sábado, 20 de mayo de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 19. "El arcoiris negro".

«LUMINESCENZA» 
Cap 19. "El arcoiris negro". 
Pyrodinium 






     ""El mejor fuego no es el que se enciende rápidamente".

                                                                                          George Eliot.                     
                  
              







Cap 19. El arcoiris negro.


Me intereso por el joven rubio del retrato, le pregunto por qué está de espaldas y de repente, mi interlocutor se siente incómodo. E insisto, sé que le he dado de lleno y se resquebraja. Claro que, honestamente, no es del todo mérito mío. Fergus tiene más grietas que un triste plato de terracota de la flamante dinastía Song. 

- ¿Entonces es Gus? ¿O acaso se trata de Albrecht? - Friedrich se encoge como un ovillo. 
- Juguemos a imaginar su expresión... ¿Ríe? ¿Llora? - ahora se bambolea de atrás a delante, acunándose, con los codos plegados a ambos lado de la cara y las palmas para adentro cubriéndole los oídos. 
- De verte aquí y ahora. ¿Qué te diría? Supongamos que se da la vuelta... - se quita el guante, le acaricia el pelo olor a trementina. Y ahí esta, sobre su dedo anular. ¡El anillo de Gus! No hay tiempo para reproches, sale corriendo y le sigo. 
- Sea quien sea, no lo aprobaría - afilo mi lengua despiadada.  
- ¡Te equivocas! - le altero más de lo que cabía esperar y satisfecho, opto por ahondar en la herida. 
- Y dada tu reacción, me atrevería a afirmar que es alguien que te importa de verdad... - Y mucho me temo que, si alguna vez le defraudaste, no es así como recuperarás su respeto... 
- ¡Calla de una vez o prescindiré de ti! Mira que en mi mundo luminiscente, solo me sirves como ornamento...

Ahora estamos en una sala contigua de forma ovalada, inhóspita y vacía, salvo por los retratos que se suceden en la habitación. Todos, del envés. Bailarinas de Degás con el pelo recogido en un moño, bocetos a carboncillo de mujeres sin nombre con la nuca desnuda obra del joven Hammershoi, La escena doméstica del pintor escocés William Quiller Orchadson bajo el título“La primera nube”.  La "Alegoría del arte de la pintura" de Veermer donde un pintor, ajeno al observador, se centra en la modelo y en su caballete.  Y entre ellos, un montón de cuadros del teutón Gaspar David Friedich. Siluetas de hombres y mujeres al trasluz. Sombras sin rasgos, simples contornos, dándonos deliberadamente la espalda en medio de un paisaje debastado de invierno hostil y arco irís negro entre nubes iridiscentes.   

- ¡Por todos los santos, Fergus! Qué sensación de desdén... ¡Ni que fueras masoquista! ¿Representan gente que te falló? ¿Se olvidaron de ti? ¿Te dieron de lado? 
- Solo temporalmente - agarra un cuadro del pintor romántico alemán que inmortaliza el dorso de una mujer con la tez oculta hacia el horizonte. 
- ¡Menuda majadería! - exclamo sin pensar y le hiero en su amor propio, justo cuando menos lo pretendía.  - ¿Seguro? - gira el marco sobre sí mismo y rotándolo, le da la vuelta - ¿Acaso no existe la cara oculta de la luna? - de nuevo, esa estrecha relación con los astros tan presente, que responde a todas sus angustias interiores mientras yo me quedo sin habla ante la extraordinaria visión que se me ofrece...    

Cuelga la pintura por el reverso y aparece la mujer en la misma posición, solo que ahora está de frente. Su rostro, ovalado y pálido, dibujando un gesto de total asombro. Y el cincel de sus pupilas dilatadas en plata enmarcadas en un gélido cielo verde-esmeralda... Presagia un mundo tornasolado que acongoja a quien lo vé. 

- Ese rostro presagia lo peor... ¿De veras eso es lo que quieres? - apelo a su sentido común. 
- Te empeñas en degradar todo mi esfuerzo, solo deseo un mundo a mi medida. 
- ¿Todo esto, por una mujer?  Fergus, recapacita. 
- No es solo por Brigitta - se pierde en los ojos de ella y esboza una sonrisa torcida -.Fueron muchos los que no repararon en mi potencial.  
- No despertarás sino odio y lo sabes. 
- Lo prefiero a su desdén, no hay puñal más ponzoñoso que la fría indiferencia. 
- Nadie canta las "hazañas" de un demente. 
- Y aún así, me recordarán por generaciones
- Generaciones de ratas, a lo sumo. Pues con semejante desastre natural, podría sucumbir nuestra especie. 
- No seas tan catastrofista, Graham. Por supuesto, sobrevivirán Los Elegidos. Y si te comportas, bien podrías ser uno de ellos. ¿Qué te parece? - De repente se muestra magnánimo y su falsedad no la tolero por más tiempo. 
- Siento declinar tan prometedora oferta pero tengo cita con mi sastre a las seis y la luz natural mengua a marchas forzadas...  - un leve saludo y de inmediato me doy la vuelta sin cortesía ninguna. 
-  No solo renuncias a mi trato de favor, también osas darme descaradamente la espalda... ¡Serás majadero! Ocurrirá según lo previsto, contigo o sin ti. Tú decides - tengo delante a un loco y no sé que contestar, de modo que prosigue -. Como ves, habrá un antes y un después. Y a partir del eclipse, ya nadie me dará la espalda 
- Un antes, un después. Sin reparar en el "durante" que aún no está escrito... Goliat, no te confíes. 
- Eso ha sonado a amenaza soterrada... ¿Acaso serás tú quién intente impedírmelo? ¡Mira como tiemblo! - y se ríe de su propia mímica, el pobre diablo resulta patético. 

Así que me minusvalora... Excelente. Fergus olvida que no hay enemigo pequeño, mejor así.  

- Si le encargaste una chaqueta de tweed, olvídalo. Mala elección. Razón de sobra para faltar a tu cita, Graham, créeme. Despilfarra tu dinero mejor en litros de alcohol. 
- Si es porque no se estila en París, descuida que no soy amigo de las modas pasajeras - intento salirme por la tangente pero no me deja opción. 
- Si te aconsejo algo así es movido por egoísmo, lo confieso. Tenemos pendiente un pequeño viaje. Y aún así, no es un argumento infundado pues augurio un invierno tenaz... En adelante, habrá que pernoctar bajo tierra y vestir con pieles. Dado tu débil carácter... Emborráchate, si lo prefieres. En cualquier caso, despídete de la primavera para los restos. 

De repente, suena la músiquilla del Big Ben. Muy cerca. Proviene del reloj de bolsillo sajón que de nuevo Fergus exhibe ostentoso como si se tratara de un juguete. 

- Acompáñame, Graham, por este atajo. He reservado para nosotros asientos en primera línea. Disculpa por lo tortuoso del camino, pero ya eres de confianza y los acontecimientos se precipitan. ¡Tenemos prisa! 

Caminamos por un pasadizo a un sótano húmedo y mohoso, por la proximidad del río, que nos conduce directamente a un hangar donde la fabulosa aeronave de El Magister está calentando motores. 

- Apéate, Chong, hoy pilotaré yo mismo. Y como ves, tampoco preciso de copiloto. Para  el compartir tan feliz acontecimiento, cuento con un invitado de excepción. - Chong se muestra uraño tanto por no volar a la vera de su general en el momento culmen como por haber sido reemplazado en su puesto de honor por un b presuntuoso como yo. 
- Pero señor... 
- Basta, Chong. Deja de lloriquear y no-me-re-pli-ques. Atente a las órdenes, abandona el Apparatus ipso facto y desaparece de mi vista. Te necesito al mando de la base, no seas crío. Y vigila bien. Cada tunel, turbina o pasillo. Puede que tengamos visita, recíbelos como se merecen y hazles los honores... - Fergus me mira de soslayo, intuye que mis amigos maquinan algo y me temo que no se equivoca. 

Chong me fulmina con sus ojos rasgados de tigre y se aleja, cabizbajo, dispuesto a custodiar el perímetro. Comprendo que me odie, él es su mano derecha y llegado el gran momento me elige a mi como sola compañía. Él y yo, solos, suspendidos en el aire cianótico. Mientras a Chong le reconcome la rabia...  Debería complacerme pero no es así ni por asomo. 

Y es que la acción se desarrollará aquí, abajo. De partir con él, seré un mero espectador y encerrado en la aeronave me tendrá a sus expensas. Con exquisitas maneras y menciones sibilinas, me está alejando del meollo y no puedo hacer nada al respecto. Y lo que es peor... Si bien mis amigos están al corriente de nuestra partida, desconocen sus planes defensivos ultimados a última hora por culpa del estruendo de las hélices. Vendrán en cuanto alcemos el vuelo, acudirán confiados creyendo que apenas quedará Anathole al cuidado de la máquina quien colaborará con que le presionemos un poco.  Pero si Chong se queda en tierra, está alerta, intercepta su incrusión, da la señal de alarma, reagrupa a sus esbirros, organiza el contraofensiva, les ordena que tiren a matar... La pelea está servida. Caerán en una escaramuza, no tendrán escapatoria. Y caerán, antes de ni siquiera avistar el objetivo. A menos que... 

...A menos que les ponga sobre aviso. En cuanto accedamos al interior del Apparatus Volant se hará el silencio. Será entonces que, entre adulaciones, intentaré derivar la conversación hacia Chong y sus secuaces, precisar su número, capacidad, armamento y ubicación... Eso les conferirá cierta ventaja. 

Durante el curso de la partida de ajedrez, retrasaré la salida de las bestias todo lo posible, pero de un tiempo a esta parte, noto que mi influencia caduca, a El Magister comienzo a cansarle. Conforme oscurezca y se presenten otros divertimentos, perderá el interés por mi y no me permirá hostigarle por mucho más tiempo. Ahora me doy cuenta, no soy más que un prisionero de lujo de quien mofarse y ante quien alardear, como el extraviado mercader inglés en la corte del gran Genghis Khan. 

A partir de ahí, mal que me pese, habré de renunciar al liderazgo y dejarlo todo en manos de Ahwar, Chester y La Jadarita. Definitivamente, más nobles que yo. Cautos e inteligentes, mentes peculiares de extraordinaria valía. Solo espero que esa amalgama de conocimientos variopintos que alguna vez absorvieron unos y otros de tierras remotas, experimentos sulfurosos y libros descatalogados, les permita idear en común un ataque galopante y sorpresivo, inusual y temerario. Brillante en exceso, por encima de mis delirios. Radicalmente estúpido, absurdo hasta la osadía. Y por ende, el mejor de todos.  

Solo así tendremos una posibilidad entre mil, los mil segundos que dure eclipse y ni uno más porque el tiempo se agota. ¿Y después? Después, el fin del día o de la noche. Puede que el sol prodigiosamente desaparezca para no volver. Ya detecto ese olor fangoso y metálico, el cián se está fraguando en alguna parte. La hora de la verdad: Muerte o Vida a la Luminiscenza. Y en cuanto al arcoiris, muta. Sus haces se solapan y entrelazan como cintas del Beltane en una danza celta. La conversión ha empezado y me siento tan pequeño... Hola o adiós al portal colorido, tal y como lo conocemos. 

A


De 


* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.

viernes, 12 de mayo de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 18. "El inesperado poder de lo geométrico".




«LUMINESCENZA» 
Cap 18. "El inesperado poder de lo geométrico". 
Ktêma es aeí






     "Los confines de la tierra, las profundidades del mar, la oscuridad del tiempo, 
Lo has elegido todo".

                                                                                          E. M. Forster.                     
                  
              






Cap 18. El inesperado poder de lo geométrico.


Llevo observando a Fergus largo rato. Su atuendo, su reloj, sus zapatos... Y tras reflexionar al respecto, me embarco en una pequeña fechoría: Merced al apparatus de Anathole, bien podría el guardatiempos de ese maravilloso reloj de cuarzo estar magnetizado y fallar en cualquier momento. De repente, me da por hablar de banalidades gesticulando ostensiblemente con ambas manos y moviendo el anillo de mi dedo anular que se deshace en carambolas para disimuladamente pasear la brújula que lleva engarzada al aro en todas direcciones. Espero así poder controlar  las manecillas y que se pongan a girar como locas siguiendo su misma estela.  ¿Funcionará? Sería un terrible golpe a futuro... 
Por desgracia, no ocurre así. Tenía que haberlo supuesto. Fergus es tan inteligente como pragmático. Había previsto dicha circunstancia, parece divertido...  Creo que me ha pillado.  

- Buen intento, Graham, pero no servirá de nada - se ríe. - Te dije que era un reloj único y de lo más novedoso. Antimagnético, por descontado. Certero e inexpugnable, todos sus elementos móviles soportarían un holocausto. Las espirales contienen una aleación Invar de hierro, cobre, cromo y niquel. Así como los volantes de Nivarox, que resultan de la fusión del hierro, níquel, cromo, talio y berilio. Y en cuanto al áncora, es de glucydur, una mezcla de berilio y bronce.... ¿Sorprendido?  
- Yo no pretendía... - es inútil, no tengo excusa. 
- Por no hablar del guardapolvos incorporado a la tapa anterior que con un doble baño de hierro dulce y latón cubre las piezas más externas funcionando a modo de escudo. 
- Lo celebro - y reinvento mi mejor sonrisa.   
- ¡Mientes! - mis insolencias le alteran - No abuses de mi confianza, Graham, no me pongas a prueba o sino... 
- O sino... ¿Qué? - no claudicaré a sus amenazas. 
- Atente a las consecuencias. Te lo aviso, ve con cuidado conmigo. Si bien, soy un romántico incurable y arrastro un desasosiego existencial que me viene de familia, me esmero a diario en no ceder a mis impulsos... ¿De lo contrario, crees que aún seguirías vivo? - aquello me suena a amenaza - Por tu bien, no me pongas a prueba... Podría permitirme un desliz, no tengo una reputación que mantener. 
- ¿Y a qué esperas, Fergus? No será que te atenaza el miedo... - No me queda otra, una vez desenmascarado me encaro abiertamente. 
- Calma, querido amigo, yo soy el maestro de ceremonias. - no consigo desquiciarle y se templa poco a poco. - Me gusta respetar el protocolo. De hecho, para todo hay unos cánones... ¿Qué tal si retomamos el ajedrez? 
- ¿Por qué no? - accedo jovial, casi restandole importancia aunque por dentro la propuesta me atenace y sienta ganas de vomitar.

Fergus mueve el rey en una jugada magistral y me fijo en que la pieza en cuestión es la única con silueta humana y no zoomorfa. Además, ha sido pulida en cristal de uranio. Y lo más chocante, representa la misma figura regia del sello del reloj de la marca SAXONIA lo que confirma mis sospechas y así se lo hago saber a mi contrincante en voz clara y rotunda para estudiar su reacción  y suscitar en mis amigos una inquietud e investiguen al respecto. Dirigiéndoles hacia el joyero y su entorno, les pongo a Friedrich en bandeja. Aún a tientas, voy por buen camino. Caliente, caliente... Pues todos tenemos un pasado y, por azar, he dado del suyo.

- Pero si tenemos aquí al mismísimo rey Crono de Sajonia y tú, su heredero - acompaño mi sarcasmo con un amago de reverencia. - Te intentaste camelar al padre para ensombrecer al hijo... Tan brillante como maquiavélico. Cavaliere, mis respetos.
- Te crees muy listo, Graham, pero no sabes nada de mí. ¡Además, no eres quién para hurgar en mi vida! Precisamente tú, un dechado de virtudes...  - toda la razón, nada que objetar, miro atrás y mis méritos se reducen a una serie de despropósitos tachables de estúpidos en el mejor de los casos.

Aún así, Fergus parece desconcertado, no esperaba que le relacionase con Johaness Koltzsh y su estirpe. No contaba con ello. O al menos, no tan pronto. Se desconcentra y erra, la rabia le puede... De repente, le entran las prisas y toma la reina que no es otra que Sekhmet, diosa egipcia y terrible leona... Y solo alzar la ficha, se escucha en el invernadero contiguo un terrible rugido que me hiela el alma. Por fortuna, en el último momento, El Magister recapacita y reemplaza la reina-leona tomando por el caballo con la efigie del dios Min, dios lunar, jefe del cielo y protector de la luna. Lo que no presagia nada bueno pero menos malo, en definitiva.

- La gran ofensiva puede esperar. Recuerda, los cánones - me pregunto si me habla a mi o se lo dice a sí mismo...

Con el salto del caballo, arranca un aislado grito de guerra al que le secundan muchos más a coro que se superponen en el aire atizando en su rotar a la luna que ahora parece esmerarse en cubrir al sol más deprisa,

- Todo a su tiempo, Graham. - se dice y me dice Fergus en un intento por mantener la compostura, sin bien leo por primera vez un temor en sus ojos profundo, visceral e indescriptible. Definitivamente, el niño Freidrich quedó marcado por el dolor hace ya mucho tiempo.... En efecto, creo haber encontrado la brecha. Parece que con mis pesquisas voy por buen camino,

Decido atosigarle a preguntas morales para distraerle de tan nefasta partida e intentar retrasarla en lo posible. Me pregunto si cree plenamente en su misión, cuán fuerte es su castillo de naipes. Por si se desmorona...

- ¿Por qué provocar el apocalipsis, Fergus? ¿Qué te hace pensar que debes hacer esto? 
- "El ojo y la fantasía se sienten más atraídos por la distante nebulosa que por lo que está cerca y distinto delante de nosotros" - No entona ni vocaliza. ¿Acaso recita de memoria? En cuyo caso, tiene un maestro. 
- Y esa coincidencia con el eclipse tan forzada... ¿El esperpento tiene que ser aquí y ahora necesariamente? Para mi gusto, todo es... Demasiado teatral, incluso retorcido. Seguro que Dios, durante la creación, no se tomó tantas molestias. 
- "Todo arte auténtico se concibe en un momento sagrado y se nutre en una hora bendita" - Cáspita, otra frase hecha. 

Definitivamente, emula a alguien... ¿Cómo? ¿Interpretando un papel? ¡Espléndido! Entre tanta falsa pose, descubro al Fergus más inseguro. Busco a mi alrededor para discernir quien realmente es entre tanta mentira. Oteo la habitación, diría que se trata del mismo despacho donde Anya se entrevistó con él. Y aunque, de inmediato, me llaman la atención las paredes laterales cubiertas de cianotipos del cosmos sobre azul de Prusia, no me impactan tanto como el enorme cuadro de la pared frente al ventanal. Otra 
versión apócrifa del "Caminante ante un mar de niebla" del pintor Caspar David Friedrich sobre un paisaje espectral de una belleza insoportable.  ¿Un familiar? Quizás. Pintor romántico  y visceral, detractor de Goethe y enemigo de catalogar las nubes... ¿El origen de una obsesión? Podría ser... O un legado de rencores. 

 En primer plano, de nuevo el retrato de aquel muchacho rubio. De espaldas. Los rizos ondeando al mismo son que el cielo en su intensidad y la hierba violácea. Tormenta. Mutación. Fatalidad. Puro movimiento. Natura insólita, más propia de otro mundo. De colores locos que comparten el resplandor de los cianotipos formando a su trazado un paraje imposible. Y esa transgresión cromática.... ¿Obedecerá a una razón estética? Tal vez, porque los marcos hacen juego entre sí, curvilíneos en madera noble eluden el ángulo de las esquinas... De lo más atípicos. De acuerdo, Fergus rebosa elegancia. Y aún así, me cuesta creer que tal excentricidad se deba a un capricho estilista puesto que no es decorador de interiores ni siquiera paisajista. No hay más que mirar lo muebles estilo tudor para comprobar que en materia de gustos, Fergus tiende a lo clásico. No es vanguardista y alardea de ir contracorriente.  Entonces... ¿A qué esa rebelión pictórica? No doy crédito. 

En cualquier caso, el cuadro me desencaja. Su atmósfera es irreal y resulta inviable en el planeta tal y como lo conocemos. Claro que si cambiaran radicalmente los parámetros entre el sol y la tierra, el cuadro pasaría de desvarío a auténtica premonicíon. Al igual que aquel enorme meteorito que otrora levantara una nube de polvo tal que acabara con los dinoraurios... A veces, la realidad supera al mito. De nuevo, el cielo es la clave. Otra luz... Otra era... Señores, esto es el fin. 

Menos mal que por el interlocutor del gemelo derecho me llegan noticias jugosas que despejan mi mente y me levantan el ánimo. Para escuchar mejor, me hago el reflexivo supuestamente estudiando mi próximo movimiento... 

- Por mucho que te retuerzas en el asiento, Graham, no acertarás. Llevo años ensayando esta partida y la tengo ganada de antemano.  

No le contesto y eso le exaspera. Como contrapartida, insiste en llamar mi atención. 

- Estás tan inmerso en tus pensamientos que pareces el mismísimo El Pensador de Rodin - ¡Qué bromee! Perfecto, por el momento no sospecha. 
- Lucharé hasta el final, Fergus. No esperarás que me rinda... 
- Claro que no. ¡Por todos los demonios! Mi victoria no alcanzará su zénit sino con tu estupor. Por favor, Graham, no me prives de tu compañía. 

Es entonces que desplazo una golondrina y el vuelo de cientos de ellas amortigua el estruendo del Apparatus. Vuelven de Africa antes de lo previsto y con ellas, llega un pequeño repunte de la primavera. 

- Bien jugado, Graham, con tu audacia el sol recupera algo de su antigua intensidad. Pero convendrás conmigo en que esas avecillas no representan para mis murciélagos más que leve incordio. 
- Eso ya lo veremos - con el fugaz atisbo de luz solar, me reafirmo aunque enseguida se debilite y yo con él. No ha servido de gran cosa.   

Soy informado de que Albrecht y Friedrich coincidieron en la Königliche Gesellschaft der Wissenschaften (Real Sociedad de Ciencias de Gotinga) en su juventud y ambos colaboraron con sus respectivas publicaciones en el  journal de revisión y literatura Göttingische Gelehrte Anzeigen. Cierto que rivalizaban pero manteniendo un trato cordial pues los dos muchachos eran tan brillantes que se respetaban mutuamente. Sin embargo, todo cambió cuando Albrecht comenzó a destacar también como deportista. En contraste con Friedrich que estaba exento de cualquier actividad gimnástica por adolecer de una "grave afección nerviosa". Por eso los dos jóvenes se fueran distanciando. Albrecht era bueno al rugby que se practicaba en la academia en honor a su fundador, el rey Jorge II de Gran Bretaña, a la sazón, duque de Brunswick-Lüneburg y Gus quedó atrás. Ese pudo ser el detonante... De ahí, que su periplo en Gotinga no hizo sino acentuar su relación de amor-odio con Inglaterra. 

Por instinto, levanto la mirada, observo a mi adversario de pies a cabeza y constato el cristal ahumado de sus gafas. A decir por el tamaño del ojo nada distorsionado, no es miope. Me percato de un leve parálisis en el lado izquierdo de su cara así como de cierta torpeza en el modo en que agarra el cigarro entre sus dedos... Por supuesto, síntomas casi imperceptibles pero definitorios de una enfermedad neurológica crónica. Y luego está el frasquito de sales con la etiqueta del Dr.Locock's que, según consta, contiene Potassium Bromide y cuenta con el sello del hospital Queen Victoria. Asoma del bolsillo interior de su chaqueta y lo saca para ingierir una determinada dosis cada dos horas estrictas. Según él, para mentolar el aliento... Y con lo atento que es, no me ha ofrecido ninguna. Aún hay más sobre el buen doctor. Tras la publicación en The Lancet  le ha sido recientemente otorgado por la corona el título de primer baronet, es tema candente en la sala de fumadores de los Gentlemen's del West Side. Una decisión monárquica de lo más aplaudida pues Sir Locok es un médico reputado al haber hallado un tratamiento a base de bromuro de potasio para tratar la epilepsia. 

¡Y ahí es donde encajan las gafas ahumadas! Por supuesto, Friedrich sufre de hipersensibilidad lumínica o fotosensibilidad desde niño. La luz le provoca crisis visuoinducidas de episodios epilépticos. De verse expuesto a la intensidad de los fotones, su cuerpo deriva irremediablemente en fuertes convulsiones. Y siguen las coincidencias: En suma, también le afecta neurológicamente la estricta forma geométrica de los objetos. Por eso los marcos carecen de esquinas... De pronto, todo cobra sentido. Así es, Friedrich compartía dolencia con Gus. Friedrich también estaba internado en el sanatorio de Gus, no era un visitante sino un interno. Y juntos soñaban con un mundo luminiscente... ¡Ahora sí! Lo tengo. 

En tanto desentraño la mente del homicida, tengo la sensación de estar desenmarañando un nudo mucho más complejo, por fin comprendo a mi amigo Gus y me siento mejor conmigo mismo. Mientras El Magister, consciente de mi repentina euforia ríe confiado en la excelente marcha de la partida. 

- ¿A qué tanto júbilo, Graham? Si tu última jugada no encierra peligro alguno - Ante cuya observación no puedo sino encogerme de hombros y ensombrecer, esto se pone feo. 
- "Salamandras, serpientes, gusanos y demás alimañas carroñeras, salid de vuestros escondrijos. Ya no os arrastraréis más. ¡Alzaos!" - desliza un alfil con forma de boa constritor y, de inmediato, tiemblan los túneles subterráneos. 
- Denotas tan poca clase, Graham... ¡Qué caballero se encumbraría bajo un ejército de escoria! - intento mostrar aplomo con un triste recurso desesperado de minusvalorar a mi oponente y El Magister se hace eco de mi flaqueza.
-"Ktêma es aeí". Uséase: "Un logro para la eternidad" - clama complacido las palabras de Tucidides, 

Se remite a los textos clásicos del primer historiador científico y cree que eso le honra. Pobre diablo... Ante mi altiva mirada, noto cómo se sonroja. 

- En efecto, Ktêma es aeí- confirmo su máxima y El Magister se siente adulado sin apreciar mi tono socarrón... 

Huelga decir que Tucídides se limitó a escribir la Historia de la Guerra del Poloponeso entre Atenas y Esparta sin pisar en veintisiete largos años el campo de batalla... El mundo está lleno de petulantes sin agallas. 

- "Grande" no significa necesariamente μεγάλος (mégalos)... - Fergus me mira atónito consciente de que se le escapa algo.

En efecto, no es lo mismo grandilocuencia que grandeza. El Magister es pura fachada. Le falta confianza, le sobra entusiasmo. Por fin me despojo de mis complejos, con ojos de espartano le miro. Y héte aquí que ahora sólo veo a un cobarde... Conforme Grecia se mancha, Esparta revive. 



De 

* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.

viernes, 5 de mayo de 2017

«LUMINESCENZA» Cap 17. "Sombras épicas".




«LUMINESCENZA» 
Cap 17. "Sombras épicas".
Bellus epicurius ...






     "La desgracia de los sabios es mejor que la prosperidad de los necios.".

                                                                                          Epicuro.                     
                  
              







Cap 17. Sombras épicas 



Fergus se abre la chaqueta, temo que saque un arma blanca y me enseña un reloj de bolsillo de treinta y ocho pulgadas de diámetro, cincuenta de alto y dos de grosor y una cantidad abrumadora de funciones, unas tradicionales y otras innovadoras, que muestra su esfera lacada y un amplio catálogo de calibres, medidor de hora y segundos, cronógrafos, calendarios perpetuos y anuales, repeticiones de minutos, tourbillones. Y por si eso fuera poco, constan los calendarios gregoriano, hebreo y financiero. También un mapa estelar con las constelaciones visibles desde Londres con indicadores de las estaciones del año, de los equinoccios, de los solsticios y de los signos del Zodíaco. Parámetros del amanecer, de la puesta del sol, de la duración del día y de la duración de la noche. El sonido de las campanas de Westminster y un repetidor de carrusel con la misma melodía que el Big Ben de Londres. 

- Hermoso Cannon Pinion, perfecto Balanced Spring... Ambas piezas, pulidas por el propio Aaron Lufkin Dennison, supongo. Creado por la casa de relojes Dennison Wathch Case Co. de Birmingham. ¿Me equivoco? 
- Un craso error, Graham. ¿Por qué iba a ser británico? Lástima que vuestro exquisito mundo resulte, a la postre, tan pequeño.
- Ampliaré tus miras. A simple vista, podría ser un magnífico Madrestch y Biel suizo o un Boudin francés o un Aichi Tokei Denki japonés de Nagoya pero si observas bien la rueda cinco convendrás conmigo en que no puede ser otro que un reloj de bolsillo producido por un pequeño taller de marca SAXONIA de Dresde-Gruna y Seidnitz. Tanto el singular grado de inclinación del eje para una rueda de treinta y tres dientes como la impecable soldadura en plata constituyen por sí solos dos detalles inconfundibles.
- Por no hablar del sello en el reverso. Concretamente, una figura envuelta en mantos provista de corona, báculo e incrustado en el pecho, un ostensible corazón invertido... Resulta enigmática. Exhala poderío. 
- Es único, por su complejidad y exclusivo acabado no guarda parangón con cualquier otro modelo existente. Fue fabricado en el taller del anciano Johanes Koltzsh por encargo de su hijo Albrecht y diseñado especialmente para mí. 
- Entiendo - y en efecto, aquel objeto maraviglioso me resulta muy revelador pues entre líneas me habla de su pasado... Y puesto que el prusiano acento de Fergus, de joven Friedrich,  bien podría ser sajón, insisto en ubicar a aquel muchacho esquivo en un tiempo y un lugar: ¿Quién será ese tal Albrecht Koltzsch que le otorga un trato tan especial? ¿Y qué lazo les une? Y ya puestos... ¿Será joyero de Dresde en la Baja Sajonia como su padre?
- Espero que estas mismas cuestiones intriguen a Anya, Ahwar y Chester que escuchan nuestra conversación mediante dos pequeños altavoces con forma de cornucopia que sirven de adorno a mis dos gemelos. 

Le tengo de frente, en verdad es un tipo amanerado, complejo, falso y retorcido. Remontándonos a su juventud, podríamos dar con algún hecho significativo que forjara su mente perversa... O hacernos eco de alguna profunda debilidad... Para analizar la naturaleza criminal es preciso conocer bien al individuo.  

Definitivamente, está orgulloso de su regalo. Aunque si ensalza ante mi semejante joya no es solo para presumir, me temo. Hay algo más... ¡Y tengo que saberlo!

- Lo siento, no lo encuentro tan especial - le provoco, atacando abiertamente su vanidad. 
- Compadezco tu falta de conocimientos, está claro que no eres un entendido - disimula aunque por su mandíbula en tensión, sé que le he herido de veras. 
- ¿Acaso actúa como pluviómetro, termómetro, barómetro? En Reino Unido, es de rigor estar al corriente de las condiciones metereológicas. 
- Por Dios, Graham - dudo si se refiere a Jesucristo o a Yahvé -. Con este milagro de la mecánica, controlaré cada paso crucial del eclipse total y todos sus estragos -. Necesita reafirmarse compartiendo con nosotros sus planes... Perfecto. 
- Un eclipse solar total previsto para hoy, jueves, veintidós de diciembre de mil ochocientos setenta... Tanto cuento, para esto. Como diría Dreyfus, admirador de Shakespeare: Nada nuevo en Dinamarca - Me interrumpe un suspiro, un martillazo contundente, una lluvia chiribitas y un fugaz olor a quemado. 
- ¿Algún percance, Anathole? - El Magister valora los posibles daños. 
- En absoluto. Todo transcurre sin novedad, Maestro - Pero su voz refleja pánico, parece inseguro y titubea, me pregunto qué estará tramando... 

Y retomo mi plática para dar tiempo a Anathole a recomponerse y de paso, encolerizar un poco más a El Magister. 

- El eclipse solar más antiguo del que existe constancia sucedió en China el 22 de octubre del año 2137 a. C., los astrónomos Hsi y Ho no supieron predecirlo a tiempo y aún así no se acabó el mundo.  En el 709 a. C. se avistó otro en China, en el 332 a.C. el escenario fue Babilonia. Y no fue para tanto. ¡La vida sigue! El más reciente ocurrió el 18 de julio de 1860 contemplado en su apogeo desde la India, tanto en Bengala como en Darjeeling o Calcuta. Y el imperio continua floreciendo tanto en Bengala como en Darjeeing o la bella Calcuta - me la juego, restándole importancia al evento. 
- Me infravaloras, Graham. En esta ocasión, será el fin. 
- ¿De verdad creías que asustaría por un simple apagón? No soy supersticioso. Esto no es Babel, no somos víctima de un castigo divino. 
- Casi siento pena por ti... ¡Serás iluso! 
- La soberbia te ciega, Freidrich, Tomarme a mi por un inculto... ¡ - para desatar su rabia, me hago el ofendido y prosigo contrariándole -. Ten por sentado que la oscuridad pasará y volverá la luz. En breve, tendrá lugar un fenómeno cósmico tan natural como extraordinario, ni más ni menos - aguardo su reacción que espero sea violenta... 
- ¡Paparruchas! - mi incredulidad le exaspera y golpea la mesa con el puño. 

Solo ese oye el runrún de las máquinas mientras El Magister piensa qué puede hacer para impresionarme... Siento un miedo atroz que no le confesaré de ninguna forma. 

- Te recuerdo, Graham, que tenemos una partida de ajedrez pendiente... ¿La retomamos? 
- Se agradece, que el tiempo corre esta mañana tan despacio... Amenicemos pues, la tediosa espera - de nuevo le solivianto con mi frivolidad y aunque aparenta hacer caso omiso, le encrespo.  
- Como ves, no será una partida tradicional... 
- Mejor así. Por favor, sorpréndeme. A decir verdad, no esperaba menos. Obviamente, me siento muy honrado. Empecemos cuánto antes que ambos tenemos que atender otro ineludible compromiso - me esmero en parecer impaciente por la debacle.
- ¡Cómo pudiste olvidar el desenlace de Dreyfus! Reconoce que te sorprendí. Su caída, mi primer golpe de efecto
- ¡No frivolices con la muerte de un hombre! - tanto esforzarme en enojarle y es él quien en una sola observación consigue sacarme de mis casillas. 
- Frivolizar con la muerte... ¿Yo? Nada más lejos de mi intención. ¡Qué poco me conoces! Es más, me tomo la muerte muy en serio, la muerte da sentido a mi vida  - sus palabras tienen muchas lecturas, a cual más desconcertante y esa sonrisa macabra que le acompaña, ciertamente me acongoja.  

Sobre la mesa, Chong deposita un peculiar tablero de cuadrícula bicolor con los ángulos contorneados en nácar y ébano debido a un antojo de la casa de Saboya en el Principado del Piamonte por suavizar las esquinas. Curvas en vez de abruptos, ondas livianas de confección exquisita. Da miedo acariciarlo pues es una reliquia, también porque sobre él están dispuestas cuatro filas de fichas de márfil, dotadas con la morfología propia de insectos y otras criaturas épicas diurnas y nocturnas. Naturalmente, opto por las blancas, muevo un halcón en honor a Hatchid y su fiel criatura. Solo agarrarla, en el rostro de El Magister descubro su contrariedad. Creo que he acertado, me siento eufórico. Y disfruto de mi osadía-hasta que mi rival toma el relevo y desplaza un murciélago alado con corona en la cabeza. En consecuencia, Chong abre la escotilla del techo liberando toda una bandada de murciélagos flying fox, los célebres zorros voladores que consideraba un mito y están aquí y ahora ¡a cientos! 

- Te presento a mi escuadrón aéreo compuesto por ocho mil Pteropus jubatus criados en libertad dentro de las cuevas luminiscentes de Salerno. Míralos bien, son auténticos carniceros y liderados por the Crowned Bat en breve dominarán los cielos. "Adelante, volad y desatad el terror." 

Es justo entonces que comprendo, mi némesis y yo nos enfrentamos al juego de la guerra más antiguo del mundo. Más que una partida, Fergus me propone enfrascarnos en la madre de todas las batallas. Utilizará malas artes, cada movimiento suyo será sangriento... Así y con todo, ganará el mejor estratega. 








* Portada de IRENE SARAVIA, mi directora creativa. Contar con su colaboración, un privilegio.