viernes, 9 de noviembre de 2012

1Alemán cuarentón bajo el influjo de la Luna llena


Volvía del cine tan aturdido con tanto monstruo surgiendo de la nada... que la ciudad se me hizo fría y oscura. Creí adivinar sombras acechando en cada rincón, de modo que corrí pisando charcos, saltándome los semáforos con tal de llegar más pronto a casa. Cené poco, tardando en acostarme más de lo habitual. Mi padre no me quitaba ojo. Nunca me había visto así, con los nervios deshechos, tan alterado por nada en particular.

- A ver, ¿qué pasa? Apenas has probado bocado…
- Nada, solo que estoy cansado.

Por fin me fui a la cama para dormir del tirón hasta media noche cuando un ruido extraño me despertó sobresaltado. Escuché un alarido, seguro que fue en sueños…  Tantas vísceras, tanta sangre me tenían sorbido el seso.  Sudaba como un pollo, no paraba de darle vueltas, hasta que incorporado en la cama encendí la linterna. Necesitaba ver las paredes de mi cuarto para cerciorarme de dónde estaba,  disipar esos temores ridículos que tanto me atormentaban.

- Te  oí gritar, Rafa. Llevas así desde la cena, estás muy rato. Venga, dímelo de una vez ¿qué es lo que tanto te asusta, hijo? Algo te ha tenido que pasar para que vayas por ahí así de acojonado, andas escurriéndote por las esquinas como alma que ha visto al diablo.

Aquella voz no me sobresaltó, de hecho me resultaba familiar… ¡Cómo no! Era la de papá, el bueno de Olaf, solo que un poco distorsionada.  No es de extrañar que anduviera por ahí a esas horas, mi padre es dado a los paseos furtivos, nocturnos en sus largas noches de insomnio.

- Estoy bien, papá, de verdad.
- Bueno, ya acudirás a mí cuando estés preparado. Venga,  seguro que no es para tanto. Créeme, he visto tantas cosas, algunas horribles… Tal como está la vida, ya nada me sorprende. Lo tuyo no será más que un contratiempo, en cuanto me lo cuentes, nos lo ventilamos de un plumazo.

Por un momento papá me tranquilizó y mientras bromeábamos lo dejé estar, pero fue alumbrarle con la linterna directamente a los ojos cuando me percaté de un pequeño detalle,  absurdo y escalofriante a la vez que me dejó  atónito al descubrir clavadas en su rostro unas pupilas tan profundas como cavernas  de rojo intenso.  Sí, eso mismo, como el reflejo del flash en una foto.

Parecían dos rayos laser ¡capaces de fulminar a cualquiera! Y esa tristeza que le invadía…  sin duda se sentía culpable por algo, bajo sus párpados cansados ocultaba algún secreto turbio e inconfesable.  Justo entonces me vino a la mente como una ráfaga esa escena de la peli en la que un joven enamorado se acerca a la chica bajo la luz de gas para acariciarle el cabello y ella al mirarle a los ojos con ternura intuye que no es humano ¡sino que se trata de una bestia! Se aleja de él,  grita como poseída… no dejándole otra opción al pobre muchacho que clavarle sus garras y devorarla viva. Era esa misma mirada lánguida y confusa, cargada de rabia y frustración.  Eso es, igualita, tan  salvaje y primitiva como la que tenía justo delante.


Aterrado apagué la linterna y desvié la mirada para terminar por taparme hasta la cabeza con el almohadón,  encontrando cobijo bajo las plumas. Cómo explicárselo a papá, cómo decirle abiertamente que sospecho de él,  que cuando se fuga a media noche creo que es ¡para transformarse en Lobo! ¿para cantarle a la luna? Mejor me callo.  Le haría tanta gracia que se troncharía de risa delante de mis hermanos en el desayuno ¡y esos no perdonan! A media mañana ya sería el hazme reír de todo el instituto.

Me levanté temprano sumergido de lleno en un complejo puzzle del que tenía que colocar las piezas. Haciendo memoria,  todo encajaba a la perfección. En las fotos más recientes salía siempre mi padre con los ojos rojos, entonces me remonté a los álbunes de su juventud y ahí estaba de nuevo esa mirada himnótica de rojo fuego que parecía estallar en llamas ¡incluso en las fotos en blanco y negro! Mi padre procedía de Centroeuropa, al parecer se crio en la Selva Negra, en una granja donde cultivaban cebada para proveer cereal a una fábrica de cerveza. Como llovía a cántaros aquella mañana me llevó en coche a clase y  aproveché para tantearle un poco:

- ¿Por qué abandonaste  tu tierra natal, papá?
- Ya nada me retenía  allí, después de lo que pasó ya no pertenezco a aquello
- Podrías haber ido a Munich…
- No soy bávaro, hijo. Nací más al este en el estado de Baden-Württemberg que es muy distinto. Vivíamos en los bosques donde nace el Danubio,  rodeados de árboles centenarios donde mis ancestros marcaron su territorio.
- Podríamos ir alguna vez, me gustaría conocer a los abuelos
- Allí ya no queda nada más que desolación. Solo astillas, ceniza y un puñado de muertos.

Dicho esto, mi padre se quedó callado pegado al volante con la visión fija en la carretera. El silencio era atronador,  solo interrumpido  por el movimiento rítmico e intermitente del parabrisas. Era como si él no estuviera allí, sus pensamientos volaban hacia alguna otra parte. Se hallaba del todo ausente perdido en su soledad, acorralado por una amalgama de sentimientos brutales y contradictorios... Daba auténtica lástima, fue realmente cruel  devolverle al torbellino de su pasado sin más coraza que sus gafas de concha y los guantes de cuero.  Al verle tan depre decidí no investigar más y olvidarse de todo aquello.

Ya estaba de vuelta  a la hora de comer cuando mi madre puso la mesa. Al verme, trajó una colorida ensalada y una bandeja llena de chuletas. Fue un alivio ver a Olaf sonriendo de nuevo, haciendo gala de un apetito formidable.  Se le hacía la boca agua al contemplar la carne, le brillaba el iris, expectante, como si contemplara un Lamborghini último modelo.

- Carmen, ponme otras 2 chuletas. Y por favor, que estén poco hechas.
- ¿Qué tal estas?
- Mejor me voy a por las que dejaste en la cocina, esas que chorrean aún un poco de sangre.
- Pero si las que dices están casi crudas. No, hombre, no.
- Tú déjame hacer, que así es cómo me gustan.




Ahora que por fin había pegado carpetazo al asunto, va mi padre y me sale con esas. ¡Quién en su sano juicio se zamparía a mordiscos 2 chuletas crudas!  Desde la puerta le observé desgarrar la carne a jirones con esa magnífica dentadura… No, el tema no estaba zanjado y llegaría hasta el final, por duro que resultara para ambos.
Tras semejante carnicería mi padre volvió a la mesa para comentar como si tal cosa:

- Recuerda, Carmen, que este fin de semana me voy a cazar. Estaré fuera la noche del viernes y la del sábado. Ya sabes, no hagas planes para nosotros.

La cantidad de veces que mi padre se marchaba “a cazar” al campo durante días… no caí hasta entonces. Partía una vez al mes sin escopeta ni munición, completamente solo para volver a casa con las manos vacías. Otro dato a tener en cuenta: de noche durante el fin de semana brillaría la luna llena… ¿cómo se me pudo pasar? Debería haberlo relacionado antes.

Salió de casa aquel viernes por la tarde con la furgoneta y yo decidí seguirle pedaleando como un loco en mi motocicleta y hete aquí que a eso de las 11 tras recorrer 18 kilómetros se bajó del coche en un bar de carretera, la camarera le guiñó el ojo y le sirvió una cerveza. Un cartel de neon luminoso anunciaba con destellos de luz rosa chicle un motel descuidado y ruinoso llamado “Hot Paradise”. En uno de los bungaloos  le esperaba alguien y solo entrar, corrieron las cortinas. Intenté colarme por el ventanuco del baño pero no hubo forma, así que me quedé tiritando allá afuera.  
Silencio, risas, aire cargado, silencio, gritos, aullidos, calor intenso y más silencio… Confirmé lo inevitable, con toda seguridad mi padre se había transformado en Hombre-lobo y tras dedicarle en rito fatídico un canto a la luna, salía de caza entre los arbustos en busca de una víctima para saciar su sed de sangre densa y oscura. Pillaría algún camionero cansado, estirando las piernas en la estación de servicio y lo despedazaría poco a poco...



De repente me invadió un pavor inmenso: si yo era portador de sus mismos genes, cualquier día se despertaría en mi ese mismo instinto animal y asesino. Y se vería obligado a matar. Maldito destino, el de  despellejar cada 28 días algún alma desdichada.
Otra vez risitas, acompañadas de susurros… Mi padre y su acompañante ya estaban de vuelta, volvían de la cacería. Por fin conseguí entrar en la casa por una contraventana de la cocina y al deslizarme hasta el salón ahí estaban los dos desnudos, jadeando a cuatro patas, retozando sobre una alfombra peluda bajo la chimenea. En la penumbra tiré un jarrón y Olaf y Katia se dieron cuenta.

- ¿Quién anda ahí? Sal, qué te vea la cara si tienes cojones…  
- Papá, soy yo, Rafa. Estaba preocupado por ti, necesitaba respuestas.
- Pues ya ves, aquí me tienes. Ejem, esta es Katia, una vieja amiga.
- No es culpa tuya, papá, lo llevas en la sangre.
- Menos mal que lo ves así, hijo. Me siento fatal ¿sabes?
- Pronto seré como tú y saldremos juntos de correrías ¿vale?
- Pero ¡qué dices! No lo consentiré, Rafa, esto no es vida.
- Cuando ocurra obedeceré a mis instintos, ni tú ni nadie podrá evitarlo.
- Si al crío le va la marcha, deja que haga de él un hombre. Le daré más placer del que imagina…
- No te metas en esto, Katia. Joder, ¡si no es más que un niño!
- Entonces ¿ella también caza? Pues iremos en manada.
- Mujer, tápate, que no te vea así el chico.
- Larguémonos de aquí, hijo. Por cierto, no le cuentes nada a tu madre ¿querrás guardarme secreto?
- Pues claro, papá, ella es humana y no lo entendería.  
- Si se lo contarás, me echaría de casa. Pillaría un cabreo…
- No es una de nosotros, no necesita saberlo.

El desconcierto de Olaf era supino. Su propio hijo estaba dispuesto a encubrirle tras un encuentro adultero, prohibido.  Se miró en el retrovisor, aún tenía carmín en la cara… sintió vergüenza de si mismo.

- Te juro, Rafa, que no volverá a ocurrir nada de esto. 
- Si eso es lo que quieres, en los recreos me subiré al laboratorio de química y prepararé un antídoto.
- Eso es. Una magnífica idea, hijo.

Al cabo de 3 semanas aparecí triunfante con un tubo de ensayo y en el garaje sorbimos aquel mejunje a medias, padre e hijo. Sabía a arañas y queso con un ligero toque de coliflor que dejaba un desagradable regustillo a almendras amargas… pero a pesar del mal trago mereció la pena. Aquello sería el fin del principio por que a partir de entonces no habría más cacerías ¡ni una más! Bueno, que yo sepa al menos.  


viernes, 2 de noviembre de 2012

ZINC with Love


PLAN A
Forman una gran pareja, de esas que transmiten buen rollo, incluso magnetismo. Llevan juntos 12 años y todo va sobre ruedas salvo por 1 pequeño detalle: Africa quiere tener un hijo y Gavi no ve el momento hasta que ella decide tomar cartas en el asunto: 

- Tendré una niña y se llamará Oceanía, removeré cielo y tierra hasta que eso ocurra y ¡vaya que si ocurrirá! tanto si el quiere como si no.

Lo tiene en mente, como un plan a corto plazo de esos que no sabes por donde meterles mano hasta que un día escucha en un programa de Tele5 

“ Se cree que en los mariscos y en especial las ostras incrementan la libido por su alto contenido de Zinc" - a partir de ahí se va caldeando el plató, el coloquio sube de tono y desvarian alegremente...

Viven juntos y Gavi casi siempre come en casa de modo que Africa lo tendría fácil de no ser porque Gavi es alérgico al marisco y eso de comer un bicho crudo, brillante, pegajoso le da cierto repelús... así que también las ostras descartadas.
Africa navega por internet y ¡confirmado! Una dieta rica en zinc aumenta la testosterona  del hombre incrementando su deseo sexual con un reforzamiento del esperma, elimina el desánimo y la fatiga dotando al organismo de nueva energía y facilitando una buena absorción de vitamina A y proporcionando una extraordinaria fuente de queratina revitaliza y suaviza la piel, haciéndola más receptiva al tacto y las caricias… Entonces ¡todo son ventajas! Decidido, le insuflará zinc por cada poro del cuerpo hasta que sucumba en sus brazos como un gamo en celo. 


Para que funcione tiene que documentarse a conciencia y se inscribe en 1 curso de "Dieta macrobiótica estacional" con el propósito de conocer los alimentos ricos en zinc y selenio, cómo cocinarlos y que resulten deliciosos para la un paladar tan complejo y exquisito como el de su novio. Gavi, acostumbrado a las delicias de mamá, no come cualquier cosa.

- No sabe del todo bien, le noto por ahí un regustillo... 
- Seguí la receta a pies juntillas, debería saber igualito que el estofado de tu madre
- Qué te puedo decir… No sé, le falta algo. 

Lleva años intentando aprender esos mismos platos que su suegra preparaba con la radio puesta mientras baila  a Machín pasando la mopa... tanto esfuerzo para nada. Pero eso ya es historia porque los garbanzos con panceta ya no encajaba con sus planes así que se acabó. A partir de entonces cocinaría con apio, higos, berenjenas, caracoles, brotes de soja y alfalfa, la nouvelle couisine entraba en escena en un "hogar perfecto" que a decir verdad se sostiene con alfileres.






PLAN B
Gavi trabaja de comercial en una empresa aseguradora. Llega a casa cansado con la cabeza llena de cifras, ceros y falsas sonrisas. Solo de ver “les escargots à la balaise con destellos de malta" le sobreviene una arcada y se le agolpan los recuerdos de un verano de niño en Los Albondigales, de cuando los chavales del pueblo le obligaron a tragar un caracol vivo en lo alto del cerro. De nuevo la pesadilla, pero esta vez es Africa quien se plantaba delante de él a ver si se los comía… de sobras sabe que su novia tiene mal perder y que cuando se cabrea se le ponen los ojos saltones, se le eriza el flequillo y se le afilan las orejas. En resumidas cuentas, mejor no contrariarla en absoluto, de modo que no tiene opción y engulle. no sin dificultad, aquellos bichos viscosos aliviado de pensar que no volverá a ocurrir, que un día es un día… Pero al día siguiente esa "Ensalada insípida con brotes de soja, germen de trigo, bañada en shoyu  y levadura de cerveza" le produjo tal desazón que simuló una llamada al móvil para huír de aquel mejunje de alguna forma más o menos digna.




Como siempre ella toma las riendas y cualquier queja no hará sino complicar más las cosas. Si inician una discusión, bien sabe él que será la última de modo que claudica por mantener en pie ese castillo de arena. El siguiente manjar consiste en "Higos con tempeh y berenjenas salpicado con semillas de calabaza tostadas" Suena delicioso... pero no. ¡Lo que daría este hombre por unas patatas a lo pobre con chorizo y  huevo frito! Pero no tiene elección, se siente culpable por no amarla, al menos no como antes… había desarrollado con los años una cierta habilidad para ocultar su indiferencia y no estaba dispuesto a echarlo todo a perder por un puñado de cosas moradas bañadas en albahaca.  Y así es cómo nuestro Gavi  se introduce estoicamente en los grupos de Yoga y Meditacion y abraza el Pensamiento Ayurbeda con el entusiasmo justo. Desde ahora profundiza en el arte de alimentarse para rejuvenecer cuerpo y espíritu y preservar la estabilidad psicofísica mediante una técnica de larga vida, cultiva la pureza del alma y mortificaba su apetito, hablaban del Yin y el Yang con el gran maestro Uphatah durante la cena  mientras su cuerpo cargado de testosterona, tras ingerir una media de 48 mg de zinc al día, provisto del mejor semen del mundo, le pide a gritos saltar sobre Sara, su secretaria, atraparla en el ascensor entre las plantas sexta y séptima y cubrirla de besos sobre la fotocopiadora.



PLAN C
Africa está ilusionada, Oceanía vendrá al mundo en un mundo puro de mentes abiertas al cosmos.  De un tiempo a esta parte Gavi se mostraba dócil, soliícto, asintiendo con la cabeza a cada una de nuestras reflexiones…  Además el exceso de zinc en vena había hecho de él un hombre fuerte y musculoso,  con un bronceado natural y un brillo en la piel fuera de lo común. De no ser por los episodios esporádicos de vómitos, naúseas y diarrea y esa leve tonalidad metálica blanco-azulada que va aflorando despacio córnea y pómulos… nadie sospecharía que está siendo envenenado poco a poco. 
Aquella noche de agosto dispone un ambiente cálido con incienso de cáñamo y coco, los cantos budistas y mantras del Lama Gyurme invaden un salón lleno de velas y karma... concebirán a Oceanía durante el mágico influjo del eclipse de luna. 

- Corre, pon la tele que hoy jugamos contra el Inter.
- De futbol, nada. Olvida el hoy y piensa en el mañana. 
- Mañana no hay partido, el sábado jugamos con el Osasuna en casa. 
- Aquí estoy, mírame. Soy toda tuya, amorcito. 
- ¿Justo ahora? Yo pensaba que como un extraordinario podríamos pedir unas pizzas....
- Poséeme y seremos un único Yo, en comunión con los astros, vibrando juntos hasta el amanecer.

Cuando Gavi entra en casa y se encuentra semejante escenario contiene el aliento unos segundos poniéndose no rojo de rabia si no más azul que nunca activándole el veneno la glándula parótida. Llegados a este punto le patinan las neuronas, no piensa con lucidez optando por la vía rápida: lo más rápido sería ¡arrojarse al vacío por la ventana! Pero tras insuflar aire descarta la idea y baja las escaleras. Si no salía de allí le estallaría la cabeza desparramándose como un blandiblú tan azul y brillante, como el escarabajo egipcio del bajo Nilo, sobre la alfombra en batik de Sri Lanka.



PLAN D
Gabi se desliza por las escaleras, sale a la calle con la sensación de que flota. Ni pizca de colesterol, el ritmo cardíaco por las nubes y desprendiendo un olor con el sudor a gasolina sin plomo altamente sospechoso… Se encuentra pletórico pero con las funciones vitales disparadas víctima de un desarreglo metabólico. No entiende que le ocurre, no quiere estar solo así que corre por las aceras hasta llegar a casa de su musa, Sara, que al verle ahí plantado no cabe en sí de gozo. Le prepara unos macarrones con tomate de bote y unas salchicas que le saben ¡aún más ricos que el estofado de su santa madre! Se quedará a vivir con ella hasta recobrarse por completo y volverá a ser él mismo pero infinitamente más feliz a base de agradables paseo, sexo moderado, patatas fritas y hamburguesas. 


 Solo un proyecto será cosa de 2 si lo fraguamos juntos y lo compartimos. Zinc with Love? I don´t Zinc so. 



viernes, 26 de octubre de 2012

2 Bodas y 1 Funeral


1.Damian y Helena
Damian trabaja en Bolsa y está acostumbrado a aparecer en público, sonreír al infinito,  sortear flashes, codearse con multitudes… siempre fue así y nunca pensó que aquello pudiera suponer un problema.
Conoció a Helena de compras por Milán, en una tienda de corbatas, se probó unas 20 con tal de que ella le rodeara el cuello y se las anudara. Era tan dulce, sencilla… auténtica.  El contrapunto a todo lo que conocía, a esa vida espectacular que le convertía en un pelele y que sin darse cuenta le esclavizaba por completo.  
Cuando está con Helena, su sola presencia le refresca creyendo morir cada vez que se aleja… comprendió que la necesita, que no puede vivir sin ella. Pero debió de entender que ella odia las luces, los gritos, las cámaras. Mantuvieron lo suyo en secreto hasta que Damian decidió darle una gran sorpresa:
Montaron en avioneta una tarde cualquiera. Ella en vaqueros, él de etiqueta… Viajarían hasta la ciudad francesa de Nimes para visitar el mejor conservado de los anfiteatros romanos antes de la cena. Era de noche, fuera del horario de visita, cuando caminaban esos mismos túneles que una vez recorrieran los gladiadores por un camino de antorchas… solo estaban ellos dos y un hombrecillo que hablaba sin parar con su propia grabadora mientras tomaba medidas improvisadas con una cinta métrica.

- ¿Quién es este? ¿por qué lo llevo pegado a la espalda?
- Marcel está haciendo su trabajo. Olvídate de él, haz cómo si no estuviera…

Siguen avanzando mientras retumban sus pasos entremezclados con el eco de gritos, de llantos y rugidos perdidos en el tiempo que vagan extraviados. Damian sonríe para sí, para él se trata de un juego  mientras a ella empiezan a sugestionarle  aquellas paredes  oscuras e interminables.
Se separan con un beso y es entonces que Marcel la conduce a una sala pequeña. Le pide que cierre los ojos, la despoja de su ropa sin apenas rozarle la piel para luego cubrirla con una vestido ligero de gasa… 

- ¿Qué hace? ¡¡¡Damian, no consientas esto!!!
- Mi querida niña, Damian está al corriente. Mírame, soy completamente inofensivo ¿no crees?  – se le escapó una risita más propia de una viuda atribulada que de un sastre selecto.

- Damian seguro que me está buscando, tengo que irme.
- Relájate, Helena, todo está dispuesto – mira el reloj –tengo 12 minutos para hacer de de ti una auténtica emperatriz.
- Teníamos otros planes, debe tratarse de un malentendido.
- Hoy serás mi musa, cuando contemplen mi obra será apoteósico, alcanzaré mi propio zenit.

Helena se mantuvo quieta, incómoda, realmente consternada. 

- Ay, chiquilla ¿por qué estás tan tensa? Deja que te mime, estás en buenas manos. 
- Si al menos supiera de qué va todo esto…
- Prometí no contártelo,  se trata de una sorpresa – de nuevo esa risita, esta vez más jovial, parecida a la de una quinceañera

- No se qué queréis de mí...
- Mírate, estás guapísima. La mismísima Mesalina  palidecería a tu lado.

Helena abrió los ojos y sí, estaba deslumbrante con una tiara de guirnaldas y el pelo entrelazado formando caracoles…  resplandecía como una diosa del Olimpo. Frente al espejo quedó extasiada contemplando a esa criatura etérea venida de otro mundo, consciente de que aquella elfa, nacida del manantial y de la primavera era una imagen fantástica que no le pertenecía.
Marcel la cogió del brazo y ruborizado como un colegial la condujo hacia el arco empedrado donde Damian la esperaba. Él sonrió rebosante de orgullo…

- Me caso con un hada

Es ahora que avanzan los dos hacia el centro de aquella plaza eterna, inexpugnable y amurallada cual fortaleza. En las gradas aguardan expectantes decenas de personajes pintorescos, repeinados, engalanados para la ocasión, altavoces, focos, reporteros con sus cámaras… Suenan trompetas, el público se levanta y entre vítores Damian se arrodilla y le pregunta micrófono en mano, parece Broadway más que una boda de antaño:

- Mi querida Helena ¿Me harías el hombre más feliz de la tierra? Concédeme tu mano.
- Así, no.
- ¿Cómo puedes rechazar todo esto?
- No me gustan las sorpresas
- Pero muñeca, defraudaremos a nuestros invitados…
- Tú los has traído, no yo. Además, no soy un mono de feria al que exhibes en tu circo privado.



2.Gladiadores y Fieras
Por un momento imaginó sangre en la arena y lanzando a la platea esa corona de flores que llevaba prendida del pelo gritó…

- Por tantos que murieron aquí entre gritos de júbilo... ¡cómo podéis divertiros con esto!
-¿Te has vuelto loca? Me estás avergonzando delante de toda esta gente....
- ¿Una boda en un cementerio? Sería grotesco, váyanse todos.

… para luego correr huyendo, lejos de su pesadilla.

- Helena ¿a dónde crees que vas?¡vuelve aquí! Con todo lo que he hecho por tí. Te ofrecí todo tipo de lujos, te saqué de las cloacas...
- Basta ya, se acabo la farsa - perdiendose entre la multitud.
- No juegues conmigo, Nena, me muevo en los bajos fondos y no sabes de lo que soy capaz. Mira que con un simple chasquido de dedos te elimino del mapa...


Desde entonces Helena se volvió invisible de cara al mundo, simplemente desapareció. Esquiva, ausente y sin alzar la voz hablaría en susurros, tan tenues como el silvido de la ardilla en un parque de ciudad.





3.Tommaso y Helena
Tomasso es administrativo en una empresa de mantenimiento y está acostumbrado a caminar por el barrio y dejarse ver por el Macdonalds a eso de las 2 y media, empollarse los menús,  sortear las bandejas, codearse con la gente en la cola… siempre fue así y nunca pensó que aquello pudiera suponer un acierto.
Conoció a Helena comprando un helado en Salerno y la siguió en bicicleta pedaleando con torpeza por esas callejuelas con una bici alquilada tan pequeña que se le enganchó el pantalón en el pedal para terminar topándose de bruces con la acera empedrada, lo que no le importó pues ella reparó en él y le limpiaría la herida con un poco de agua. Era tan dulce, sencilla… auténtica.  El contrapunto a todo lo que conocía, a esa vida monótona y gris que le convertía en un empleado más y que sin darse cuenta le ensombreció por completo.
Cuando está con Helena, su sola presencia le refresca creyendo morir cada vez que se aleja… comprendió que la necesita, que no puede vivir sin ella. Pero debió de entender que ella odia los culebrones, los dramas, las frases hechas. Fueron bastante discretos hasta que Tommaso dió un paso más un poco a tientas...

- Si quieres que esto salga bien, busca un sitio del que no pueda escapar ¿lo entiendes?
- Removeré tierras y mar hasta que lo encuentre. 

Se acercaron al puerto una tarde cualquiera. Él con camisa, ella en sandalias. Embarcarían en el Maris UNS48, un submarino ruso reflotado que quedó en desuso con el fin de la guerra fría, antes de la cena. Era de noche, fuera del horario de visita, cuando caminaban esos mismos túneles que una vez recorrieran los soldados soviéticos, con cierta angustia por un estrecho camino de bombillas… solo estaban ellos dos y un hombrecillo que hablaba sin parar con el muelle anotando coordenadas mientras aquel artefacto desvencijado se sumergía 45 metros bajo las profundidades.
Avanzan despacio hasta alcanzar un pequeño habitáculo justo detrás de una cortina mientras retumba el sonido del agua profunda en medio del vacío, él le coloca el collar de su madre con pequeñas perlas, le tiemblan las manos… Tommaso ansía sus ojos en busca de aprobación y encuentra el aliento de su boca… ella respira despacio, parece tranquila. Se dice que todo irá bien, pero sabe lo que ocurrió con Damian aquella vez y que podría huír en cualquier momento.
Helena abrió los ojos y sí, estaba deslumbrante con el pelo suelto y el vestido azul de seda hasta la rodilla, ella dudó si ponerse los tacones y él sonrió rebosante de orgullo…

- Me caso con una sirena, estás bien descalza

Es ahora que se aproximan hacia el fondo de aquel supositorio gigante que aún teniendo poco de acogedor, es perfecto: Es exactamente lo que me pidió "un sitio del que no pueda escaparme". 

 En las sillas plegables, improvisadas, 15 personas en bañador aguardan… 

 - Ya veo, estamos entre amigos
- Bueno, se nos han colado un joven chino cámara en mano y una italiana madurita con el pelo azul creyendo que se trataba de un "tour panorámico".
 - Es igual, no molestan y hacen bulto.
- Hasta le dan a esta lat.a de sardinas una chispa de color
- Eso, con que más natural ¡mejor!

Alguien imita con torpeza al mágico Bob Dylán de los setenta, una guitarra acústica se anima y le acompaña. La música retumba, hay eco por todas partes... el público se levanta y entonces Tommaso frente a ella pregunta:

- Como estamos tan bien juntos... dime, Helena ¿te casarías conmigo? No mañana, aquí y ahora

Abrió la boca, quería asentir pero ninguna palabra salió de sus labios... Calló, quedose sin habla con la mirada perdida en los botones de una camisa.

- Te juro que será distinto. Mírame,  él no está, soy yo quien te lo pido.
- Así, no.
- ¿Cómo entonces? 
- Yo se dónde, ven conmigo
- Si no te gustan las sorpresas…
- Nosotros dos y nadie más. Solos tú y yo
- ¿Y qué pasa con ellos? Tu padre claustrofóbico, el chino enfocando, la marciana de los pelos... Mírales, mi madre se come las uñas y a tu prima se le cae el sombrero. Son buena gente, no les hagas esto.
- Nos verán desde aquí. Hazme caso, que no te llevo muy lejos

El submarino fue emergiendo poco a poco hasta mantenerse a flote, enfundados en gafas de snorkel se tiraron al agua y frente a una escotilla llena de cabecitas risueñas se miraron los novios tan solo por un minuto… se les acababa el aire de los pulmones. Ese pequeño lapso fue suficiente para que 2 SÍs rotundos que nadie escuchó, nadaran eternos en un mar de burbujas con el mismo rumbo por mares inciertos.

viernes, 19 de octubre de 2012

1000 Noches + 1


Lula me citó en un restaurante árabe, hablamos como siempre de nuestras cosas y cuando íbamos por los postres, va y me suelta el bombazo:

- Aquí mismo es donde Carlos me pidió matrimonio el martes ¡puedes creerlo! Imagínatelo, los dos sentados en el suelo, igual que hoy, sobre la esterilla y de repente me dice ¿te gustaría? y sonríe. Sin más abre un estuche y como sabe que odio llevar anillos, me lo cuelga del cuello con una cadena…
- Vale, ahórrame los detalles. Entonces ¿te casas? No le habrás dicho que sí ¿verdad?
- Y por qué no? Llevamos siete meses juntos.  Nos casamos esta misma tarde. Creí que te alegrarías por mí, siempre me dices que sea espontánea…
- Y me alegro, solo que llevamos charlando 2 horas. Y ahora, de repente me sales con estas. No sé, me lo podías haber dicho antes ¿no?
- A decir verdad, solo hablas tú y estás tan obsesionada con la cría de hipopótamo que ha nacido en el zoo – bosteza – que a ver quien te hace callar…
- Me haces sentir ridícula ¿lo sabes?
- No hace falta, lo haces muy bien solita. Mírate, con treinta años y no sabes más que mariposear por ahí ¡lo dejas todo a medias!
- Estoy experimentando explorando mi mente, abriéndome nuevas puertas… Mi vida no es ningún desastre ¿te enteras?
- No, si yo no digo nada. Solo que bueno, algunos van hacia adelante y otros se topan con las aceras.
- Tú si que te vas a pegar un morrazo con ese tipo, llevas los ojos vendados ¿o qué?
- Carlos es ideal para mí, como se nota que no lo conoces.
- Sé de él lo suficiente,  que un pijo bajito y un mierda.  Algo amanerado además. No sabes donde te metes, Niña Perfecta.

Lula, muy digna ella, lejos de desquitarse a base de improperios e insultos se puso en pie y me arrojó encima el té moruno al más puro estilo de Hollywood.  Solté un grito ¡quemaba! Ella agarró el bolso y se marchó y yo me quedé ahí  en el suelo, chorreando y encogida como una medusa mustia que en la orilla trajo la marea. En ese momento un hombrecillo del servicio tímidamente apareció, pensé que me traía un pañuelo o algo para secarme…

- Señorita, la cuenta

Lula se había marchado pisando fuerte, clavando a cada paso como haría una diva sus tacones de aguja y lo que es peor  ¡sin pagar la cuenta! La muy zorra… Y eso que sabe perfectamente que yo no me puedo permitir muchos gastos. Lula tenía razón, mi vida no es más que un cúmulo de despropósitos y  me echo a llorar delante del anciano Mustafa que rompió la factura y sonrió.

- Vaya al lavabo y arréglese un poco. Después todo irá a mejor, se lo aseguro.

Ya en el servicio, me miré al espejo. Con el rimmel corrido y esa maldita hoja de hierbabuena… parecía un pendón florido pasada la media noche.  Buscaba un secador eléctrico pero solo hallé una lámpara de aceite, de esas forjadas en bronce y la cogí. Traté de encenderla con una cerilla pero nada, asomé un ojo por la abertura por si quedaba aceite, la meneé un poco a ver si…

- ¡A quién se le ocurre acercarme al fuego! Menos mal que soy un profesional, que si no...
- Menudo susto, creí que estaba sola ¿Quién anda por ahí?

La lámpara de aceite desprendía un hilo de humo amarillo-anaranjado que pronto enmoheció el espejo para luego inundar aquel rincón oriental en medio de un fantástico torbellino de bruma y colores...¡Socoooorro!

- ¿Y tú de dónde sales?
- Pasaba por aquí y como pedías ayuda... pues nada, aquí estoy. A ver ¿qué te pasa?
- Sí, pero tú no creo que puedas ayudarme
- A ver ¿y eso por qué? Soy muy apañao, ¡el McGuiver de los nuevos tiempos! Espera, no será por mi aspecto...
- No, qué va. Bueno, sí, un poco. Así de primeras pareces tan grillao, me juego una birra a que no sabes ¡ni que día es hoy!
- Ahora que lo dices… no lo sé ¡pero puedo explicarlo!
- Perdona, pero estás en el baño de chicas. No creo que sea ni el momento ni el lugar para que me cuentes tu vida.
- Si estoy aquí, es por ti. Conmigo ¡te cambiará la vida!
- Créeme, no es nada personal, pero ¿tú y yo? Lo dudo. Figúrate, 2 Lunáticos juntos...
- ¿Y si te digo que esa lámpara de bronce es muy antigua y la trajeron de Bagdad?
- Muy bonita ¿y qué más?


- Me presentaré formalmente, como indica el manual. Mi nombre completo es Mohamed Abdul Bihn-del Salat y te traigo los secretos de Las Mil y Una Noches.
- ¿Tragarme yo semejante trola? Quizás te funcione con otras chicas, pero no conmigo.
- Pide 3 deseos y acabamos con esto ¿te parece?
- Venga ya, entrarme a mí con ese cuento…
- Que es verdad, soy un genio, llevo en el oficio cerca de ocho siglos y no te pases, que tenemos sindicato y conozco mis derechos. 
- No llevas el pelo rapado ni tampoco perilla ¿dónde te dejaste el chaleco de lentejuelas? Mira que he visto Aladín y tú como que no me cuadras con el rollo ese de la alfombra mágica.
- Vine por Ups correo-urgente, los tiempos cambian. 
- Te miro ¿y qué veo? A un rasta blanco y flaco, así como Macaco… Con el pelo moreno, rizado y unos ojos divinos. ¿Cantas? ¿tocas la flauta? ¿haces malabarismos? ¿o te dió por los collares de cuero? Ahora, en otoño, te iría mejor cerca del mar...
- Centrémonos, que eres una lianta. Tú solo prueba y pides 3 deseos ¡no pierdes nada!
- Vale, lo haré porque me caes bien y empiezo a encontrarle a esto un poco la gracia ¡pero no me metas prisas! ¿eh? Mientras pienso me fumo un pitillo, que relaja y me aclarará las ideas.
- Deja que pegue una caladita, que hace 63 años que no fumo.  Aaaaahh, qué gusto, ya casi ni me acordaba… Y ahora ¡a lo qué estamos!

- Vale, allá voy. Primer deseo: “Quiero una casa en Balí igualita que la de Lady Gaga”
- Qué se cumpla tu deseo ¡¡¡Plblaash!!!
- ¿Dónde estamos?
- En tu lujosa casa tropical, vamos al porche.  El Paraíso, siente el sol, mira la playa…
- Uaaauh, entonces es cierto que tú...
- Pues claro y ahora vamos con el segundo deseo, que ya que estamos aquí, antes de enclaustrarme otros veinte lustros dentro  de esa maldita lámpara me gustaría darme un bañito. Me quedaría aquí para siempre... ¿te traigo a Lady Gaga?
- No, no, espera. Lo tengo. Segundo deseo: “Quiero 2 tíos bien buenorros, un pingüino y un mono”
- Lo de los tiarrones lo comprendo ¿pero un pingüino y un mono?  ¡no tiene ni pies ni cabeza! Mira que he escuchado deseos raros… pues este es el más disparatado de todos.
- ¡Y a ti qué más te da! Me enternecen los animales, son tan…   
- Para un momento, con este serían 3 deseos más,  como ya gastaste uno no me salen las cuentas.
- Es solo 1 deseo ¡porque lo he dicho del tirón!
- Vale. Allá tú, pequeña déspota. Probemos ¡¡¡Plblaaash!!!
- No puede ser… ¿Y estos 2 tíos feos?- que no contestan por encontrarse aún algo aturdidos.  
- Como pediste todo a la vez, te han hecho un pack y te mandan un tío rechoncho vestido de frack como un pingüino y otro flacucho enfundado en un mono ¡te quejarás…!
- Pues claro que me quejo, por más que los miro no les veo el atractivo por ninguna parte. Este tiene un aire a Mr.Bean y ese otro se parece a Mike Jagger. Menudo panorama…

- Oye, tú, sin faltar.
- Para gustos…
- Por cierto ¿Cómo he llegado hasta aquí?  Si yo me estaba casando con Lula…
- ¡Pero si es Carlos!
- Y yo, que  estaba tan tranquilo en el taller arreglando el motor de un Chebrolet del 57… ¿Qué hago con esta gente? Por cierto, a mí esta chica no me dice…
- Pues a mí tampoco, no me pone para nada. Fíjate que me suena su cara ¡y todo! pero no me interesa ni un poquito, definitivamente no es mi tipo. En cambio tú… no sé si son las manchas de grasa o es esa cremallera pero hay algo en ti que me resulta excitante.
- ¿Ves, Genio? Lo sabía, a Carlos le van los hombres - susurrando - Y entonces Lula...
- A ver, chicos, centrémonos en Chari, que es muy maja. Se despierta contenta, siempre esta alegre, se le ocurren ideas de lo más estrafalarias y sigue viviendo como si tal cosa… ¿no es encantadora?
- Mucho sabes de mí… ¿Quién te dijo todo eso?
- Te elegí en cuanto entraste en el restaurante y aparecí cuando se torcieron las cosas.
- Entre un montón de gente ¿te fuiste a fijar en mí? ¿de veras?
- No insistas, Genio, no queremos nada con esa tía - miraditas - nosotros nos vamos por nuestro lado ¿vale?
- ¿Me darás una vuelta en el Chebrolet?
- En cuanto esté arreglado. Entonces ¿por fin no te casas?
- No, ahora sé lo que quiero. “Quiero estar a tu lado”
- Carlos no puede pedir deseos ¿verdad, Genio? Solo me queda uno, qué no me lo quite...
- No te preocupes, Chari, el tercer deseo es tuyo y solo tuyo, palabra de Genio.

Demasiadas emociones en pleno trópico. Caía la noche y de repente se nubló el cielo amenazando con estallar "la madre de todas las tormentas".


- Es un vendaval y viene hacia aquí ¡todos a cubierto!
- Tú y yo nos podríamos perder por ahí…
- ¿Buscamos un rinconcito? Ciao!
- Para mí que estos dos se lo montan por su cuenta y me dejan fuera.
- ¡Qué importa! Si no te gustaba ninguno de los dos.
- Pero si se van, entonces ¿qué me queda?
- Aún te falta pedir un deseo y esta vez acertaras, lo presiento

Entonces descubrí en mi Genio la sonrisa más cálida del mundo y en seguida lo supe.

- “Quédate conmigo,  Genio”  Eso es lo que más deseo. Claro, si tú quieres…  ¿qué me dices?
- Si me quedo, cantaremos Kumbaya a la luz de la luna y trabajaré en un circo escupiendo fuego…
- Lo de la cancioncita, allá que te va  ¿pero un circo en Balí? ¿y tú escupiendo fuego?¡no tiene ni pies ni cabeza! Mira que tengo amigos chalados y nunca jamás escuché nada tan estúpido. ¿No sería mejor tocar la flauta?
- Créeme, la flauta no es lo mío.  Ahora veras…

¡Nunca más! Cayeron los primeros rayos, jamás se oyó melodía más desafortunada en el mundo entero.

- Si montamos el circo ¡te consigo un pingüino!
- No se, no se, que si luego prendes fuego a la isla... ¿Me traes también el mono? ¿Y...?
- Ah, no, NO. Qué te veo venir, un bicho tan grande ¡ni lo sueñes! Ya te estás olvidando del hipopótamo.
- Ahora que caigo, un hipopótamo estaría realmente bien. ¿Sabes que ha nacido una cría esta misma semana en el zoo? Sería tan chiquitina, fíjate que nada más nacer ¡solo pesaba 86 kilos! Una cosita así, regordita... Ya me la imagino: Pum, pum ¡pisando fuerte! La llamaríamos... ¿qué tal Lula? Y bla, bla, bla, bla.

Y nos mojamos juntos mi Genio y yo, haciendo planes bajo el aguacero... 

- Vendrán otras Mil noches después de ésta y en cuanto cese la lluvia, extenderé nuestra colcha de retales sobre la hierba y escucharemos los grillos cantar bajo las estrellas.
- Ni circos ni flautas ¡mi Genio es Poeta!

Lo sé, nada qué ver con el Cuento Oriental de princesas y sultanes, de mil y una lunas... Pero los tiempos cambian y la Magia no muere, ni se queda atrás.