El año pasado leí un libro peculiar que pasó por alto a muchos lectores: La Buena Novela de Laurent Cosse. Conocí el libro en la red y por un golpe de suerte, di con él en la Biblioteca Pública. Esto no es una reseña sino un punto de partida. Aquel libro abrió en mi un
DEBATE INTERIOR sobre
"quién tiene derecho a juzgar una novela".
"La Buena Novela" SINOPSIS rápida (a mi manera)
Una aristócrata italiana, Francesca Aldo-Valveli, invierte todos sus ahorros en abrir una librería en París un tanto particular: vende SOLO BUENAS NOVELAS. Para ella, es su última apuesta. O todo o nada, una huída hacia adelante. No cuenta ni con el apoyo de su hija (muerta) ni el de su marido (imbécil) y deposita toda su ilusión en el negocio en ciernes así como en su socio Ivan van Georg, antiguo vendedor de cómics y compañero de fatigas. Al principio la librería triunfa y se hace un lugar en el gremio con una fiel clientela pero conforme pasa el tiempo, surgen los detractores que intentarán desacreditar a la propietaria y hundir La Buena Novela.
Ahora ¿de verdad son tan malvados? Se regodean en la mediocridad o es una sencilla cuestión de supervivencia... Supongo que se preguntan: ¿Quién hay detrás del comité secreto que elige los títulos de la librería? ¿Quién tiene voz para dar la espalda a un autor y su obra? ¿Y si a otros les gusta? Comprendo su inquietud, suena un tanto despótico. Si de veras existe un resquicio de libertad, qué menos que leer lo que quieras. Por otra parte, poneros en su lugar. Queráis o no este asunto trasciende del gran ideal: Calidad en la literatura. En abstracto, es un propósito sublime, Pero tras un rechazo, hay una inversión fallida, una editorial que zozobra, un escritor maldito. Una decisión marcial, podría ser atroz... Así es, un juego inocente pone en jaque al mundo literario.
Conforme avanzaba en mi lectura, tenía el corazón partido. La Buena Novela buscaba libros excelsos, auténticas obras de arte... Dicho así, parece grandioso. Pero ¿Y los demás libros? ¿Merecían ser condenados al ostracismo? Solo porque un puñado de sibaritas no los consideren "selectos".
No os contaré el final de la novela, no estaría bien. Eso sí, solo dejo caer que para mi fue cuanto menos inusual. Muy sencillo, parco. Vaya, sin grandes escenas. Simplemente, se difuminaron los personajes en la vorágine de un París que te engulle sin demasiado ruido. Y este desenlace tan insípido como real, me confundió sobremanera. Lo que me llevó a pensar: Resulta tan anodino, tan poco teatral que hasta podría tratarse de
una historia verídica. De ser así, subyacería esa lucha, un tira y afloja... Un duelo secreto, entre bastidores.
Pues bien, ahí quedó la cosa y como es natural, seguí con mi vida sin darle demasiadas vueltas. Hasta que hace unos días un grupo de
libreros franceses alzaron la voz firmando un comunicado conjunto que se difundió en los medios de comunicación. El diario ABC se hizo eco de la noticia y estos fueron los titulares:
Anuncian en carteles «no queremos vender basura».
Te preguntarás a qué viene esto, si tiene que ver con lo anterior. Enseguida te pongo al día: ¿Quién es esa señora? Pues la mismísima ex-primera dama de Francia. Valerie Trierweiler acaba de publicar un libro: "Merci pour ce moment" que airea los devaneos de su ex-marido monsieur Hollande.
A ver, siempre ha habido libros en torno a un escándalo. Y los de índole sexual, son los más ruidosos. Lo llamativo de éste es su aceptación: Fue sacar la edición a la venta ¡y volar! Solo en París se vendieron más de 27.000 ejemplares en tres días. De modo que con una tirada de 200.000 ejemplares se coloca entre los libros más vendidos. Ahí lo tienes: La sed de fango, eso es lo preocupante.
* Y así es como estalló la controversia desde muy antiguo latente, que lleva siglos asomando y reflotó recientemente en la sociedad parisina, silenciosa y pura como un icéberg a la deriva. Es el mismo ansia que inspirara la biblioteca de Alejandría, motivara a los monasterios irlandeses tras las invasiones bárbaras. El acopio del Rey Sabio, el afán de los humanistas. Ya ves, como dijera Shakespeare "nada nuevo en Dinamarca". Todos ellos, hábiles guardianes del legado. Se trata de una vez más de la eterna búsqueda... De ahí, La Buena Novela.
Así prosigue el artículo:
Quienes se resisten a poner en su escaparate el libro denuncian una operación comercial sucia y vergonzosa. En la puerta de algunos establecimientos se ha colgado el siguiente cartel:
«Esta librería no tiene por vocación ser la
lavadora de la ropa sucia de la señora Trierweiler».
Otros anuncian, con un letrero bien visible:
«Nosotros somos libreros. Tenemos más de 11.000 libros.
No tenemos intención de convertirnos en la bolsa de la basura de Trierweiler y Hollande.
Gracias por su comprensión».
Y los más discretos, utilizan un lenguaje menos directo, aunque bastante más irónico:
«No. No tenemos el libro de la señora Trierweiler.
Nos quedan obras de Proust, Balzac, Victor Hugo...».
Ni que decir tiene que me conmueve esta iniciativa. Por supuesto odio los libros basura, pero "en sentido estricto". Ahora ya sé de qué lado estoy. Pero no me malinterpretes, no apoyo la veneración casi idólatra a un puñado de autores "de culto" tachados de semidioses renegando del resto. Abogo por el respeto a demás corrientes y otros formatos. Apoyo al autor novel que se pasa años documentándose para enlazar una novela histórica. También estoy a favor del relato humorístico que tanto nos hace sonreír, aunque nos conduzca a situaciones absurdas. Y ¿qué me decís del romance? También ¡tiene su sitio!
Por una Literatura abierta, sin recelos ni prejuicios.
Somos solo personas, no vivimos en el Olimpo.
Por eso este comunicado de los libreros franceses me ha calado muy hondo, ha supuesto toda una revelación para mi. A partir de ahí, creo entender que el
movimiento cultural de La Buena Novela existe y que tanto el relato como su colectivo es un clamor a lo bello dentro de la escritura, un canto a la delicadeza que hemos de preserbar como un Parque Natural. Solo pretenden acunar la luz y el arte, lejos de las tinieblas. Un paraíso de tinta al abrigo del tiempo, un nido de historias, que encumbre la nobleza.
Por supuesto que rechazan la prostitución de las palabras, lo ruin de la miseria escrita, Pero quiero pensar que esto no supone un ataque frontal a un elenco de escritores aún por entronizar sino al corrosivo bullir de textos vulgares que pudren el mundo con palabras vanas. Ahora lo veo claro y espero llegue a oídos de todos los que como yo, en su día, no terminamos de captar el mensaje por su posible connotación elitista, extraviados en un laberinto de dobles intenciones.
Los libreros han dicho NO
Cierran sus puertas a cal y canto a la vulgaridad
Así que estamos de enhorabuena.
* La librería "La Buena Novela" brilló y luego se perdió en el aire. Así fue, efímera como un cometa. Si bien Francesca Aldo-Valveli, su impulsora y alma mater (o quien de existir, responda a tal seudónimo) hoy bajará la guardia.
Querida Francesca. O como quiera que te llames.
Una vez despunta el iceberg, navega por los Siete Mares.