dando órdenes cual jefe de pista circense del mayor espectáculo del mundo. ¡Más difícil todavía! <ul><li>

- Adelante, Anathole, optimiza el proceso. ¡Máximo voltaje! - y es así que el fenómeno cósmico cobra total intensidad -  Qué se haga el silencio de Dios y el vacío dé paso a la voz del diablo. 
- Así sea - contesta Anathole sin demasiada convicción. Creo que Ahwar tiene razón, está consternado y, a la hora de la verdad, se pondrá de nuestra parte. 

</li></ul><ul><li> En esta fase, la corona aural es absolutamente espectacular aunque se extinguirá de no insuflarle algún influjo sagrado. De ahí que El Magister coordinara sus tiempos y el zenit de la aurora se sincronice a la perfección con el eclipse. 

Oigo botas a la carrera, los intrusos llegan hasta el sofisticado artilugio de Anathole y el inventor no opone resistencia. <ul><li></li></ul>

- No hay tiempo para saludos, Chester, ni tampoco los merezco. Ayudadme a acabar con esta locura de una vez por todas. En cuestión de segundos, la aeronave pasará por el foco de la aurora borealis y justo entonces, señorita, le suplico baje aquella palanca - Ahwar asiente.
- No te preocupes, estamos solos. 
- Chester, cubre esa puerta. Chong es un viejo zorro, seguro que ha sobrevivido. Y en cuanto se percate de que la máquina sufre anomalías, se personará aquí dispuesto a matarnos a todos. 
- De acuerdo, Anathole, custodiaré la entrada - el timbre de Chester refleja que está pletórico, me lo figuro entusiasta a lo George Byron, solo que sin bigote, con sonrisa gatuna y anteojos. 
- Estamos de suerte, se han formado altocúmulos y la temperatura de sus gotas, aún estando bajo cero, no se han congelado. ¡Son las circunstancias óptimas! 
- ¿Óptimas para que nieve? 
- Para que acontezca un fenómeno atmosférico que, al menos, podría paliar la situación.

Y tras el paso de la aeronave de Fergus, las hélices han enfriado el aire tan rapidamente que dejan una cinta de cristales de hielo en su estela que lo que hará, a su vez, por efecto dominó, que las gotas circundantes se evaporen y se forme un agujero en el velo nuboso... Ahí lo tenéis. ¿No es hermoso? 


- Bellísimo - apunta Anya con la mirada extraviada en las alturas. 

- Desplaza la palanca. Por Hatchid. ¡Ahora! - Ahwar colabora y la máquina que propicia el campo mágnético se detiene ante lo que Chong aparece hecho una furia. 

- Actívala de nuevo, cerebrito. Ponla en marcha Y o le corto el cuello - Chong se dirige a Anathole mientras amenaza a Ahwar con una daga nipona. 


</li></ul><ul><li> De repente, Chester, se lía a balazos desde la esquina. No amenaza, tan solo dispara. No es momento para caballerosidades. Su puntería deja mucho que desear y aún así, consigue sembrar el pánico entre los presentes. El tiempo, por primera vez, juega a nuestro favor.  Sin magnetismo, el eclipse tiene los segundos contados. <ul><li></li></ul>


<ul><li> La corona comienza a fundirse transformándose en un abanico de luz espectral de miles de haces en cascada acompañados de rápidas pulsaciones. </li></ul>

<ul><li> Cuando la corona se desvanece, sobreviene una actividad auroral errática con el consiguiente despliegue aleatorio de franjas o puntos de luz como un loco espectáculo pirotécnico.  </li></ul> 

El Magister, desconcertado, se apresura iniciar el rito de las sombras que tantas veces ha ensayado. Desde la escotilla más alta, se alza cual sacerdote de Samarra sobre su zigurat proclamando al cielo palabras malditas. Y ralentiza de desintegración del cian. Las bestias infernales gruñen, gimen, graznan, maúllan en un lenguaje inexcrutable al igual que fatídico. 

<ul><li>Menos mal que Anya tiene una premonición y dirige la Jadarita de su anillo angular, a modo de reto, hacia el arcoiris negro sobre fondo esmeralda que luce miserable con permiso de la luna. </li></ul> Se produce un duelo lumínico entre fuerzas sobrenaturales y las partículas de hielo que propiciaron el agujero en la nube, gracias a la emisión del jador, una corriente blanca ardiente y, a la vez, tan nítida como el hielo que refracta el aire cián hasta alcanzar un espectro circular alrededor de lo que queda del sol. </li Se escapan mil destellos, brota un velo de arcoiris de fuego y con él, vuelve el crisol del día y se resquebraja la aurora polar... Amaneciendo tan rápido como en Marte o en Venus y se apresura de pronto la mañana. /ul>  

Chong empuja a Ahwar sobre Anya y ésta se tambalea. Chester dispara pero no le quedan balas. Wells debe de estar de pie+pues recita a Shakespeare; "Enrique IV" Parte 1. Acto 3. Escena 1. " Casi puedo, con los ojos cerrados y la mano en el pecho, ensalzando a Owain Glyndwr, último príncipe de gales nativo que se alzara contra la tiranía del rey inglés. Su héroe y el mío. 



«Cuando nací el cielo estaba cubierto de salvajes formas, de nubes ardientes y los fundamentos de la propia tierra temblaron como un hombre cobarde». 

Evoco nuestras lecturas de antaño. En concreto, ese párrafo con todos sus ideales de gloria y justicia, de cuando la misma vida tenía un propósito. De inmediato, comprendo que citando el tercer acto de la tragedia shakespiriana, Wells no se encomienda al cielo sino a mí. Desea que me convierta en él, solo por esta vez. Owain Glyndwr, señor de Glyndyfrdwy, el carismático guerrero que nunca fue capturado, desdeñó los perdones reales y jamás conoció la traición... ¡Zas! El filo de un cuchillo volando se detiene en seco, un golpe sordo. Le sigue un gemido resignado, plácido. Le suceden los Gritos de unos y otros, menos de Wells, que ya no declama a Shakespeare. Alguien arrastra algo pesado, quizás un cuerpo, posiblemente cadáver. Suspiros. ¿Wells ha caído? Me niego a aceptarlo... 

- ¡Basta ya, Fergus. ¡Acaba con esta barbarie! - El Magister me mira sorprendido, en verdad creía que a estas alturas le tenía por un dios magnánimo. 

Y por fin, reacciono. Por Wells, por Gus. Por lo que queda de mí sin corromper... Si Wells confíaba en mi, será que aún no me he podrido del todo. En medio del caos  me armo de valor y desde mi asiento de copiloto me incorporo inesperadamente para arrancarle a Fergus las gafas de sol de cuajo y las tirarlas por los aires. </li El Magister, cegado por el resplandor, le afecta la carga fotovoltaica provocándole las primeras convulsiones. Pierde el control de la aeronave y se ve abocado a un aterrizaje forzoso a la vez que su estado se empeora. Se pone rígido y con los ojos en blanco se muerde la lengua. /ul>

- ¡Nos estrellamos! - grito.
- Cállate, malnacido, eres el culpable de este desastre - balbucea.
- Concéntrate en manejar los mandos. Venga, estabiliza el aparato. Perdemos altura... Entramos en barrena... Vamos. ¡Haz algo!
- ¡Y eso qué importa ya! Yo te elegí y tú me has vendido - farfulla a duras penas, con tanta dificultad que casi no le entiendo.
- Esmérate, tomar tierra en estas condiciones requiere mucha pericia.
- Me traicionaste, Graham - se traba con su lengua de trapo - Pero no vivirás para saborear tu vict...
- Lo siento, Fergus. Hablas demasiado. Tanto, que me aburres... Mejor, me cambio de palco.


Honestamente, sí. Actúo de modo indecoroso, lo confieso. No concibo mayor falta de nobleza. ¡Dejar a un moribundo con la palabra en la boca! Bochornoso, impropio de un caballero. Entono el mea culpa. Y sin embargo, también sería una descortesía no utilizar el paracaídas que tan gentilmente me había cedido Chester tras rebuscar entre los chismes de Anathole con el loable propósito de salvarme la vida.  Y opto por saltar al vacío antes de que Fergus peine el Támesis y acaricie las torres de Battersea hasta atraque aparatosamente la nave sin mi frente la fábrica de porcelana china. 


A todo esto, Chong escucha el estruendo y, consciente de que El Magister ha fracasado, sale a la fuga por los intrincados pasillos. No sin antes hincarle la daga a Anathole en un salto ninja clamando venganza.

Ahwar le sostiene entre sus brazos cuando, sudoroso, le pregunta:


- Pronto estaré con Hatchid... ¿Me perdonará?
- Pues claro que sí, Anathole, te recibirá como si tal cosa - se apremia a contestar Ahwar, conmovida, el odio no ha podido con ella.
- Ya huele a sus cigarrillos turcos, esos tan intensos... -  El científicoaspira y tose, 
Chester ha encendido en su honor el último Kyriazi Frères que le queda. 
- ¿Y si las nubes no fueran más que humo?  - Anya fantasea. 
- Entonces, Pequeña, me aguardaría el mismísimo Paraíso. Como última voluntad, preciso de fósforos con extrema urgencia- aspira de nuevo y se atraganta con su propia sangre. 

Anathole calla y de su mano lánguida se le escurren todas las cerillas. 

           

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* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.

10 comentarios:

  1. ¡¡¡¡Ooooooooohhhhhhhh!!!!

    ¡Capitulazo!

    ¡Emoción y acción en estado puro!

    Ha estado increíble con excepción de las dos lamentables bajas.
    Wells y Anathole no lo han superado pero su muerte no ha sido en vano. Han evitado la destrucción de la raza humana y de nuestro planeta.
    Un movimiento perfecto cuando Graham le ha quitado las gafas a El Magister. ¡Jaque Mate!

    ¡Un aplauso, Mere!

    ¡Lo has bordado!

    Me ha encantado esta tarde de lectura sin interrupciones para poder disfrutarlo como se merece.

    Un abrazo

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    1. Gracias, Leo. Esta ha sido una escena intensa, desde luego. Era el fin de la cuenta atrás que nos trajo este desenlace.
      Wells y Anathole no han sobrevivido, lástima. Pero, desde luego ha sido por una buena causa. Es más, no imagino otra mejor.
      Así es, Graham ha estado inspirado con ese juego de manos. ¡Adiós a sus gafas oscuras! Por fin, ataca a El Magister y esta vez, lo hace a lo grande.
      Qué bien suena, Leo. Eso, eso, JAQUE MATE.
      Gracias por tus palabras, Leo. De verdad, lo aprecio un montón. Menudo maratón te has marcado, querida amiga. Te aseguro que esa lectura la he disfrutado contigo.
      Un beso

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    2. Gracias a ti por deleitarnos con tus historias. Consigues que nos sumerjamos en tus creaciones llenas de emoción, drama, misterio, amor... He releído este capítulo con más tensión si cabe. Y la verdad es que la palabra JAQUE MATE ha venido ideal :D ;)

      Nos vemos en el epílogo.

      Besos

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    3. Qué alegría me das, Leo. Llegados al desenlace, necesitaba saber si de verdad os ha gustado y compruebo que sí. Si emoción, drama, misterio y amor son los ingredientes del Luminiscóctel Molotov, entonces me siento satisfecha. Gracias, querida amiga, por esta aventura compartida.
      Un abrazo.

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  2. Qué momentos de tensión tan intensos!! leerte y estar ahí mismo como si los acompañara por los pasadizos o en la nave es todo uno ¡y es genial! sobre todo por el desenlace!!
    Ahora respiraré tranquila...
    Qué documentada estás y qué bien has atado todos los cabos ¡Te felicito!
    Muchos besos

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    1. Estabas ahí, doy fe. Creo, Mª Esther, que te has ganado el título de Lackingtonian a pulso. ¡Bien hecho!
      Respira, por favor, en un lugar aireado. No vaya a ser que te llegue el veneno... Ojito :)
      Bueno, eso intento. Mis lectores sois high level, os merecéis una historia requetebien hilada.
      Un beso

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  3. Pero qué tensión! Capitulazo el que te has marcado hasta el final. Me ha dado pena las muertes de Wells y Anathole. Pero era imposible que esta aventura terminara sin más bajas. Lo importante es que no han sido en vano.
    Besotes!!!

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    1. Así es, Margari, han pasado muchas cosas. ¡Y todas las que hemos evitado! La ecatombe estuvo muy cerca, suerte que la impedimos.
      Pero claro, me he visto obligada a cortar cabezas. Si quería que os pareciera El Magister un malo malísimo, tenía que dejar a su paso un muerto (o dos;)
      Y como bien dices, Margari, no han muerto para nada. Con su pequeña gran proeza serán nuestros héroes anónimos, como tantos, sin nombre ni medallas.
      Gracias, amiga mía. Un besazo.

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  4. Hola, Mere... Estoy contenta de estar aquí porque cuando una gran novela llega a su fin... hay que estar
    Te diré que has atado los cabos de maravilla... con nudos fuertes, recios... no se soltará ninguno
    Tenían un arma letal en la despensa de la mansión... y a Wells no le ha hecho falta formación científica para utilizarla muy bien... La Jadarita también ha ayudado
    El Magister no ha podido proclamarse "Señor de la Noche"... y no sabes cuánto me alegro
    Lamentablemente estaba Chong... y Chong era demasiado fiel a El Magister... lo siento mucho por Anathole, y por Wells
    No me ha sorprendido que Anathole les ayudara... intuía que lo haría
    Creo que a Graham también le ha dolido mucho la muerte de Wells... y es cuando le ha arrancado las gafas a Fergus
    Y bendito paracaídas
    Esta novela no era fácil de escribir, Mere... Mi admiración y respeto por lo bien que lo has hecho
    Tú sí que te has proclamado como una gran escritora... Felicidades
    Aplausos, y besos

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    1. Hola, Mela. ¡Qué alegría tenerte aquí! Me encanta terminar la novela contigo. Había que salvar el mundo de los delirios de un loco y con la ayuda de los Lackingtonians lo hemos conseguido. Pobres, no las tenían todas consigo. Y fue Wells quien, con la experiencia que da la edad, recordó un accidente doméstico atroz y emuló sus efectos. Sí, la Jadarita ha mitigado el ataque y es que aún tiene mucho que aprender, no es absolutamente consciente del alcance de sus poderes.
      Sí, Mela. ¡Qué alivio! El Magister ha fracasado y eso que estuvo apunto de salirse con la suya.
      Anathole y Wells han caído... Chong es un rufián sin escrúpulos, profesional y adiestrado. Naturalmente, no se rinde y es capaz de todo.
      Acertaste, presagiaste que Anathole entraría en razón. Con la muerte de Dreyfus, tomó la decisión y cumplió, no dejaría en la estacada a sus amigos.
      Graham está destrozado y se culpa de lo ocurrido. Cree que no solo falló a Gus, también a Wells. Y eso que el anciano le apoyó hasta su último día. Aunque creo que está siendo demasiado duro consigo mismo. Cierto, a veces no su trato no fue todo lo cordial que debería para con el mayordomo... Pero si al final reaccionó y se enfrentó a El Magister fue alentado por Wells recitando a Shakespeare. Justo cuando le ha arrancado las gafas a Fergus.
      Chester fue previsor, si Graham se dirigía amigable a la guarida de El Magister tenía que contar con todas las protecciones posibles.
      Y bueno, ya pasó, nos hemos salvado por los pelos. ¡Y salido del apuro.
      Gracias Mela, por cada palabra. Han sido un aliciente para mi, enorme. En un momento dado, la historia me abrumó y si recuperé la confianza es porque no estaba sola 👭. Un abrazo.

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