sábado, 22 de octubre de 2016

«LUMINESCENZA» Cap 1: "El Noveno Cielo".





«LUMINESCENZA» Prólogo. 
Regina lucem...












El movimiento de las olas,
dia y noche viene del mar,
tú ves las olas, pero, qué extraño...
No ves el mar.

Noche y día el Mar tiene espuma.
Ves la superficie espumosa, pero no el Mar.

Estamos chocando unos con otros como barcos:
nuestros ojos están a oscuras, aunque el agua esté clara.
Dormidos en el bote del cuerpo, flotamos
ajenos al Agua del agua.

El agua tiene un Agua que la conduce;
el espíritu tiene un Espíritu que lo llama.


                                                                                  ~ Yalal ad-Din Muhammad Rumi ~              Poeta sufi.           














Cap 1.  El Noveno Cielo



Indagué, soborné, vendí mi alma para dar con aquel pujante misterioso, uséase mi nuevo mejor amigo que con su audacia y determinación había disparado mis aletargados niveles de adrenalina y quisiera o no, había suscitado mi apetito. Con tal de incorporarme al juego soporté conversaciones retóricas con los señores de la banca, hasta me vi obligado a adquirir un horrible jarrón chino de la dinastía Chou (en francés, determinada hortaliza) para congraciarme con la casa de subastas y como si de una broma del destino de tratase, nada más comprar aquella vasija tuve que deshacerme de ella pues estaba policromada en un amarillo desvahído y para más inri, tenía forma de col... Solo de verlo, la úlcera del estómago me producía ardor. 

Menos mal que al cabo de tres meses obtuve mi recompensa, por fin se me proporcionó un nombre: Hadchit Pamuk. Mi hombre misterioso era un comerciante libanés residente en el Soho. Al parecer, procedía de una legendaria familia de mercaderes proveedora habitual de alfombras persas para cotos de caza y colaboradora textil del padre del Arts & Crafts, naturalmente hablo de William Morris. William y yo no éramos precisamente íntimos, por suerte para él nos movíamos en muy diversos círculos, el suyo bohemio, el mío bastante más frívolo. El arte era una de mis grandes pasiones pero era la pintura mi debilidad y William Turner, mi ojito derecho. Nunca me escondí, lo manifestaba abiertamente: no encontraba los alicatados artesanales de Morris dignos de un artista, más al contrario los consideraba obra de un fontanero. Lo que no ayudó, por descontado, a tejer entre nosotros una relación de confianza. Y por lo visto, la indiferencia era mutua. Cuando coincidíamos, nos comportábamos como dos cordiales extraños. 

Aún así teníamos amigos comunes merced a las paradojas existenciales de nuestro bullicioso Londres y entre aquellas amistades destacaba por su lealtad y savoir vivre el bueno de John Ruskin. Conversé con el gran mecenas y tan generoso como siempre, accedió a propiciar mi encuentro "casual" con Mr.Pamuk en terreno neutral, la casa de campo de William conocida como Kelmscott Manor. 

Dos semanas antes, ya estaba todo dispuesto, me transladaría hasta Lechlade en ferrocarril donde me recogería una calesa que, a la sazón, compartiría con un caballero impecable de acento peculiar y tez aceituna. El plan funcionó a la perfección. De inmediato, Simbad y myself congeniamos, coincidíamos en multitud de facetas salvo en en lo referente al té de la tarde. Él mismo me confesó su inocente adicción al té turco por cuyo aroma sentía un pudor reverencial. Era un hombre de una vitalidad exultante que con igual recitaba el shahit como describía el comportamiento de un lagarto del desierto. Le delataba esa apasionada mirada, sus ojos negros lo escrutaban todo. De curiosidad insaciable y sensibilidad exquisita era como un pequeño rajá tan cerca de la ciudad y a la vez tan lejos. 

Durante los meses siguientes nos carteamos, vimos juntos en el Covent Garden Theatre "Nuestro primo americano", una comedia de Tom Taylor. Pescamos salmones en el estuario de Gravesend, nos bañamos en Hamstead Head, paseamos por High Park reparando en las ardillas. Y fue allí, en medio de un improvisado picnic que me dí cuenta. Compartimos una manta, brindamos con velas. Ahí estaba Hadchit, exultante, cada día se engalaba más y lo hacía para mí. Evidentemente, confundió mis intenciones. Debí de enviar algún mensaje contradictorio... O no. Me gusta la ambiguedad, soy un Dorian Grey emcamtador consciente de mi atractivo que derrocho en grandes dosis. Por supuesto, jamás escatimo. Para seducir a mi presa, no reparo en artimañas, sea grulla o ratoncito. Me considero una especie de mago, pues despierto criaturas dormidas. Desde mi óptica, no es sino un acto de bondad. Pero claro, no todos piensan lo mismo. 

Tres días después por fin me invitaba a Gerrard Street, 14, una casita aristócrata coqueta en tiempos del rey Guillermo, ahora un tanto descuidada pero aún rezumaba cierto abolengo. Toqué la campanilla y el mayordomo asiático me hizo pasar. 

- Adelante, acomódese en el salón. El señor bajará enseguida. La doncella le servirá un jerez, así le será más grata la espera. 

Entretanto, me entretuve pensando por qué aquel hombrecillo asiático me resultaba tan familiar. Reconocer caras, uno de mis juegos favoritos. Jugaba a menudo, cuando en un antro de los míos me chocaba con algún caballero con una reputación que mantener... Entonces disfrutaba de lo lindo regalando un saludo cordial. 

- Buenas noches, Lord Wallace. Recuerdos a Lady Wendolline, seguro ya está durmiendo a estas horas como un angelito... 

En efecto, les hacía sentir incómodos. ¿Una torpeza por mi parte? Diría que no, más bien un simple entretenimiento. Pero en el enigma del mayordomo duró poco la diversión. Pues apenas entrar, toda una suerte de objetos inusuales captaron mi interés al momento postergando provisionalmente mis cavilaciones. Hasta que se personó la doncella con el vino y el misterio se desvaneció...A ella también la conocía. Mi memoria juguetona la relacionaba con un pañuelo... Por fin caí en la cuenta, se trataba de

la mujer del foular amarillo. De inmediato dudé de Pamuk quien de repente apareció ante mis ojos como un ser de lo más retorcido. Entonces... ¿Esa subasta no fue más que una farsa? Al reconocer a sus cómplices en Christie`s, le admiré y detesté por igual. Le dí la razón al coronel, también al socarrón de Mr.Durham. Los daguerrotipos no eran sino un pretexto para llamar la atención de la aristocracia y yo había picado el anzuelo. De ser así, estaba perdiendo el tiempo... No, me negaba a creerlo. De Hadchit me esperaba algo más, un motivo más sublime. 

Cuando Hadchit se presentó en el salón con esa sonrisa de adolescente no daba crédito, no podía ser que aquel alma cándida hubiera ideado un plan tan sutil y complejo. Me condujo a su estudio, sobre un montón de carpetas catalogadas por letras de dos alfabetos distintos, descansaba una paloma de madera, Hadchit no tuvo más que sujetarla entre sus manos, soplar y el ave alzó el vuelo. 

- Que maravilla de artefacto, Hadchit, es un pájaro autómata. 
- Quería enseñártelo porque así es como soy, un soñador incurable. 
- Definitivamente, amigo mío, no dejas de sorprenderme - entre entusiasta y resentido respondi con cierta ironía. - Dime, ¿dónde la conseguiste? 
- La construyó un artesano anatol a partir de los planos de Arquitas de Tarento. La talló en madera de fresno, de ahí ese tono cremoso con vetas agrisadas. 
- ¿Y cómo consigue volar? 
- El mecanismo es muy arcaico y sencillo, la figura es hueca y se mantiene suspendida merced al aire que guarda dentro del armazón. 
- Magnífico. 

Sutilmente, le pregunté por los daguerrotipos y uno a uno, Hadchit me fue haciendo partícipe de todos sus tesoros. Su despacho era un gabinete de curiosidades orientales y al parecer todas ellas obedecían a una misma pasión, la búsqueda del paraíso. Me mostró su clepsidra, un reloj astronómico de agua que estudia la edad de las estrellas. Puso en mis manos un Corán azul de pergamino teñido de índigo escrito en oro durante la gloria de Bizancio. También poseía un Khamsa del poeta hindú Amir Khusrau Dihlavi así como una valiosa colección de masnavis persas. Manipulamos con sumo cuidado "El jardín amurallado de la verdad" del poeta Hakim Sanai, luego leímos fragmentos de "El lenguaje de las aves" de Farid al Din Attar para detener los guantes de seda en los secretos de "El Matnavi de los nueve cielos" del místico Amir Khusrow, discípulo de Nizamuddin Auliya de Delhi y padre del Qqwaii sufí y su música devota y fue cuando me explicó excitado y con los ojos vidriosos que existen Nueve Cielos accesibles no ajenos a este mundo, que El Noveno es el المملكة الضوءen árabe Almamlakat Alddaw o Reino de la luz, también conocida por la alquimia oscura toscana como Luminiscenza. 

Me dejé agasajar con un kahve, café mocca árabe especiado más bien dulce, con posos y especiado con cardamomo. Lo preparó con primor él mismo con gran solemnidad así como su çay, para él, un té negro de Anatolia muy dulce macerado en doble tetera de nombre samovar y servida en vasos con pan de oro y forma de tulipán portadores de algo sagrado. Con sus confidencias comprendí que no me ocultaba nada, estaba locamente enamorado de mí y deseaba compartir todas sus inquietudes conmigo. Era un soñador, un asceta, un visionario. Y su recóndito interior, brillante e inmaculado. Cómo consiguiera los daguerrotipos era un tema que carecía de interés, los deseaba y punto. Los sacó para mi de un cajón cerrado con una llave que llevaba asida al cuello, se disponía a enseñarme su bien más preciado. Quién era yo para juzgarle, si atesoro en mi poder todos los vicios terrenales... Y fue entonces que le besé convencido de que él era mi alma gemela. 


Lástima que nuestro romance fuera tan efímero, apenas diecisiete minutos después se habría evaporado pues tras cada sorbo de té massala especiado con cardamomo, Hadchit me miraba extrañado... ¿Acaso dudaba de mi? ¡Qué injusto! Por desgracia, la inocencia de Hadchit me había desarmado y para mi sorpresa, estaba siendo más honesto con él de lo que habitualmente tenía por costumbre, 

- Hay algo... Es el té... Tiene un dulzor singular... No sé, embriagante, distinto... Intenso... 

Sonrió al apurar la taza para a continuación desplomarse frente a mi con las extremidades rígidas y la boca ensalivada ante lo cual, el mayordomo acudió raudo haciendo gala de una frialdad pasmosa. 

- Mr. Pamuk se encuentra indispuesto y necesita reposar. Si es tan amable. - me señaló la puerta y yo acepté su sugerencia no sin antes llevarme un souvenir de la velada, birlé nuestras dos cucharillas. 

No volví a ver a Hadchit, aquella sería su última sonrisa dedicada a un intruso... Qué triste pantomima. Murió tres días después y fue enterrado en el cementerio musulmán de High Wycombe a dónde, muy propio de mí, no me digné a asistir. Simultáneamente, me afanaba por analizar las cucharas para terminar detectando en su té una alta concentración de plomo lo que no tenía sentido, pues nuestras tazas eran indistintas, el agua vertida procedía de la mismo recipiente y nos servimos del mismo azúcar. Por lo visto, estuve tan expuesto como él al tóxico pero jugué bien mis cartas sin saberlo. Endulzamos tanto el té como el café con cristales de acetato de plomo que alguien reemplazó deliberadamente en el azucarero. Hadchit ingirió té edulcorado con veneno si bien no fallecería en el acto, quedó en manos del personal del servicio que durante los tres días siguientes se encargaron del resto, En cambio, yo, ni siquiera enfermé. Opté por el café y los posos absorbieron el metal pesado purificando el líquido. 

Fue una medida desesperada, aquella panda de rufianes que se habían parapetado en casa de Hadchit con distintos pretextos no podían permitir que me mi anfitrión me revelara la esencia de Luminiszenza. Y si llegaba a ver los daguerrotipos, no habría vuelta atrás. La casa quedó desierta, daría un brazo por saber donde fueron... Apuesto que desaparecieron a bordo de una nave misteriosa haciéndose, esta vez sin puja alguna, con las misteriosas imágenes que presumo luminiscentes. 

Qué puedo añadir, definitivamente soy un tío con suerte. Lo admito, nunca tuve buen gusto para las mujeres. Sin embargo, tengo un sexto sentido para el alcohol. Mi lema: nunca rechazo una copa, por decoro. Pero soy yo quien elige el brebaje en cada ocasión. Y si es en taza... Por extensión, más de lo mismo. 


Vaya, si ahora resulta que hasta tengo ciertos principios. ¡Brindo por eso! Tal como amaneció el día, hoy me decanto por un Chartreuse... Delicioso. Mal que me pese, aún conservo un resquicio de nobleza. 

Bebo. Me atraganto. Toso. Me importa algo por primera vez en mucho tiempo... Lo que, inevitablemente, me hace vulnerable. 'Maldición! Por otra parte, si aún tengo redención... ¡Válgame el cielo! Calquiera de ellos, no, el cielo de Hadchit. De hecho, siempre me gustó el número nueve. Y si lo encuentro, puede que sea para mí... Quizás no sea tan malvado, después de todo. 








* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 


























  




sábado, 8 de octubre de 2016

«LUMINESCENZA» Prólogo.





«LUMINESCENZA» Prólogo. 
Luce estrema...












        ¿Cómo mostrar todo ello simultáneamente, tal y como acontece en la naturaleza? 
        Porque el poeta, menos afortunado que el pintor y el músico, 
        solo dispone de una única línea. 

                                                                                                 ~ Théophile Gautier ~ 












PRÓLOGO



Aún hoy miro atrás perplejo de cómo se fraguó aquella maldita luz en el mismísimo corazón de Londres. Mal que me pese, reconozco que al principio no pasé de mero espectador. Mientras me pavoneaba por el West Side engalanado con mi corbata nueva de seda italiana y pagado de mi mismo, permanecí ciego, sumido en la más feliz de las ignorancias. ¿Qué fue de mis dotes de observación? Estuve torpe y lento, definitivamente el alcohol me resta reflejos. Desde luego, noté algo nuevo en el aire pero apenas intuí un tímido reflejo. Algo así como una aurora boreal callada y sorda, de un intenso cían metálico. Magnética, cegadora y oscura al mismo tiempo. 

Soy un mecenas ocioso aburrido de mi mismo, acaparo todos los vicios inimaginables salvo el opio que me lo reservo para más tarde. Y por qué no decirlo, un amante de todo lo bello, me veo como un enamorado de la vida deseoso de saborearlo todo. Deliro frente una mujer hermosa, me falta el aliento ante una reliquia. Saboreo ese presente que enseguida se convierte en pasado. Adoro el ayer, ese tiempo intenso que se fue y no duró para sinuoso escurrirse entre los granos de arena. Y en mi afán de retenerlos me dedico a captar momentos, colecciono pinturas, litografías y estoy al corriente de las más novedosas técnicas de impresión en escala de grises. Yo mismo manipulé una cámara de la Maison Susses Freres hasta que los vapores de yodo del revelado me dañaron seriamente los bronquios, por lo visto mi nueva afición estaba reñida con la ingestión habitual el güisqui de malta. 

De ahí que me desconcertara tanto que aquella subasta de Christie´s que prometía expectación a partir del lote catorce, despertara mucho antes. Acudimos los de siempre, seres ociosos con cuello almidonado, flor impoluta en el ojal y un hueco vacío en su casa laberíntica. No desprovistos de esa flema tan nuestra fruto del desinterés más absoluto por lo cotidiano. Aguardábamos el lote catorce, una jugosa acuarela de William Turner 'The Blue Rigi: Lake of Lucerne, Sunrise' pintada en 1842 durante el Grand Tour, entretanto nos revolvíamos en la silla hablando de todo y nada sin más pretensión que matar el tiempo. El precio de salida sería de 30.000 libras esterlinas. Se trataba de un paisaje en tonos pastel onírico y aterciopelado calificado en el catálogo como "una de las más grandes acuarelas pintadas por uno de los más grandes acuarelistas". Todo apuntaba a que sería una jornada emocionante de grandes pujas, por supuesto, pero nadie previó entre el público congregado que la tensión en la sala estallaría tan pronto.

Con el lote doce entró a subasta una pila de daguerrotipos ciertamente singular, que no valiosa. En placas sencillas cuya superficie no era de plata pulida sino de cobre plateado. Y sus imágenes, nítidas pero confusas, dejaban mucho que desear. Sin saberse si en la imagen era de día o de noche, negativo y positivo al mismo tiempo, Tendería a pensar que está trucada si bien todo indica que se trata de un original pues la imagen aparece invertida lateralmente como un espejo. Eran obra del naturalista Ernest Haenkel, que firma en el reverso acompañando estas líneas:

Ojalá pudiera plasmar la Gruta Azul y mostraros la misteriosa Cueva de las Maravillas tal como la albergo en mi memoria; creo que quedaríais satisfechos.

Hasta que los daguerrotipos subieron a la palestra, la subasta había transcurrido con normalidad sucediendose los incrementos en las pujas al ritmo habital, nada del otro mundo. Pero con el lote doce, el precio de salida fue rápidamente rebasado por unos ofertantes que se enfrascaron en una tenaz lucha para hacerse con aquella obra semiborrosa de un artista amateur... Del todo inaudito.

- Tres mil, tres mil doscientas libras para el caballero del monóculo ... tres mil quinientas y para usted, señorita ... tres mil ochocientas para la señora del foulard amarillo ... cuatro mil libras para el caballero oriental ...

Los ojos del subastador iban de un extremo al otro de la sala, nunca faltaba una oferta. Hasta que sonó un timbre agudo que silenció toda la estancia.

- Cincuenta mil libras, nueva puja recibida a través del interfono.

De repente, la cifra se disparó y la estancia se sembró de dudas pues para superar esa cantidad los testaferros precisaban de instrucciones. Ni un ruido. Tras una vertiginosa cuenta atrás, el baile de números terminaba en un abrupto. El ambiente era electrizante, las horas se detuvieron al caer el martillo.

- ¡¡¡Adjudicado!!! Lote doce vendido por la suma de cincuenta mil libras a un caballero extranjero que prefiere no desvelar su nombre.

Las voces se apagaron, dando paso a un mar de susurros. Irónicamente, eramos lo más selecto de Londres y parecíamos moscardones. 


- Algún americano inconsciente... Cáspita, menudo golpe de efecto - comentaría el coronel Murphy en tono suspicaz.
- Observe la sala, está consternada. - añadiría Mr. Durham sin el menor aspaviento. - Si ese era su propósito, diría que lo ha conseguido.
- Cosas de nuevo rico, con tal de llamar la atención son capaces de cualquier cosa - confirmé yo antes de aspirar el Cohiva obsequio de un diplomático.
- De ser así, pronto sabremos de quien se trata. - auguró Mrs. Durham apurando su copa de Sherry. - Apostaría uno de mis perros de caza a que se trata de uno de esos petulantes magnates de Boston, fundador de una naviera.
- Yo me inclino por un barón alemán parapetado en su castillo bávaro de hambrientas yedras y enormes caballerizas...
- Mi querida Molly, eres una romántica incurable. Yo me decanto por un tipo corriente, propietario de una fábrica de porcelanas del East End, lo bastante osado como para imitar el acento centroeuropeo de uno de sus proveedores pero carente del aplomo suficiente como para personarse en Christie`s y estar a la altura - argumentó Murphy con elocuencia. 
- En efecto, Murphy. Coincido plenamente con el coronel. Recuerda, Molly, que el burgués piensa como un mercader. Se mueve por interés, solo entiende de beneficios. De modo que pronto se dará a conocer o su gestión habrá sido en balde. 

Pero no ocurrió así, del misterioso pujante jamás se supo. Ni una nota de prensa, ni una mención jocosa en alguno de los Getlemen's Clubs de la calle St.James. Nada. Lo que me dió que pensar... ¿Y si en su sencillez, los daguerrotipos plasmaban algo más? Si Ernest Haenkel, un hombre de ciencia, al describirla se deshizo en elogios, será que La Gruta Azul encierra algo de extraordinario, peculiar de algún modo.

Rememoro aquel día y me vienen a la memoria toda una serie de rostros enjutos. La señorita del foulard amarillo, el caballero del monóculo, el asiático impasible... Todos se conocían. Cruzaron sendas miradas, el asiático atravesó a los otros dos con sus ojos curvos de rabia contenida. Salieron por separado, se reencontraron en el pasillo para desaparecer por la parte trasera del edificio en medio de una intensa bruma de vapor y rayos azules. ¿Cómo? No me lo explico. Cierto, escuché un perro ladrando, a intervalos ahogado por el incansable martilleo de un ensordecedor juego de turbinas que sugería la presencia de una máquina sofisticadísima. Corrí para contemplarla pero para cuando llegué, solo encontré un cubo de la basura desparramado sobre el enlosado y la marca grasienta de unas ruedas de caucho brasileño ridículamente inútiles en un callejón sin salida. Suena a patraña, lo sé. Pero doy fe, existe esa nave. Y cuando la vi se me heló el corazón, pero no nos adelantemos. 

Podéis censurarme. Me consta, seguir a extraños no es propio de caballeros y sin embargo, volvería a hacerlo. Pues doy fe, el Mal existe. Es más, se halla entre nosotros. Por eso les ruego dén credito a mis palabras, solo intento prevenirles. Escribo con el alma, nunca he hablado más en serio. Firmaría esta carta como Sir Graham Chatterfly, frívolo y decadente señor de Minor House de no ser porque me creen muerto y brindo por ello. 

Dios Salve a su Graciosa Majestad.la reina Victoria. Y por ende, al mundo entero. Porque la niebla de cian avanza inexorable. ¡Y qué puedo hacer! Creo que necesito otra copa. Qué el Señor nos asista si en algo aprecia su hermoso vertedero...

Oh, my Lord, he visto las tinieblas.











* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio. 


























  




sábado, 1 de octubre de 2016

"La Lectora del Barrio francés" Novela seleccionada por Amazon en su promoción del mes de octubre.










Muy buenas a todos, el Blog Lloviendo Historias vuelve a la carga con un notición de primera, desde aquí me congratulo en anunciaros un pequeño feliz reconocimiento a mi arte de contar historias. Ya sabéis que hace poco terminé una novela histórica de fantasía oscura cuya trama se debate entre el thriller y lo fantástico. Por supuesto, hablo de "La lectora del Barrio francés"que escribí alentada por vuestras continuas muestras de cariño, de aliento. Y tantísimos ánimos.

Pues bien, en casa me animaron a presentarla al Concurso Indie de Amazon y tras publicarla para la ocasión, ha sido seleccionada para aparecer ofertada en su página oficial de novedades. En consecuencia la novela, incluída en el Programa KDPSelect, será promocionada por Amazon durante todo el mes de octubre para que se haga eco entre un público lector afín y consiga la trayectoria que merece.








SINOPSIS

Grace, una hermosa cuarterona que huye de un turbio pasado, pedalea por las calles de la decadente Nueva Orleans de primeros de siglo.
Mientras busca su sitio, hará uso de su don para encontrar el libro perfecto que despierte a cada oyente de su letargo. Grace suscita tanto amores como odios, sin sospechar que deja tras de sí una estela de muerte.
Y es que su presencia a ritmo de jazz no pasa inadvertida. Nueva Orleans, en un duelo de luces y sombras, volverá a vibrar con La Lectora del Barrio Francés."




Además de una trama cautivadora, La lectora del Barrio francés cuenta con un soporte magnífico obra de Irene Saravia, mi diseñadora creativa. Irene creyó en el libro y apostó por un formato innovador. Se trata de un díptico singular compuesto por portada y contraportada de autoría propia que encuadran la historia de nuestra protagonista Grace en un marco tridimensional de lo más ingenioso.







La estrecha colaboración que hemos mantenido Irene y yo durante estos meses de verano y el apoyo incondicional de mi familia dan así sus primeros frutos. Gracias a su tesón y confianza, he dado este importante paso y emprendido este proyecto que hoy me catapulta al mundo editorial virtual como una auténtica escritora. Pero mi labor no ha terminado aún, ahora me toca abrirle camino lo mejor que pueda. No espero milagros, soy consciente de que la competencia es mucha y variada pero aún así he de luchar por hacerme un sitio con los recursos que estén en mi mano.



COMO DIFUNDIRLO EN REDES SOCIALES

Para difundirla por las redes mediante tweets, publicarla en el muro de Facebook o mediante cualquier otra mención online, habría que seguir un procedimiento. Por si os animáis a darle recorrido desde vuestros respectivos perfiles, estos serían los pasos: . 

1. Amazon pone a nuestra disposición el hashtag oficial #PublicaConKindle.

2. Junto con #PublicaConKindle mencionaremos la novela "La lectora del Barrio francés" e incorporaremos el siguiente enlacehttp://www.amazon.com/dp/B01L9T2W38


Tal que así:


"La Lectora del Barrio francés" Novela seleccionada por Amazon en su promoción del mes de octubre


A partir de ahí, la suerte estará echada.  Deseadme suerte porque es ahora o nunca, presentemos al mundo a nuestra querida Grace.




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* Y si sentís curiosidad por mis futuros proyectos, os adelanto que me hallo completamente enfrascada en los preliminares de mi nueva novela "Luminiscenza" de corte victoriano con influencias Steampunk, a medio camino entre lo fantástico y la ciencia ficción, con un alocado toque Retro. En un Londres decimonónico fascinante de teorías descabelladas, fabulosos inventos y maquinarias prodigiosas que darán vida a los más ambiciosos sueños visionarios... Un polvorín de humo y secretos.



Tras el título del libro, subyace una invitación.


                 Una sola palabra,
                 LUMINISCENZA...

...ÑÑÑÑÑñññññññíííííííííííííííííííííííí...
(suena un chirrido)

 ... Sed bienvenidos al Londres más GRIS. 
La oscuridad nos envuelve, sorteemos la niebla.