viernes, 28 de abril de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 16. "De inquietante belleza".




«LUMINESCENZA» 
Cap 16. "De inquietante belleza".
Rupes Negris...






     "La devoción, como el fuego, sube hacia arriba".

                                                                                          Zoroastro.                     
                  
              







Cap 16. De inquietante belleza.  



El Gran Día amanece soleado, aunque late la amenaza... Las sombras, de un verde metálico, se proyectan sobre el pavimento más largas que de costumbre. Por suerte, los londinenses deambulan sin reparar ni en en los haces de luz cegadora que perfilan lis tejados ni el reflejo en los charcos de un cielo estridente. Nadie parece percatarse de lo inusual salvo perros, ratas y gatos callejeros que huyen espantados en estampida. Ahora Londres es el reino de las cucarachas, crece el cieno del Támesis y los ibis negros de Hermópolis y la necrópolis de Saqqara sobrevuelan Saint Paul en círculos. 

Disponemos de poco tiempo, vamos contrarreloj y sin rumbo fijo. Pero algo hay que hacer de modo que decidimos actuar según un plan alocado y suicida. Por que no hay nada qué perder y, en contraste, hay tanto en juego que merece la pena apostarlo todo. Por eso, vuelo en una nave estrafalaria con todas las comodidades bebiendo champagne con los ojos vendados. Tranquilos, no soy prisionero de El Magister. Al contrario, me cité con él voluntariamente. Tras hacernos ciertas confidencias, ahora simpatizo con su causa. Te lo suplico, no me juzgues.  Ya estamos cerca pues vibra el imán que llevo en el bolsillo... Apuro mi copa, me cosquillean las burbujas y brindo por la carta que de inmediato me abrirá las puertas de la BatterSea Power Station: 



Londres, a 20 de diciembre de 1870. 

Estimado Freidrich. ¿O debería llamarle Fergus? Me dirijo a usted con toda mi admiración dado que estoy al corriente de su historia. Así es, conozco el estrecho lazo de amistad que mantuvo durante meses con mi añorado Gustav y el afán que en su nombre le mueve en su Proyecto Luminiscente. 

Por todo lo cual y en consideración al afecto y atención que le prodigó a Gustave usted y que ni su padre ni yo supimos otorgarle en sus últimos días, me gustaría ser testigo presencial de todo cuanto haya de venir y contemplar su obra en toda su magnificencia.  

Aguardo expectante una invitación en firme, en honor a la pérdida común que nos une,  ansioso por mostraros mi más devota complacencia.  

                   Saludos cordiales, Lord Graham. 



ЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖ                                               



Descendemos, ya hemos llegado. Sin venda, avanzo por un pasillo. Hace mucho calor, Anya me previno. Tras los saludos de rigor, muy formales para mi gusto dado lo atípico de la situación, comienzo en compañía de Fergus un tour por todas sus instalaciones. Y una vez en La Casa de Fieras no sé si reír o llorar, estamos en otro mundo. 

- ¿Qué opinas de mi pequeña selva, Graham? 
- Aquí falta algo... - el jardín tiene un tono monócromo como si le hubieran estirpado los colores. 
- Estás confundido. En cuanto se te dilaten las pupilas, a través de la inmensa tela de araña que mantiene la humedad idónea, percibirás un millar de matices... 
- Además, está desierto.
De mirar con perspectiva, reconocerías reminiscencias de vida ahí dentro. 
- No hay nada ni nadie. El receptáculo está vacío. Por otra parte... ¿Quién podría sobrevivir en la más absoluta penumbra? 
- En Mi Noche, todos los gatos son "albinos" - Fergus sonríe, al parecer se trata de un chiste de lo más jocoso al que yo permanezco ajeno y no le importa. 

Entonces me explica con paciencia infinita cómo se desencadenarán los próximos acontecimientos y yo asiento... Me siento mezquino. Y sin embargo, aquí sigo alentando a un loco. 

Primeramente, asistimos al experimento que Anathole ha preparado. Me presentan al científico, está exultante. Le pregunto si colaboró Dreyfus en su construcción, me contesta con evasivas. Enseguida sé que le delató pues leo vergüenza en sus ojos. 

- Sobre una base de madera, colocamos estos dos enormes discos de aluminio de ocho toneladas cada uno...
- Sigues hablando en plural... 
- Dreyfus fue un buen ayudante - sigue debatiéndose entre el bien y el mal, Anathole es un mar de dudas. 
- Hace doce días vertimos seiscientos litros de mercurio entre ambos discos - me pregunto por qué insiste una vez más en tener presente a Dreyfus, es como si necesitara fustigarse. - A continuación, aplicamos una corriente eléctrica de cuarenta millones de kilovoltios y setenta mil megaamperios al montaje y el mecanismo respondió satisfactoriamente.. 
- En consecuencia, el mercurio comenzó a girar alrededor de los discos. ¿No es así? - en un intento por comprender, me limito a constatar lo que veo.
- Correcto. Ocurre en virtud de las leyes de la conductivilidad y lo hace ¡a una velocidad vertiginosa! - siente en sus carnes cada palabra de lo que dice, tanto la pena como la gloria. 
- Ya veo... - la visión de esta obra faraónica sin precedentes me entusiasma y acongoja al mismo tiempo. 

En verdad, es espléndida. Sin precedentes, de otra era. Definitivamente, Anathole es un genio. Si bien, mi impresión se ve empañada por un temor creciente que se me instala en el pecho y dejo caer como si tal cosa... 

- ¿Y cuál será su utilidad? - Anathole calla y mi cuestión queda flotando en el aire. 
- En cuanto subamos la potencia a 1,50 gigavatios y abramos las compuertas del techo, el campo magnético tomará el cielo por sorpresa. 
- ¿Y después? 
- Para ti no habrá después - Que yo sobreviva no es una opción, en este aspecto Fergus se reafirma contundente. - Me temo que es una decisión inegociable. 

En adelante, se muestra hostil evidenciando que no creyó ni quiso creer en mi supuesta camaradería ni por un momento -. Aún así, te confiaré mis planes. Por Gus. De estar aquí, seguro que hoy me preferiría a mi y correría a mi lado. Tú no le mereces. 

Está claro, Fergus me odia, siente por mi unos celos enfermizos que lleva macerando más de veinte años. Mientras Friedrich se desvivía por Gus en el sanatorio, éste no dejó de pensar en mí y en lo que fue nuestra vida juntos. A pesar de que le fallé, su corazón me perteneció hasta su último aliento... ¿Y cómo le correspondí yo? Abandonándole a su suerte. Fergus tiene razón, yo no le merezco.

- Por fin, Gus comprenderá que yo y solo yo he seguido tus pasos. Mientras despilfarrabas tu vida, yo creí en él hasta culminar todos sus sueños. "Una Noche Eterna" - Fergus anuncia pletórico y su proclama me suena agridulce. 
- Como el nocturno de este cuadro tan extraño, no había visto nada igual... Lo firma un tal Vincent. 
- Es obra de un pintor holandés que estuvo merodeando hace poco por la ciudad y el ocaso es una de sus composiciones fetiche. Además, concibe La Noche Estrellada como yo. Mírala bien, mágica y terrible. 

Observo por un ojo de buey el firmamento y compruebo que se está haciendo de noche por segundos... Y al perder protagonismo el sol, comienzan a despuntar timidamente las mismas estrellas del cuadro. Ahí está nustra luna, hoy nueva por lo que solo se perfila su sombra oronda y oscura. También brilla el lucero del alba, Venus. Y Titán, la luna de Júpiter. Así como Júpiter con sus satélites galileanos: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto... Lo que habría disfrutado Gustav de semejante espectáculo ante la más bella e inquietante escenificación de la penumbra. 

- ¿Qué está pasando? - presiento lo peor. 
- Pronto habrá un eclipse y mi Apparatus Borealis acentuará y perpetuará sus efectos. ¿Has viajado al norte alguna vez? En el invierno polar, la aurora boreal domina la oscuridad... Doy fe, no hay paraje más hermoso... - ya asoma el mecenas de la barbarie, El Magister se crece por momentos. 
- ...ni más esperpéntico - apunta Anathole con miedo en el cuerpo. 
- Acorde con el Inventio Fortunato, un libro sin igual, recrearé el Gran Polo Norte Magnético y lo verás con tus propios ojos. 
- ¿En Londres? 
- No me malinterpretes, Graham. Te creía más imaginativo... ¿Por quién me tomas? - trato de indagar sus intenciones. 

Por un momento, creo vislumbar un atisbo de sensatez en la mirada de Friedrich. Quizás asome el niño... Cuando me contesta complacido: 
- Los londinenses sois tan ignorantes, siempre creyéndoos el ombligo del mundo. ¿De veras crees que por Londres me tomaría tantas molestias? Por favor... 

Acto seguido, se complace en tomar aquel libro enigmático entre sus manos y tendérmelo abierto por una primera de sus páginas. Y hete ahí, el mapa del Rupes Nigra, que con su remolino gigante abarcaría los cinco continentes... Lo que supera con creces mis más aciagas expectativas. 





* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.

viernes, 21 de abril de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 15. "Reptiles vs. reptiles".




«LUMINESCENZA» 
Cap 15. "Reptiles vs. reptiles".
Fugit wasp...






     "One time i trust a stranger".

                                                                                          Judee Sill.                     
                  
              







Cap 15. Reptiles vs. reptiles.  



"Day is done, graznan las gaviotas. Gone the sun, se escabulle el astro entre tantos quejidos. From the lake, nubes. From the hills, niebla. From the sky, sombras. 

Batuta en mano. Venas hinchadas. Silba. All is well, sois tan diminutos... Truena y El Divo ríe sin ganas. Safely rest... Yaced, malditos. God is Night, entona desencajado con voz de barítono. 

Después, silencio. Day is done, ya todos duermen. Y concluye la nana con diez mil alaridos". 

                                                    ЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖ

Me sobresalto, estoy empapado en sudor. Tranquilo, me digo, solo era un maldito sueño. Y mi despertar coincide con que llaman insistentemente a la puerta. Irrumpe Wells, con un aspecto deplorable luciendo junto a una borla ladeada, sus cuatro pelos enmarañados, embutido en una camisola holgada que le llega hasta los tobillos. Nunca le había visto antes de esta guisa, un mr. Kruge a la británica. Es más, en mi ignorancia siempre le imaginé correcto, impoluto, encorbatado y en chaleco a rayas perenne, día y noche. 

- Disculpe mi intromisión, señor, pero esta noche ha resultado muy esclarecedora. 
- ¿Desde cuándo compartimos intimidades, Wells? Guárdese sus sueños y yo haré otro tanto con los míos - afirmé en cierto modo aliviado, no debía mortificar a nadie de mi reciente visión apocalíptica. 
- No se trata de eso, mr. Graham, hace años que no sueño. Estadísticamente, me sería casi imposible pues, por lo general, apenas duermo dos horas. A lo sumo, tres en caso de pulmonía. 
- Entonces... ¿A qué debo su inoportuna visita? - mi tono para con Wells es arrogante, lo sé, incluso despiadado pero es que sigo enfadado con él, me ha robado a Gus, sus últimos retazos. 
- Rememoraba la mañana en la que le dedicamos a Gus un último adiós y su padre lloró amargamente. No era tan mal tipo, ¿sabes? 
- Serían lágrimas de cocodrilo. 
- Siento objetar, señor, pero eran bien sinceras. James Fergusson estaba completamente destrozado. Si le hubiera visto en aquel estado... 
- Lástima, estuve muy ocupado aquella tarde. ¿O fue por la mañana?
- Haciendo diminutas pajaritas de papel si mal no recuerdo... 
- Definitivamente, posee usted una memoria de elefante - mi mayordomo me ha puesto en una situación harto incómoda. 
- Que no de cocodrilo... - Well enfatiza la última palabra, así me hace saber que me es leal, incondicional. Mi bienestar, su máxima prioridad. Me ha dedicado su vida entera. 

A lo que, escurridizo de mi, no se qué contestar y me voy por la tangente. Me escabullo como un reptil... Yo soy el cocodrilo. 

Practique el origami, Wells. No conozco mejor terapia, de veras. 
- ¿Terapia? 
- Así es, para el olvido. 
- Al contrario que usted, yo no deseo olvidar. 
- Será que usted no tiene conciencia - una crueldad para con el viejo, menuda bajeza la mía. 
- Será que prefiero vivir a darme de latigazos. 

El mayordomo toma la palabra, su paciencia llega al límite. Me enchufa un pedazo de pudding con pasas con el que me amordaza momentáneamente. Y acorralado sobre el colchón de plumas, no oso replicar consciente de que el anciano no soportará más ironías por respuesta. Comienza su turno y me detalla la escena: frente al féretro de mi amigo sollozó su padre postrado y apretaba los puños un niño que por alguna miserable razón se afanó en describirme con todo lujo de detalles.  

- Un muchacho rubio, pálido, espigado. Sus ojos ardían de dolor y su boca esboza un gesto de rabia. 
- No puede ser, Wells, yo era su único amigo - le imploro que al menos me deje vivir con tal convicción, de lo contrario creo que le odiaré toda mi vida. 
- Habían pasado varios meses, Mr. Graham, no sabemos nada de su agonía - Touché! Aquello me puso en guardia, por fin, más que un estoque - Por fin se incorpora, señor, ya va siendo hora de que se centre en lo que realmente importa y se deje de perogrulladas. 
- ¿Y qué es lo que "realmente importa"? Ilústreme - cada vez me muestro más displicente. 
- Que ese chico hacía por parecerse a Gus, Las mismas gafas, el mismo pelo engominado. Hasta tenía su pitillera, la que le trajó su padre de Cachemira. Me consta porque al partir del camposanto tuvo un acceso de tos. Acababa de encender uno de esos cigarrillos turcos... Kyriazi Frères.
- Pura coincidencia. Además... ¡Qué sabrás tú! - tal es mi nerviosismo que ignoró los formalismos para con un criado y Wells se da cuenta. 
- Quizás esté usted en lo cierto, mr.Graham y yo no sea más que un iluso sirviente que se ha excedido en sus obligaciones. - Wells se repliega y yo me relajo. - En cualquier caso, la presencia de aquel mozalbete me soliviantó. 
- Menuda impresión, dos gotas de agua. 
- Salvo por ese acento prusiano que arrastraba con cada plegaria. 
- Y de seguir vivo ahora sería un adulto. 
- En efecto. Además, sé cómo localizarle: Llevaba la misma pulsera que lucía Gus durante mis visitas al sanatorio. Han de llevarla de por vida, por si sufren alguna recaída.  
- Interesante. 

Observo a Wells, le destellean los ojos. Está decidido a ayudarme y le perdono antes de lo previsto. ¿Cómo no? Si su devoción me conmueve. Ese anciano me entiende como nadie y cree en mí mucho más que yo mismo. Y a Gus, él no le dio de lado. Qué suerte, no tiene que vivir flagelándose por todo lo que no hizo. 

De repente, entra Harpper. ¡Sin llamar! La puerta de mi alcoba está abierta de par en par. Mis invitados esperan tras el umbral. 

- ¡Esto es del todo inapropiado! - algo azorado me recoloco el pijama. 

¿Qué ha sido de mi intimidad? Me siento ultrajado. Si bien, a pesar de manifestar abiertamente mi turbación ninguno hace amago de marcharse, solo tienen ojos para la carta que me ofrece Harpper en mano. La tomo. Es de Dreyfus. Su caligrafía me decepciona, resulta de lo más anodina. La leo en voz alta frente a un coro de cabezas que asoman a ambos lados de las bisagras. La inquieta Anya se remueve como una culebra hasta que se pilla el lóbulo de la oreja con la ranura y emite un férreo chillido. Los ojos brillan, también la jadarita, diría que piedra y porteadora están enlazadas de alguna manera. 

- Dreyfus nos convoca a las nueve en el lugar previsto. 
- ¡Cómo no! Por supuesto, las calles de Theatreland... Nuestro actorzuelo no pudo elegir mejor decorado. 
- El White Carf no es un pub apto para señoritas... 
- Esta noche no se desharán de mi, caballeros - Anya está descalza, tiene unos pies divinos. - Les recuerdo que yo también vivo de la farándula, nadie se maneja mejor que yo por Covent Garden. 

Y acudimos puntuales, todos sin excepción, a aquel pub legendario custodiado por un bello ciervo blanco que venía colgando del umbral desde el medioevo y me sentí a salvo. como forajidos en el recóndito bosque de Sherwood. Aguardamos en un reservado: Anya vestida de vampiresa, Ahwar disfrazada de hombre, es el vivo retrato de su hermano. Lo que me trae inmediatamente a la mente dos niños rubios que rondan la misma edad, visten el mismo uniforme descolorido del sanatorio y me pregunto cómo empezó todo... 

Vuelvo de golpe a la realidad, apago el cigarro estrujándolo contra pared. Desde luego, el bueno de Dreyfus no se ha hecho esperar, acude puntual a la cita. Entra, con los pies por delante. Levitando. Lo sujeta el oriental que estuviera al servicio de Hatchid. Aquel que me sirvió café. Sí. ¡El mismo! Junto otras cinco lagartijas de sangre fría y muy dudosa calaña. Van y depositan a nuestro héroe sobre la mesa que ocupamos sin demasiados miramientos. El chino coge la pinta de Chester y toma un trago, luego vuelve a beber y escupe sobre el rostro de Dreyfus.

- Así es cómo en mi casta brindamos con los traidores. 

A continuación, estrella el vaso contra la pared y nos mira, impasible. Sus párpados caídos no sé si ríen o lloran, Y a continuación, pretenden marcharse como si tal cosa... 

- ¡Alto ahí! - clama Ahwar. - Chang, le exijo explicaciones. 
- Ya no trabajo para su difunto hermano, señorita, si es que alguna vez lo hice... - definitivamente, sus ojos ríen. 
- ¡Por Alah! A qué viene tanta crueldad... - les señala. - Ustedes acaban de matar a un hombre. 
- No es nada personal, nos limitamos a cumplir órdenes. Además, se trata de una muerte irrelevante. 
- ¿Cómo?
- Así es, morir antes o después... Poco importa. - no doy crédito - Total, pronto estarán todos muertos. O algo peor... Créanme, mejor pronto que tarde.  

Entonces Chester se puso en pie y disparó sin demasiada puntería mientras yo, petrificado, me comportaba como un perfecto imbécil. De inmediato, los esbirros de El Magister se dispersaron. Le bajamos los párpados a un Dreyfus, todavía tibio.  Le habían pintado a navajazos una cuadrícula acompañada de tres símbolos: P-K4. 


P-K4. Pawn to king 4
"Apertura peón cuatro rey." 

Contra todo pronóstico, empiezan a jugar las negras... Inaudito. Hay mucho en juego y El Magister ya ha movido.  A lo que las blancas deberían responder:


KN-B3. King's knight to bishop 3. 
"Caballo de rey tres alfil."  

De todos es conocido que la dama se entiende mejor con el caballo que con el alfil mientras que torre y alfil coordinan mejor que torre y caballo. Sin olvidar que todas las reglas se acompañan de una posible excepción y nuestras vidas penden de cada uno de esos letales movimientos.

No me precipito, me tomo mi tiempo. La discreción es clave, se trata de una partida bien poco convencional: Reptiles vs. reptiles. De hecho, Anya me contó que en verdad existen los basiliscos en las selvas de la Hondura británica. A veces, la naturaleza supera al mito... Y es precisamente con sigilo que el diminuto Basiliscus plumiforms consiguió sobrevivir a todos los Grandes Monstruos: Dunkleosteus, livyatan melvillei, sarcosuchus imperator, gigantopithecus blacki, argentavis, titanoboa, meganeura monyiel, águila de Haast, brontoscopio, arthopleura, helicoprión... Todos, caput. Adiós a los viejos reyes de la fauna de los que ya solo quedan huesos. O cómo el White Deer, sin ir más lejos. Aquel que cuelga de la fachada del pub. Antes, blanco. Y ahora, a mi pesar, mojado con un pigmento ácido bleu cosmos que aún chorrea chispeante por el estandarte. ¡Ellos lo impregnaron antes de marcharse! El ácido es corrosivo. Efervesce el ciervo en su agonía, preludio de una belleza insoportable.







* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.





viernes, 7 de abril de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 14. "Sabor a pólvora"




«LUMINESCENZA» 
Cap 14. "Sabor a pólvora".
Fugit wasp...






     
"Yo llamo. Tú eres piedra. Un día cuando 
me busques, descubrirás que me he marchado".

Poema Novruz.                    
                  
              








Cap 14. Sabor a pólvora. 


No puedo dormir, estoy desecho. Me paso las noches en vela encerrado en la buhardilla ha sabiendas de que mi archienemigo me observa desde la otra linde del río. Terminé por contárselo a Chester, el librero puede llegar a ser muy insistente. Y no le culpo, yo también odio las historias a medias. Además, compartir mis peores temores, fue una especie de liberación. 

- No puedes seguir así, Graham, o esa historia acabará contigo. 
- La fastidie, Chester, Y por fin, recibiré mi merecido. 
- Sencillamente te asustaste. No te fustigues así, por Dios. ¡Eras solo un niño! Además, yo tengo mis dudas. 
- Seguro que es él, Gus sobrevivió. 
- Yo no lo tengo tan claro... 
- A ver. ¿En qué te basas? Solo intentas acabar con mi tormento y te lo agradezco, pero no nos engañemo. Gus está vivo y se ha convertido en un ser perverso. 
- No es por tí. Creo que hay algo retorcido en este feo asunto, de veras.  
- Explícate. Y no me digas lo que quiero oír sino la cruda verdad, no es momento para bálsamos. 
- Si se trata de Gus... ¿Dónde ha estado todo este tiempo? Y puestos a llevar otra vida. ¿Por qué reaparecer precisamente ahora? 
- Estaría amnésico y ha mejorado de repente o su odio ha ido in cresccendo hasta desear mi muerte. 
- Lo lamento, no me lo trago. Además, si Gus se salvo, las vicisitudes y el tiempo habrán hecho de él un hombre distinto. Las personas crecen, evolucionan. Y por contra, entre Gus-niño y Mr. Fergusson tú mismo detectaste demasiadas coincidencias. ¿Lo ves? Resulta muy forzado. 
- Pues comprobemoslo. Eso es, salgamos de dudas. 
- ¿Cómo? Su padre murió en ultramar, nadie nos dará noticias de él. 
- Salvo él mismo. 
- Si te propones acudir a El Magister, olvídalo. Es lo que pretende. Sopesará cada respuesta para herirme, no le daré esa satisfacción. 
- No me refería a Fergusson sino al propio Gus. ¿Dónde está enterrado? Examinaremos sus huesos. 
- ¿No querrás profanar su tumba?
- Por supuesto que no. ¿Por quién me tomas? Para mancillar su nicho, tu amigo tendría que estar muerto.

Y esta misma noche Chester y yo hicimos una incursión en el cementerio de Kensal Green en busca de pruebas. Si bien al principio parecía dormido, con nuestros primeros pasos se levantó toda una espantada de aves de decenas de especies diferentes que se confundieron rapidamente en un mar de grises. A sus estridentes graznidos se sumaron los rugidos de otos animales salvajes, como en toda selva, grande o pequeña, la vida y la muerte son primas hermanas. La impresión fue tremenda, como si se alzaran ante nosotros toda una horda de espíritus. Por suerte, se dispersaron dejando entre ellas y nosotros una distancia prudencial aunque desde cruces y mausoleos próximos nos seguían mirando. Y entonces, para relajar nuestros nervios probablemente, Chester canturreo una tonadilla, quizás de su propia cosecha: "Porque hay todavía una buena noticia para oír y cosas bellas para ser visto; Antes de ir al Paraíso a través de Kensal Green". Desafinaba más que yo cuando estoy borracho, lo hacía deliveradamente para desviar mi atención de nuestro macabro objetivo. 

Atravesamos hectáreas de bellos jardines, dejamos atrás los grandes mausoleos y tantísimas pequeñas tumbas siguiendo a la luz de un candil el curso del canal. Y por fin llegamos al santuario de los niños, el rincón más triste y el más hermoso. Un bosque de querubines dormidos que no despertarán a la hora del desayuno. 



IN LOVING MEMORY OF 
GUSTAV FERGUSSON (1835 - 1848)
THINK OF HIM AS LIVING, 
HE IS STILL AMONG US IN ANY WAY. 


La encontramos, así decía su lápida y la inscripción me dejó perplejo. 
- ¿Nunca habías venido antes? 
- Jamás - tragué saliva. 
- Te veo consternado, Graham, si el impacto es demasiado fuerte para ti podemos posponerlo volver otro día... 
- Agradezco tu comprensión, Chester, pero no es eso. 
- ¿Entonces? ¿A qué viene tanta consternación? Amigo, te veo desencajado. 
- Son las palabras que yacen sobre su tumba: "Piensa en él como si viviera, aún está entre nosotros de alguna forma" ¡Sugieren su presencia entre nosotros!
- Cierto, son del todo desapacibles, pero son fruto del amor de un padre...  
- No en el caso de Gus, su padre James Fergusson tenía una sola pasión: La India. No fue precisamente un beloved father
- Quizás con la muerte de Gus recapacitó y estaba arrepentido. Porque seguía vivo cuando Gus falleció. ¿Me equivoco? 
- Así es, pagó las exequias y en el entierro dicen que le vieron muy compungido. 
- Dicen... Me interesaría que pensaste tú. 
- No puedo opinar porque no estuve allí. Tampoco asistí al de Hatchid, ya sabes, no me gustan los entierros - incómodo, me hice el distraído - Mira, Chester, ahí está Venus.   
- Olvidémonos de James, creo que no es nuestro hombre. 
- ¿A qué viene eso? 
- Esta lápida es reciente, lleva aquí cinco años a lo sumo.
- Pudo haberla reemplazado él, James Fergusson sigue vivo. 
-  Hazte cargo, debe de ser un anciano. Además, un arquitecto amante del Rajastán jamás pondría una lápida tan moderna.  
- Ahora que recuerdo, hubo un episodio que olvidé por completo. Hace una veintena de años, Hopper describiéndome el entierro de Gus... Me viene a ramalazos. Mencionó un poema del Rig Veda escrito en sanscrito sobre su tumba. Siempre anteponiendo su maldita India - pensé -. Y le desprecié por ello. 
- Comprendo - hubo un silencio entre nosotros que Chester rompió sin demasiados miramientos -.Y con eso me das la razón, está no es la piedra original. Desprovista de líquen y moho... Y fíjate en la tipografía, utiliza técnicas de impresión muy novedosas. 
- En efecto, ha sido encargada a un impresor bien poco convencional. 
- Es más, presta atención a la cromación de las letras, poseen un brillo metalizado. 
- Percibo cierta arrogancia... 
- Es obra de un visionario, irreverente e inventor. 
- Procedamos a examinar el cadáver, antes de sacar conclusiones descabelladas - fui yo quien instó a Chester a seguir con el plan inicial y al alba aún siento nauseas solo de pensarlo, tenía que salir de dudas o me reventarían las sienes. 

Estaba oscuro, cavamos durante horas. Los ojos de todos esos bichos nocturnos nos vigilaban y entre ellos, me pareció entrever una horrible criatura. Claro que no le dí importancia, lo atribuí al miedo me hacía imaginar cosas.  

Abrimos el feretro. El esqueleto no conservaba el anillo con el sello de la familia... Insólito. Y sin embargo, tenía el húmero mal asido tras la ruptura del hueso al caerse del caballo. Gus se lamentaba a menudo de la poca movilidad que tenía brazo. Culpaba a aquel defecto del desdén de su padre, el desdichado. 
- De no ser por este brazo estúpido, Padre me habría llevado a la India. Pero claro, como no puedo manejar un rifle... Me desgarrarían los tigres de Bengala. 

De vuelta a la realidad, tengo ante mi a Gus en menos carne que hueso y vuelvo a sentir pavor. Si bien no huyo ni me escondo, esta vez me obligo a mirarle. Supero mis reparos y le acaricio una falange, acerco mi boca a su oreja putrefacta y susurro:  “Sleep well, sweet angel. Let no fears of ghouls disturb thy rest" hasta que el asco me puede y aparto la cara. Chester, consciente de mi sufrimiento, alarga el brazo hasta posarlo en mi hombro en un torpe intento de consolarme pero le aparto de mi, no quiero su compasión. Cierra el ataud con delicadeza, a continuación me pide que ceda cuerda para poder depositarlo en su nicho y luego cubrirlo de tierra. 

- ¿En qué quedamos? ¿Se trata de Gus?
- En efecto, es él. 
- Aunque no tenga el anillo...
- Igualmente, estoy convencido. 
- ¿Y cómo se explica que no lo lleve en el dedo anular si nunca se desprendía de él?
- Fácil, ladrones de tumbas. 
- Si los ladrones de tumbas colocan lápidas nuevas a sus víctimas después de cada asalto, entonces éste es el caso - sonríe con amargura. 
- Más que un sarcófago, tu invención es un arma mortal. Diez kilos de explosivos ocultos en una doble tapa de fresno... 
- No dramatices, Graham. A mi entender, no es sino una trampa para cazar ratones. 
- En cualquier caso, se trata de una broma de bastamte mal gusto, mi estimado Chester. Me preocupa... ¿Y si ocurre un accidente? 
- Tranquilo, el mecanismo es infalible y solo detonará la dinamita en caso de flagrante asalto. Debemos estar preparados. Es facil que nuestro nigromante merodee este lugar, reincida. Y de haber más ultrajes, no tendrán final feliz. 
- Por Gus - descorcho una botella de güiski, esa misma que contemplábamos extasiados de niños brillando desde el mueble bar del despacho de mi padre. 
- Prefiero el champagne pero qué puedo decir, no soy el invitado de honor. Por Gus. 
- Descansa en paz, amigo. 
- Hasta que saltes por los aires, ya queda menos. 
- ¿Así que volverá el intruso? ¿Cómo estás tan seguro? 
- "Siempre habíais sido lo más caro a mi corazón, mi posesión y mi obsesión; por eso tuvisteis que morir prematuramente." Friedrich Nietzsche. 
- Obsesión... ¿Quién está obsesionado con Gus? 
- Nuestro ratón, evidentemente. 

Bebemos y el licor me sabe a pólvora. Chester sabe perfectamente cómo ser sarcástico, tanto que me parece escuchar una tímida carcajada bajo el promontorio de tierra recién removida. Aunque la pizca de cordura que me queda prefiere atribuirlo al graznido de una urraca inexistente, me veo incapaz de encajar más despropósitos en una sola noche. 

Estoy mal, demasiadas emociones. Ahora no soportaría ver a nadie de modo que decido vagar sin rumbo rasgando a mi paso la niebla hasta el mediodía. Volveré despojado de recuerdos, tan amargos como mi aliento. Entre monosílabos, me despido de Chester alegando en un arrebato que necesito pasear y mis pasos, dolorosamente me llevan a un discreto fumadero del Soho donde me envuelvo en humo en un desesperado intento por olvidar hasta el detalle más nauseabundo. 

De buena mañana la boca me sabe a regaliz, del regusto de la adormidera. Y me detesto. Es el principio del fin, he dado un paso fatal. Aún trato de excusarme... ¿En verdad siempre hay una primera vez para todo? Claro que no, solo para los incautos. Y en tan penosas condiciones... Aceptémoslo, para mi ya no hay redención posible. Yo soy el despojo, no Gus. !Cómo ser digno de Anya si destruyo todo lo que toco! 








* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.

viernes, 31 de marzo de 2017

«LUMINESCENZA» Cap. 13: ·A vista de rapaz".






«LUMINESCENZA» 
Cap 13. "A vista de rapaz"
Fugit wasp...








     
“Las arañas atrapan a las moscas y dejan huír a las avispas
".

Plutarco.                    
                  
              










Cap 12. A vista de rapaz. 


Son días ajetreados, perdemos de vista a Dreyfus que es reclutado por El Magister y queda nuestro espía solo en tierra hostil pendiendo de su propia suerte. Cierto, un niño nos servirá de mensajero y aún así, ,siento pena por él. Ni el rey Lear ni Hamlet merecen pasar por semejante trago y es que Dreyfus está en las peores manos. Mientras, Londres muta, está más viva que nunca con una fuerza renovada. Bajo mis pies noto las burbujas del hervidero. Los londinenses están expectantes, hasta parecen divertidos... Mejor que no sepan que esa fuerza superior que bulle es pura destrucción ni que sus días ya no serán nunca más los mismos. 

Cada tarde ocurre algo inusual, morboso en bajo grado. se suceden pequeños hechos esporádicos que a primera vista parecen no guardar relación entre sí y por lo general, no pasan de meras anécdotas. Para los demás, es cosa del viento, la lluvia, el frío, la niebla... Porque el artífice no deja pistas ni tampoco testigos oculares. Si bien, intuyo que todos ellos están interrelacionados y si se precipitan en cadena es porque obedecen a un plan. Creo que hay mucho más detrás y que tiene qué ver conmigo, pues coincidiendo con la hora y fecha de cada uno de aquellos sucesos "fortuítos" recibo a mi nombre una flamante tarjeta postal. Siento los hilos de El Magister sobre nuestras cabezas, casi puedo verlo y me quiere a mi aplaudiendo. Un ruido penetrante se corresponde con un Nursery rhyme, cada resplandor me regala una contdown song y las lullabies o canciones de cuna sirven, por lo visto, para amenizar cualquier disturbio poco común en la vía pública. Con Itsy-Bytsy Spider una plaga de cucarachas tomaron los muelles, con Toora, Loora, Loora el Támesis rezumaba especias. Con una fuga de agua, Dilly Dilly Lavender's Blue me atronaba en la cabeza. Escuchando All the Pretty Horses tuve noticia de un carro volcado en la vía pública que con sus ochenta libras de remolachas semejaba un charco de sangre. Y por fin, llegó la última y también la más inquietante : Day is done, nada más y nada menos, para más inri acompañada de una exuberante interrogación. 

- Partimos de lo siguiente - trato de ordenar mis ideas. 
1. Los hechos acontecidos forman una cadena metódica de caos incipiente. 
2. Alguien desea que me implique y posiblemente se trata de Fergusson. 
3. El agitador tiene acceso a tarjetas postales que según me han informado, aún no están a la venta por lo que nuestro hombre tiene contactos en la Post Office. 
- Lo que da qué pensar... - se incorpora Chester, por supuesto, sin ser invitado. 
- ¿En qué sentido? Por favor, continúe - le invito oficialmente a mi elucubración malsana. 
- Corren rumores sobre una red de túneles que bajo el nombre de Royal Mail Underground Railway atraviesan el subsuelo de Londres... - le interrumpo, el argumento me resulta demasiado jugoso como para permanecer más tiempo callado y concluyo.  
- De modo que nuestro símpático anarquista podría estar utilizando estos conductos para huir del tumulto sin ser visto... 
- Exactamente - Chester pretende animarme, me ve alicaído, por eso asíente generoso permitiendo que me apunte un tanto que no merezco y yo me dejo mimar. 
- 55 a
El robo de sesenta lechugas en Davis Greig Grocery, una pequeña explosión sulfurosa en los aledaños del pub Ye Old White Horse, un torrente de aguas inusualmente esmeraldas manando a borbotones desde el río Effra hasta las aspas del WindMill a través de las alcantarillas, un polvorín de dinamita estallaba en la estación de Chapham con cinco heridos leves, la desaparición de un pintor callejero de nombre Sam Powland, una columna de humo azul en la pensión que regenta Ursula Loyer en el número 87 de Hackford Road... Brixton, siempre Brixton. Definitivamente, el barrio de Brixton es el anodino escenario de tantas extrañas incidencias, bromas, travesuras, canalladas... Llámenles como se quiera. Detallamos mi colega todo sonrisas y yo los puntos en un mapa metropolitano y aún no formando una figura geométrica definida, sí que concordamos en que todos equidistaban de un lugar común: Las inmensas torres en construcción de The Battersea Power Station. 

Atravieso el puente de Vauxhal, accedo por Angell Town hasta la nueva zona residencial. Camino solo para no despertar sospechas aunque Chester me sigue a cierta distancia. Observo los restos de cada disturbio, desde luego allí nada es lo que parece. Y descubro junto a la oficina postal en el 76 de Landor Rd una rejilla con visagras bien engrasadas que conduce a un estrecho pasadizo de escaleras. Compro dos onzas de pan en la panadería contigua y me miran rato. Diría que el panadero ya lo ha visto antes, algún que otro viandante trasteando en el candado, de repente se escucha un click y el tipo se pierde en la oscuridad... 

En Brixton coexisten casas, descampados, hondonadas y negocios de todos los calibres, es un barrio en transición. Algunas calles emanan prosperidad mientras otras se rindieron hace tiempo. Por eso recorro armado los alrededores, no sé a qué atenerme. Y resulta que acierto de pleno pues el revolver me es clave para salir airoso, Por increíble que parezca, me resuelve el entuerto sin pegar un solo tiro. Y es que no arriesgo la vida, nadie me ataca. El peligro es otro, latente e inmóvil y por desgracia, mucho más real. Un imán superpotente atrae el arma hacia el norte con algún oscuro propósito. Sin duda, se trata de una aleación de itrio y cobalto con más constante de anisotropia magnética que cualquier otro material conocido: YCo5 me inclino a pensar, así es, la conjunción definitiva. . Un enlace químicamente estable ideado por Gus de niño para poder manejar a distancia sus indisciplinados soldaditos de plomo rojo. La misma fórmula con la magneticé la ficha de ajedrez pero esta vez elevada a la enésima potencia

Londres no para, está descosida y ajeno a mis pesquisas, William Turner me busca desesperado. Simultáneamente a mi rastreo, un hombre con atuendo de viaje entraba en estado de shock en el hospital de la British Red Cross para excombatientes, ha dicho llamarse Ben Howart y entre espasmos e incongruencias no hacía sino preguntar por mi buen amigo Turner. Los médicos se disponían a internarlo en el manicomio por culpa de la historia insostenible que logró llegar a hilvanar, piensan que delira. Cierto, la cantinela es tirando a absurda y sin embargo para Turner tiene algo de familiar, algo así como un déjà vú que le cautivó de inmediato. 
Ben les contó que lleva huyendo desde que se apeara del ferrocarril de la Great Western Railway en la estación de Waterloo esta mañana, según afirma fue justo entonces que un ejército uniformado de rojo comenzó a acosarle por tierra, mar y aire a bordo de una nave rocambolesca que en la linde del rió terminó por acorralarle. Y se lo habrían llevado a la fuerza de no ser por la feliz intervención de un ave magnífica de porte majestuoso que le agarró con sus garras de la chaqueta de tweed y alzó el vuelo para minutos después depositarlo delicadamente en el suelo a escasos metros del recién inaugurado Tower Subway. Allí consiguió ocultarse, luego escapar por el túnel subterráneo y así zafarse de sus perseguidores. En cuanto vuelvo a la mansión, Ahwar me pone al corriente, todo es escrupulosamente cierto pues el halcón de Hatchid ha perdido cuatro plumas y aún lleva el sombrero hongo de Wilham enzarzado entre las uñas. 

Lord Wantage nos ha permitido cobijar a Ben Howart bajo tutela de Turner en su casa de campo hasta tu entera recuperación, entonces volverá a Bruce Grove en Tottenham donde administra una linda mansión georgiana que otrora fuera propiedad de su tío Luke Howart, botánico ejemplar y aún mejor avistador de nubes si cabe La casa ha sido asaltada y. precisamente, para dar parte a los abogados del ultraje es por lo que acudía Ben a Londres cuando fue interceptado por los mercenarios, unas ropas tan horteras no pertenecen a ningún país conocido. Esos mismos tipos habían asolado el lugar quemando todos los cuadros de paisajes diurnos que no los nocturos, supongo que por capricho. También arramblaron con todo el material cartográfico anterior al siglo XII. Aunque todo esto es circunstancial, puesto que su verdadero objetivo era hacerse con dos ejemplares, paradógicamente, no demasiado valiosos sin los que no estaban dispuestos a marchar:  La copia manuscrita del "Essay on the Modification of Clouds" escrita por el propio Luke Howart así como "El juego de las nubes" primera edición dedicada obra del mismísimo Johann Wolfgang von Goethe. Por lo que cabría pensar, se debió a una estúpida correría... Pero no porque me consta que el criminal ha dejado deliberadamente su marca sobre la chimenea. En efecto, alguien se ha molestado en colgar un cuadro descatalogado del más firme detractor de Howart que por supuesto, no pertenece a la colección privada del botánico. Por razones obvias, la pintura de Caspar David Friedrich no era objeto de su devoción y no debería estar ahí. En consecuencia, el visitante no deseado trajo el cuadro de forma intencionada en tono provocador. Sin título y manteniendo un encuadre similar al "Caminante ante un mar de niebla" resulta una composición melancólica aún más inquietante que la primera. Esta segunda versión apócrifa refleja una marina tempestuosa y sobre ella, en primer plano, emerge un muchacho de espaldas de rizos rubios alborotados con el viento, hasta aquí coinciden. Pero en este caso, el joven se alza erguido sobre una hierba artificiosamente violeta moteada por pequeños montículos de nieve todo ello coronado por un cielo absolutamente zian, diría que de otro mundo. A su lado, la inmensa pared nos habla adornada con pulidas letras de caligrafía gótica pintada con sangre de chivo:

"Debo rendirme a lo que me rodea, unirme con las nubes 
y con las piedras para ser lo que soy". F. 

- Son palabras del propio Friedrich - apunta Chester 
- ¿Entonces pudo hacerlo él? - pregunto ingenuo de mí. 
- Imposible - le imploro otra respuesta - Por Dios, Graham. ¡Por supuesto que no! 
- ¿Cómo puedes estar tan seguro? - insisto en un desesperado intento por desligar a Gus de este escabroso incidente. 
- Porque el pobre diablo lleva treinta años muerto. ¿Qué tal como argumento?  
- Comprendo - no hay nada más que hablar -. Adiós a mi culpable ideal, habría sido de lo más socorrido. 

Una vez despojado de mis últimas salvas, no me queda otra que rendirme a la evidencia y sin poder mirarle a los ojos, afirmo en dirección a Chester: 

- Esos rizos los he visto antes, mucho antes. 
- No puede ser, si el pintor es centroeuropeo... 
- Créeme, los reconocería en cualquier parte. 
- ¿Aunque pasaran veinte años? Mira que el cuadro se pintó hace tiempo. 
- Encaja igualmente.. 
- ¿De qué conoces al ricitos? ¿Algún amante despechado? 
- El primero - respiro hondo, me tomo mi tiempo... 
-  ¿Quién? Necesito un nombre. No te hagas más el interesante, Graham, eso no va contigo. 
. (...) - de veras, no puedo. 
- Vamos. ¡Desembucha! - Chester me amenaza con enmarcarme el cuadro de Friedrich en la cabeza y no lo permitiré. 
- !Alto! - a pesar de todo, el retrato es un recuerdo y lo quiero para mi. 
- Mira que se me acaba la paciencia, Graham, no me pongas a prueba... 
"Lo tienes en mente y si firma con F, no miente". ¿Te gustan los acertijos? 

Solo es una confesión a medias y aún así, me cuesta horrores. 









* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.






viernes, 24 de marzo de 2017

«LUMINESCENZA» Capítulo 12: "Cayo Vero Próximo".






«LUMINESCENZA» Cap. 12: "Cayo Vero Proximo"
Deinde Magis...










     
¿Cree en el destino? ¿Que incluso los poderes del tiempo 
pueden alterarse por un solo propósito?"

Bram Stoker.                    
                  
                          

          











Cap 12. Cayo Vero Proximo

El plan va sobre ruedas, en cuanto El Magister contactó con Philip Dreyfus, éste desplegó todo una personalidad sanguinario que por supuesto deslumbró a "su nuevo y oscuro amigo". Decoramos su habitación de la pensión con toda suerte de objetos idóneos para un crimen. Sobre la chimenea, colocamos un nudillo oxidado con la etiqueta colgando que decía: 


"Asalto. Tres golpes diez heridas. Puente de nariz roto.Sentencia de 3 meses de carcel". 

Le procuramos navajas, cuchillos, ladrillos manchados de sangre, ganzúas y pistolas. Adornamos las vitrinas con máscaras de asesinos después de sus ejecuciones en la prisión de Newgate como el de Franz Muller quien cometió el primer asesinato registrado en un tren así como un cojín de alfiler bordado por Annie Parker con su propio cabello acusada cuatrocientas veces por embriaguez. También contó con artefactos utilizados como evidencia en casos de la policía dispersos por toda la sala tales como las huellas dactilares y moldes de impresiones de zapato procedentes del delincuente así como la cuerda con la que ahorcaron a Amelia Dyer que arrojó siete bebes al Támesis. Algunas las adquirimos en los callejones de whiteChappel. Si bien, la mayoría pertenecieron a los criminales antes de ser ejecutados depositadas según the Prisoners Property Act en los archivos de Scotland Yard. 

- Le aseguro que nadie las echará de menos - se justificó Peter Wallace restándole importancia cuando recogí el cargamento en la puerta trasera de la sede policial de Victoria Embankment. 

Otro Lackingtonian que se unía a nuestra causa, en este caso movido por una leal amistad. 

- Gracias, Wallace, espero que este incidente no le acarree problemas - señalé con el bastón a un colega distraído que fumaba con avidez en un rincón.  
- Olvídelo, usted no me debe nada - dejando patente la antipatía que el agente metropolitano me profesaba -.  Lo hago por Dreyfus, a él le confiaría mi vida 

Ante tal muestra incondicional afecto, me vino a la mente Gus. Fue tan repentino que me pillo con la guardia baja y me dió una punzada el corazón.

Y es justo por eso que escribo esta historia, necesito desahogarme. Porque fue toparme con Fergus durante la fiesta y reconocer a Gus en cada uno de sus gestos y los demás no lo saben. Chester nos presentó, no sin cierto recelo. Y para mi sorpresa, el invitado me habló con tanta familiaridad que sentí escalofríos. 

- Caramba, Graham, qué mal te veo - noté cierto resquemor, comenzaba el cuerpo a cuerpo. 
- Así es, los vicios no pasan en balde... - in quarta, esquivé el ataque lateral con alegancia.  
- Ni los remordimientos tampoco - touché, me pinchó de lleno. 
- Las heridas cierran - remis, estiró el brazo empuñando mi copa.  
- Pero algunas dejan feas cicatrices... - resemblement, aún me propinaría otra estocada. 
- Podríamos hablar de yodo y sutura durante horas, caballero, lástima que me deba a otros invitados. Y ahora, si me disculpa... - retraite, me retiré a tiempo no sin arrogancia.
- Pues no. No le disculpo. 
- ¿Cómo? 
De hecho, tenemos una partida de ajedrez pendiente.  
- Creo que hemos víctima de un pequeño malentendido. 
- ¿De veras? 
- Desde luego, my lord. Estoy seguro. 
- Tómese su tiempo, Graham. Acomódese en la buhardilla y haga memoria. 
- Me aguarda el embajador de Birmania, he de hacerle los honores. 
- Una excusa particularmente lograda, Graham, compruebo que conservas tu ingenio.
Perfecto, así serás un digno adversario. 
- Sigo sin entender... 
Corrupta est veritas et mendacium ut cum silentio. Cayo Vero Próximo. 
- Basta de acertijos, no estoy para bromas. 
- Ni yo tampoco. Jaque al rey. Intenta escapar. No caerás ni hoy ni mañana, puedes tomarte tu tiempo. Entretanto, me entretendré con piezas menores... Seamos galantes, las damas primero.  

Desabrido, le di la espalda. Mi alma hecha pedazos, no pude ni despedirme. Busqué a Anya desesperado, disimulando tomé un Sherry de su bandeja. 

- ¿Estás bien? - le tuteé, no pude evitarlo.  
- La jadarita me hierve como un volcán - me enseñó el dedo, lo tenía rojo e hinchado.  
- Claro, porque él está aquí. 
- Lo sé - le miró de soslayo. 
- ¿Te ha reconocido? - la miré fijamente - De ser así, corres peligro.  
- No lo creo - se encogió escondiéndose tras unas gafitas de pega. - Ignora a los criados, no le interesan lo más mínimo.   
- No te preocupes por mí, estaré bien. Cuídate tú, pareces al borde del colapso - me habló con tanta ternura que la habría besado ahí mismo delante de todos pero me contuve.
- Me acababan de partir en dos con un florín invisible...  
- Ya veo, puedo leer el terror en sus ojos.  

Y La Jadarita estaba en lo cierto, aúnque mis ojos podían decir muchas más cosas. 

De un lado, Anya me gusta. Fue verla despojada de todo artificio, sin maquillaje ni avalorios, y descubrir en ella a la criatura rebosante de vitalidad digna hija de la tierra. Su piel emanando ese perfume floral, afín a la madre naturaleza. Hacía tiempo que lo sospechaba y por fin me rendía ante lo evidente. Tardé en digerirlo porque no soy bueno para ella, no le convengo. No podemos estar juntos o la destrozaría. Mi preciosa Anya se merece algo mejor. 

Por otra parte, está Fergusson acosándome. Salvo por ese acento extraño propio del continente, diría que es la viva imagen de Gus. Y quiere algo de mí... Nada bueno. Me invita a un juego perverso en el que aparezco como único rival y no me gusta. ¿Por qué yo? Si se tratara de Gus... ¿De verdad me odia tanto? Éramos niños y estaba asustado. Han pasado venitidós años y todavía sigue mortificándome la escena. Tanto, que le temo como aquel último día en el que nuestra burbuja reventó y mi inocencia se fue al traste. Le odio y le extraño por partes iguales. Claro que si viene a rendirme cuentas, lo entiendo. Obré mal y le fallé. De ahí que le tenga siempre conmigo, presente como una sombra.  Cómo podría él llegar a olvidar si yo aún no me he perdonado. 

¿Y si tengo razón? ¿Y si se trata del propio Gus que ha vuelto a vengarse? En tal caso, estoy involucrado en esto desde el principio. Fue él quien me atrajo hacia sí y le he seguido como un cervatillo estúpido. Me pregunto si aún puedo renunciar a este singular tête a tête... Y de rendirme, si él seguiría adelante... 

Aún me acuerdo de nuestra última tarde juntos, Gus y yo. La tengo metida aquí dentro y no la puedo tragar. El torreón a oscuras, la lámpara de pie intermitente... "Es una llamada" me dijo. Hablaba en susurros de un modo inquietante. 

- ¿A quién llamas? - me pudo la curiosidad. 
- A las titilantes estrellas - me contestó con solemnidad - Las mismas que de un tiempo a esta parte "me hablan".  

Apagaba y encendía, cada vez con más ímpetu. Coincidiendo con las intermitencias, Gus entró en un estado febril. Jadeaba, respiraba con dificultad. Se ahogaba, estaba muy nervioso. Así y con todo, logró enviar un mensaje en morse al cosmos en señal de respuesta. 

- ¿¿¿Cuando??? - les preguntaba insistentemente. 
- ¿¿¿Dónde??? - inquiría al firmamento exponiendo su alma desnuda al mismo cielo. 

Justo entonces, en medio de aquel diálogo universal, fue que mi primo comenzó a babear. Tenso, con los ojos fuera de sus órbitas y con los puños cerrados se retorció como poseído mordiéndose con saña la lengua. Y sin querer fui testigo de cómo le invadía una fuerza descontrolada. 

¿Por qué le hicieron eso? Sí, me refiero a las estrellas. ¿Acaso no les trató con el debido respeto? ¿Las ofendió de alguna manera? Lo sé, suena estúpido de la pluma de un adulto. Pero a mis ocho años, cobró todo el sentido del mundo. Desde entonces, tengo por norma no bromear jamás en campo abierto. Tal como se las gastan allá arriba... Créeme, mejor así.. Pues está demostrado con irrefutables datos empíricos: Las estrellas, me consta, no tienen sentido del humor. 

Y ahí no acabó todo, la noche se cebó con el pobre Gus. Entre convulsiones mi primo terminó por desplomarse sobre la cristalera que estalló en cientos de astillas de vidrio acompañada de un estruendo atronador. A lo que siguió un golpe de viento huracanado que despertó al arpa con cabeza de sirena, provocó los acordes de la viola e hizo silbar al flautín. Tembló el jarrón, los cuadros de flores bailotearon, voló el boomerang ida y vuelta, piaron los colibríes... Una escena tan mágica como espeluznante y que me atrevería a calificar como terrorífica de no ser por las sombras chinescas que emergieron de la mampara de Tiffanys... Así es, por un instante tuve la dulce sensación de que en medio de aquel caos aleteaban las luciérnagas. Ellas, o sino sus sombras, algo pequeño escapó de allí para perderse en la oscuridad. Aunque lo sé, nada de aquella noche tiene mucho sentido. Yo mismo, dudaba y me refugié dentro un baúl con la tapa entrecerrada y las manos cubriéndome la cabeza. Y ahí me quedé encogido hasta que vinieron los enfermeros y se llevaron a Gus. El sanatorio permitía visitas, podría haber jugado con él al ajedrez en el jardín mientras se recuperaba... Pero nunca fui, no le llevé su telescopio ni su colección de insectos. Frente a mi, mi único y mejor amigo se transformó en un monstruo y no quise volver a verle. 

De ahí que me tiemble la tarjeta en las manos que me ha hecho llegar Fergusson con su misma letra inclinada y retorcida. 




Gracias por una velada maravillosa, viejo amigo. Un placer volver a verle. En efecto, fui yo quien cogió las fichas de ajedrez prestadas apenas por unas semanas. Concretamente, hasta la mañana del 20 de septiembre de 1870 que LUCIRÁ una nueva era. 

                                                                     Atentamente, Tobias Fergusson   


Escribo desde el invernadero, compungido, ha sido una noche dolorosamente reveladora. Definitivamente, Fergusson es nuestro hombre. Y todo indica que la muerte de Gus a la tierna edad de quince años  de un ataque crítico que derivó en aneurisma no fue sino una farsa orquestada para despistarme. Así que, mientras ideabamos un plan para infiltrar a Dreyfus en la guarida de El Magister, éste se me presenta y retándome, me anuncia una fecha fatídica de fuegos artificiales. ¿Entonces soy el ratón? Me toca y no me atrevo a tirar. 
Cierto, me ronda. Se cree un Dios y está tan cerca... Pero no reescribirá la historia, lo juro. Cayo Vero Proximo no es nombre de César. Al cielo no se le hacen malabares, insisto. Y el estúpido de Gus debería saberlo mejor que nadie.  










* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.