martes, 1 de marzo de 2016

RELATO: "Editorial Nirvana".



Editorial Nirvana


Acostumbro a escribir de madrugada en el jardín, sobre la mesa de tuca del porche. Frente a una bandeja de vidrio llena de rodajas de naranja maceradas en ron y una enorme jarra de cerveza espumosa conmemorativa de la feria de Munich. No son para mí sino para mis invitados, obran como reclamo. Entro enseguida al trapo, huelgan los saludos. Arranco con unos diálogos para romper el hielo. ¿O debería decir monólogos? No, porque sé que vendrán. También que contestarán al cuestionario más pronto o más tarde.

-    Venga, Carlos, partamos de la siguiente premisa: Apartado 7. “Cuando coincidí con él aquella mañana de sábado me sorprendió que llevara una muñequera de farmacia en el brazo izquierdo”. A ver. ¿Qué crees que te paso? Me es indiferente, lo dejo a tu elección.
a-      Eres zurdo y te lastimaste la muñeca jugando al pádel. 
b-      En tu ingenuidad ayudaste a un amigo californiano con la mudanza y terminaste tú solito cargando con el microondas durante tres tramos de escaleras.
c-       Te quedaste encerrado en el ascensor y para superar el estrés, te esmeraste en hacer y deshacer compulsivamente un cubo de Rubik.
d-      Como campeón nacional de papiroflexia intentaste revalidar el título construyendo dos mil grullas de papel amarillas en menos de tres horas y media.

Conozco a los de su especie, sus carencias, sus temores, no en vano me tragué decenas de documentales para estar al día y poder compensar con creces su precaria vida a ras de suelo. Literalmente, no podían caer más bajo. Así aprendí que a los coleópteros les atraen los cítricos y que los gasterópodos son unos borrachines empedernidos. Como ves, soy de lo más considerado, renuncio a mi creatividad en pos de un servicio personal e interactivo, no doy un paso en falso ni me adelanto a los acontecimientos. Creo situaciones y ellos se dejan llevar. Ya está, así de sencillo.

-   Adelante, Marian. Lo primero, situémonos: Apartado 8. “En cuanto a ella, enseguida le noté algo distinto, un matiz que no lograba identificar hasta que se puso a leer en voz alta. Fue cuando reparé en esos pendientes divinos de nácar blanco con un toque vintage como los botones antiguos”. Dime, es tu turno. ¿Cómo sigue? Yo sólo transcribo, el resto es cosa tuya.

a-      Te los agenciaste en el mercadillo hippy tras quedarte dormida durante la proyección un filme de autor danés rodado contra pronóstico en la península de Cachemira.
b-      Recibiste un sobre anónimo. El misterioso remitente se ha tomado muchas molestias para localizarte, no es fácil dar contigo. Dentro están los pendientes y un plano del centro de Cork con una cruz pintada a rotulador sobre una destilería de whisky en desuso a la ribera del rio.
c-       Te los dio tu prima el día de Navidad. “Deshazte de ese maldito gorro de lana  que pareces Griffin en Men in black y aparte de él, no deberían quedar más arcanianos”.  Touchée.
d-      Fueron un regalo de tu amante, por eso te los ponías apurada camino del hotel frente al espejo retrovisor del taxi. No pudiste salir de casa con ellos puestos, tampoco con tacones o sospecharían. Prefieres no dar excusas que te tiembla el labio inferior cuando mientes. 

Termino de elaborar el test y aún es temprano, de ahí que  me entretenga un rato columpiándome en el balancín con cuidado de no hacer ruido. A veces se hace larga la espera, durante la primavera me tapo con una manta de viaje y bebo chocolate mientras que en verano doy pequeños sorbos a una limonada ácida y hago fotografías. En cambio, con el frío descanso. Éste es un trabajo de temporada pues de permanecer tiritando como buen anfitrión a la intemperie,  tampoco recibiría visitas. De nada serviría porque Buda es muy claro al respecto y en invierno toca hibernar. 

Aguardo, me pongo cómodo y oculto tras unas gafas de sol que preservan mi identidad, observo a través de la lente ahumada cómo van llegando mis clientes a cuentagotas. Primero aparece revoloteando Marian, tan colorida, bajo los tempranos rayos de sol luce sus alas azules con gracia seguida de cerca por un incansable Carlos que arrastra su concha en espiral cuando aún brilla cegador el rocío salpicando de reflejos que parecen diamantes… Lo que me recuerda que hago esto por dinero, no debo implicarme en sus desdichas. “No te encariñes, solo es negocio”. 






Hacen su discreta entrada vacas, asnos, tortugas y un sinfín de viejos conocidos. También se presentan tímidamente nuevas criaturas que por el boca a boca han sabido de mi trabajo y pretenden sumarse a esta particular romería de lunes alternos.  Porque la editorial engancha, es adictiva, he dado con un filón y no pararé hasta exprimirlo. Carlos avanza despacio dejando un sendero de babas a su paso que agua la tinta y emborrona las palabras. A media mañana consigue llegar hasta la letra d del apartado siete y no lo hace al azar, la rodea a duras penas formando un pegajoso círculo. Previamente Marian había hecho lo propio, se posó sobre la letra a del apartado ocho dejando sobre la vocal escogida un reguero de polen lo bastante llamativo como para captar mi atención.  Les ofrecí una extensa gama de futuros y tras calibrar sus opciones ambos se han decidido y parecen contentos.

¿Cómo me vi envuelto en este embrollo?  Ocurrió sin más mientras devoraba en el metro “Maldito Karma” la novela feel-good de David Safier. Fue justo entonces que me surgió una idea luminosa inspirada sin duda por lo precario de un trayecto bajo tierra. Soy un oportunista, suelo pillarlas al vuelo y puesto que los libros ayudan a sobrellevar la vida, pensé que por las mismas también podrían reconfortar tras una chunga reencarnación que pinta fea. Y por absurdo que suene experimenté con un saltamontes suicida y vaya si funcionó. ¡Eureka! Comprobando así que ante el delicado estado de un individuo desesperado que flaquea a medio camino hacia la iluminación, se pueden alentar sus fantasías con un futuro inventado, por remoto que sea. 

¿Has visto alguna vez un escarabajo deprimido? Resulta muy triste, imagina un bichejo bocarriba que abatido palidece hasta tornarse incoloro con grave riesgo de quedar aplastado desprendiendo un jugo verde-cian nauseabundo... Lo dicho, patético. Por eso mismo desde Editorial Nirvana proporcionamos todo un elenco de viajes, romances y aventuras alternativos, materializamos sus más íntimos deseos en packs integrales de cuentos personalizados a un precio de lo más asequible. Las urracas pagan en dinero y las abejas en especie, naturalmente, en cómodas mensualidades. Diría que realizo una importante labor social, no tengo mala conciencia ¿O debería? Me valgo de un vacío legal, trajinar con sueños no es delito. No hay engaño puesto que yo no prometo nada, todo es ficción y así consta en letra pequeña.

Claro que para cuando yo muera, no tendré quien me escriba como el coronel de Barranquilla y dado mi florido historial de fechorías, podría acabar convertido en ameba por derecho propio. La verdad, no me extrañaría… Pero seguiré jugando, pase lo que pase. Lo juro. Acepto el reto, no me asusta la partida. Soy bufón, juglar, genio y figura... Me apuesto una molécula de oxígeno a que daré con el chiste perfecto. Es más, me burlaré de mí mismo hasta fagocitarme de la risa.









martes, 23 de febrero de 2016

"Fog Sculptures" EXPERIENCIA SENSORIAL.






FOG SCULPTURES


Fujiko Nakaya observa a su interlocutor con expectación y le formula una sola pregunta desenfadada. Es una mujer intuitiva e increiblemente astuta. Trata de adivinar…  Algo le dice que será suficiente.

“Accedo a verla, miss Fujiko, porque no cuento con nadie más y sé que nada de lo que le relate le resultará indiferente. Lo que vi, donde estuve… Compartimos una pasión inusual, un ansia frustrante, un vacío imposible de llenar, de ahí mi deseo de ayudarla. Colaboraré con una condición: que respete mi anonimato. No me referí a aquello en el informe de la NASA, la misión ya resultó lo suficiente turbulenta como para aportar más sinsentidos. Hágase cargo, si se filtrara mi testimonio, me tacharían de loco y mi carrera aeroespacial sufriría un tremendo revés.  Confío pues en que me escuchará sin interrupciones y luego me dejará marchar. ¿Conforme?”

La artista asiente y tras un pacto tácito, el piloto se decide a contar lo ocurrido. Parecen dos viejos amigos sentados en un banco del parque a la hora del almuerzo... Nada más lejos de la realidad. Pues a pesar de la complicidad, su común adicción es tan fuerte que de permanecer en contacto se destruirían sin remedio.  

“Me remonto al trece de abril de 1970, abordo del Apolo XIII. Surcábamos el espacio en dirección a los cráteres lunares de Fra Mauro al ocaso de un día largo y agotador. Acabábamos de realizar una transmisión de TV en vivo, teníamos la adrenalina disparada. Y en plena euforia nos disponíamos a fotografiar el cometa Bennet que se acercaba centelleante. Nadie jamás había contemplado una estrella fugaz tan de cerca, todo un acontecimiento para la comunidad científica. Imagine, Miss. Fujiko, una inmensa roca de hielo ¡al rojo vivo! – L.M parecía absorto, como poseído, describiendo su periplo le temblaba la voz - Y en esas estábamos cuando sobrevino la explosión. ¿Es usted supersticiosa? – la nipona niega con la cabeza - Yo tampoco. O no lo era, al menos. Los cometas traen mal augurio, todas las tribus lo saben. – el astronauta traga saliva - Qué ironía, ¡no! El hombre que pisa la luna resulta ser el más tonto de todos.
Todo sucedió muy rápido. Nueve minutos habían pasado desde la transmisión cuando estalló el tanque 1 y comenzaron a parpadear las luces del panel de control indicando pérdidas simultáneas en todas nuestras fuentes de energía. Lovell avistó una fuga de oxígeno y aparentando serenidad yo mismo avisé a Houston por radio a las 10.59 hora de Texas. Sin electricidad, agua ni oxígeno no podíamos continuar a bordo de la nave así que nos  trasladamos al módulo lunar que utilizaríamos como bote salvavidas. Una vez ubicados, teníamos que ahorrar energía por lo que apagamos todos los sistemas eléctricos, nos quedamos a oscuras y en contraste, el cometa Bennet se me antojó más brilante que nunca. Le odiaba a muerte y me fascinaba al mismo tiempo. Sentía una relación de amor-odio por aquel gigante que se esmeraba en llamar mi atención, arrogante, mientras languidecíamos.”

A L.M. le brillan los ojos como a un niño junto al carrito del algodón de azúcar. Y pensar que es un astronauta curtido por los cielos, un flamante Flash Gordon, su feria de barrio es infinita y los farolillos destellean a ochenta años luz.

“Abandonados en medio del cosmos, los minutos se nos hacían eternos. La temperatura se mantenía por debajo de los treintaicinco grados Farenheit, el aire enrarecido contenía altos niveles de Hidróxido de litio más dióxido de carbono, el tiempo jugaba en nuestra contra y nos deshidratábamos por momentos. La situación era crítica y mientras los demás maldecían,  yo la aceptaba estoicamente. Desde luego no quería morir, no tan pronto. Pero me incorporé a última hora a la expedición como piloto de módulo de mando en sustitución de Ken Mattingly descartado al confirmarse su exposición al virus de la rubeola. Por eso creí estar donde debía estar, el destino me había llevado hasta allí. Para un amante de la astronomía, poder observar un cometa desde tan cerca es algo que no tiene precio… Así que, a pesar de todo, me consideraba un hombre afortunado.

Permanecimos entumecidos sin apenas dirigirnos la palabra en ese lapso absurdo al margen del día y la noche. Houston ideaba un plan B y la tripulación aguardaba instrucciones. Y fue entonces que ocurrió, miss Fujiko, en medio de esa triste calma, que me quedé extasiado mirando al cometa Bennet y en el clamor del silencio, me mostró el cosmos de sus orígenes. Paseé por las lejanas Nubes de Oort, allá donde nacen todos los cometas que conocemos. Y en los confines del sistema solar me demoré esquivando un enjambre de magníficos cuerpos helados que navegando en un mar de cirros emergían como dioses.  

Mis compañeros estaban a 205.000 millas de la tierra, yo a casi un año luz del Sol, me tentó la Próxima Centauri y la idea de vagar para siempre embriagado de la paz más absoluta. Si bien a las 11.21 horas en el módulo lunar se hizo el caos. Al iniciarse la fricción con las capas de la atmósfera se vieron interrumpidas las comunicaciones con la base de modo que durante varios minutos el Apolo XIII se halló completamente desamparado a su suerte en medio de la nada. Respiré aquella niebla una vez más, alcé la cara y las palmas de las manos para empaparme de esas minúsculas gotitas que me atraían hasta la sinrazón y se me escapaban. Confieso que dudé, me demoré más de lo que debía… Hasta que por fin, en contra de mi instinto, conseguí cerrar los ojos consternado con un adiós a mi Olimpo de hielo en los labios. Desconozco cuánto estuve allí, perdí la noción del tiempo. Aunque fuera un instante me valió por toda una vida. Y entonces volví, tenía que hacerlo. “

Tiran a la papelera el envoltorio de sus perritos calientes, se despiden con un ademán. Por supuesto, coloquial. Nada llamativo. Quedan en que ella le enviará una invitación formal que él se compromete a aceptar de buen grado. En los días siguientes la artista se encerrará en su taller y perfeccionará su sofisticado equipo de bombas de presión y boquillas para conseguir el efecto sensorial de las Nubes de Oort artificialmente. No flaqueará en su empeño y apenas en unos meses Fujiko Nakaya culminará su trabajo presentando en Osaka la primera “Fog Sculpture”  en el Pepsi Pavillion de la Expo'70.

L.M. Swigert visitará la exposición sin protagonismos e intentará revivir, en medio de la intensa niebla recreada, un mero atisbo de aquel extraordinario paseo que no logra evocar ni remontamente. Por su parte, Fujiko observará al visitante nº 784 con expectación y le pedirá una sola mirada desenfadada. Es una mujer intuitiva e increiblemente astuta. Tratará de adivinar… Algo le dirá que no habrá de ser suficiente. 



FOG INSTALLATION AT THE GREEN HOUSE (sensorial experience). 
  







domingo, 14 de febrero de 2016

SAN VALENTÍN: Festival de piropos para la mujer moderna.


























Siempre ha habido galanes latinos hasta el siglo 21 que ya no se llevan y escasean tanto que están en vías de extinción. La mujer moderna, decidida  e independiente desprecia cualquier alusión relativa a su físico y la mera mención de su agraciada figura se considera ofensiva de un tiempo a esta parte.

Pero ¿por qué ser tan drástico? Hay piropos que, lejos de ser un insulto machista, son muy poéticos. Si hacen justicia a un andar gracioso o una cara bonita... A ver, ¿qué hay de malo en eso? Ser mujer no significa guerrear con el hombre por sistema ni tratarle con suspicacia como al potencial enemigo. En un día como hoy os invito a bajar la guardia y aceptar sin remilgos unas lindas palabras. 

En este día abogo por una tregua entre sexos. Eres hermosa por dentro y también por fuera ¿no es estupendo? Distingamos pues entre grosería y galantería, asímismo entre morbo y cortejo. Dos actitudes bien distintas que no deberían recibir igual tratamiento. 

Los mejicanos son grandes piropeadores, tanto TinTan como Pajarito barranqueño, Mauricio Garcés o Pedro infante han hecho del piropo un arte de la calle, algo genuino, poesía pura. Quizás por eso la mujer mejicana luce tan espléndida. ¿Y qué hay de nosotras? No seremos menos, hoy nos sentiremos realmente bellas. Pues tengo una receta infalible... 




"la receeta infaliiible"

Elige un color y obtendrás un piropo. Puedes probar tantas veces como quieras hasta encontrar el que más te llene de verás. Te lo mereces, es para ti:



♥ “Calabacitas tiernas, ¡Ay, qué bonitas piernas!” 
♥ “¿Y a poco crees que porque ando repartiendo besos, se me van a acabar? ¡Ni que fueran canicas!”
♥ “Y si vivo cien años, cien años pienso en ti”
♥ “¡Qué bonitos ojos tienes! qué lástima que tengan dueño”
♥ “Yo te quiero más que a mis ojos, pero quiero más a mis ojos porque mis ojos te vieron”
♥ “¡Por ver otra vez ese chamorro, me aguantaría hasta una cachetada!”
♥ “Eres como la sandia, tienes lo verde por fuera, si quieres que otro te goze pidele a Dios que me muera”
 “Chamaca, su corazón es como una esponja, basta con apretarlo un poquito para que se le salga todo”
 “Una señorita tan señora como usted, merecería ser señorita señora”
"Estás tan rebuena que te quiero, mozita, pa’ mamá de mis chamacos”



Seguro que hay alguien que se muere por tus huesos y le encantaría dedicarte unos versos que como una caricia te recorran la piel pero desiste porque el cortejo ya no se lleva. Así es, en este mundo gris corren malos tiempos para los poetas. Si en verdad le quieres muéstrate receptiva, la intención es lo que cuenta y el lenguaje del amor es tan versátil que él solito hallará el modo de llegarte al corazón... FELIZ SAN VALENTÍN. 








martes, 9 de febrero de 2016

RELATO: "La increíble persistencia del esmalte Azul Fluorescente".








LA INCREÍBLE PERSISTENCIA DEL ESMALTE AZUL FLUORESCENTE



* Frente a un diván a media luz.

Jesú Linares se declara infeliz durante una larga sesión con el psiquiatra que le ha sido adjudicado de oficio. El paciente podría ser víctima de un desorden mental tan agudo que le ha empujado a delinquir. Es por eso que el doctor Walnut, especialista en todo tipo de paranoias, analiza su monólogo fascinado pues jamás escuchó nada parecido. No osa ni parpadear para no interrumpir a su interlocutor y anota frenéticamente en el dossier intentando comprender. Deberá recabar toda la información posible para distinguir entre mentira y delirio y una vez calibrado su estado presentar un informe exhaustivo.

Según Jesú, todo comenzó durante una ceremonia en la Iglesia de La Trinidad de Córdoba. Concretamente, en el día de su bautizo. Afirma que en plena liturgia tuvo lugar una triste coincidencia: Justo cuando el sacerdote se disponía a bendecir al recién nacido, el bebé estornudó y el oficiante espetó ¡Jesú! por simple cortesía. Y entonces se dio la paradoja de que esa anécdota sin importancia cobrara una magnitud desmedida quedándose el niño como Jesú para siempre. 

Y no se trataría de un su suceso puntual sino el primero de tantos otros. En su opinión, aquella tarde bañada en incienso simplemente afloró el problema: El padre Juan no solo le cambió de nombre por accidente sino que simultáneamente se extraviaba su última “s" en un proceso tan extraño como irreversible. Pues si el cura vallisoletano seseó y el bolígrafo en el Registro Civil clareó no fue fruto del azar... La consonante había desaparecido. 

Jesú tuvo una infancia bastante alegre pero, por supuesto, no desprovista de pequeñas calamidades. Perdía de continuo las cosas recibiendo las consabidas regañinas de sus progenitores.  Extraviaba gomas, lápices, tijeras... En resumen, todo lo que caía en sus manos.  Le tachaban de inmaduro, olvidadizo y descuidado. Cómo explicarles que aquello ocurría de repente, tras un estruendoso bufido. Y es que cada vez que estornudaba aparatosamente su posesión más valiosa se desintegraba ahí mismo.

Por desgracia, tal insólita afección se le agravó durante la adolescencia, con la alergia del heno le desaparecería una bicicleta en plena ascensión. Volvía a casa deshidratado y con un codo en carne viva cuando comenzó a sospechar... "Si un huracán fortuíito se lleva mi gorra de los Knicks ¿por qué descarta los cromos de Dragones y Mazmorras y el carnet de la biblioteca?" Preguntándose por primera vez si alguien no se estaría apropiándo por la cara de sus cosas merced a algún truco vil y sorpresivo. Y así es cómo germinó la idea de Su Némesis, "El acaparador", el malo del cómic. Un ladrón cercano al lado oscuro y feo como un demonio que de un tiempo a esta parte se estaría volviendo cada vez más selectivo. 

Ya era un joven universitario cuando conoció a Úrsula y estaba tan colado por ella que no reparó en la urticaria que le brotó allá por su tercera cita al acariciar el cerdo vietnamita de uñas esmaltadas en azul fluorescente que su novia tenía por mascota. “Sí, era una mujer excepcional” dijo apenado al doctor Walnut mientras se encogía de hombros. Su dolor era sincero, la añoraba sobremanera pues ya no estaba con él, se la arrebataron esa misma tarde. Estaban viendo Titanic cuando Jesú estornudó nuevamente nevaron palomitas y su novia rio, descalza como estaba, hasta estallar en una risotada que se interrupiría abruptamente. Segundos después ya solo se escuchaba la banda sonora de James Horner de fondo, Úrsula se había evaporado. Y le consta que no marchó por su propio pie pues, aún considerándola capaz de dejarle allí plantado, jamás habría abandonado sus sandalias New Age a voluntad bajo una butaca de cine de barrio. 

Jesú estaba desconsolado y no es para menos, echaba en falta a la extravagante Úrsula y encima le interrogó la policía en un absurdo circunloquio que llevaría a punto muerto. Es entonces que ideó un plan descabellado que le permitiría recuperar a su novia desaparecida y de paso acabar con semejante infierno: Viajó hasta Cantabria para acampar en el bosque de secuoyas de Cabezón de la Sal, allí pernoctó durante tres noches seguidas hasta que su alergia a las cupresáceas le irritó las córneas y le dio por estornudar compulsivamente frente a una secuoya inmensa, la más alta de todas.  


Así fue como en un intento desesperado por aclarar el misterio provocó deliberadamente que un árbol de tremendas dimensiones despegara como un cohete hacia ninguna parte. Como medía 37 metros, confiaba en que llamara la atención al empotrarse en su lugar de destino que, en su resentimiento, imaginaba más como la siniestra guarida de "El acaparador" en su cueva de mil fechorias que en un modesto almacén de correos con objetos perdidos dispuestos en orden de la A a la Z.   


El doctor Walnut no se inmuta, le deja hablar aunque a estas alturas del desvario empieza a mostrarse algo reticente. Sigue tomando nota pero ya sin el menor entusiasmo ciñéndose meramente al trámite establecido. Me temo que el informe psiquiátrico no será concluyente y Jesú Linares será acusado por la fiscalía de un delito contra el medioambiente sin atenuantes.



* Entretanto a las afueras de Carboneras, provincia de Almería.


Jacintos Belmonte acaba de morír recientemente en oscuras circunstancias, si bien, si hacemos recuento, podríamos decir que a pesar de tan dramático desenlace, le sonrió la fortuna la mayor parte del tiempo.
Y es que Jacintos era un pastor de cabras más bien solitario que hace veintiocho años se construyó una cabaña de adobe en medio del secarral y tuvo el capricho de instalar un váter Roca que compró regateando a un chatarrero . Desde entonces cada vez que tiraba de la cadena caían cosas del cielo. Primero una S que se le quedó pegada al nombre, a partir de ahí llovió numeroso material de papelería, una bici de carreras, una gorra, unas gafas, un walkman y unas zapatillas con calcetines sudados a juego. En otra ocasión nevaron palomitas y como colofón, aterrizó una mujer espléndida mascando chicle. 


Jacintos era la envidia de los vecinos, su vida era prácticamente perfecta hasta que un día estaba en su trono particular y le aplastó un árbol de una altura descomunal que lo dejó empotrado en el suelo. Desde entonces descansa allí mismo, por lápida luce la taza de un inodoro Roca donde reza una inscripción en laca de uñas azul fluorescente. 


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JACINTOS BELMONTE (1954-2016)
Pastor, avistador de ovnis amater y devoto esposo.
Viejo chivo, ¿qué te creías? 
Lo que el cielo a veces da, otras tantas te lo quita.






martes, 2 de febrero de 2016

RELATO: "De arañas y mariposas".







De ARAÑAS y MARIPOSAS



Habían pasado ocho décadas desde que la Compañía holandesa de las Indias Orientales se asentara en aquellas tierras vírgenes y aunque la población nativa se mostrase indecisa al principio, eran pocos los que, tras casi un siglo de ocupación, la aceptaran de buena grado.

Fue justo por esas fechas que Helmut Amsberg se instaló en Djambai a cargo de la factoría acomodándose en la casa colonial adyacente junto a su esposa Heike y su hija Dotte. En cuanto Labah las vio llegar acompañadas de seis porteadores acarreando un baúl y semejante colección de aparatosas sombrereras en tonos pastel, lo supo: “Con las lluvias, la mujer contraerá las fiebres”. Y no pudo más que sonreír a la araña que absorta en el tejido de una red casi invisible, se esmeraba en cubrir con su velo dos florecillas color champán. 

La familia Amsberg tomó a la joven Labah como personal de servicio y rápidamente se encariñó con la niña. Durante la sobremesa, mientras los padres dormían, solía contarle leyendas de la vieja Sumatra donde la jungla se adueña de todo cuanto crece y huele por doquier a orquídea salvaje. 

“Samudra Pasai es la isla que surgió del fuego y el sol caldeó con tanto mimo que nació una gran selva de pequeñas criaturas de ojos rojos que todo lo miran..."


 La voz de la criada era tan melodiosa que las palmeras le hacían los coros y a cada pausa, parecía que se detuviera el mundo y el monte Kerinci contuviese la respiración. 

“… Todos eran felices en el reino de Aceh hasta que en tiempos del príncipe Alauddin Shah irrumpieron las mariposas y la araña violinista se vio obligada a rondar los troncos de las acacias en busca de coloridos capullos…”

Labah resultaba tan complaciente que, en ausencia de la malograda Heike, consiguió mitigar como un bálsamo tanto la soledad de Helmut como la tristeza de Dotte. Bajo el calor pegajoso y la lluvia que no cesa ella alimentó sus cuerpos, sus mentes, sus egos e incluso su delirante imaginación. Se paseaba semidesnuda con una orquídea en el pelo desplegando esas pupilas curiosas que todo lo ven... Muy pronto las noches de tul serían del padre, los días de trópico pertenecerían a la niña y las largas horas de sopor se encargarían del resto.  

De modo que para cuando partió el monzón, la deliciosa Labah ya era indispensable en un hogar de repente invadido por fragancias de lo más exóticas suplantando así, sin más, a la fugaz esposa y madre y pudiendo disponer por fin de todos sus sombreros. 

“…Pues la araña violinista, una vez eclosiona la larva y el cielo estalla en aleteos, se tumba panza arriba y parece una cagada de pájaro. Así es como caza a las mariposas de irisaciones fluorescentes”.










martes, 26 de enero de 2016

RELATO: "8 Vidas y 1 Fuga".




8 Vidas...   
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Mi loja no es un establecimiento muy concurrido, solo recibe visitas esporádicas de mercaderes de poca monta, anticuarios de segunda, chatarreros y demás petimetres dispuestos a hacer negocio a mi costa. Por lo general tan “distinguida” clientela luego malvende en el mercado de abastos los juguetes de madera, chapa y mayólica recién remozados haciéndolos pasar por nuevos y yo hago la vista gorda. Así es la vida de un carpintero remendón y no me quejo, por un desafortunado incidente el gremio de ebanistas me dio la espalda y desde aquello me limito a regentar el Hospital de Bonecas en la Praça da Figueira sin más responsabilidad que comer cada día y pasar por la vida sin mayor revuelo. No estoy para reproches, corren tiempos oscuros y sobrevivir en la clandestinidad me temo nunca fue tarea fácil.

Volviendo a aquella tarde, no se presentó ni mejor ni peor que otras. Me comprometí a arreglar un triciclo sin cadena, un acordeón con el fuelle rasgado, un coche de hojalata desmaltado y una muñeca de porcelana calva y desnuda.  Ya, no eran precisamente reliquias pero su reparación me permitiría cenar por lo menos tres noches seguidas. Un lujo, dadas las circunstancias. Y en esas estaba, relamiéndome con la visión de un pollo en salsa cuando unos pasos descompasados resonaron en el umbral dando al traste con mi banquete. Me pudo la curiosidad, ojeé por la mirilla, bajo el portalón se personaba un insólito huésped que quedose ahí plantado, expectante como el cartero. No sé quién le dio razón de este taller ni cómo diantres consiguió llegar hasta aquí en su deplorable estado pero lo hizo. Intenté ignorarle, pensé que desistiría… Había escuchado historias sobre criaturas errantes y me consta que no presagian nada bueno. Pero no se separó de la portezuela, permaneció ahí callado y aterido de frío un tiempo que se me hizo eterno. ¡Pobre diablo! Prudente, perdido y tan mancillado en su pundonor que no se atrevió ni tan siquiera a hacer sonar la campanilla.

El desgraciado solo llevaba un pantalón de peto rojo con parches, camisa blanca, lazada negra y un gorrito bastante estúpido. No sé, quizás fuera esa oreja colgando lo que me conmovió o la pierna enclenque de madera de pino que arrastraba clavando el zapato de hebilla en la tierra como un rastrillo… No, lo cierto es que fueron sus pupilas dilatadas las que me partieron el alma, pude ver a través de ellas y vislumbré un miedo atroz. Huía de la penumbra, llevaba oculto demasiado tiempo y el viento del norte arreciaba ahí fuera de modo que flaqueé, no soy de piedra y le dejé pasar acarreando consigo su tremenda desazón. Un gesto fue suficiente, ladeé la cabeza y comprendió: Entraría con su pequeña maleta que dejó apoyada sobre el mostrador para luego dejarse caer frente a la salamandra al abrigo de la lumbre. Apenas mediamos palabra. ¿Para qué? Sabía de dónde venía, quienes le acecharían tan pronto amaneciera e incluso a qué me exponía yo proporcionándole cobijo. También que cuando llegara su hora me encogería como un ovillo y les dejaría hacer sin oponer resistencia. No soy ningún héroe, me falta madera.

Al rato me puse en faena, no podía dejarle así. Atornillé su rodilla desvencijada, le acoplé un ojo de vidrio reluciente, le cambié un par de clavijas del hombro y lijé dos de sus dedos desportillados. Trabajé contrarreloj, tanto la luz de gas como el martilleo continuo nos delataban. Y como cabía esperar, por más que le supliqué, el odioso reloj de cuco no perdonó ni un tic-tac y se hizo la medianoche. Apenas quedaba tiempo, la tensión me podía. Yo, cada vez me hallaba más febril en contraste con la calma de mi paciente frío y sesudo. Ni un gemido, ni un sollozo, si le dolió algún ajuste de tornillos ni se inmutó tragándose el sufrimiento.

“Pinsiete - dijo llamarse – Pero todos mis nombres se esfuman  y éste no me pertenecerá por mucho tiempo” - puntualizó. Definitivamente, era un títere errante por siglos fugitivo que presumiblemente ya había pasado lo suyo y para quien el mañana no pintaba mucho mejor. Rebusqué en mi memoria marchita: “Ocho vidas tienen los títeres, solo una más que los gatos y seis menos que las mariposas” – tras lo que, incómodo por mi poco tacto, maticé enseguida – “Claro que solo son habladurías…”  Añadiendo así una perfecta mentira a mis demás deshonras pues el Tratado de las Especies era muy claro al respecto. Así es como morían los de su naturaleza, estaba escrito de modo que Pinsiete tenía los días contados y languidecería sin excepción. 

Le ofrecí un lecho, las virutas de serrín parecían lo bastante mullidas como para recostarse y simulando estar agusto intentó descansar en vísperas del día horribilis. La madera se deteriora, es lo que tiene y allí tendido, tras toda suerte de peripecias, mi diminuto invitado semejaba un niño viejo. Durmió. Soñó, supongo, hasta que de nuevo estalló el chirriante reloj de cuco sin el menor escrúpulo dando la bienvenida al alba. Y surgió el sol y al astro le siguieron las irritantes sombras que se arrimaron a las ventanas empañando el vidrio de vaho caliente. Osadas, arrogantes, nos rondaban divertidas. El taller permanecía cerrado, sumido en silencio si bien solo era cuestión de tiempo que los escurridizos esbirros del museo de marionetas consiguieran colarse por alguna rendija. Son ellos, no es ningún secreto. Así es como el Museu da marioneta reacciona de acuerdo con el protocolo ante cada caso de evasión. Activa sus mórbidos tentáculos desde su sede en Rua da Esperança por toda Lisboa para dar captura a sus huéspedes para luego complacerse en servir de residencia obligada a todos esos títeres olvidados, mecidos por la lluvia hasta enmohecer.

Los intrusos terminaron por acceder al sótano y al percatarse Pinsiete de su desagradable presencia, le urgió entregarme la maleta con sus pocas pertenencias: “Tome, confio en que hará buen uso de ella”. Con esas crípticas palabras me la dejó en custodia y eso que solo contenía un diario escrito de su puño y letra y un desgastado ejemplar de Moby Dick. Cruzamos una mirada fugaz y nos despedimos, le neutralizarían por momentos. Entonces Pinsiete clavó sus iris en la llama titilante y en medio de una serenidad pasmosa se preparó para morir recluyéndose en una esquina, era algo que debía hacer solo. Fue entonces que las sombras le envolvieron borrando su mente en un torbellino de recuerdos mientras yo callaba y falto de aplomo me mantenía al margen

Me maldije apretando sendas encuadernaciones contra mi pecho en un ataque de rabia contenida siendo justo ante esa proximidad que el diario me tocó el corazón y reparé en tantas historias que guardaba escondidas… “¿Habría sitio para otra más?”- me cuestioné, nunca una pregunta retórica resultó tan efectiva y es que en ese instante se me hizo la luz embarcándome a ciegas en un plan de lo más absurdo: De inmediato me vi arrancando como un vándalo un grabado de la célebre novela de Herman Neville con la ballena en primer plano para, en otro impulso sinsentido, introducirla al azar entre las páginas en blanco del cuadernillo junto con el botón que se le cayó al títere errante en plena trifulca. No contento con aquella sarta de despropósitos continué, estaba en trance. Movido por un ansia descomunal tanteé el tablero de la mesa hasta hacerme con un punzón: “¡Servirá!”– me dije entusiasmado. Y abrumado por mi repentina determinación hundí su punta afilada sobre la tapa del diario rasgando el cuero. “P-I-N…” Marqué con saña, solo que para entonces Pinsiete yacía inerte en el suelo y esos malnacidos se disponían a llevárselo a rastras. 

En mi impotencia grité a la bruma: “Pinsiete, ¡renace! Si contabas con ocho vidas, aún te queda una.” Y fue in extremis, en medio de un último repunte de disparatada euforia, que logré clavar una vez más el punzón sobre la cubierta con mis manos temblorosas forjando así para mi leñoso amigo un nuevo nombre que estimé de lo más adecuado. “Te deseo una vida de cuento.” – susurré mientras el diario incompleto engullía de buen grado tanto a títere como a ballena. “En adelante, te llamarás Pinocho”. Y el modesto papel a rayas se hizo leyenda

No será una profesión tan ingrata, después de todo.



... y 1 Fuga.





martes, 19 de enero de 2016

Amigos con mucha Química









Hace quince días la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) ha anunciado cuatro nuevos elementos químicos, de números atómicos 113, 115, 117, 118 que completan la séptima fila o período de la tabla periódica. No constituyen un hallazgo tan reciente, desde hace siglos se preveía su existencia y fueron individualizados hace algo más de una década. Este paso es mera formalidad, supone la validación oficial de unos descubrimientos que tuvieron lugar en los años 2004, 2003, 2010 y 2002 respectivamente. Y si las cosas de palacio van despacio y las de laboratorio ni te cuento pues aún falta dar nombre a los cuatro nuevos elementos. Por el momento se les conoce como ununtrío, ununpentio, ununheptio, ununoctio y como no se trata de cutrillizos tocando el acordeón, recibirán otros apelativos en breve. Mucho más sugerentes en el futuro, espero y justo aquí es donde entro yo.


La ciencia avanza y no es momento de quedarse con los brazos cruzados, por mi parte me dispongo a escribir una carta sin demora a la IUPAC para proponer a la reputada asociación internacional cuatro nombres inspiradores y definitivamente, mucho más adecuados. No os preocupéis por mi, participé activamente en la petición colectiva del bautismo científico de la Constelación Cervantes mediante difusión y voto así que ya soy veterana en esto. Ya veis, no me queda tan grande. Esto es solo un borrador, necesito vuestro consentimiento:






En Madrid, a diecisiete de enero del 2016. 



Muy Sres míos, tras debatirme entre mil y una composiciones semánticas creo haber dado con los apelativos más adecuados para los recien reconocidos elementeos químicos. Conclusión a la que no he llegado a partir de capricho o impulso sino tras años de continua observación.

Concretando:
El elemento 113 de la tabla periódica pasaría a denominarse MELANIO

Por su parte, el elemento químico 115 sería conocido como ESTHERIO
En la misma línea,  el elemento 117 recibiría el apelativo de GUILLERIO
Asimismo, no estimo para el Elemento 118 nomenclatura más idonea que LEONIO.

¿Por qué esos nombres? Cierto, no obedecen a una decisión racional si bien están más que justificados. Pues en química, un dato experimental importante es que sólo los gases nobles y los metales en estado de vapor se presentan en la naturaleza como átomos aislados, en la mayoría de los materiales que nos rodean los elementos están unidos por enlaces químicos. Enlace significa unión, un enlace químico es la unión de dos o más átomos con un solo fin, alcanzar la estabilidad, tratar de parecerse al gas noble más cercano. Para la mayoría de los elementos se trata de completar ocho electrones en su último nivel. Las fuerzas atractivas que mantienen juntos los elementos que conforman un compuesto, se explican por la interacción de los electrones que ocupan los orbitales más exteriores de ellos (electrones de valencia).


Cuando dos átomos se acercan se ejercen varias fuerzas entre ellos. Algunas de estas fuerzas tratan de mantenerlos unidos, otras tienden a separarlos. En la mayoría de los átomos, con excepción de los gases nobles (muy estables, con su última capa o nivel de energía completo con sus ocho electrones), las fuerzas atractivas son superiores a las repulsivas y los átomos se acercan formando un enlace. Así, podemos considerar al enlace químico como la fuerza que mantiene unidos a dos o más átomos dentro de una molécula.

Objetivamente pongo de manifiesto que tras un exhaustivo estudio del comportamiento cotidiano del blog LloviendoHistorias éste viene interactuando como una molécula y cuenta con un grado de estabilidad y equilibrio óptimos derivado de un fuerte e indisoluble enlace químico entre MERE Y SUS AMIGOS. Es más, iré aún más lejos: Me atrevo afirmar que EXISTE QUÍMICA entre ellos. Por lo que no imagino mejores nombres para las nuevas incorporaciones a la tabla periódica que aquellos por los que me comucico comunmente con personas tan importantes para mi.

Científicos burócratos y científicas burócratas, consideren mi petición formal con el respeto y equanimidad que merece. Sin más que añadir, quedo a la espera de su pronta respuesta.


                         Les saluda cordialmente:

                                                   

                            Mª José Enrech Francés
                               (aspirante a friki)






Ojalá esteis de acuerdo, sin vuestro beneplácito esta petición carecería de sentido. Por el momento aprovecho este impás para corregir erratas y ultimar preparativos a la espera de contar con vuestra aprobación, para luego enviar la carta Research Triangle Park, NC por correo certificado cruzando los dedos. De modo que si os llega un sobre por supuesto amarillo (como en las películas) de la IUPAC Secretarat firmado por Mrs. Enid M. Weatherwax en nombre del mismísimo Dr. Lynn Soby avisadme y gritaré ¡¡¡Eureka!!! a los cuatro vientos revolucionando a los gases nobles que de tan equilibrados, tienen que andar mortalmente aburridos. Pues de todos es conocido el sopor de la nobleza... Proporcionémosles pues un poco de diversión. 
Y España será una fiesta, a little Big-bang en vuestro honor.