viernes, 28 de abril de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 16. "De inquietante belleza".




«LUMINESCENZA» 
Cap 16. "De inquietante belleza".
Rupes Negris...






     "La devoción, como el fuego, sube hacia arriba".

                                                                                          Zoroastro.                     
                  
              







Cap 16. De inquietante belleza.  



El Gran Día amanece soleado, aunque late la amenaza... Las sombras, de un verde metálico, se proyectan sobre el pavimento más largas que de costumbre. Por suerte, los londinenses deambulan sin reparar ni en en los haces de luz cegadora que perfilan lis tejados ni el reflejo en los charcos de un cielo estridente. Nadie parece percatarse de lo inusual salvo perros, ratas y gatos callejeros que huyen espantados en estampida. Ahora Londres es el reino de las cucarachas, crece el cieno del Támesis y los ibis negros de Hermópolis y la necrópolis de Saqqara sobrevuelan Saint Paul en círculos. 

Disponemos de poco tiempo, vamos contrarreloj y sin rumbo fijo. Pero algo hay que hacer de modo que decidimos actuar según un plan alocado y suicida. Por que no hay nada qué perder y, en contraste, hay tanto en juego que merece la pena apostarlo todo. Por eso, vuelo en una nave estrafalaria con todas las comodidades bebiendo champagne con los ojos vendados. Tranquilos, no soy prisionero de El Magister. Al contrario, me cité con él voluntariamente. Tras hacernos ciertas confidencias, ahora simpatizo con su causa. Te lo suplico, no me juzgues.  Ya estamos cerca pues vibra el imán que llevo en el bolsillo... Apuro mi copa, me cosquillean las burbujas y brindo por la carta que de inmediato me abrirá las puertas de la BatterSea Power Station: 



Londres, a 20 de diciembre de 1870. 

Estimado Freidrich. ¿O debería llamarle Fergus? Me dirijo a usted con toda mi admiración dado que estoy al corriente de su historia. Así es, conozco el estrecho lazo de amistad que mantuvo durante meses con mi añorado Gustav y el afán que en su nombre le mueve en su Proyecto Luminiscente. 

Por todo lo cual y en consideración al afecto y atención que le prodigó a Gustave usted y que ni su padre ni yo supimos otorgarle en sus últimos días, me gustaría ser testigo presencial de todo cuanto haya de venir y contemplar su obra en toda su magnificencia.  

Aguardo expectante una invitación en firme, en honor a la pérdida común que nos une,  ansioso por mostraros mi más devota complacencia.  

                   Saludos cordiales, Lord Graham. 



ЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖ                                               



Descendemos, ya hemos llegado. Sin venda, avanzo por un pasillo. Hace mucho calor, Anya me previno. Tras los saludos de rigor, muy formales para mi gusto dado lo atípico de la situación, comienzo en compañía de Fergus un tour por todas sus instalaciones. Y una vez en La Casa de Fieras no sé si reír o llorar, estamos en otro mundo. 

- ¿Qué opinas de mi pequeña selva, Graham? 
- Aquí falta algo... - el jardín tiene un tono monócromo como si le hubieran estirpado los colores. 
- Estás confundido. En cuanto se te dilaten las pupilas, a través de la inmensa tela de araña que mantiene la humedad idónea, percibirás un millar de matices... 
- Además, está desierto.
De mirar con perspectiva, reconocerías reminiscencias de vida ahí dentro. 
- No hay nada ni nadie. El receptáculo está vacío. Por otra parte... ¿Quién podría sobrevivir en la más absoluta penumbra? 
- En Mi Noche, todos los gatos son "albinos" - Fergus sonríe, al parecer se trata de un chiste de lo más jocoso al que yo permanezco ajeno y no le importa. 

Entonces me explica con paciencia infinita cómo se desencadenarán los próximos acontecimientos y yo asiento... Me siento mezquino. Y sin embargo, aquí sigo alentando a un loco. 

Primeramente, asistimos al experimento que Anathole ha preparado. Me presentan al científico, está exultante. Le pregunto si colaboró Dreyfus en su construcción, me contesta con evasivas. Enseguida sé que le delató pues leo vergüenza en sus ojos. 

- Sobre una base de madera, colocamos estos dos enormes discos de aluminio de ocho toneladas cada uno...
- Sigues hablando en plural... 
- Dreyfus fue un buen ayudante - sigue debatiéndose entre el bien y el mal, Anathole es un mar de dudas. 
- Hace doce días vertimos seiscientos litros de mercurio entre ambos discos - me pregunto por qué insiste una vez más en tener presente a Dreyfus, es como si necesitara fustigarse. - A continuación, aplicamos una corriente eléctrica de cuarenta millones de kilovoltios y setenta mil megaamperios al montaje y el mecanismo respondió satisfactoriamente.. 
- En consecuencia, el mercurio comenzó a girar alrededor de los discos. ¿No es así? - en un intento por comprender, me limito a constatar lo que veo.
- Correcto. Ocurre en virtud de las leyes de la conductivilidad y lo hace ¡a una velocidad vertiginosa! - siente en sus carnes cada palabra de lo que dice, tanto la pena como la gloria. 
- Ya veo... - la visión de esta obra faraónica sin precedentes me entusiasma y acongoja al mismo tiempo. 

En verdad, es espléndida. Sin precedentes, de otra era. Definitivamente, Anathole es un genio. Si bien, mi impresión se ve empañada por un temor creciente que se me instala en el pecho y dejo caer como si tal cosa... 

- ¿Y cuál será su utilidad? - Anathole calla y mi cuestión queda flotando en el aire. 
- En cuanto subamos la potencia a 1,50 gigavatios y abramos las compuertas del techo, el campo magnético tomará el cielo por sorpresa. 
- ¿Y después? 
- Para ti no habrá después - Que yo sobreviva no es una opción, en este aspecto Fergus se reafirma contundente. - Me temo que es una decisión inegociable. 

En adelante, se muestra hostil evidenciando que no creyó ni quiso creer en mi supuesta camaradería ni por un momento -. Aún así, te confiaré mis planes. Por Gus. De estar aquí, seguro que hoy me preferiría a mi y correría a mi lado. Tú no le mereces. 

Está claro, Fergus me odia, siente por mi unos celos enfermizos que lleva macerando más de veinte años. Mientras Friedrich se desvivía por Gus en el sanatorio, éste no dejó de pensar en mí y en lo que fue nuestra vida juntos. A pesar de que le fallé, su corazón me perteneció hasta su último aliento... ¿Y cómo le correspondí yo? Abandonándole a su suerte. Fergus tiene razón, yo no le merezco.

- Por fin, Gus comprenderá que yo y solo yo he seguido tus pasos. Mientras despilfarrabas tu vida, yo creí en él hasta culminar todos sus sueños. "Una Noche Eterna" - Fergus anuncia pletórico y su proclama me suena agridulce. 
- Como el nocturno de este cuadro tan extraño, no había visto nada igual... Lo firma un tal Vincent. 
- Es obra de un pintor holandés que estuvo merodeando hace poco por la ciudad y el ocaso es una de sus composiciones fetiche. Además, concibe La Noche Estrellada como yo. Mírala bien, mágica y terrible. 

Observo por un ojo de buey el firmamento y compruebo que se está haciendo de noche por segundos... Y al perder protagonismo el sol, comienzan a despuntar timidamente las mismas estrellas del cuadro. Ahí está nustra luna, hoy nueva por lo que solo se perfila su sombra oronda y oscura. También brilla el lucero del alba, Venus. Y Titán, la luna de Júpiter. Así como Júpiter con sus satélites galileanos: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto... Lo que habría disfrutado Gustav de semejante espectáculo ante la más bella e inquietante escenificación de la penumbra. 

- ¿Qué está pasando? - presiento lo peor. 
- Pronto habrá un eclipse y mi Apparatus Borealis acentuará y perpetuará sus efectos. ¿Has viajado al norte alguna vez? En el invierno polar, la aurora boreal domina la oscuridad... Doy fe, no hay paraje más hermoso... - ya asoma el mecenas de la barbarie, El Magister se crece por momentos. 
- ...ni más esperpéntico - apunta Anathole con miedo en el cuerpo. 
- Acorde con el Inventio Fortunato, un libro sin igual, recrearé el Gran Polo Norte Magnético y lo verás con tus propios ojos. 
- ¿En Londres? 
- No me malinterpretes, Graham. Te creía más imaginativo... ¿Por quién me tomas? - trato de indagar sus intenciones. 

Por un momento, creo vislumbar un atisbo de sensatez en la mirada de Friedrich. Quizás asome el niño... Cuando me contesta complacido: 
- Los londinenses sois tan ignorantes, siempre creyéndoos el ombligo del mundo. ¿De veras crees que por Londres me tomaría tantas molestias? Por favor... 

Acto seguido, se complace en tomar aquel libro enigmático entre sus manos y tendérmelo abierto por una primera de sus páginas. Y hete ahí, el mapa del Rupes Nigra, que con su remolino gigante abarcaría los cinco continentes... Lo que supera con creces mis más aciagas expectativas. 





* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.

viernes, 21 de abril de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 15. "Reptiles vs. reptiles".




«LUMINESCENZA» 
Cap 15. "Reptiles vs. reptiles".
Fugit wasp...






     "One time i trust a stranger".

                                                                                          Judee Sill.                     
                  
              







Cap 15. Reptiles vs. reptiles.  



"Day is done, graznan las gaviotas. Gone the sun, se escabulle el astro entre tantos quejidos. From the lake, nubes. From the hills, niebla. From the sky, sombras. 

Batuta en mano. Venas hinchadas. Silba. All is well, sois tan diminutos... Truena y El Divo ríe sin ganas. Safely rest... Yaced, malditos. God is Night, entona desencajado con voz de barítono. 

Después, silencio. Day is done, ya todos duermen. Y concluye la nana con diez mil alaridos". 

                                                    ЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖ

Me sobresalto, estoy empapado en sudor. Tranquilo, me digo, solo era un maldito sueño. Y mi despertar coincide con que llaman insistentemente a la puerta. Irrumpe Wells, con un aspecto deplorable luciendo junto a una borla ladeada, sus cuatro pelos enmarañados, embutido en una camisola holgada que le llega hasta los tobillos. Nunca le había visto antes de esta guisa, un mr. Kruge a la británica. Es más, en mi ignorancia siempre le imaginé correcto, impoluto, encorbatado y en chaleco a rayas perenne, día y noche. 

- Disculpe mi intromisión, señor, pero esta noche ha resultado muy esclarecedora. 
- ¿Desde cuándo compartimos intimidades, Wells? Guárdese sus sueños y yo haré otro tanto con los míos - afirmé en cierto modo aliviado, no debía mortificar a nadie de mi reciente visión apocalíptica. 
- No se trata de eso, mr. Graham, hace años que no sueño. Estadísticamente, me sería casi imposible pues, por lo general, apenas duermo dos horas. A lo sumo, tres en caso de pulmonía. 
- Entonces... ¿A qué debo su inoportuna visita? - mi tono para con Wells es arrogante, lo sé, incluso despiadado pero es que sigo enfadado con él, me ha robado a Gus, sus últimos retazos. 
- Rememoraba la mañana en la que le dedicamos a Gus un último adiós y su padre lloró amargamente. No era tan mal tipo, ¿sabes? 
- Serían lágrimas de cocodrilo. 
- Siento objetar, señor, pero eran bien sinceras. James Fergusson estaba completamente destrozado. Si le hubiera visto en aquel estado... 
- Lástima, estuve muy ocupado aquella tarde. ¿O fue por la mañana?
- Haciendo diminutas pajaritas de papel si mal no recuerdo... 
- Definitivamente, posee usted una memoria de elefante - mi mayordomo me ha puesto en una situación harto incómoda. 
- Que no de cocodrilo... - Well enfatiza la última palabra, así me hace saber que me es leal, incondicional. Mi bienestar, su máxima prioridad. Me ha dedicado su vida entera. 

A lo que, escurridizo de mi, no se qué contestar y me voy por la tangente. Me escabullo como un reptil... Yo soy el cocodrilo. 

Practique el origami, Wells. No conozco mejor terapia, de veras. 
- ¿Terapia? 
- Así es, para el olvido. 
- Al contrario que usted, yo no deseo olvidar. 
- Será que usted no tiene conciencia - una crueldad para con el viejo, menuda bajeza la mía. 
- Será que prefiero vivir a darme de latigazos. 

El mayordomo toma la palabra, su paciencia llega al límite. Me enchufa un pedazo de pudding con pasas con el que me amordaza momentáneamente. Y acorralado sobre el colchón de plumas, no oso replicar consciente de que el anciano no soportará más ironías por respuesta. Comienza su turno y me detalla la escena: frente al féretro de mi amigo sollozó su padre postrado y apretaba los puños un niño que por alguna miserable razón se afanó en describirme con todo lujo de detalles.  

- Un muchacho rubio, pálido, espigado. Sus ojos ardían de dolor y su boca esboza un gesto de rabia. 
- No puede ser, Wells, yo era su único amigo - le imploro que al menos me deje vivir con tal convicción, de lo contrario creo que le odiaré toda mi vida. 
- Habían pasado varios meses, Mr. Graham, no sabemos nada de su agonía - Touché! Aquello me puso en guardia, por fin, más que un estoque - Por fin se incorpora, señor, ya va siendo hora de que se centre en lo que realmente importa y se deje de perogrulladas. 
- ¿Y qué es lo que "realmente importa"? Ilústreme - cada vez me muestro más displicente. 
- Que ese chico hacía por parecerse a Gus, Las mismas gafas, el mismo pelo engominado. Hasta tenía su pitillera, la que le trajó su padre de Cachemira. Me consta porque al partir del camposanto tuvo un acceso de tos. Acababa de encender uno de esos cigarrillos turcos... Kyriazi Frères.
- Pura coincidencia. Además... ¡Qué sabrás tú! - tal es mi nerviosismo que ignoró los formalismos para con un criado y Wells se da cuenta. 
- Quizás esté usted en lo cierto, mr.Graham y yo no sea más que un iluso sirviente que se ha excedido en sus obligaciones. - Wells se repliega y yo me relajo. - En cualquier caso, la presencia de aquel mozalbete me soliviantó. 
- Menuda impresión, dos gotas de agua. 
- Salvo por ese acento prusiano que arrastraba con cada plegaria. 
- Y de seguir vivo ahora sería un adulto. 
- En efecto. Además, sé cómo localizarle: Llevaba la misma pulsera que lucía Gus durante mis visitas al sanatorio. Han de llevarla de por vida, por si sufren alguna recaída.  
- Interesante. 

Observo a Wells, le destellean los ojos. Está decidido a ayudarme y le perdono antes de lo previsto. ¿Cómo no? Si su devoción me conmueve. Ese anciano me entiende como nadie y cree en mí mucho más que yo mismo. Y a Gus, él no le dio de lado. Qué suerte, no tiene que vivir flagelándose por todo lo que no hizo. 

De repente, entra Harpper. ¡Sin llamar! La puerta de mi alcoba está abierta de par en par. Mis invitados esperan tras el umbral. 

- ¡Esto es del todo inapropiado! - algo azorado me recoloco el pijama. 

¿Qué ha sido de mi intimidad? Me siento ultrajado. Si bien, a pesar de manifestar abiertamente mi turbación ninguno hace amago de marcharse, solo tienen ojos para la carta que me ofrece Harpper en mano. La tomo. Es de Dreyfus. Su caligrafía me decepciona, resulta de lo más anodina. La leo en voz alta frente a un coro de cabezas que asoman a ambos lados de las bisagras. La inquieta Anya se remueve como una culebra hasta que se pilla el lóbulo de la oreja con la ranura y emite un férreo chillido. Los ojos brillan, también la jadarita, diría que piedra y porteadora están enlazadas de alguna manera. 

- Dreyfus nos convoca a las nueve en el lugar previsto. 
- ¡Cómo no! Por supuesto, las calles de Theatreland... Nuestro actorzuelo no pudo elegir mejor decorado. 
- El White Carf no es un pub apto para señoritas... 
- Esta noche no se desharán de mi, caballeros - Anya está descalza, tiene unos pies divinos. - Les recuerdo que yo también vivo de la farándula, nadie se maneja mejor que yo por Covent Garden. 

Y acudimos puntuales, todos sin excepción, a aquel pub legendario custodiado por un bello ciervo blanco que venía colgando del umbral desde el medioevo y me sentí a salvo. como forajidos en el recóndito bosque de Sherwood. Aguardamos en un reservado: Anya vestida de vampiresa, Ahwar disfrazada de hombre, es el vivo retrato de su hermano. Lo que me trae inmediatamente a la mente dos niños rubios que rondan la misma edad, visten el mismo uniforme descolorido del sanatorio y me pregunto cómo empezó todo... 

Vuelvo de golpe a la realidad, apago el cigarro estrujándolo contra pared. Desde luego, el bueno de Dreyfus no se ha hecho esperar, acude puntual a la cita. Entra, con los pies por delante. Levitando. Lo sujeta el oriental que estuviera al servicio de Hatchid. Aquel que me sirvió café. Sí. ¡El mismo! Junto otras cinco lagartijas de sangre fría y muy dudosa calaña. Van y depositan a nuestro héroe sobre la mesa que ocupamos sin demasiados miramientos. El chino coge la pinta de Chester y toma un trago, luego vuelve a beber y escupe sobre el rostro de Dreyfus.

- Así es cómo en mi casta brindamos con los traidores. 

A continuación, estrella el vaso contra la pared y nos mira, impasible. Sus párpados caídos no sé si ríen o lloran, Y a continuación, pretenden marcharse como si tal cosa... 

- ¡Alto ahí! - clama Ahwar. - Chang, le exijo explicaciones. 
- Ya no trabajo para su difunto hermano, señorita, si es que alguna vez lo hice... - definitivamente, sus ojos ríen. 
- ¡Por Alah! A qué viene tanta crueldad... - les señala. - Ustedes acaban de matar a un hombre. 
- No es nada personal, nos limitamos a cumplir órdenes. Además, se trata de una muerte irrelevante. 
- ¿Cómo?
- Así es, morir antes o después... Poco importa. - no doy crédito - Total, pronto estarán todos muertos. O algo peor... Créanme, mejor pronto que tarde.  

Entonces Chester se puso en pie y disparó sin demasiada puntería mientras yo, petrificado, me comportaba como un perfecto imbécil. De inmediato, los esbirros de El Magister se dispersaron. Le bajamos los párpados a un Dreyfus, todavía tibio.  Le habían pintado a navajazos una cuadrícula acompañada de tres símbolos: P-K4. 


P-K4. Pawn to king 4
"Apertura peón cuatro rey." 

Contra todo pronóstico, empiezan a jugar las negras... Inaudito. Hay mucho en juego y El Magister ya ha movido.  A lo que las blancas deberían responder:


KN-B3. King's knight to bishop 3. 
"Caballo de rey tres alfil."  

De todos es conocido que la dama se entiende mejor con el caballo que con el alfil mientras que torre y alfil coordinan mejor que torre y caballo. Sin olvidar que todas las reglas se acompañan de una posible excepción y nuestras vidas penden de cada uno de esos letales movimientos.

No me precipito, me tomo mi tiempo. La discreción es clave, se trata de una partida bien poco convencional: Reptiles vs. reptiles. De hecho, Anya me contó que en verdad existen los basiliscos en las selvas de la Hondura británica. A veces, la naturaleza supera al mito... Y es precisamente con sigilo que el diminuto Basiliscus plumiforms consiguió sobrevivir a todos los Grandes Monstruos: Dunkleosteus, livyatan melvillei, sarcosuchus imperator, gigantopithecus blacki, argentavis, titanoboa, meganeura monyiel, águila de Haast, brontoscopio, arthopleura, helicoprión... Todos, caput. Adiós a los viejos reyes de la fauna de los que ya solo quedan huesos. O cómo el White Deer, sin ir más lejos. Aquel que cuelga de la fachada del pub. Antes, blanco. Y ahora, a mi pesar, mojado con un pigmento ácido bleu cosmos que aún chorrea chispeante por el estandarte. ¡Ellos lo impregnaron antes de marcharse! El ácido es corrosivo. Efervesce el ciervo en su agonía, preludio de una belleza insoportable.







* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.





viernes, 7 de abril de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 14. "Sabor a pólvora"




«LUMINESCENZA» 
Cap 14. "Sabor a pólvora".
Fugit wasp...






     
"Yo llamo. Tú eres piedra. Un día cuando 
me busques, descubrirás que me he marchado".

Poema Novruz.                    
                  
              








Cap 14. Sabor a pólvora. 


No puedo dormir, estoy desecho. Me paso las noches en vela encerrado en la buhardilla ha sabiendas de que mi archienemigo me observa desde la otra linde del río. Terminé por contárselo a Chester, el librero puede llegar a ser muy insistente. Y no le culpo, yo también odio las historias a medias. Además, compartir mis peores temores, fue una especie de liberación. 

- No puedes seguir así, Graham, o esa historia acabará contigo. 
- La fastidie, Chester, Y por fin, recibiré mi merecido. 
- Sencillamente te asustaste. No te fustigues así, por Dios. ¡Eras solo un niño! Además, yo tengo mis dudas. 
- Seguro que es él, Gus sobrevivió. 
- Yo no lo tengo tan claro... 
- A ver. ¿En qué te basas? Solo intentas acabar con mi tormento y te lo agradezco, pero no nos engañemo. Gus está vivo y se ha convertido en un ser perverso. 
- No es por tí. Creo que hay algo retorcido en este feo asunto, de veras.  
- Explícate. Y no me digas lo que quiero oír sino la cruda verdad, no es momento para bálsamos. 
- Si se trata de Gus... ¿Dónde ha estado todo este tiempo? Y puestos a llevar otra vida. ¿Por qué reaparecer precisamente ahora? 
- Estaría amnésico y ha mejorado de repente o su odio ha ido in cresccendo hasta desear mi muerte. 
- Lo lamento, no me lo trago. Además, si Gus se salvo, las vicisitudes y el tiempo habrán hecho de él un hombre distinto. Las personas crecen, evolucionan. Y por contra, entre Gus-niño y Mr. Fergusson tú mismo detectaste demasiadas coincidencias. ¿Lo ves? Resulta muy forzado. 
- Pues comprobemoslo. Eso es, salgamos de dudas. 
- ¿Cómo? Su padre murió en ultramar, nadie nos dará noticias de él. 
- Salvo él mismo. 
- Si te propones acudir a El Magister, olvídalo. Es lo que pretende. Sopesará cada respuesta para herirme, no le daré esa satisfacción. 
- No me refería a Fergusson sino al propio Gus. ¿Dónde está enterrado? Examinaremos sus huesos. 
- ¿No querrás profanar su tumba?
- Por supuesto que no. ¿Por quién me tomas? Para mancillar su nicho, tu amigo tendría que estar muerto.

Y esta misma noche Chester y yo hicimos una incursión en el cementerio de Kensal Green en busca de pruebas. Si bien al principio parecía dormido, con nuestros primeros pasos se levantó toda una espantada de aves de decenas de especies diferentes que se confundieron rapidamente en un mar de grises. A sus estridentes graznidos se sumaron los rugidos de otos animales salvajes, como en toda selva, grande o pequeña, la vida y la muerte son primas hermanas. La impresión fue tremenda, como si se alzaran ante nosotros toda una horda de espíritus. Por suerte, se dispersaron dejando entre ellas y nosotros una distancia prudencial aunque desde cruces y mausoleos próximos nos seguían mirando. Y entonces, para relajar nuestros nervios probablemente, Chester canturreo una tonadilla, quizás de su propia cosecha: "Porque hay todavía una buena noticia para oír y cosas bellas para ser visto; Antes de ir al Paraíso a través de Kensal Green". Desafinaba más que yo cuando estoy borracho, lo hacía deliveradamente para desviar mi atención de nuestro macabro objetivo. 

Atravesamos hectáreas de bellos jardines, dejamos atrás los grandes mausoleos y tantísimas pequeñas tumbas siguiendo a la luz de un candil el curso del canal. Y por fin llegamos al santuario de los niños, el rincón más triste y el más hermoso. Un bosque de querubines dormidos que no despertarán a la hora del desayuno. 



IN LOVING MEMORY OF 
GUSTAV FERGUSSON (1835 - 1848)
THINK OF HIM AS LIVING, 
HE IS STILL AMONG US IN ANY WAY. 


La encontramos, así decía su lápida y la inscripción me dejó perplejo. 
- ¿Nunca habías venido antes? 
- Jamás - tragué saliva. 
- Te veo consternado, Graham, si el impacto es demasiado fuerte para ti podemos posponerlo volver otro día... 
- Agradezco tu comprensión, Chester, pero no es eso. 
- ¿Entonces? ¿A qué viene tanta consternación? Amigo, te veo desencajado. 
- Son las palabras que yacen sobre su tumba: "Piensa en él como si viviera, aún está entre nosotros de alguna forma" ¡Sugieren su presencia entre nosotros!
- Cierto, son del todo desapacibles, pero son fruto del amor de un padre...  
- No en el caso de Gus, su padre James Fergusson tenía una sola pasión: La India. No fue precisamente un beloved father
- Quizás con la muerte de Gus recapacitó y estaba arrepentido. Porque seguía vivo cuando Gus falleció. ¿Me equivoco? 
- Así es, pagó las exequias y en el entierro dicen que le vieron muy compungido. 
- Dicen... Me interesaría que pensaste tú. 
- No puedo opinar porque no estuve allí. Tampoco asistí al de Hatchid, ya sabes, no me gustan los entierros - incómodo, me hice el distraído - Mira, Chester, ahí está Venus.   
- Olvidémonos de James, creo que no es nuestro hombre. 
- ¿A qué viene eso? 
- Esta lápida es reciente, lleva aquí cinco años a lo sumo.
- Pudo haberla reemplazado él, James Fergusson sigue vivo. 
-  Hazte cargo, debe de ser un anciano. Además, un arquitecto amante del Rajastán jamás pondría una lápida tan moderna.  
- Ahora que recuerdo, hubo un episodio que olvidé por completo. Hace una veintena de años, Hopper describiéndome el entierro de Gus... Me viene a ramalazos. Mencionó un poema del Rig Veda escrito en sanscrito sobre su tumba. Siempre anteponiendo su maldita India - pensé -. Y le desprecié por ello. 
- Comprendo - hubo un silencio entre nosotros que Chester rompió sin demasiados miramientos -.Y con eso me das la razón, está no es la piedra original. Desprovista de líquen y moho... Y fíjate en la tipografía, utiliza técnicas de impresión muy novedosas. 
- En efecto, ha sido encargada a un impresor bien poco convencional. 
- Es más, presta atención a la cromación de las letras, poseen un brillo metalizado. 
- Percibo cierta arrogancia... 
- Es obra de un visionario, irreverente e inventor. 
- Procedamos a examinar el cadáver, antes de sacar conclusiones descabelladas - fui yo quien instó a Chester a seguir con el plan inicial y al alba aún siento nauseas solo de pensarlo, tenía que salir de dudas o me reventarían las sienes. 

Estaba oscuro, cavamos durante horas. Los ojos de todos esos bichos nocturnos nos vigilaban y entre ellos, me pareció entrever una horrible criatura. Claro que no le dí importancia, lo atribuí al miedo me hacía imaginar cosas.  

Abrimos el feretro. El esqueleto no conservaba el anillo con el sello de la familia... Insólito. Y sin embargo, tenía el húmero mal asido tras la ruptura del hueso al caerse del caballo. Gus se lamentaba a menudo de la poca movilidad que tenía brazo. Culpaba a aquel defecto del desdén de su padre, el desdichado. 
- De no ser por este brazo estúpido, Padre me habría llevado a la India. Pero claro, como no puedo manejar un rifle... Me desgarrarían los tigres de Bengala. 

De vuelta a la realidad, tengo ante mi a Gus en menos carne que hueso y vuelvo a sentir pavor. Si bien no huyo ni me escondo, esta vez me obligo a mirarle. Supero mis reparos y le acaricio una falange, acerco mi boca a su oreja putrefacta y susurro:  “Sleep well, sweet angel. Let no fears of ghouls disturb thy rest" hasta que el asco me puede y aparto la cara. Chester, consciente de mi sufrimiento, alarga el brazo hasta posarlo en mi hombro en un torpe intento de consolarme pero le aparto de mi, no quiero su compasión. Cierra el ataud con delicadeza, a continuación me pide que ceda cuerda para poder depositarlo en su nicho y luego cubrirlo de tierra. 

- ¿En qué quedamos? ¿Se trata de Gus?
- En efecto, es él. 
- Aunque no tenga el anillo...
- Igualmente, estoy convencido. 
- ¿Y cómo se explica que no lo lleve en el dedo anular si nunca se desprendía de él?
- Fácil, ladrones de tumbas. 
- Si los ladrones de tumbas colocan lápidas nuevas a sus víctimas después de cada asalto, entonces éste es el caso - sonríe con amargura. 
- Más que un sarcófago, tu invención es un arma mortal. Diez kilos de explosivos ocultos en una doble tapa de fresno... 
- No dramatices, Graham. A mi entender, no es sino una trampa para cazar ratones. 
- En cualquier caso, se trata de una broma de bastamte mal gusto, mi estimado Chester. Me preocupa... ¿Y si ocurre un accidente? 
- Tranquilo, el mecanismo es infalible y solo detonará la dinamita en caso de flagrante asalto. Debemos estar preparados. Es facil que nuestro nigromante merodee este lugar, reincida. Y de haber más ultrajes, no tendrán final feliz. 
- Por Gus - descorcho una botella de güiski, esa misma que contemplábamos extasiados de niños brillando desde el mueble bar del despacho de mi padre. 
- Prefiero el champagne pero qué puedo decir, no soy el invitado de honor. Por Gus. 
- Descansa en paz, amigo. 
- Hasta que saltes por los aires, ya queda menos. 
- ¿Así que volverá el intruso? ¿Cómo estás tan seguro? 
- "Siempre habíais sido lo más caro a mi corazón, mi posesión y mi obsesión; por eso tuvisteis que morir prematuramente." Friedrich Nietzsche. 
- Obsesión... ¿Quién está obsesionado con Gus? 
- Nuestro ratón, evidentemente. 

Bebemos y el licor me sabe a pólvora. Chester sabe perfectamente cómo ser sarcástico, tanto que me parece escuchar una tímida carcajada bajo el promontorio de tierra recién removida. Aunque la pizca de cordura que me queda prefiere atribuirlo al graznido de una urraca inexistente, me veo incapaz de encajar más despropósitos en una sola noche. 

Estoy mal, demasiadas emociones. Ahora no soportaría ver a nadie de modo que decido vagar sin rumbo rasgando a mi paso la niebla hasta el mediodía. Volveré despojado de recuerdos, tan amargos como mi aliento. Entre monosílabos, me despido de Chester alegando en un arrebato que necesito pasear y mis pasos, dolorosamente me llevan a un discreto fumadero del Soho donde me envuelvo en humo en un desesperado intento por olvidar hasta el detalle más nauseabundo. 

De buena mañana la boca me sabe a regaliz, del regusto de la adormidera. Y me detesto. Es el principio del fin, he dado un paso fatal. Aún trato de excusarme... ¿En verdad siempre hay una primera vez para todo? Claro que no, solo para los incautos. Y en tan penosas condiciones... Aceptémoslo, para mi ya no hay redención posible. Yo soy el despojo, no Gus. !Cómo ser digno de Anya si destruyo todo lo que toco! 








* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.